jueves, 30 de abril de 2020

PRIMERO DE MAYO 2020


En  los países en que la festividad del Primero de mayo tiene carácter oficial, mientras que una parte de la población rememora esta fecha como el origen del movimiento obrero moderno y participa en las reivindicaciones de la clase obrera, otra parte toma el día de descanso para actividades de ocio... aunque tanto unas como otras personas, como miembros de la clase trabajadora nos encontramos igualmente afectadas por las injusticias y explotación que dicha clase padece; y de manera especial debemos sentirlo en este año 2020, en que se conmemora de manera atípica debido a las excepcionales circunstancias que a ello concurren.


El Primero de Mayo, como Día Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras, esta Jornada de Homenaje a los Mártires de Chicago, se sigue celebrando, aun desde el forzoso confinamiento, pues aunque no hayamos podido en esta ocasión salir a manifestarnos en esta conmemoración  de la consecución de la jornada laboral de 8 horas, nos encontramos en una íntima proximidad anímicamente quienes luchamos aún hoy, en pleno siglo XXI, del mismo modo que en aquel lejano 1886,mientras 200.000 trabajadores se encontraban en huelga, otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro, pues incluso desde el aislamiento físico de la cuarentena nos manifestamos en esta jornada reivindicativa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras.


Los sucesos de Chicago, que costaron la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales, que ocasionaron miles de despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados., sigue vivo en nuestra memoria como estaba vivo en el 1 de mayo de 1931, solamente dos semanas después de haberse proclamado la II República Española. 


Se manifestaron en esa fecha, convocados por los sindicatos CNT y UGT miles de trabajadores en cada ciudad, trabajadores junto a burgueses, políticos e intelectuales recorrieron nuestras calles unidos fraternalmente en un mismo objetivo: la defensa de las reivindicaciones de la clase obrera.


Personajes como Unamuno y Largo Caballero desfilaron en esa jornada esperanzadora en los primeros días del nuevo régimen recién estrenado, del mismo modo que se hizo en Cartagena, ciudad en que la UGT  contaba con cuatro mil afiliados y la CNT con tres mil, y donde, después de un  mitin multitudinario, con motivo de la fecha se impuso el nombre de Pablo Iglesias al Paseo Alfonso XII.


Cartagena, cabeza de una comarca en que las conflictividad  en la industria, la agricultura y la minería venían desde tanto tiempo atrás, se organizó en los años de la república en torno a los dos grandes sindicatos existentes, de manera que su afiliación creció exponencialmente, y las luchas obreras que la caracterizaron como ciudad combativa durante los años treinta, continuaron con gran empuje en la época de la Transición a la Democracia.


 El espíritu luchador de los trabajadores y trabajadoras ese puso de relieve en los conflictos de los años sesenta y setenta, en los últimos coletazos de la dictadura, y también durante la feroz reconversión industrial.



Hoy la unidad de la clase obrera es mucho más necesaria de lo que nunca lo ha sido; vivimos momentos de crisis, de una crisis mucho mayor y más inquietante aún de lo que los fue la crisis industrial, de una crisis más aguda, más cruel de lo que lo fue la crisis financiera; y en estos momentos en que nos rodeamos de una gran incertidumbre ante un aún más incierto futuro, es más necesaria que nunca la unidad en la lucha. En una situación como ésta estamos abocados a la unidad, una unidad sin fisuras de la clase obrera que debe inspirarse en el glorioso pasado, en aquellos momentos de empuje, de fuerza, de coraje, de heroísmo... de los que hicieron gala nuestros padres y madres, nuestros abuelos y abuelas.
Hoy, Primero de mayo de 2020, mantengámonos en la cohesión para luchar contra la injusticia y la desigualdad.
Uno de mayo: Día de la Clase Obrera.




PRIMERO DE MAYO DE 2019: La Asociación Memoria Histórica de Cartagena presente en la manifestación del Día de la Clase Trabajadora:



lunes, 13 de abril de 2020

Cartagena, ciudad republicana.




Importante fue el papel de Cartagena durante el breve tiempo de duración del Régimen Republicano. Esta ciudad, que superando los 102.000 habitantes, era la segunda en población de la provincia, tenía, en 1931, una gran tradición republicana. Una tradición que no había quedado atrás, que continuaba aún viva en el alma de la ciudad, a pesar de la derrota de la insurrección cantonal en 1874, a pesar de la brusca represión del levantamiento republicano de 1886, con la ejecución del dirigente Manuel Bartual.  
Conforme aumentaba el deterioro de la monarquía, conforme aumentaba la corrupción de las instituciones, también lo iba haciendo el número de partidarios de la República.


La situación económica española, ya de por sí injusta, desastrosa, se encontraba notablemente marcada por la crisis económica internacional, El rechazo a la monarquía por parte de los sectores burgueses más cultos y de los cuerpos subalternos de la Marina y el Ejército, confluía con la organización de la clase obrera. Cartagena era un núcleo industrial con la relevancia de los sectores minero, industrial, metalúrgico, químico, naval, de tráfico portuario, de construcción y de pequeño comercio, que favorecía la organización sindical en una sociedad golpeada por los efectos de la corrupción y la influencia de la creciente crisis económica internacional, en paralelo al crecimiento de los fascismos.

En nuestra comarca los problemas cobraban una mayor relevancia por la carencia de recursos hídricos, la nula electrificación del medio rural, la deficiencia de las redes de comunicación y la situación de inhumana explotación en el sector minero. Más del diez por ciento de la población activa se encontraba en  situación de paro (en aquella época, el paro no tenía prestaciones). Y en medio de esta situación crítica, sobrevino el dramático desenlace para la sublevación republicana de Jaca del 12 de diciembre de 1930, que la llamada “dictablanda” de Berenguer resolvió con el fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández.


La Huelga General que se convocó en protesta por estos hechos y tuvo en Cartagena un gran seguimiento, halló su repuesta en la declaración del estado de guerra y la detención de participantes y responsables. Esta represión terminó de aislar a la Corona y preparar la incipiente derrota en las elecciones municipales del 12 de abril, de las que detenidamente hablamos en nuestra anterior de este blog.
Imaginémonos el ambiente de fiesta en la ciudad a lo largo de las jornadas del 14 y 15; Alfonso XIII viajando desde Madrid a Cartagena  en su cochazo: un Duesemberg descapotable Town Car, atravesando la puerta del Arsenal ante un grupo de periodistas y de curiosos; imaginemos la lancha que a las 5 de la mañana llevó al Borbón hasta el crucero Príncipe Alfonso que lo condujo hasta Marsella.



El gesto de Cartagena, la ausencia de incidentes en aquella hora decisiva, será valorado por Alcalá Zamora: “… ha dado una prueba de un gran civismo, sabiendo terminar la revolución triunfante sin un choque, sin una gota de sangre, facilitando la escapada de la Monarquía; ya que la salida de Madrid era relativamente fácil, no así la salida de España. Cartagena, con todo civismo, puso al enemigo que huía puente de plata”.

Después de ser proclamada la República, a las 6 de la tarde, desde el balcón del Ayuntamiento, a las ocho se izó la bandera republicana en el palacio de Capitanía General y demás edificios oficiales y en los buques de guerra.
La República nació débil, por la escasez de apoyos sociales. La sostenían una clase media poco numerosa y parte del proletariado, el de adscripción socialista sobre todo. La división entre las fuerzas republicanas, fragmentadas en siete organizaciones diferentes, fue su mayor enemiga.  

La división de la clase obrera se manifiesta en un PSOE que apoya con decisión a la República, mientras los anarquistas siguen en pie de guerra contra el Estado y el PCE también le muestra su rechazo. Y si esto ocurre entre los partidos republicanos y de izquierdas y el movimiento sindical, ¿qué decir de los antiguos monárquicos, encabezados por Alfonso Torres al frente del Partido Cartagenerista y las sucesivas formaciones derechistas, sin olvidar a la Falange?

Pues a pesar de la división entre partidos republicanos y monárquicos, a pesar de la lucha abierta declarada por la oligarquía, el Ejército y la Iglesia, la República emprende un nuevo camino de apertura que mejora notablemente la situación de las clases populares, que lucha por la justicia y se embarca en la extensión de la cultura.



Para combatir el paro fue de vital importancia la apuesta por las obras públicas, empezando con la terminación de las Casas Baratas –a cargo de Construcciones Inmobiliarias Sociedad Anónima [CISA]-: mil viviendas, de las cuales 468 serían para obreros. Se prevé la edificación de escuelas, la dotación de un nuevo mercado, la sustitución de la lonja y la apertura de una casa de socorro.
De mayor trascendencia son los trabajos de canalización de las aguas del río Taibilla, que vendrán a solventar uno de los grandes problemas del municipio. La viabilidad del proyecto se alumbra con la orden de 12 de noviembre de 1931 y el inicio de las obras es inmediato, manteniéndose con recursos hasta abril de 1937. La identidad es clara: “… la sed es monárquica y las aguas republicanas…”,. La gratitud inmensa: “¡Viva la República, sí, porque ella nos trae el agua del Taibilla, que será para Cartagena la higiene, la salud, la prosperidad!” (ambas citas del periódico “La Tierra”). También se forja el regadío del Campo de Cartagena: el trasvase Tajo – Segura, según el Plan Nacional de Obras Hidráulicas redactado por el ingeniero Lorenzo Pardo en 1933.



La República fue un proyecto progresista, que se concretó durante el primer bienio, conocido como bienio social-azañista, un gobierno de republicanos de izquierda y socialistas. Este gabinete, dirigido por Manuel Azaña, adoptó un sistema reformista por medio de una labor legislativa, que quiso dotar a España de una Constitución democrática, que impuso la secularización del Estado, suprimió la pena de muerte y renunció a la guerra. Se añadieron un sinfín de reformas, que afectaron al orden establecido, desde el Ejército al mundo laboral, pasando por la configuración territorial del Estado y la estructura agraria.

Se apuesta por la enseñanza, la religión de la República, en palabras de Antonio Ramos-Oliveira. Una enseñanza laica que, con la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas de 2 de junio de 1933, puso fin al monopolio de la Iglesia. Se abren 103 escuelas, que cubren las necesidades de barrios y diputaciones, contemplando con singular interés a las niñas. Para el núcleo urbano se construyen dos grupos escolares de 20 grados (10 de niños y 10 de niñas) en la Plaza de España y Paseo de la Libertad. Su situación es inmejorable: jardines, arbolado y parterres, con terreno suficiente para recreo de los niños y fachada de clases orientada a mediodía. El proyecto se aprueba el 5 de septiembre de 1933 y la obra se concluye en vísperas de la Guerra Civil.


Se potencian las colonias escolares, con objeto de que pueda disfrutar de la institución el mayor número de niños y niñas pobres depauperados de nuestras escuelas…”. Se inauguran bibliotecas populares, se constituye el fondo Lope de Vega para estudiantes pobres. Descuella la intervención del Patronato de las Misiones Pedagógicas, que favorece a las pedanías con lotes de libros y que cuenta con la colaboración de Carmen Conde y Antonio Oliver en su difusión educativa.



La cultura se erige en atención preferente. El Ateneo es su eje central. En aquel centro alterna la intelectualidad cartagenera, entre otros Carmen Conde, Antonio Oliver, Juan Lanzón, Rodríguez Cánovas, Vicente Ros, Ginés de Arlés y Antonio Puig Campillo. Fruto de las inquietudes sociales y políticas, que ahora se alumbran, se publican doce periódicos.


Prende una nueva misión del saber, cuya mejor expresión es la Universidad Popular. Su creación se forja el 15 de julio de 1931 con la mediación de Ginés de Arlés y Antonio Oliver. Se instaló en la calle Jara, disponiendo de los salones del Ateneo para los actos de mayor concurrencia.


La mujer conquistó sus prerrogativas. El derecho al voto, la igualdad en el matrimonio, la equiparación jurídica y laboral, incorporándose plenamente a la vida política y cultural. Una flamante sensibilidad se dejó notar, suprimiéndose la prostitución reglamentada y reivindicándose una sexualidad saludable. Victoria Kent, directora general de Prisiones, visita Cartagena en mayo de 1931 y denuncia el estado ruinoso de la cárcel de San Antón. Propone un nuevo centro, franqueado en julio de 1936.


No fueron todas éstas sino simples muestras de la gran revolución económica y cultural que la II República Española habría logrado si el golpe de estado no le hubiera impedido convertir nuestro país en uno de los más modernos de Europa. El 31 de marzo de 1939, con la entrada del ejército franquista se truncaron los sueños, las ansias de una Cartagena justa e igualitaria y se abrió paso la oscuridad de la dictadura de la que, aun a día de hoy, continuamos arrastrando las secuelas.

Catorce de abril de 2020, a 89 años de la proclamación de la II República, el espíritu republicano continúa entre nosotros; continúan nuestras ansias de un futuro en que los valores de Libertad, Justicia e Igualdad cristalicen en una realidad tangible, una realidad de un futuro por el que merece la pena luchar.

Nota: Extracto de guión e imágenes de la exposición "II REPÚBLICA Y GUERRA CIVIL EN CARTAGENA: LA MEMORIA EN IMÁGENES " cedida por Pedro Mª Egea Bruno a la Asociación Memoria Histórica de Cartagena.

sábado, 11 de abril de 2020

CARTAGENA, EN EL ANIVERSARIO DEL 12 DE ABRIL.

El doce de abril de 1931, en Cartagena, había amanecido frío y lluvioso, pero la gente había ido a votar.
 La situación en la ciudad portuaria no era más que un reflejo de lo que estaba ocurriendo en el ámbito nacional. Ya desde cinco años antes, con la petición por los liberales de la apertura de cortes constituyentes se había comenzado a despertar de la situación de pasividad a que se sometieron las organizaciones republicanas tras el advenimiento de la dictadura. El Partido Socialista había vuelto a enfrentarse con el poder. Los obreros y los intelectuales venían manifestando con energía su oposición al régimen que, tras perder el apoyo de la oligarquía, estaba comenzando a hundirse. Socialistas y republicanos habían cifrado sus esperanzas en el resultado de estas elecciones…


Ahora parecía más próximo que nunca el cambio de régimen, sobre todo, con la situación de descontento generalizado que había obligado a abandonar la Presidencia a Dámaso Berenguer.  La monarquía constitucional de Alfonso XIII, como consecuencia de haber permitido la dictadura de Primo de Rivera había quedado totalmente deslegitimada; los siete años sufridos bajo el mandato del general pesaron demasiado e hicieron fracasar el intento de vuelta a la normalidad constitucional de 1930, en la que se conoció como “la dictablanda” un intento fallido de lavar la cara a la monarquía, que no continuó con la dictadura anterior, pero fue abundante en la represión de continuos conflictos sociales; tampoco llegó a restablecer plenamente la constitución de 1876, no convocó elecciones a Cortes, como le exigía la oposición, y sofocó la sublevación de Jaca de diciembre de 1930 con el fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández.



El abandono de Berenguer llevó a la presidencia brevemente al almirante Aznar, que al llegar al poder en febrero de 1931, declaró que pretendía devolver al país sus libertades y restablecer la normalidad política y jurídica, y si bien no eliminó la censura que impedía la libertad de prensa, su llegada a la presidencia supuso un cambio de rumbo político al proponer un nuevo calendario electoral: elecciones municipales el domingo, 12 de abril, y después, elecciones a Cortes con el carácter de Constituyentes, por lo que podrían proceder a la revisión de las facultades de los Poderes del Estado y la precisa delimitación del área de cada uno (reducir las prerrogativas de la Corona) y una adecuada solución al problema de Cataluña.
Alfonso Torres
 En Cartagena se había dado una enorme importancia a esos comicios; con más de tres mil parados en la ciudad, las calles estaban llenas de mendigos.
La gestión del alcalde Alfonso Torres era cada vez más cuestionada por los numerosos escándalos. Uno de los que más pesaron fue el de las Casas Baratas. Las denuncias por las irregularidades en la construcción habían contribuido enormemente a su descrédito, a una impopularidad cada vez mayor del primer edil de la ciudad. De las mil quinientas viviendas proyectadas en un principio no se habían iniciado más que quinientas treinta y dos; el Ayuntamiento se encontraba enzarzado en pleitos con los proveedores; los obreros habían sido despedidos…, las fuerzas políticas habían comenzado dos meses antes a movilizarse para las elecciones, dando a éstas una trascendencia que no habrían tenido en otras circunstancias, tanto por parte de las derechas como de las izquierdas.

Las casas baratas
Se presentó a estos comicios García Vaso, cabeza del partido “El Bloque”, una organización política cartagenerista de orientación republicana y carácter populista. García Vaso y los suyos comenzaron por denunciar todas las irregularidades que habían encontrado en el Ayuntamiento. La gente estaba contenta, porque llevaron a cabo algunas acciones muy beneficiosas para los sectores más desfavorecidos, pero poco a poco las cosas fueron cambiando y El Bloque, como era frecuente en los partidos de entonces, cayó en el amiguismo, igual que le ocurría a las organizaciones a las que criticaba; lo mismo jugó a pactar con los liberales que con los monárquicos, y muchos de los que habían sido elegidos concejales en las listas de su partido lo abandonaron después, desengañados. En esta ocasión, su líder reapareció combativamente en la escena política;  intentó por todos los medios ser incluido en las listas de la conjunción republicano-socialista pero no lo consiguió, concurriendo finalmente con los liberales del Conde de  Romanones a unas elecciones en las que las derechas se presentaron divididas.
José García Vaso
En Cartagena el recuento final de votos dio la victoria a los republicanos, que obtuvieron veintiocho concejales frente a los diecisiete de los monárquicos. Citando a Pedro Mª Egea Bruno: “Los resultados fueron, como los del resto del país, un plebiscito contra los Borbones: 7.004 votos de la Conjunción por 3.942 monárquicos, lo que se tradujo en 28 concejalías frente a 17. La mayoría -18- corresponden a los partidos  republicanos (Alianza Republicana y Partido Republicano Radical-Socialista), en tanto las diez restantes se adscriben al PSOE. Al otro lado queda el Partido Monárquico-Cartagenerista –la antigua Unión Patriótica de la dictadura-, con 11, el Partido Conservador con 4, los vasistas con uno y los independientes con otro”

Elaboración Gráfico:Pedro Mª Egea Bruno

El concejal más votado fue Severino Bonmatí Vicedo, representante de la Cámara de Comercio de Cartagena, que se presentó por el Partido Republicano Radical Socialista.
Ante los fatídicos resultados, el Bloque se disolvió, aconsejando su jefe a los miembros del partido que se afiliaran a los grupos republicanos o socialistas.
El periódico “La Tierra” publicó este comunicado al efecto:

EL BLOQUE Y LA ACTITUD DE GARCÍA VASO:
Cumplida su misión de vivero y de albergue de republicanos y demócratas mientras no existían organizaciones serias republicanas en Cartagena, el Bloque de las Izquierdas no tiene otra cosa que hacer que disolverse y disuelto queda. Los elementos que en él perduran, fieles a su amistad con el Sr. García Vaso, han quedado, por disposición de éste, en libertad, aunque su consejo es que se afilien a los grupos republicanos o socialistas, ya que, con ello, no harán más que obedecer la voluntad soberana del país.
El Sr. García Vaso sigue el mismo consejo que da y el mismo rumbo de LA TIERRA. Solo que, por decoro personal y político, se abstendrá de toda intervención activa en la política local y «se queda en casa», deseando a todos los republicanos mayores triunfos.
No podía ni debía el Sr. García Vaso, sin ser cobarde o traidor, abandonar, a la hora de la pelea, los intereses políticos que le estaban confiados y ha hecho el sacrificio de renunciar al éxito personal que le habría correspondido si antes de la lucha hubiera ido a las filas que, sin duda, habían de ser las victoriosas. Sobre la vieja nave que se hundía, ha permanecido hasta que, salvada su tripulación y a salvo también el cargamento democrático, puede retirarse de ella, derrotado, pero ni desleal ni huido.
Publicado en el periódico "La Tierra"

Los resultados fueron similares en las principales ciudades. Las candidaturas republicanas resultaron mayoría en 41 capitales de provincia. En la mayoría de municipios rurales no había habido elecciones; se negó el derecho al sufragio a miles de electores, ya que la ley electoral de 1907 establecía que en los municipios en que el número de candidatos igualase el de puestos a cubrir, no se celebraran, lo que hacía que éstos fueran ocupados por los representantes de los caciques.
Sobre las cinco de la tarde, las noticias que llegaban de los pueblos pequeños eran favorables a la monarquía, pero los concejales allí elegidos, afines a los intereses de los caciques, no se consideraba que hubieran sido elegidos legítimamente, y hasta las autoridades monárquicas lo entendieron de ese modo; en las ciudades importantes y en los pueblos grandes la victoria fue aplastantemente republicana.
Si el resultado de las elecciones era la prueba para calibrar el apoyo a la monarquía antes de las elecciones generales, los resultados abocaban a una instauración inmediata de la República.
Niceto Alcalá Zamora
El martes, 14 de abril, Éibar, Valencia y Barcelona alzaron en sus instituciones la bandera tricolor. En Madrid, en una reunión de urgencia, Aznar y Alfonso XIII, barajaban varias alternativas entre las que se contemplaba el exilio del rey. Mientras tanto, en el domicilio de don Gregorio Marañón, se reunían el Conde de Romanones con los representantes de los partidos republicanos, pactando la salida de España con total seguridad de la familia real.
La llegada de la República era inminente, y Niceto Alcalá Zamora, que presidía el comité revolucionario, planteó a Alfonso XIII un ultimátum: su salida debía producirse antes de la puesta de sol.
A primera hora de la tarde se alzaba la tricolor en el edificio de Correos y Telégrafos y Alcalá Zamora entraba en la puerta del Sol como primer presidente del Gobierno Provisional.
Proclamación de la República desde
el balcón del Ayuntamiento de Cartagena

En Cartagena, a las 6 de la tarde, se proclamó la República desde el balcón principal del Ayuntamiento.

En la plaza, una gran concentración acogió el acto. Mientras tanto, un grupo de exaltados irrumpió en el palacio consistorial, destrozando los retratos del rey.

A las doce de la noche se llevó a cabo la transmisión de poderes, haciéndose cargo el Comité Revolucionario del Ayuntamiento, en nombre del Gobierno Provisional de la República Española.  Tomó posesión una gestora integrada por los dirigentes de la Conjunción Republicano-Socialista, los ahora concejales Severino Bonmatí Vicedo (Partido Republicano Radical Socialista), Luis Romero Ruiz (Alianza Republicana) y Amancio Muñoz de Zafra (PSOE).

Amancio Muñoz de Zafra
Se había corrido la voz de que el Rey venía al Arsenal. La noche del catorce al quince, junto a los periodistas, deambulaban junto a las tapias muchos grupos de curiosos, esperando su llegada. Oficiales, jefes y generales fueron entrando al recinto. Los marineros, vestidos con el uniforme de faena, salieron para hacer que el público se alineara dejando libre una calle de entrada para los coches de la caravana que acompañaba al monarca destronado.

Alfonso XIII en el interior del Arsenal
El ex rey venía desde Madrid en uno de sus automóviles de lujo. Una vez en el Arsenal, antes de subir al barco, permaneció un rato despidiéndose de las autoridades y preguntó si se había decretado el estado de guerra, a lo que se le respondió negativamente. En medio de la serenidad de la despedida, en que todos estrecharon su mano en silencio, un sargento de la Guardia Civil no pudo reprimirse y gritó con fervor un ¡Viva el Rey!, al que respondieron algunos de los presentes. Entonces don Alfonso levantó el brazo gritando ¡Viva España! siendo su grito coreado con entusiasmo. Embarcó acompañado del almirante Rivera y el grupo de militares que le acompañaba se fue disolviendo lentamente. A las cinco y cuarto de la mañana, el rey sin trono se alejó de Cartagena embarcado en el crucero “Príncipe Alfonso”. 
Crucero Príncipe Alfonso
Después, Crucero Libertad
Marineros fotografiándose junto al automóvil del ex monarca

A lo largo del día quince, declarado festivo por el Gobierno provisional, se vivió una auténtica jornada de fiesta.
Todas las tiendas estaban cerradas, gente, gente y más gente por las calles, gritando vivas a la República; la Calle Mayor, de bote en bote; los cafés, llenos a rebosar…, bandas, cornetas por las calles tocando la Marsellesa, interpretando el Himno de Riego…
Por la tarde se organizó espontáneamente una manifestación paseando por todas las calles un cuadro, alegoría de la República, mientras que los transeúntes aplaudían a su paso y daban vivas. Terminaron por llegar al Ayuntamiento, subir las escaleras con él y colgarlo en el Salón de Sesiones.

También esa misma tarde se celebró una reunión de todas las clases subalternas de la Armada. Se dieron cita en la Sociedad Económica de Amigos del País. Expresaron su satisfacción con entusiasmo, pero en perfecto orden, y acordaron mandar a Madrid un telegrama para manifestar su adhesión al Gobierno de la República y pedir la dignificación de la clase como base principal de la Marina española. Después se tuvo un emocionado recuerdo para los dos mártires de Jaca y concluyeron con un nuevo acuerdo: contribuir con dos pesetas cada uno para erigir un monumento nacional a la memoria de Galán y García Hernández.

Cartagena ya era republicana.




jueves, 9 de abril de 2020

LA VELADA SOCIAL


Nos encontramos rememorando las actividades llevadas a cabo por nuestra asociación antes del estado de alerta. Al no haber podido celebrar en su fecha prevista las XI JORNADAS POR LA MEMORIA HISTÓRICA 2020, y en espera de tiempos mejores, cuando – esperemos no pase demasiado tiempo – podamos retomar nuestra programación, traemos hoy a estas páginas una de las actividades que tuvo lugar durante el pasado año 2019. Se trata la que realizamos dentro del Festival Internacional de Poesía de Cartagena “DESLINDE” en estrecha colaboración con la ASOCIACIÓN TROVERA JOSÉ MARÍA MARÍN: La RECREACIÓN VELADA TROVERA DE PORTMÁN, de 1913, conocida como LA VELADA SOCIAL, y que se trata de la Controversia trovera entre MARÍN Y EL MINERO.


 ¿Por qué optamos por esta actividad? Por un afán en dar a conocer la realidad sociopolítica de nuestra comarca en los primeros años del Siglo XX. Cartagena, La Unión… fueron escenario de los movimientos obreros de esa etapa de lucha contra la marginalidad y la explotación, y el trovo supuso la manifestación poética de esas luchas convulsas, manifestación que ha pervivido en el tiempo y aun hoy, en pleno Siglo XXI, continúa sin perder actualidad.


                                          
DE LA MISERIA Y LA EXPLOTACIÓN DE LA MINA A  LA POÉTICA DEL TROVO:

En el mundo de la creación poética de carácter popular adquiere un papel preeminente en nuestro país el verso repentizado, el repentismo, que en nuestra región se conoce con el nombre de TROVO, una creación, que a pesar de su carácter popular se encuentra incluida en la Historia de la Literatura de la Región Murciana.
El TROVO anida en la misión poética del lenguaje y nos habla de un pasado donde el verso repentizado, como elemento cultural y social distintivo simbolizaba un don al alcance de unos pocos y sobrevive en el presente, porque el trovo nace del pueblo para venir a morir en el propio pueblo.
El gran trovero utiliza el verso como arma comunicativa y arrojadiza contra su contrario; éste es el caso de los tres mayores troveros de nuestra historia: José Rodríguez Castillo, José María Federico Marín Martínez y Manuel García Tortosa, conocido a principios del siglo XX como “El Valenciano”, aunque pasó a la Historia como “El Minero”; los tres puntales del trovo cartagenero.


El movimiento trovero surge en una etapa de convulsión económica en las que fábricas de Cartagena, como la de loza o la de cristal, y minas de Almería, La Unión, Mazarrón o Águilas contribuyen enormemente al boom económico. La actividad minera, que había permanecido siglos en el olvido, se reanudó a mediados del siglo XIX superando el antiguo esplendor romano, localizándose, sobre todo, en la Sierra Minera de La Unión, con explotaciones de plomo, zinc y hierro, Este boom económico propicia el boom demográfico, y el pueblo, sometido a horarios abusivos, reclama zonas de ocio.
La vida del minero, desde que se levantaba de la cama hasta que volvía de la mina, estaba enfocada solamente al trabajo. La actividad minera se centra en la sobreexplotación del minero, por la escasa reinversión de los beneficios en la mejora de las condiciones de trabajo.


La vida del minero era una vida de sufrimientos, soledades y peligros.
Los hombres y los muchachos, a quienes el patrón no facilitaba ninguna vestimenta, trabajaban, debido al calor de las galerías, en pantalones cortos, calzoncillos o taparrabos y cubrían su cabeza con una boina o pañuelo anudado en las esquinas, mientras calzaban esparteñas o abarcas para evitar que se les estropeara el calzado. El escaso alimento que llevaban desde su casa consistía en algo de pan con salado (bacalao o sardinas), tomates, fruta del tiempo y algo de tocino. A esta escasa alimentación se unía la lacra de las malas condiciones de seguridad en el interior de la mina y las pésimas condiciones higiénicas de las viviendas que habitaban.
Las diferencias económicas eran enormes; se establecieron dos bloques sociales con enormes contrastes: de un lado, los empresarios que amasaban enormes fortunas; de otro lado, el bloque integrado por la inmigración masiva que venía de las provincias vecinas y por los miembros de las clases más bajas, que percibían salarios miserables.


 La sociedad cartagenera y unionense de principios del siglo XX está integrada por una mezcla de precariedad y esplendor: una clase alta que ha atesorado enormes fortunas, que hace alarde de sus lujos, y que se relacionan exclusivamente entre sí, sin tener contacto con los mineros y los trabajadores de las fábricas; grandes mansiones modernistas que se simultaneaban con las chabolas donde se hacinaban los mineros, con la deficiencia en infraestructuras, como agua potable, alcantarillado, electricidad y dispensarios médicos u hospitales; burgueses que gastaban en lujos, manjares y viajes, mientras que las familias trabajadoras cobraban en vales canjeables en los comercios de los propios patronos, ey vivían en la incertidumbre de si morirían en la mina o a consecuencia de las pésimas condiciones higiénicas en que se desenvolvían.

Es en estos momentos cuando la presión sobre los escasos salarios de los mineros y la creciente situación de paro, incrementa la conflictividad social y las reivindicaciones obreras. Los mineros luchan por mejorar sus condiciones de trabajo, jornadas devastadoras, trabajo de día y de noche, días laborables todo el año, incluyendo domingos, salvo Carnaval, Semana Santa, Ferias y Navidad.

Las duras condiciones a que estaba sometidos los trabajadores de la sierra minera llegaron incluso a traspasar la costra de insensibilidad de ciertos responsables políticos:
«Un gobernador civil de esta Provincia, que abominaba del anarquismo, fue invitado a visitar los trabajos subterráneos de una mina y las condiciones en la que vivían estos mineros, por curiosidad aceptó. Examinó las galerías y vio a los obreros ocupados en sus trabajos, visitó sus hogares y a sus familias, comprobó en que ocupaban el poco tiempo libre que les dejaba el trabajo. Su asombro fue grande, pero no dijo nada. Una vez en su despacho y a la pregunta de su secretario de cómo le había ido la visita, respirando, exclamo conmovido:
- Ahora me explico el anarquismo...»

En este ambiente surge, como lugar para las escasas ocasiones de ocio, el conocido habitáculo café-cantante, que prolifera a principios del siglo XX, y triunfan tres tipos de festejos: los boleros, el pre-flamenco, y el repentismo poético que tiene lugar en ventorrillos, cantinas y bares, y se conoce como trovo. El trovo aparece en los carteles junto a los cantaores flamencos, cantaores de coplas, cantantes de boleros y bailes.
Y en uno de estos locales es donde, en 1913, se organizó una velada trovera con el fin de recaudar fondos para la caja de resistencia del sindicato minero y para la equipación de la Casa del Pueblo.
Se trata de la llamada “Velada Social” de Portmán, entre los troveros José María Marín y Manuel García Tortosa “El Minero”, correspondiéndoles, al asignar los papeles, al primero el papel de defensor del patrón y al segundo el del defensor del minero.



En recuerdo de esa noche, la Asociación Memoria Histórica de Cartagena nos citó en el Salón de Actos del CENTRO CULTURAL RAMÓN ALONSO LUZZY, donde la ASOCIACIÓN TROVERA JOSÉ MARÍA MARÍN nos ofreció la recreación de esta legendaria velada; recreación en que contamos con la inestimable colaboración de Andrés Flores y María Andreu, ya habituales colaboradores de nuestra asociación, con los que contamos para la puesta en escena en los papeles de Tabernero y tabernera.



Se recreó la versión ligeramente reducida de la legendaria controversia en la que, como ya hemos dicho más arriba, a JOSÉ MÁRÍA MARÍN MARTÍNEZ le correspondió defender al patrón, mientras que a MANUEL GARCÍA TORTOSA, “EL MINERO” le cupo en suerte la defensa del obrero.


Tras una introducción llevada a cabo por Pepa Martínez, en representación de la ASOCIACIÓN MEMORIA HISTÓRICA DE CARTAGENA, la presentación del acto corrió a cargo de Miguel Ángel Cervantes, de la ASOCIACIÓN TROVERA JOSÉ MARÍA MARÍN.

Para hacer más ágil el desarrollo de la velada,los papeles de cada uno de los troveros fueron asumidos por dos personas en diferentes momentos y se alternó el trovo cantado y el recitado.
Así, el Trovero Marín fue interpretado por José Martínez "El Taxista" y Juan Diego Cebrián, mientras que "El Minero" lo representaron Juan Santos Contreras "El Baranda" y Miguel Ángel Cervantes




Contamos con los cantaores Alfonso Conesa "El Levantino", Juan ´Ramón Molina, Juan Bernal "El Pulga" y Juan Cantos Contreras "El Baranda" y los guitarristas fueron Ángel Herrero, Juan Martínez "El Mergo" y Juan Ros.


Mencionemos también la colaboración de la Asociación Modernista de Cartagena, cuyos miembros, como extras, ocuparon el papel del público presente en la taberna, y la ardua tarea de trabajo en las infraestructuras de Paco Carrión, José Ramón Berman, Guillermo Vignote, Piluca Sánchez y Bernardo Sánchez, miembros de nuestra directiva responsables de los decorados y montaje.


Gran éxito esta representación, una velada para el recuerdo.



A continuación, unos cuantos fragmentos en vídeo de algunos de los momentos de la representación: