sábado, 25 de agosto de 2012

Biblioteca Memoria Histórica de Cartagena


LA REPRESIÓN FRANQUISTA EN
CARTAGENA (1939 – 1945)

Autor: Pedro Mª Egea Bruno
Profesor de la Universidad de Murcia.  Historiador
Reedición de la publicación de 1987
Cuando la ciudad de Cartagena fue oficialmente ocupada, ya tenía perfectamente organizada la maquinaria jurídica para controlar la situación:
Los tres juzgados militares permanentes que se ubicaron en las Escuelas Graduadas de la Calle Gisbert se sumaron a los establecidos por las Autoridades de Marina, que además de un Consejo de Guerra Permanente, llegaron a dar vida a 57 juzgados instructores a las tres semanas de la ocupación.
La culminación de etapa más sangrienta, con las últimas ejecuciones, llevadas a cabo el 13 de enero de 1945, no supuso el final de la ruptura entre vencedores y vencidos, radical diferenciación reflejada incluso en los hábitos más cotidianos de la vida ciudadana.
En Octubre del 45 se cerró, de un modo más aparente que real, la represión, con un indulto total a los penados por delitos de rebelión militar, aunque por una serie de excepciones permaneció en las prisiones el 75 por ciento de los reos políticos.
Pero los cauces para reprimir cualquier intento de subvertir el nuevo orden siguieron abiertos.
Con estilo magistral, Pedro Mª Egea Bruno nos pone en contacto con la realidad del miedo y el silencio del día a día de los primeros años de la represión en Cartagena, del ambiente tenso en que no era de extrañar la aplicación de castigos infamantes, como el corte de pelo y empleo de aceite de ricino, y en cuyo fondo latían una serie de condicionantes religiosos derivados de la implantación del Nacional catolicismo. El resultado final no pudo ser otro sino el de la profundización en la ruptura.

Asociación Memoria Histórica de Cartagena


  "EL HIJO DEL HERRERO"

Autora: Pepa Martínez
Edita: Asociación Memoria Histórica de Cartagena
Los sucesos ocurridos a bordo del Destructor “Lepanto” durante los primeros días posteriores a la insurrección del 18 de julio de 1936 son muy poco conocidos. El hecho de que su comandante, Don Valentín Fuentes, manifestara desde el primer momento su fidelidad a la República hace suponer a algunos investigadores e investigadoras de los hechos de la guerra civil, que no existió conflicto a bordo entre la marinería y la oficialidad;  muchas personas ignoran la detención y fusilamiento de los oficiales en Málaga, y pasan por alto, por tanto, la represión que tuvo lugar sobre los miembros de la dotación del buque por parte de los tribunales franquistas.
Siete meses después de la victoria del bando rebelde, los distintos sumarios abiertos contra 31 tripulantes del barco, se traducen en el resultado de la condena de tres de ellos a separación del servicio, a distintas penas de prisión a otros doce, a siete ejecuciones y a una muerte a consecuencia de las torturas sufridas durante un interrogatorio.
Tras morir a manos de sus torturadores en el interrogatorio sufrido en las dependencias del S. I. P., el cuerpo de Enrique Martínez Godínez es arrojado al mar. Su cadáver aparece a los tres días, pero su muerte siguió siendo negada durante mucho tiempo por sus verdugos. Siete décadas después, su nieta investiga acerca de las circunstancias de su asesinato. A lo largo de la investigación, las diferentes pistas que sigue le van ayudando a reconstruir la verdad de los hechos de aquellos trágicos días.
En “El hijo del herrero”, lo que podía haber sido el relato de la represión, únicamente sobre el practicante del “Lepanto”, se convierte en una historia mucho más amplia: la de aquellos tripulantes de ese barco que permanecieron fieles al gobierno legítimo de la República y la represión que esta postura les acarreó.  Pero no queda en esto la narración, ya que para una mayor comprensión de las motivaciones de estos hechos, es preciso hurgar en sus precedentes y sus consecuencias. De este modo, nos encontramos en este libro con un acercamiento a la historia de la vida cotidiana de Cartagena que abarca desde la etapa pre-republicana hasta los umbrales de la década de los sesenta, utilizando como hilo conductor la historia de Enrique Martínez Godínez y su familia, una familia cartagenera, víctima de los efectos de la represión franquista en la ciudad.


Interesados ponerse en Contacto: memoriahistoricacartagena1@hotmail.com

Las dos obras editadas hasta ahora por la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, “La Represión Franquista en Cartagena (1939, 1945)”, de Pedro Mª Egea Bruno y “El hijo del herrero (Primer episodio de la serie El último bastión)” , de Pepa Martínez, se pueden encontrar en las siguientes librerías de Cartagena:

 Librería Escarabajal, en la calle Mayor
 Librería Áglaya, en la calle Ramón y Cajal
 Librería-papelería Centro, en la calle Santa Florentina
 Librería Alcaraz, en la calle Wssell de Guimbarda
 Papelería Técnica Alfonso XIII, en el Paseo Alfonso XIII
 Leer librería, en la plaza Castellini
 Librería–papelería Floan, en la calle Covadonga, Barriada José Mª de Lapuerta
 Librería–papelería El Duende, en la calle Submarino, Bº Peral.

martes, 21 de agosto de 2012

Caravaca de la Cruz (Murcia) Exhuman el cuerpo de un caravaqueño enterrado en una fosa común tras la guerra

La familia de Juan José Martínez localiza sus restos en la cárcel de Pamplona donde falleció




Los nietos del caravaqueño Juan José Martínez Sánchez, con sus restos recuperados.
Los nietos del caravaqueño Juan José Martínez Sánchez, con sus restos recuperados.  L.

laopinióndemurcia.es, - 19 agosto 2012
Ni vencedores, ni vencidos, ni invasores, ni invadidos. Solo muerte. Éste fue el frío resultado que tres años de guerra (1936-1939) trajeron a España. Muchos quieren olvidar, pero otros no pueden. Los supervivientes aún viven con la agonía de saber dónde están sus seres queridos, en qué carretera perdieron su vida, en qué cementerio, en qué fosa común fueron enterrados en el olvido para siempre de unos, pero en el pensamiento diario de otros.
Es el caso de Juan José Martínez Sánchez, natural de Caravaca y que falleció por colapso al corazón debido a una tuberculosis el 25 de septiembre de 1942, mientras estaba encarcelado en el Penal del Fuerte de San Cristóbal en Pamplona. Tenía 42 años de edad. Aunque la historia lo diera por olvidado, su familia siempre lo llevó en el corazón.
Juan José, como tantos otros, fue encarcelado sin motivo aparente. Alpargatero de profesión, con ideas republicanas, sin llegar a estar afiliado a ningún partido, su gran pasión siempre fueron los palomos, afición que le llegó a costar la vida. Tras una discusión con otro palomista del bando contrario, éste lo acuso de estar presente en los fusilamientos que el Bando Republicano realizó en la explanada del castillo en 1939. Aunque declaró que Juan José no fue ejecutor, sí lo acusó de estar presente aquella fatídica noche. Sin juicio, fue encarcelado en Caravaca, trasladado hasta la cárcel provincial de Murcia y finalmente, ingresó en el penal del Fuerte San Cristóbal de Pamplona, donde falleció tres años después debido a la tuberculosis.
¿Dónde está mi marido?
Su nieta Toñi Hernández recordaba para LA OPINIÓN la obsesión que tuvo su abuela, Antonia Caro, con recuperar los restos de su abuelo. «Ella falleció sin saber dónde estaba su marido, obsesión que trasmitió a mi madre, que por fin verá descansar en paz los restos de su padre». Toñi explicó que «de nada le sirvió a mi abuelo los testigos que aseguraron que él no estuvo presente aquella noche en el castillo». Tras el fallecimiento de Juan José, su esposa Antonia y sus hijos no tuvieron más remedio para partir a Barcelona, tras quitarle la ayuda social y ante el temor de represalias. Allí fue donde la familia echó raíces y donde Antonia falleció. «Mi abuelo era hijo único y mi abuela solo tenía un hermano, que era del bando contrario y nunca más tuvo relación con ella», aclaraba Hernández sobre los vínculos familiares de sus abuelos.
«Siempre fue la obsesión de mi madre, y hace dos navidades mi sobrina Nuria se puso a buscar por Internet y dio con la Sociedad Txinparta para la memoria histórica y con Koldo Pla, a quien quiero agradecerle el trabajo que ha realizado», manifestó Hernández, quien además expresó que su madre siente «satisfacción por haberlo encontrado, pero mucha rabia por todo lo que sucedió».
La memoria, que aunque perdida no olvida, rescató de la fosa número 22 fila 2 del Fuerte San Cristóbal de Pamplona a Juan José Martínez, que en breve descansará para siempre donde un día volaron sus palomas en libertad.
http://www.laopiniondemurcia.es/municipios/2012/08/19/exhuman-el-cuerpo-de-un-caravaqueno-enterrado-en-una-fosa-comun-tras-la-guerra/422501.html

domingo, 19 de agosto de 2012

La Tricolor, la crisis y el miedo del Gobierno a la República

La bandera de la República Española ha incitado en ocasiones al odio y a la violencia, pero solamente entre los fascistas, entre los nostálgicos del franquismo





Pedro A. García Bilbao, - 17 agosto 2012 

Según ha explicado el gobierno del Partido Popular, la bandera nacional española que fue vigente y constitucional entre 1931 y 1977, esto es, la enseña tricolor de la República Española —incluido el gobierno en el exilio—, puede ser considerada como símbolo que incite a la violencia, el racismo o la xenofobia (y como tal susceptible de ser reprimida y sus portadores sancionados) según la interpretación que sobre el terreno puedan tener las fuerzas de seguridad, si por el contexto de su exhibición así lo considerasen. Así, literalmente, por muy increíble que parezca. No sólo reprimida sino infamada, asimilada a la simbología «nazi» y racista, prohibida en toda la Europa democrática, salvo en España, claro.
En España…, donde padres de ilustres miembros de este gobierno han portado orgullosos en sus uniformes militares los emblemas de unidades militares del Tercer Reich, como la División Azul, se permiten ahora infamar a una bandera nacional, democrática y antifascista. En España…, donde sin la intervención nazi-fascista la República Española habría vencido en la lucha por la democracia y la libertad ante el golpe genocida de monárquicos, integristas religiosos y fascistas.
¿Cómo se ha llegado a este absurdo?
Al parecer, según se vio obligado a explicar en sede parlamentaria el sr. Ministro del Interior, durante un encuentro internacional de balonmano en Alicante en Abril pasado, un ciudadano enarboló la bandera tricolor lo que dio origen a protestas que llevaron a la fuerzas de seguridad a sacar de entre el público al ciudadano, retenerle, identificarle y multarle, por exhibición de símbolos que incitaban «a la violencia», a juicio de los policias, actuación que en estos días apoya y justifica el sr. Ministro ante preguntas de un diputado de Izquierda Unida.
Se dice que la bandera fue enarbolada con «vehemencia», ¿qué hizo? ¿La agitó más de la cuenta? ¿Agarró el palo demasiado fuerte? ¿Hizo un cursillo de abanderado en Siena y estaba practicando lo aprendido? ¿Protestaron los entrenadores de los equipos? ¿Despeinó a alguien? No sabemos, «con vehemencia» dijo el ministro. No parece que el ciudadano hiciese algo diferente con la bandera a lo que hace el público en los estadios con las enseñas de sus equipos y sus países; hizo lo mismo. Pero en este caso, los colores mostrados «molestaron» a alguien que acudió a la policia. Tendríamos que preguntarnos a quién y porqué. ¿Tendremos que comparar este hecho con los sucesos de cada domingo en los estadios de deportes o este fue «especial»?
Se hace preciso recordar al sr. Ministro que la bandera de la República Española, efectivamente, ha incitado en ocasiones al odio y a la violencia, pero solamente entre los fascistas, entre los nostálgicos del franquismo y entre todos los enemigos de la libertad y la decencia. ¿Vamos a dejar de usarla por eso? ¿No nos va a proteger la policia?
En realidad, la actuación de las fuerzas de seguridad no ha podido ser más coherente con la lógica profunda de la democracia española, un estado en el que se respeta la legalidad del franquismo —como lo demuestra la consideración de los tribunales franquistas y sus sentencias—, la impunidad de sus crímenes, la perpetuación de los privilegios de los que se lucraron con la muerte, cárcel y deportación de cientos de miles de compatriotas. No exagero, 12 empresas del IBEX 35 emplearon trabajadores esclavos y construyeron imperios y fortunas con el saqueo de la nación y de los españoles merced a su apoyo decidido a la dictadura, o el hecho sorprendente de que la Fundación Francisco Franco y la Juan March sean ¡¡legales!!
Siendo así la realidad, no nos debe extrañar que el odio y la violencia afloren entre los enemigos de la libertad cuando ondea sincera y noble una bandera que podrá no ser vigente pero que representa la democracia, la libertad y la constitución de la que un día el pueblo se dotó en unas elecciones constituyentes libres —cosa que no fueron, le recuerdo, las de 1977, con los partidos republicanos ilegales, los ayuntamientos en manos franquistas y con la judicatura, la policia y el ejército de la dictadura impunes—.
Quienes en un espectáculo deportivo ondean con orgullo la bandera que sienten como propia, coexistiendo sin problema alguno con las enseñas legales vigentes, no llama a ninguna violencia a nadie que sea demócrata y antifascista.
Es muy triste que el gobierno de España se pliegue a este dictado de odio e intolerancia. Que olvide que la bandera tricolor ha sido la única bandera nacional española adoptada por el pueblo y que se impuso por aclamación popular, y que millones de personas lucharon por ella en defensa de sus libertades ante el fascismo propio y ajeno. Solo la traición, la guerra, la agresión extranjera y el genocidio de un pueblo trajeron de nuevo la enseña que marcaba las propiedades de la Casa de Borbón en el Mediterráneo, la enseña cuyos colores estan hoy vigentes, gracias a una transición que se construyó sobre la impunidad de esos crímenes contra la nación.
Ha cometido usted un error. sr. Ministro. Ha mostrado lo que hay en su corazón y en el de los miembros de su partido. En un sistema democrático no importa a quien le rece usted en privado, ni los valores de su familia, aunque fuesen los de una familia que colaboró activamente con la dictadura. En un sistema democrático lo importante es cómo se comporta uno públicamente. Su actuación pública como ministro es la que nos preocupa. Y en esta actuación se ha mostrado usted como digno heredero de los enemigos de la República, ha defendido la subjetividad de la policia a su mando para reprimir un símbolo democrático de la nación española, sentido como tal por millones de personas, y lo ha asimilado a símbolos capaces de «incitar a la violencia».
Su gobierno, como los que le han precedido realizaron en otras ocasiones, acaba de otorgar el marquesado de Queipo de Llano al heredero de tal título. Lo de la bandera y el marquesado son dos actos cuyo significado provocan alarma democrática. El Rey y el Reino, el estado español y su gobierno perpetuando los honores a la persona de un traidor, un golpista, un criminal de guerra y alguien absolutamente envilecido por el odio y, de forma probada, incitador al asesinato y a la violación. ¿No le avergüenza sr. Ministro? ¿O es que usted se refleja en la trayectoria de Queipo de Llano y sus valores? Toda una seña de identidad para la Marca España que ustedes defienden. Queipo de Llano como referente moral de la Corona y del Gobierno de España —pues un marquesado implica eso, un referente moral para quienes participan de la vigencia de los títulos nobiliarios—, el mismo Gobierno de España que justifica que un sencillo ciudadano que enarbolaba orgulloso la bandera de su patria que sentía como legítima en su corazón, sea acosado y multado a discreción por la policia.
¿A qué temen, sr. Ministro? ¿Tan peligrosa es la bandera tricolor? Le diré una cosa. Es peligrosa para este régimen sólo bajo una condición: si ustedes se siguen considerando herederos legítimos del franquismo y defensores de su legado y si ustedes justifican los crímenes de entonces.
Si así fuera, tenga la certeza de que la Bandera de la República se alzará de nuevo, porque la lucha por la libertad no va a parar hasta lograr el fin de la impunidad y la recuperación plena de nuestra soberanía. Y la próxima vez tengan algunos la seguridad de que no habrá amnistías ni leyes encubiertas de punto final como la de 1977.
Ayudaría mucho, sr. Ministro, que usted condenase de forma inequívoca los crímenes franquistas, afirmase la ilegalidad del régimen golpista de Franco y expresara su pesar por las víctimas y su repudio por los verdugos. Si usted y su gobierno hicieran algo tan sencillo, créame que ayudaría mucho a reforzar la unidad de todos los demócratas en estos tiempos tan difíciles por los que pasamos y que este hecho desgraciado del incidente de la bandera ha enturbiado. Díganos, por favor, que lo estamos malinterpretando y que ni usted ni su gobierno sienten otra cosa que horror por el franquismo y su triste legado de muerte y humillación. Sabemos que incluso entre las personas de ese entorno de origen, hay muchos con un sentimiento de rechazo por toda la sangre y muerte que su delirio nacionalista y religioso infligió al pueblo español; hay tal sentimiento entre muchos que la única forma de soportarse a sí mismos es obcecarse en una imposible equidistancia entre los bandos de entonces, en la invención de un imposible reparto simétrico de culpas. ¿No es hora ya de superar esto? ¿No es hora ya de cerrar estas heridas? Son muchos los miembros del gobierno y de su partido que por un mal entendido respeto a sus parientes procedentes del campo fascista, se obstinan en asumir sus crímenes como necesarios y les incomoda sobremanera que se les recuerde que no hubo justificación posible para el golpe, la guerra, la dictadura y la triste impunidad del franquismo que emponzoña el Régimen de la Transición incluso en estos momentos. Por favor, tengan valor y coraje democrático, y deslíguense ya de una vez de todo eso.

jueves, 2 de agosto de 2012

Hubo muchos Paracuellos

 


Autor:  Sebastián Ramírez Suárez 31 Julio 2012

Orden de limpieza en las tapias del cementerio de Niebla (Huelva)
La derecha y la ultraderecha fascista, falangista y franquista, y sus medios de comunicación, vienen desde la guerra incivil española hasta hoy en día, sacando a palestra el tema de los asesinatos llevados a cabo entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, por grupos de milicianos incontrolados en la zona de Paracuellos (Madrid), de un grupo de personas significadas de las derechas, que fueron sacadas de las cárceles para ser trasladadas a Valencia cuando las fuerzas militares franquistas estuvieron casi a punto de tomar la ciudad de Madrid.
Los franquistas, la derecha y la ultraderecha, “se olvidan” que sus padres y abuelos, de su misma ideología, también llevaron a cabo miles de “Paracuellos” en todos los lugares en que iban conquistando por la fuerza de las armas, antes de lo que ocurrió en la zona de Paracuellos. Se “olvidan” de que solamente en Andalucía el “general” Queipo de Llano ordenó asesinar a miles de personas –mujeres, hombres y ancianos, incluso a niños–, y alentó y permitió la tortura de otros tantos miles, y la violación de mujeres republicanas por los marroquiés que alistaron en su ejército de las colonias o protectorado de Marruecos con engaños y mentiras.
La masacre de la carretera Málaga-Almería fue un episodio de la Guerra Civil Española acaecido el 8 de febrero de 1938, tras la entrada en Malaga de las tropas franquistas, en el que fue atacada, por mar y aire, la multitud de refugiados que abarrotaban la carretera en marcha hacia Almería, en la zona bajo control del Ejército Popular Republicano, causando la muerte a varios miles de ellos. Otro “Paracuellos” más en la “contabilidad” de los franquistas que tienen “olvidada”, y no nos la cuentan.
Se “olvidan” las derechas, la  ultraderecha, sus escribidores de libros, y sus medios de comunicación e “información” que, antes de ocurrir lo de Paracuellos (Madrid), las tropas fascistas-franquistas y rifeños marroquíes, tomaron la ciudad de Badajoz (14 de agosto de 1.936), y llevaron a cabo su “Paracuellos” con una gran matanza de republicanos y republicanas, por orden del “general” Juan Yagüe, “el carnicero de Badajoz”. Y este “Paracuellos” fascista en Badajoz, fue antes que el  Paracuellos de la zona de Madrid. Los marroquíes de Franco fueron causantes de todo tipo de atrocidades: saqueos, violaciones, asesinatos…
Se “olvidan” que en cada pueblo del Estado español, los caciques, sus hijos y sus esbirros, llevaron a cabo sus particulares “Paracuellos”, asesinando a los republicanos más significados de cada pueblo o ciudad, solamente por ser republicanos.
Se “olvidan” los nostálgicos del franquismo, del falangismo y sus “escritores y periodistas” que, después de “terminada” la guerra en abril 1.939, el régimen franquista  y sus instituciones represivas, continuaron  torturando y asesinando a miles de republicanos (hombres y mujeres) en las cárceles, llevando a cabo miles de “Paracuellos”  en las mismas como vencedores de la guerra,  gracias a los apoyos de los nazis, de los fascistas italianos, y de los gobiernos de Francia, Gran Bretaña y de los EE.UU.
Y termino. Todos sabemos que  en la guerra civil, y posterior a la misma, no hubo un sólo “Paracuellos”, sino que en toda la geografía española y en los archipiélagos Canario y Balear, en Ceuta y Melilla y Sidi Ifni, también hubieron muchos “Paracuellos” asesinos a manos de los franquistas y falangistas vencedores, todo ello llevado a cabo con la bendición, la colaboración y la complicidad, de la Iglesia católica. Y todo ello sin contar los miles de “Paracuelos” de penas de muertes llevadas con la firma de Franco todas las mañanas, mientras se desayunaba chocolate con galletas…
Autor:  Sebastián Ramírez Suárez