sábado, 23 de marzo de 2019

LAS MUJERES DE LOS EXILIADOS EN LA POSGUERRA

Victoria Díaz Alcázar no era viuda, ni soltera ni casada, ya que había sido anulado su matrimonio civil.
Su marido, el teniente de navío de la Marina Republicana, José Fernández Navarro, marchó al barco, "a ver qué pasaba"el 5 de marzo de 1939, ante los rumores de que la quinta columna había cogido las calles de Cartagena. "No te preocupes, estaré de vuelta para que desayunemos juntos a las nueve".
Siete años más tarde, Victoria cruzó el Bidasoa para atravesar la frontera con Francia, con el agua por encima de la cintura. El guía les había advertido que si alguien resbalaba había que dejarlo ir, si no, se ahogarían juntos.

Victoria Díaz Alcázar y José Fernández Navarro,
el día de su segundo matrimonio, celebrado en Francia

Victoria Fernández Díaz, su hija, nació en Francia, en una pequeña ciudad de Normandía llamada Granville; cuando sus padres volvieron a España, se licenció en Filología Románica y fue catedrática de la Escuela Oficial de Idiomas de Valencia hasta su jubilación.
Sus raíces familiares y el deseo de recuperar nuestro pasado democrático la llevaron a escribir, en 2009, el libro "El exilio de los marinos republicanos", sobre aquellos marinos que tuvieron que abandonar su patria tras la guerra de España.

Victoria Fernández Díaz

Ha seguido ahondando en esta investigación y actualmente está completándola dentro del ámbito universitario.
El jueves, 28 de marzo, se encontrará en Cartagena, para hablarnos sobre aquellas mujeres de exiliados republicanos que sufrieron en España el estigma de ser "mujeres de rojos"; algunas pudieron reunirse con sus maridos, otras, no pudieron volver a verlos.
Josefina Valverde, CarmenIbáñez, Micaela Vila, Carmen Martínez, Josefina Martínez, Encarnación González y tantas más... mujeres cuya vida se vio truncada por el golpe de estado, que padecieron la marginación, la represión, el hambre... y que jamás fueron resarcidas por ello.

Jueves, 28 de marzo, a las 19,00 h, en el salón de Grados de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación.
Charla de Victoria Fernández Díaz: LAS MUJERES DE LOS EXILIADOS EN LA POSGUERRA

sábado, 9 de marzo de 2019

CARTAGENA, MARZO DE 1939: EL MAYOR ARTEMIO PRECIOSO FRENTE A LA SUBLEVACIÓN FRANQUISTA

La flota, en el puerto de Cartagena

El 2 de marzo de 1939, tras el Consejo de Ministros del día 1, en que se hizo pública la dimisión de Azaña, se ascendió a Casado a General y tuvo lugar la destitución de los comandantes militares de Alicante, Murcia y Albacete y nombramiento de Vega, Mendiola y Curto para los mismos, y de Galán como jefe de la Base Naval de Cartagena.
En la noche del día 3 se veía claro que la sublevación en Cartagena era un problema de horas.
La Flota estaba prácticamente ya en rebeldía con el Gobierno; la posición era salir de Cartagena e instar al Gobierno a concertar una paz inmediata sin lo cual no regresaría a Cartagena, haciendo el 3 un intento de salida a la mar que pudo ser cortado por la acción del Partido Comunista.
Coronel Francisco Galán
La posición de los mandos y comisarios era coincidente en todo y habían logrado influenciar a la inmensa mayoría de la Flota. Así, cuando Galán llegó a Cartagena, la Flota estaba ya sublevada contra el Gobierno y, al amparo de esta sublevación, los fascistas de la ciudad, muy fuertes en las Unidades de la Base se sumaron a la actitud de ésta y se hicieron, prácticamente, los dueños, dando a la sublevación un carácter abiertamente fascista. Se pusieron en contacto con Franco, pidieron refuerzos e izaron la bandera monárquica.
El 5 de marzo fue una fecha a recordar por todos los cartageneros y cartageneras; durante años hemos oído relatar a las personas mayores anécdotas acerca de la insurrección de ese día.
El edificio en que se encontraba Capitanía,
mostrando los impactos de los proyectiles
La calle era un caos; los paisanos no sabían lo que estaba ocurriendo; se decía que habían llegado las tropas de Franco; los casadistas gritaban “Por España y por la paz”; los falangistas, que estaban emboscados, salieron a la calle, vitoreando a Franco; algunos vecinos, desconcertados, preguntaban a los guardias de asalto si tenían que decir “Arriba España” o “Salud”. Se oía que la guerra había acabado, y la escuadra había abandonado el puerto, y a continuación llegaban noticias de que no, que la guerra seguía y los barcos continuaban en Cartagena.
Mayor Artemio Precioso
Se trata de uno de los episodios de la guerra civil cuyo conocimiento nos pueda resultar más farragoso; pero podemos contar con la divulgación y la aproximación a éste gracias a Pedro Costa Morata, que el próximo viernes, 15 de marzo, se encontrará en Cartagena para impartir una charla cobre lo acaecido esos días. Y lo hará desde una perspectiva diferente a aquellas bajo cuyo punto de vista solemos hacerlo: la de uno de sus protagonistas, el mayor Artemio Precioso.
Pedro Costa Morata

Pedro Costa Morata, es un aguileño, ingeniero y periodista, doctor en Ciencias Políticas y Sociología.

Fue fundador del movimiento ecologista en España, liderando la lucha antinuclear y se le concedió el Premio Nacional de Medio Ambiente en 1998.

Profesor de la Universidad Politécnica de Madrid entre los años 2002 y 2015, y profesor de Doctorado en la Universidad San Carlos de Guatemala desde 2008.
Ha sido Director del Centro de Estudios Socioecológicos entre 1978 y 1981, siendo el presidente Artemio Precioso, cuya amistad cultivó desde 1978 hasta su muerte, en 2007.

El próximo viernes, 15 de marzo, Pedro Costa Morata impartirá la primera conferencia de las X jornadas de Memoria Histórica que, en este 2019, ha organizado la Asociación Memoria Histórica de Cartagena. Tendrá lugar, a las 19,30 horas, en el salón de grados de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la UPCT (Campus Alfonso XIII).

jueves, 7 de marzo de 2019

Y LLEGÓ EL CINCO DE MARZO


Y llegó el 5 de marzo…
La gente de a pie sabía que algo pasaba, algo muy gordo… pero ¿qué?




El personal civil, en el centro de Cartagena, no se atrevía a salir a la calle. Sin embargo, salvo en Los Dolores, donde un grupo de falangistas jóvenes anduvieron a tiros contra unos guardias de asalto, en los barrios no se notó apenas el movimiento. Un grupo de control en Los Molinos, otro grupo en Los Barreros… pero sin oírse disparos. La gente del extrarradio, al ver las camisas azules en lugar de los monos de los milicianos sobre los cuerpos de quienes pedían la documentación, pensaron que las tropas habían llegado porque se había acabado la guerra.

Y así, en los Barreros, Carmen Serrano se encontraba cocinando cuando su hijo Ángel, desde la puerta de la cancela, le gritó: – ¡Mamá, me voy a Cartagena, que quiero ver como se acaba la guerra! – Y marchó con otros chavales, desde lo alto del barrio hasta el centro de la ciudad. Salió corriendo. Fue todo tan rápido, que ni siquiera oyó a su madre cuando salió tras de él gritándole que no fuera loco, que se quedara en casa; y por mucha prisa que se dio la pobre mujer, cuando llegó a la entrada de la verja, ya se le había perdido de vista.

Ángel no había cumplido todavía los quince años. Era un chiquillo muy impulsivo, y cuando vio que los barcos zarpaban y todo el mundo dijo que marchaban a Rusia, miró a la multitud que los despedía en el muelle agitando los pañuelos y cedió a un impulso repentino, saltando a una de las lanchas que se aproximaban a ellos llenas de fugitivos. Como el turista que se dice que le apetece viajar, así hizo él sin pensarlo dos veces ¿Que los barcos se iban a Rusia? ¡Pues mira qué bien! Él también se iba.


Los barcos pesqueros empezaron a embarcar gente para trasladarla a Orán. Y entre ellos, Ángel Ros, un chaval que subió a uno de ellos sin saber por qué lo hacía.

Carmen llegó a casa de sus cuñados presa de la desesperación.
-       Ay, mi Ángel, que no sé dónde está…  Que se ha ido esta mañana a Cartagena,  a ver  como se acababa la guerra, y no ha vuelto todavía. He preguntado por todas partes, he preguntado a toda la gente, y nadie sabe nada.

Lo que había ocurrido en Cartagena ese día fue una auténtica revolución, que se  cobró bastantes vidas y multitud de heridos. El cuñado de Carmen, junto a su hijo Enrique, primo de Ángel, y Pepe, el hermano mayor de éste, corrieron de un lado para otro, preguntando en los hospitales, en Comisaría… El marido de su prima, que era policía, empezó a indagar, hasta que se enteró por un chaval que lo acompañaba, que lo vieron saltar a una de las lanchas que se dirigían a los barcos cargadas de gente. Gran temor entonces, pues sabían lo que había pasado en el Cervantes, que cuando ya había tomado velocidad, un grupo de carabineros, acompañados de unas mujeres, habían intentado subir y les resbalaron los cabos de las manos, cayendo al agua y siendo algunos atrapados por las hélices; temían que hubiera sido uno de ellos, pero se preguntó a los supervivientes y les aseguraron que ningún chaval de esa edad había subido a la motora con ellos. No sabían nada, ni a dónde se habían dirigido los barcos, ni si habría llegado al final de su destino… nada.

Una vez en Bizerta, lo reconocieron unos compañeros de su fallecido padre – Pero muchacho – le dijeron ¿Tú qué haces aquí? – Las condiciones en que se encontraban eran malísimas, y cuando la escuadra regresó para entregarse al bando de Franco, lo mandaron de regreso.

De nada le sirvieron sus pocos años. En lugar de devolverlo a Cartagena, con su familia, la criatura, al llegar a Rota, en compañía de los que sobrevivieron a la travesía de vuelta, fue ingresada unos días en un calabozo, y después lo metieron en un campo de concentración.
Al cabo de tres años de pasar frío y hambre, de vivir en nulas condiciones higiénicas, pasó por allí un oficial de Marina que se extrañó de que tuvieran encerrado a un niño. Le preguntó por las circunstancias por las que había llegado allí y ordenó que lo pusiesen en libertad y lo enviaran a Cartagena. Ni su propia madre pudo reconocerle al primer golpe de vista, pues llegó enfermo, extremadamente delgado y con el rostro tan inflamado que apenas se le veían los ojos. Poco romántico el final de su aventura. Pero estaba vivo, y aun habiendo pasado tres años de calamidades, había conseguido volver  a su casa.
Otros, por el contrario, jamás llegaron a regresar.

JOAQUÍN JEREZ MORENO



El 8 de febrero tuvo lugar la inauguración del monumento a los deportados cartageneros a los campos nazis. Cincuentaisiete los nombres de los que se tiene constancia, hasta ahora, que sufrieron el cautiverio en esos campos. Algunos familiares de ellos se encontraron presentes en el homenaje; también estuvieron allí las personas allegadas de una serie de cautivos que, por circunstancias familiares no llegaron a nacer en Cartagena, pero que, sin embargo, como en el caso de Joaquín Jerez Moreno, tanto su vida como la de sus antecesores transcurrió en esta ciudad.
Naciste, Joaquín, en Santander, en 1913; hijo de cartageneros, y luchaste en la Marina Republicana por defender la legalidad del gobierno contra los golpistas, por lo que tuviste que marchar al exilio al final de la guerra. Fuiste, como tantos compatriotas, hecho prisionero por los alemanes en suelo francés, y posteriormente internado en el austriaco campo de concentración de Gunsen, donde, con tan sólo 28 años, encontraste la muerte el 3 de diciembre de 1941.

El 8 de febrero se encontraban tus familiares, junto a los de los cartageneros deportados, presenciando la inauguración del monumento a vosotros dedicado, porque, Joaquín, aunque no llegaras a nacer en Cartagena, cartagenero se te puede considerar al haberlo sido tus antepasados, y por haber pasado en ella la mayor parte de tu vida.
Que tu nombre no se borre de la historia.

miércoles, 13 de febrero de 2019

MEMORIA DE LUZ




Del asombro a la admiración.
Esas fueron las emociones despertadas por el descubrimiento el 8 de febrero del monumento a los cartageneros deportados a los campos nazis, mandado erigir por el Ayuntamiento de Cartagena a instancias de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena.

Nati Serrano, la joven escultora artífice de este monumento nos explica la interpretación de esta escultura.
"MEMORIA DE LUZ: Dos cuerpos prismáticos de base triangular, plegadas hasta casi cerrarse, dejan aún, en una de las tres caras, una ligera abertura que atraviesa los dos cuerpos. 
Es línea divisoria entre libertad y cautiverio, entre vida o muerte.

El padecimiento sufrido en los campos de concentración nazis por los cartageneros considerados apátridas, con nombres y apellidos, que llevaron los mismos triángulos inscritos en el cuerpo superior con la "S" de Spanier en el centro, es un episodio oscuro a iluminar.
La luz retroilumina el interior de los cuerpos y los triángulos desdibujados que ascienden hasta desaparecer en "el cielo"de la escultura.

La luz, siempre la luz de la esperanza, de la libertad, de la fraternidad, de la vida, iluminando memoria, razón e historia".

De este modo, la artista, conocida en nuestra ciudad por su trabajo como profesora de la Universidad Popular, ha plasmado sus impresiones acerca de este terrible episodio de nuestra historia reciente, en una genial escultura con la que el municipio cartagenero honra la memoria de estos luchadores republicanos, de estos defensores de la libertad, cuyos nombres podemos leer grabados en este monumento ubicado en la confluencia de las calles Ronda y Carlos III, y que, tras ochenta años de silencio, nos enorgullecemos de haber rescatado del olvido.


La presidenta de la MHC, Pepa Martínez López, la alcaldesa de Cartagena,
 Ana Belén Castejón, Hernández, y la escultora Natividad Serrano Jiménez
En un emotivo acto en que contamos con la presencia de más de doscientas personas, se escucharon las intervenciones de Ana Belén Castejón, el cronista de la ciudad Francisco José Franco Fernández, acompañado por dos alumnas del IES Ben Arabí, Pepa Martínez, presidenta de la ASOCIACIÓN MEMORIA HISTÓRICA DE CARTAGENA, la sobrina nieta del deportado Agustín Soto, y de Mateo Ripoll, Juan Fardo y JATE, autores del mural plasmado en el muro del IES  Jiménez de la Espada, dedicado también a los deportados.

Queremos agradecer también la presencia de la familia de Joaquín Jerez Moreno, quien murió a los 28 años en diciembre de 1941, en el campo de concentración de Gusen y que, aunque vivió parte de su vida en Cartagena, por razones de nacimiento, no aparece en el monumento. Sirva para él también  este merecido homenaje.

De los discursos pronunciados durante el acto de inauguración, reproducimos aquí la intervención que se llevó a cabo en nombre de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena:

Me dirijo a ti, cartagenero deportado, deportado anónimo, como exponente de todos los deportados cartageneros cuya memoria, hoy, hemos venido a honrar.

Luchas por defender tu país de quienes perpetraron, para subvertir el orden, un  golpe de estado de sangrientas consecuencias.
Luchas por defenderlo de la injerencia extranjera de  nazis y fascistas, que ayudan a los golpistas en su propósito de derrocar un gobierno legítimo.
Huyes de tu tierra, en un afán por salvar tu vida, de escapar de la feroz represión de esos franquistas, de esos nazis, de esos
fascistas…
Llegas, huyendo del horror, junto a otros republicanos y republicanas, a otro país, esperando que la autodenominada patria de las libertades, te acoja con los brazos abiertos.
Y allí, te internan en un campo de refugiados, un campo de refugiados en que muchos de tus compañeros y compañeras perecen por las malas condiciones que tenéis que soportar. La sed, el hambre, el frío, las enfermedades… se ceban en ti y en quienes te rodean… has salido de un infierno para acabar en otro; así sufres y
padeces por haber sido, desde hace tres años, un defensor de la República Española, un defensor de la Justicia, un defensor de la Libertad…
Europa se estremece ante la amenaza del Tercer Reich; empieza a caer, poco a poco, bajo la invasión de esos nazis, de esos fascistas que, anteriormente, invadieron y devastaron España. Y tú no puedes permanecer al margen en estos momentos, tienes que ayudar a derrotar a ese mismo fascismo que te derrotó, a ti y a tus compatriotas, tienes que contribuir a impedir que la amenaza negra
se extienda más…

Participas en una de las compañías de trabajadores, compañías españolas que emprenden el reforzamiento, la defensa contra el invasor, que construyen la línea Maginot, que asesoran al ejército resistente; participas, como miembro activo, en la Resistencia Francesa…
Tras un tiempo de lucha, caes prisionero de los nazis y eres conducido a un campo de prisioneros, que pasa a ser, después,  campo de concentración; no eres un prisionero acogido a los
acuerdos de la Convención de Ginebra, no. Por orden de Franco, quien años más tarde será honrado con la medalla de oro de tu ciudad, el cartagenero Ramón Serrano Suñer, que después recibirá el título de hijo predilecto de la misma, te niega tu identidad como español, te desposee de tu nacionalidad, y al ser declarado apátrida, te conviertes en esclavo de los nazis.
Algunos de vosotros no pudisteis sobrevivir a los padecimientos;
otros, después de sufrimientos sinfín, llegasteis al momento de la liberación de los campos; pero no acabó ahí vuestro calvario, no; rescatados del cautiverio, pero sin posibilidad de volver a vuestra tierra; alejados de vuestra familia, de vuestras amistades, de vuestra Cartagena…
Ahora sí se reconoce el valor de vuestra lucha, la importancia de ella para la liberación de la bestia negra del fascismo; muchos de los supervivientes habéis sido acogidos por una nueva patria, una nación que os honra agradecida por el papel que desempeñasteis en su rescate, pero sigues añorando tu país, tu patria de origen.
Hoy, tras 80 años de olvido, reconocemos tu lucha por la libertad, tu defensa de la República Española, y el municipio de Cartagena te honra erigiendo este monumento en tu honor, en honor de esos 57 cartageneros
que fuisteis deportados a los campos nazis como castigo por haber luchado en la defensa de la legalidad, de la justicia y de la libertad.
Se encuentran aquí, y van a decir unas palabras, los representantes de las familias de  Agustín Soto Sánchez y de Máximo Fernández Benavente, a quienes nos costó mucho trabajo, pero logramos localizar. También localizamos a Jorge, el nieto de Victoriano Gómez Manresa, que por un grave percance de salud no ha  podido estar presente, pero sabemos que estará, desde Barcelona, pensando en este acto.

Gracias al Ayuntamiento de nuestra ciudad por este homenaje, gracias a las instituciones, a los partidos políticos y las asociaciones ciudadanas, que han enviado sus representantes a este acto, gracias a todas las personas aquí presentes, que han venido a honrar la memoria de estos republicanos cartageneros, gracias a los músicos que han interpretado esta sentida y emotiva melodía; gracias a Mateo Ripoll, a Juan Fardo y a JATE,  que han ejecutado este
mural, que ahora nos explicarán… pero gracias, sobre todo, a vosotros, a estos 57 deportados, que hoy hemos venido a homenajear. Siempre en, por y para la Libertad.











martes, 15 de enero de 2019

ENTREGA DE PREMIOS ANTONIO OLIVER BELMÁS




El 14 de Enero tuvo lugar la entrega de premios a los ganadores y ganadoras del Concurso de Dibujo y Pintura "Antonio Oliver Belmás"

Este certamen, organizado por nuestra Asociación en colaboración con la Concejalía de Cultura del Excmo, Ayuntamiento, fue convocado con el fin de conmemorar el 50 aniversario del poeta, escritor y fundador de la Universidad Popular de Cartagena, y acercar al alumnado de ESO y Bachillerato del municipio de Cartagena a su vida y su obra.

Tras la lectura del acta del fallo del jurado, por el secretario de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, Bernardo Sánchez Muñoz, se procedió, por parte del concejal de Cultura, David Martínez Noguera, a la entrega de premios, que han sido otorgados a los siguientes alumnos:

En la categoría de Bachillerato, primer premio ha correspondido a María Dolores Valderraín Navarro,  alumna del IES Ben Arabí, El 2º premio de esta categoría ha sido declarado desierto.
En la categoría de ESO, el premiado con el primer premio ha sido José Francisco Giménez Martínez, alumno del Colegio San Vicente de Paul.
El 2º premio de la categoría de ESO le ha sido entregado a Lucía Maita-González Escudero, alumna del IES Isaac Peral.

Tras la entrega de premios, se procedió a la inauguración de la exposición de los trabajos presentados, que permanecerá para ser visitada, en la planta baja del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, hasta el viernes, 25 de enero.

Los trabajos no premiados podrán ser retirados por sus autores/as en el plazo de un mes, a partir de la clausura de la exposición, en las dependencias de la Concejalía de Cultura, en el 2º piso del Luzzy.


miércoles, 28 de noviembre de 2018

AGUSTÍN SOTO, DE CARTAGENA A DACHAU


Agustín, Soto Sánchez pasó de militar republicano, luchador contra Franco, a exiliado político, primero, después, a integrante de la Resistencia Francesa, para acabar siendo deportado al campo nazi de Dachau.


Salvador, un dolorense de 80 años, comparte con nosotros, emocionado, los recuerdos que tiene de su hermano, AGUSTÍN SOTO SÁNCHEZ, 21 años mayor que él, y a quien no pudo conocer hasta el 1959.
Agustín, militar profesional, se encontraba destinado en Ceuta cuando le concedieron unos días de permiso que vino a pasar con su familia a Cartagena, por lo que se encontraba en su barrio, Los Dolores, el 17 de julio de 1936.
Tras el golpe de estado fascista quedó en Cartagena – nos cuenta su hermano -  como Jefe de Guarnición del Castillo de Galeras, pero pidió ir al frente. Poco más supo de él su familia a partir de ese momento; supieron que sirvió bajo las órdenes de El Campesino, de quien hablaba muy bien en sus cartas, que ascendió a comandante,  y que al final de la guerra se encontraba en Barcelona. Mucho tiempo pasó desde entonces hasta que volvieron a saber de él, de nuevo a través de las cartas, una vez concluida la II Guerra Mundial.  Agustín escribió a su familia a través de una amiga que tenía familia en Argelia, preguntando si podría volver a casa, pero su madre le respondió negativamente; ella sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo a quienes habían vuelto y le aconsejó que se quedase en Francia.

Podemos completar los huecos en el relato de Salvador con los datos enviados a través del correo por Louis, uno de los hijos de Agustín, residente en Figeac (Región de Lot) que nos habla de la carrera militar de su padre anterior a la guerra, como maestro armero del Palacio Real en tiempos de Alfonso XIII, y posteriormente, piloto y después comandante del Campo de Aviación de Cuatro Vientos, en Madrid; nos manifiesta en su relato el gran orgullo que siente por el papel que jugó durante los primeros tiempos de la guerra como oficial de la República, perteneciente a aquellos oficiales que impidieron la caída de la plaza de Cartagena en manos de los golpistas, militares que consiguieron salvar para el gobierno el puerto de Cartagena, de gran valor estratégico para recibir las armas y ayuda extranjeras.  También nos relató su participación en la carga del oro del Banco de España en tres barcos soviéticos, haciendo hincapié en lo interesado de la ayuda de Stalin, que nos dio a cambio armas antiguas, y pide no se olvide la pertenencia de Agustín al Partido Comunista y su participación en las batallas del Frente Republicano, hasta que llegó a la frontera francesa con la derrota en 1939, siendo internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer.
Nada supo, de momento, su familia, sobre el lugar en que se encontraba, y pasó mucho tiempo hasta el reencuentro, cuando Salvador, que había nacido poco antes de que su hermano marchase al frente, pudo por fin conocerlo, con 21 años de edad,  en un viaje que hizo, acompañando a su padre, para encontrarse con él. Su hermano llegó a cruzar los Pirineos, llegando hasta Gerona, para volver después. Fue en ese encuentro cuando comenzó a saber del largo periplo de sufrimientos por los que discurrió a lo largo de esos 20 años en que estuvo separado de su familia y de su país. Se enteró de lo que había sufrido Agustín en el exilio, y de lo mal que los franceses se portaron con los exiliados españoles.
Su hermano le contó cómo los habían utilizado como mano de obra barata, y la manera en que, al cabo de un tiempo se integró como voluntario en el ejército nacional francés, antes del estallido de la II Guerra Mundial. Agustín, gracias a sus conocimientos como oficial de Artillería, prestó servicios en un campo de instrucción de tiro. Estuvo varias veces en peligro, librándose por primera vez de una muerte casi cierta en la explosión de un cañón muy potente, que acabó con la vida de muchos de sus compañeros.

Fue desmovilizado en Figeac con su compañía de Bourges en 1940 y entró entonces en la Resistencia Francesa; al principio, en los FTP (Francotiradores y Partisanos; de filiación comunista), y después en el Movimiento Gaulista del MUR (agrupamiento de los tres grandes movimientos de la Resistencia que actuaron en el sur de Francia durante la ocupación, a partir de 1943), también en Figeac.
Sus hijos se muestran orgullosos de que su padre figure en el Museo de la Resistencia y Deportación de Lot, en Figeac, donde recibió un homenaje por su participación en la lucha del Maquis.

Por la mañana, mi hermano, trabajaba – nos relata Salvador - por la tarde atacaba cuarteles y trenes, luchaba contra los alemanes…   
Y su hijo nos relata que Agustín, uno de los fundadores del movimiento armado clandestino de los guerrilleros españoles participantes en la Resistencia Francesa, fue denunciado y arrestado, con otros siete republicanos españoles en noviembre de 1942 en Figeac – Los de la Gestapo lo identificaron como español por la manera de dar el cigarro, dice su hermano – Después de pasar por el juzgado, en Toulouse, fue internado en el campo de Vernet d’Ariège.
Allí se internaba a todos los extranjeros considerados peligrosos para el orden público, republicanos españoles, combatientes de las brigadas internacionales, intelectuales antifascistas de todas las nacionalidades: alemanes, franceses, yugoslavos, españoles, rusos, italianos, belgas… en condiciones infrahumanas.
En 1944, los últimos internados fueron evacuados; los hombres, deportados al campo de concentración de Dachau, las mujeres, al de Ravensbrück, y a Dachau fue trasladado Agustín en un camión.  Dachau… campo de la muerte, en que los dividían en dos grupos: quienes estaban en condiciones de trabajar, podían comer; quienes no servían para el trabajo, morían de hambre y de sed. Dachau, donde los que trabajaban, recogían por la mañana los cadáveres de los compañeros que habían fallecido por inanición, y los amontonaban en un lugar desde el que eran trasladados a los crematorios.
Y en Dachau, donde había sido destinado al recinto en que estaban los condenados a morir de hambre, un día, un oficial alemán, se dirigió a ellos en perfecto español, pidiendo que salieran los cartageneros hacia el otro lado, y así salvó la vida por segunda vez. Ese alemán había vivido mucho tiempo en Cartagena, donde tuvo una relojería en Barrio de la Concepción, y les explicó que, lo mismo que él, no todos los alemanes estaban de acuerdo con Hitler.
Llegados los últimos días de la guerra, ante la proximidad de los aliados, los soldados tenían órdenes de minar el campo y hacerlo estallar con los prisioneros en su interior, pero tuvieron la suerte de que algunos que no querían cargar sobre su conciencia el cumplimiento de esa orden, permitieran que cinco de los deportados salieran al encuentro de los americanos. Uno consiguió llegar con vida hasta sus líneas, y al ser informados, enviaron una avanzadilla sobre el campo, que lo tomó después de bastantes bajas. Los prisioneros fueron liberados.

Después de la liberación, la intención de los americanos fue la de destruir el campo; pero lo impidió la llegada de los rusos, que insistieron en que el mundo debía ser conocedor de lo que allí había pasado.
Agustín no regresó a España. Francia acogió a los deportados como a hijos predilectos, y se integró en su nuevo país como un francés más, a pesar de añorar siempre su país natal, por cuya liberación del franquismo había luchado.

Su esposa, Angelita Suárez- Cueto Cabeza, era la hija de uno de los fundadores del Partido Comunista Español, que fue director del Gabinete del Ministro de la Guerra en 1936, que sufrió internamiento en el campo nazi junto a Agustín, que le salvó la vida.
El estado francés ha reconocido los sacrificios y el heroísmo de los deportados españoles cuya lucha en la Resistencia  tan determinante fuera para liberar a Europa del fascismo. Ya va siendo hora que el estado español haga lo propio.

Fuentes utilizadas: Testimonio oral de Salvador Soto Sánchez,  y testimonio escrito de Louis Soto, hermano e hijo, respectivamente, de Agustín Soto Sánchez