miércoles, 19 de enero de 2022

ENRIQUE RUANO, VÍCTIMA DE LA TRANSICIÓN

 



Recuerdos de 1969: en España hubo grandes disturbios estudiantiles. El ambiente políticamente  convulso había nacido en un contexto internacional marcado por el mayo del 68 francés y en medio de esa situación conflictiva protagonizada por obreros y estudiantes contra la dictadura de Franco, tuvo lugar el asesinato de Enrique Ruano, el 20 de enero. Tan pronto se conoció la muerte del joven estudiante de derecho, se desencadenó una serie de hechos que convirtieron ese año de 1969 en una referencia histórica de España, que iba a cambiar el rumbo de todo lo que vendría después.

En su testimonio “Peleando a la contra”, el sindicalista José Luis Úriz nos narra cuando estudiaba ingeniería de telecomunicaciones en Madrid y fue detenido por el inspector Antonio González Pacheco, conocido como Billy el Niño. Mientras golpeaba a Úriz, otro policía que participaba en el interrogatorio le dijo al torturador: «ten cuidado que se te va a ir la mano otra vez y lo vas a matar», y respondió según el relato de Úriz: «no importa, hacemos como con Ruano, lo tiramos por la ventana y decimos que se quería escapar».

Enrique, miembro del Frente de Liberación Popular, uno de los grupos que luchaban en España contra el franquismo, fue detenido el 17 de enero con otros tres compañeros en un bar próximo a Plaza de Castilla: su novia Lola González Ruiz, Abilio Villena Pérez y el cura José Baíllo. La versión de la Dirección General de Seguridad dice que se le detuvo por arrojar en la calle propaganda de "las comisiones Obreras", y trasladado a comisaría.

La noche de la detención fueron los cuatro trasladados a la Puerta del Sol, donde pasaron tres días sin que los dejaran dormir, a base de violentos interrogatorios.

Al día siguiente de la detención, la policía registró la habitación de Enrique en el domicilio familiar de los Ruano y se llevaron documentación y cartas personales, y a pesar de que era su novia, Lola González, la que llevaba unas llaves de otro piso en el momento de ser detenida, la policía quizás porque él ya tenía antecedentes por haber sido detenido el año anterior en una manifestación, decidió que los acompañara Enrique a registrar ese piso en el tercer día de la detención.

 


Lola escribió más adelante: “Se sabían mi vida de arriba abajo. Me pasearon por todo Madrid para que les dijera de dónde eran las llaves que llevaba en el bolsillo. Las tenía yo, no Enrique. Iban a llevarme a mí…”. Pero finalmente vio cómo se llevaban a su novio para registrar la vivienda. Le habían estado interrogando en la sala contigua, sin dejarle dormir.

Así fue llevado a un edificio de la calle del Príncipe de Vergara —entonces General Mola— de Madrid, para efectuar un registro de la vivienda, y allí, siempre según la versión oficial, se arrojó por una ventana del séptimo piso. Lo custodiaban en ese momento los inspectores de la Brigada Político Social Francisco Luis Colino Hernández, Jesús Simón Cristóbal y Celso Galván Abascal.

 

La familia consiguió que el Tribunal Supremo ordenara reabrir el caso en 1994. Sólo en 1996, 27 años después, fueron encausados los tres policías que se encontraban con Enrique Ruano cuando éste cayó

El abogado José María Mohedano afirmó que ahora se sabe que uno de los policías le disparó antes de arrojarle por la ventana del séptimo piso. Posteriormente, serraron el hueso de la clavícula para que no apareciese la bala y falsearon la autopsia.




 

“La modélica transición” no es más que una falacia que se ha convertido en verdad a base de haber sido repetida de manera continua durante años; no puede considerarse modélico este período de nuestra historia reciente cuyo relato encumbre impunemente tantas víctimas de antifranquistas como se cobró. Los historiadores cifran las víctimas de la violencia policial entre la muerte de Franco y la proclamación de la Constitución del 78 entre 600 y 700, lo que descarta la existencia de una sociedad libre de temores,

Para todas esas víctimas tardías de la violencia del régimen exigimos Verdad, Justicia y Reparación.

 

sábado, 8 de enero de 2022

CARMEN CONDE Y EL EXILIO INTEIOR

 


 

Se cumplen veintiséis años después de la muerte de Carmen Conde, cartagenera, maestra, poeta, inspectora de estudios del orfanato de El Pardo, fundadora, junto con su marido, Antonio Oliver, de la primera Universidad Popular y de la revista Presencias, a quien la sociedad cartagenera no perdonó sus inclinaciones republicanas y que publicó con seudónimo en la década de los cuarenta (una de sus etapas más productivas), para continuar después encargándose de la asesoría literaria de la editorial Alhambra, en la sección bibliográfica del CSIC y en la sección de publicaciones de la Universidad Central de Madrid.



Carmen Conde fue denostada durante muchos años tanto por las personas afines a su ideología como por las opuestas a ella; fue una representante de lo que llamamos “exilio interior” una denominación bajo la que se agrupa a quienes quedaron en España durante el franquismo sin llegar a exiliarse y cuya producción artística y cultural, siendo ajena o contraria al régimen de Franco, convivía, sin embargo, con la sociedad de los vencedores.



La poeta cartagenera, repudiada por su tierra natal por su condición republicana y despreciada por los antifranquistas por considerarla colaboradora del régimen, fue recuperando gradualmente el puesto que se merecía en el mundo de la Literatura Española, y tras la publicación de sus obras poéticas más importantes (Ansia de la Gracia, Mujer sin Edén...) resultó una pionera en el campo de la escritura para el público infantil y trabajó en obras de teatro en radio y televisión y como directora de revistas para niños. La contradicción de su vida quedó patente en el momento de su candidatura a la Real Academia de la Lengua, al enfrentarse en 1979 su candidatura a la de Rosa Chacel, representante del exilio exterior, y triunfando en este duelo, convirtiéndose en la primera mujer en ingresar en esta institución, ocupando el sillón k y pronunciando su discurso de ingreso con el título “Poesía ante el tiempo y la modernidad”.



Lo más destacado de la vida de Carmen es su afán por destacar en el mundo de la Literatura y su manera de compaginar su fortísima vocación con otras inquietudes, como la puesta en marcha de la Universidad Popular de Cartagena o su lucha por la mejora de las condiciones pedagógicas en las escuelas de la región y por su apoyo a la República.

La Universidad Popular de Cartagena empezó a tomar forma en 1931, cuando Antonio Oliver vislumbró junto a Manuel Mas Gilabert y Ginés Arlés García la posibilidad de crear una UNIVERSIDAD PARA EL PUEBLO que permitiera aproximar la cultura a las clases populares.



Carmen se consagró, desde el principio, a la tarea de la U.P. a la que definió como el medio de unir la escuela del niño con el hogar y destacó el propósito de instruir a los adultos de la clase obrera haciendo que, junto al hijo, en plena edad escolar, el padre no fuera un analfabeto, una barrera, sino que se convirtiera en el mejor sostén espiritual del hijo.



Desde la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, en el aniversario del fallecimiento de Carmen Conde, y en el mes en que se cumplen los 42 años de su ingreso en la Real Academia de la Lengua, queremos rendir homenaje a esta poeta, a esta republicana que tanto luchó por la extensión de la cultura a las clases populares, que apoyó sin reservas a la República y que durante tantos años hubo de sufrir las consecuencias derivadas de ese exilio interior que le tocó vivir.




 

 

viernes, 15 de octubre de 2021

MUJERES LIBRES

 


Una enorme satisfacción que la primera actividad de este trimestre de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena haya sido también la actividad inaugural de la programación de Cartagena Piensa en esta edición.

La presentación de la revista MUJERES LIBRES por el colectivo MUJERES X MUJERES fue un éxito por el que nos congratulamos enormemente.



Este homenaje a la organización feminista libertaria que desarrolló su actividad entre 1936 y 1939 centró su actividad en cuatro aspectos concretos:

Educación y Cultura

Sexualidad

Liberatorios de prostitución

Colectivización.





Así lo expusieron las distintas componentes del colectivo en a primera parte en que, hablaron de cada una de las principales mujeres de la organización.


Nos presentaron a las miembros de Mujeres Libres que cada una de ellas había estudiado: Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Camaposada Guillén, Amparo Poch y Gascón, Soledad Estorach Esterri, Concha Liaño Gil, Gracia Ventura Fortea, Conchita Guillén Bertolín, Pura Fernández Bonavent, Pepita Carpena


Amat, Sara Berenguer Laosa, Libertad Ródenas Rodríguez. Lola Iturbe Arizcuri, Suceso Portales Casamar, Áurea Goldman, son las mujeres que conocimos de la mano de  Nuchi Belchí, Loli Andreu, Mari Carmen Cabrera, Begoña Fernández, Ana Aparicio, Soledad Vélez, Mamen Cánovas, María Esperanza Ortega, Maite Cabrera, Carmen Fandiño, Esther Pérez, Jane Cronin, Manuela García, Gloria Monera, Mari Carmen Orozco y Trinidad Guirado,



que durante muchos meses estudiaron sus biografías para elaborar las semblanzas que aparecen el la revista, una publicación inspirada en la publicación primitiva (de hecho, la portada recoge la del número 5 de aquélla), cuyo prólogo lo constituye una carta de Antonina Rodrigo y en cuyas páginas centrales nos ofrece un cómic en que el ilustrador Román López Cabrera en cuatro páginas de viñetas recoge los momentos clave de los tres años de existencia de la organización Mujeres Libres.


A continuación, una breve representación de ESCENAS LIBERTARIAS nos colocó en situación adentrándonos en el contexto de la exposición anterior; las mismas compañeras que habían estudiado y llevado a cabo las semblanzas de estas feministas libertarias, las trasladaron al escenario en una actuación que se ganó el entusiasta aplauso del público.


Una tarde que terminó con un recorrido por la exposición que se encuentra en el primer piso del Luzzy, donde permanecerá hasta el día 6 de noviembre, y donde podremos apreciar documentos e imágenes que constituyen un merecido homenaje a estas mujeres cuya


presencia activa en la guerra, en palabras de Antonina Rodrigo "trasciende las circunstancias del momento histórico". Hoy, recogiendo el testigo de estas grandes luchadoras, miles y miles de mujeres, a lo largo y ancho de toda nuestra geografía, se lanzan también a deshacerse de la idea patriarcal cultural y crear espacios propios de formación y crecimiento. Es éste el mayor homenaje 


que se le puede rendir: continuar con su lucha, la lucha por la liberación de la mujer, por la igualdad de derechos, por la creación de un mundo nuevo que con perspectiva diferente, la perspectiva femenina,  constituya un mundo mejor, más justo y equitativo, un mundo en que desterremos la injusticia y la explotación de unos seres humanos por otros.







jueves, 30 de septiembre de 2021

JUSTICIA ALEMANA VERSUS JUSTICIA ESPAÑOLA


 

Noventa y seis años tiene Irmgard Furchner, la exsecretaria de uno de los campos de concentración nazi que fueron liberados hace sesenta y seis años y que a partir de hoy será juzgada en Alemania.

Mientras tanto, en España, el Tribunal Constitucional inadmite a trámite el recurso de amparo presentado por Gerardo Iglesias por las detenciones y torturas que sufrió entre 1964 y 1974 por considerar que se han agotado los plazos de prescripción, con el voto particular en contra de tres de los magistrados, que consideran  que habría que haber entrado en la discusión del fondo del asunto para ver hasta qué punto esa prescripción y la Ley de Amnistía del 77 suponen realmente una barrera para la investigación y consideran que debió admitirse a trámite el recurso con independencia de cuál fuera su resultado, a la luz del derecho internacional sobre los delitos de lesa humanidad.


Los delitos de los que se acusa a Irmgard Furchner, que trabajo en el campo nazi de Stutthof, no han prescrito tras setenta y seis años, como tampoco los del exguardia del campo nazi de Sachsenhausen, que tendrá lugar la próxima semana, pues esta justicia, aun después de tantos años permite, en palabras del jurista Andrej Umansky, dar voz a las víctimas y a sus familias y que la gente sea consciente de los hechos.

Las torturas a que fue sometido Gerardo Iglesias, cuarenta y siete años después de haber sido cometidas, nos vienen a decir desde el Tribunal Supremo que han prescrito, amparándose también en la aberrante Ley de Amnistía del 77 y haciendo oídos sordos a la doctrina internacional sobre crímenes de lesa humanidad, impidiendo, al no admitir el recurso, que haya un fallo sobre la vulneración del derecho a la tutela judicial que el recurrente expone, después de haber ido archivando, sucesivamente, la denuncia, presentada en 2018 por el juzgado de Oviedo y, después, por la Audiencia Provincial, por lo que Gerardo Iglesias se dirigió al Constitucional en demanda de amparo.

Da con este razonamiento, por primera vez tras numerosas ocasiones en que el veto a investigar estos crímenes se ha producido en numerosas ocasiones sin motivarlo por el Supremo ni por el Constitucional, un portazo violento a la posibilidad de investigación penal a los crímenes del franquismo.

En Alemania, por el contrario, después de décadas en las que se pareció no tener prisa por encontrar a los criminales de guerra y llevarlos ante la justicia, se está retomando esta tarea, como ya se demostró en casos anteriores, como el de la condena del exguardia del campo de Sobibor en 1943, que se produjo en 2011 y sentó jurisprudencia, permitiendo procesar por complicidad de decenas de miles de asesinatos a cualquier auxiliar  de un campo de concentración; justicia tardía, sí, pero Justicia Necesaria; tan necesaria como la que esperan en  nuestro país las víctimas del franquismo, tantos años silenciadas, y que continúan clamando por la Verdad, la Justicia y la Reparación.

 

 

 

 

jueves, 1 de abril de 2021

CARTAGENA, SEMANA SANTA 1939

 Por Pepa Martínez



En esta Semana Santa atípica, por las condiciones impuestas por la pandemia, y en la que podemos ver en las redes tantas referencias a la celebración de ésta en años anteriores, he echado un vistazo a las páginas del capítulo 28 de mi libro “EL HIJO DEL HERRERO”, capítulo en el que, entre otras cosas, hablé de los sucesos de otra Semana Santa diferente en Cartagena: La de 1939.





Fue consultando la hemeroteca para la documentación de este libro, cuando me enteré de algo que hasta entonces no había conocido: la coincidencia de esas fechas con la de los primeros días de la victoria franquista. Hasta entonces, cuando había leído o escuchado las palabras del último parte franquista, el de “Cautivo y desarmado el ejército rojo…” no había tenido conciencia de que ese primero de abril había tenido lugar la víspera del Domingo de Ramos, esa fecha que de niña identificaba con el día de “la procesión de la burrica”, cuando mis padres nos llevaban a sentarnos en la primera fila de las sillas de las Puertas de Murcia, y recogíamos los caramelos que nos daban nuestros amiguitos vestidos de hebreos, desfilando con la palma en la mano.

En 1939, el martes anterior a esas fechas que, para mí, en los años sesenta, no eran más que unos días de vacaciones, de fiesta y colorido, ese 28 de abril, los hasta entonces prisioneros en Fuente Álamo, náufragos del Castillo de Olite, tomaron la ciudad al tiempo en que huían al exilio los últimos republicanos que tuvieron ocasión de hacerlo, y ese mismo día, a las ocho y media de la tarde, el Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada dirigió un mensaje al Comandante General de la Escuadra diciendo que el comandante de Infantería López Canti había ocupado la ciudad, nombrando Comandante Militar de la Plaza al capitán de Asalto Antonio Millán Moreno. La guerra había concluido en Cartagena.



Al día siguiente, todos los marinos y militares que habían quedado en sus puestos de trabajo, hicieron su presentación ante las nuevas autoridades.

Enseguida comenzó la nueva etapa del periódico “Cartagena Nueva” convertido ahora en el órgano oficial de Falange en la ciudad, que sale de nuevo a la calle el jueves, 30 de marzo, con sólo dos páginas, unas letras enormes: ¡FRANCO, FRANCO, FRANCO! en la portada, y un bando de López Canti ordenando que antes de las 12 horas de ese día se entregue toda clase de armas y municiones que posean los particulares en el Parque de Artillería y que a las 9 horas se abran todos los comercios, sin excepción, para dar sensación de absoluta normalidad.

 

Salvador Moreno

El Viernes de Dolores, el día grande de Cartagena, al llegar el grueso de las tropas, cuenta el Almirante Moreno que localizaron un barco mercante, anclado en el puerto, cargado de sacos de harina que, con los precipitados acontecimientos de los últimos días, las autoridades republicanas no habían tenido tiempo de distribuir, con lo que los franquistas los utilizaron para  elaborar panecillos de pan blanco y, durante varios días, circularon camiones repartiéndolos; la gente corría detrás de ellos, con el brazo en alto, gritando “¡Franco, Franco, Franco!”  Y los chiquillos cantaban “Viva Franco que da pan blanco, abajo Negrín que da pan de serrín”. Unos días después se acabó la remesa, y se volvió de nuevo al pan de maíz.

Terminó la guerra el uno de abril, sábado, con el tan conocido último parte, y al día siguiente, Domingo de Ramos, no salió la prensa, pero sí que lo hizo el lunes, día tres, con la siguiente orden de la Comandancia Militar:

 A partir del 3 de Abril de 1939, y con objeto de establecer con debida disciplina costumbres, se previene que a partir de las 12 de la noche y hasta el amanecer, queda prohibido el tránsito por las calles de esta ciudad, salvo casos de extrema urgencia, que serán revisados o sancionados en los no justificados por la Policía Militar o agentes de la autoridad.

Las oficinas de la Policía Militar de vanguardia quedan instaladas en la Calle Tomás Maestre 84 y 86”.

El martes se abrieron los comedores de Auxilio Social en la Misericordia y repartieron sopa, arroz con garbanzos y bocadillos de atún o de sardinas. Los hambrientos cartageneros hicieron cola pacientemente, sin intentar colarse ni empujar a nadie.

Salió una nota del Banco de España en el periódico, con la relación de los billetes que se consideraban legítimos a efectos del canje. Pero la publicación en prensa más notable fue, quizás, la de los principios del Nacionalsindicalismo, de cuyos puntos los más destacados son, sin duda, los referentes a Estado, Individuo, Libertad, y del que me detengo en la siguiente frase: ”Nuestro Estado será un instrumento totalitario al servicio de la integridad patria”

Bajo el título “En Cartagena comienza a amanecer” apareció en la misma publicación el comunicado de que el Viernes Santo saldría en procesión el paso de La Piedad. En ese mismo número se comunicaba a los civiles que habían permanecido refugiados en Cartagena, la salida de trenes para que pudieran regresar a sus localidades de origen y se alertaba sobre la prohibición de uso de prendas o enseres utilizados por miembros del vencido ejército rojo.   

En el número del día siguiente, 5 de abril, se podía leer: Nuestro saludo se hace con el brazo derecho extendido a la altura del hombro, formando un ángulo de 45 grados. Todos los que pertenezcan a la Falange están obligados a saludar brazo en alto. Es un deber de todo español saludar brazo en alto. Brazo en alto saluda el Caudillo. Brazo en alto debemos saludar todos”.

Y el día 6, Jueves Santo, se anunció: VIERNES SANTO: En La Caridad, A las 10: Oficios. A las 12: Ejercicios de las 7 palabras.

Se anunció, igualmente, la salida de la procesión:

“Hoy, con el amanecer de la Patria, apenas incorporada Cartagena a la única España, la ciudad, en la solemnidad del Viernes Santo será de nuevo recorrida por una procesión que no tendrá la riqueza de entonces pero que llevará el amor de todos los corazones”

Las tropas saliendo de la iglesia de La Caridad


Y en la misma página, comunicado dirigido a los dueños de los comercios:

“Se pide a los comerciantes que con su labor de ocultamiento prestaron un gran servicio a España que continúen este servicio normalizando la vida de la ciudad, abriendo los escaparates que deben contener los artículos que tan bien supieron negar a los que querían borrar el nombre de España”.

Prestando un gran servicio a España… ¿Cómo se podía haber hecho un gran servicio a España ocultando los artículos de primera necesidad a los cartageneros?… Con la cantidad de chiquillos y viejos que habían enfermado o muerto por el hambre o el frío… Ahora, muchos sacarían a la venta los garbanzos o las mantas, o… sí, ahora que habían llegado los suyos…, todos aquellos que, impasibles, se habían negado a vender o lo habían hecho a precios abusivos, aprovechándose del estado de aislamiento en que se encontraba Cartagena.

Si el Viernes Santo procesionó la Virgen de la Piedad, el Domingo de Resurrección se celebró en el muelle una misa de campaña ante la Patrona, que se trasladó en procesión hasta allí, desde la iglesia, “después de su cautiverio” según se lee en la prensa. En la misa habían estado presentes las cofradías y la representación del Hospital de Caridad, y la explanada estaba llena de pancartas con los lemas de “Gloria a la Patria” “Una, grande y libre” “Viva el ejército español” “Viva Franco” “Arriba España”. Dos batallones y la columna de desembarco de la escuadra, formada. La banda de la escuadra, y los fieles, llorando por la emoción.



El Lunes de Pascua, 10 de abril, llegó a Cartagena el cónsul de Alemania, aunque hubo otra serie de acontecimientos que a la población cartagenera le tocó más de cerca:

En los primeros días tras la conquista de la ciudad se establecieron cinco puestos de control para la entrada y salida de viajeros a Cartagena. En los periódicos se publicaron avisos prohibiendo la formación de grupos y diciendo que no se permitían más colas que las de los comedores de Auxilio Social para la obtención de víveres, las de los bancos para canje de billetes, o las del Negociado de Orden Público para obtención de salvoconductos. Se estableció la fecha del jueves, día trece, para que los miembros de los cuerpos auxiliares de la Armada recogieran los impresos de declaraciones juradas que debían entregar en Capitanía, requisito para que se autorizase su inclusión en las nóminas.

En estas declaraciones debían hacer constar los servicios que habían desempeñado durante la guerra, a través de qué organismo habían cobrado sus haberes, si habían estado afiliados a alguna organización política o sindical, si habían colaborado de algún modo a la Causa Nacional, si habían hecho o no intentos de pasarse al bando Nacional, personas de derechas que pudiesen avalarles y personas adictas a la causa Republicana de quienes pudieran informar. La mayoría había entregado las declaraciones juradas en Capitanía, con la relación de sus destinos, y el apartado referente a “servicios prestados en la época roja” lo había cumplimentado con la siguiente frase: “Los propios de mi profesión”. Después volvieron a sus casas, a esperar los acontecimientos. Volvieron tranquilos, pues sabían que no habían hecho nada malo ¿Qué les iba a suceder?

En poco tiempo comprobarían lo erróneo de su convicción.

Cartagena revestía todas las características de una ciudad ocupada. Los comercios que habían estado cerrados, reabrieron sus puertas, pero apenas disponían de género en sus estanterías. Por las calles deambulaban mujeres, niños, algunos ancianos… apenas se veía algún que otro hombre joven, a menos que fuese vestido de uniforme… en las terrazas de los bares se sentaban, ufanos, los portadores de camisa azul.



Esa primera Semana Santa de la dictadura comenzó con el terror, el hambre, la prisión, la incertidumbre… Esa Semana Santa del año 39 fue el prólogo de una larga etapa de silencios y temores, de familias desestructuradas por el exilio, la prisión o la muerte de alguno o varios de sus miembros. Una época que no podemos añorar, que no queremos que vuelva, bajo ningún concepto, y que no podemos olvidar… días de silencio y de dolor que recordamos hoy porque nadie debe ignorar su pasado, nadie que quiera construir un futuro mejor puede ni debe olvidar.

Por eso seguimos reivindicando la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de No Repetición.

 


domingo, 28 de marzo de 2021

DE LA MISERIA Y LA EXPLOTACIÓN DE LA MINA A LA POÉTICA DEL TROVO

 




En el mundo de la creación poética de carácter popular adquiere un papel preeminente en nuestro país el verso repentizado, el repentismo, que en la Región de Murcia se conoce con el nombre de TROVO, una creación, que a pesar de su carácter popular se encuentra incluída en la Historia de la Literatura de la Región Murciana.

El TROVO anida en la misión poética del lenguaje y nos habla de un pasado donde el verso repentizado, como elemento cultural y social distintivo simbolizaba un don al alcance de unos pocos y sobrevive en el presente, porque el trovo nace del pueblo para venir a morir en el propio pueblo.

El gran trovero utiliza el verso como arma comunicativa y arrojadiza contra su contrario; éste es el caso de los tres mayores troveros de nuestra historia: José Rodríguez Castillo, José María Federico Marín Martínez y Manuel García Tortosa, conocido a principios del siglo XX como “El Valenciano”, aunque pasó a la Historia como “El Minero”; los tres puntales del trovo cartagenero.



El movimiento trovero surge en una etapa de convulsión económica en las que fábricas de Cartagena, como la de loza o la de cristal, y minas de Almería, La Unión, Mazarrón o Águilas contribuyen enormemente al boom económico. La actividad minera, que había permanecido siglos en el olvido, se reanudó a mediados del siglo XIX superando el antiguo esplendor romano, localizándose, sobre todo, en la Sierra Minera de La Unión, con explotaciones de plomo, zinc y hierro, Este boom económico propicia el boom demográfico, y el pueblo, sometido a horarios abusivos, reclama zonas de ocio.

La vida del minero, desde que se levantaba de la cama hasta que volvía de la mina, estaba enfocada solamente al trabajo. La actividad minera se centra en la sobreexplotación del minero, por la escasa reinversión de los beneficios en la mejora de las condiciones de trabajo.



La vida del minero era una vida de sufrimientos, soledades y peligros.

Los hombres y los muchachos, a quienes el patrón no facilitaba ninguna vestimenta, trabajaban, debido al calor de las galerías, en pantalones cortos, calzoncillos o taparrabos y cubrían su cabeza con una boina o pañuelo anudado en las esquinas, mientras calzaban esparteñas o abarcas para evitar que se les estropeara el calzado. El escaso alimento que llevaban desde su casa consistía en algo de pan con salado (bacalao o sardinas), tomates, fruta del tiempo y algo de tocino. A esta escasa alimentación se unía la lacra de las malas condiciones de seguridad en el interior de la mina y las pésimas condiciones higiénicas de las viviendas que habitaban.

Las diferencias económicas eran enormes; se establecieron dos bloques sociales con enormes contrastes: de un lado, los empresarios que amasaban enormes fortunas; de otro lado, el bloque integrado por la inmigración masiva que venía de las provincias vecinas y por los miembros de las clases más bajas, que percibían salarios miserables.



 La sociedad cartagenera y unionense de principios del siglo XX está integrada por una mezcla de precariedad y esplendor: una clase alta que ha atesorado enormes fortunas, que hace alarde de sus lujos, y que se relacionan exclusivamente entre sí, sin tener contacto con los mineros y los trabajadores de las fábricas; grandes mansiones modernistas que se simultaneaban con las chabolas donde se hacinaban los mineros, con la deficiencia en infraestructuras, como agua potable, alcantarillado, electricidad y dispensarios médicos u hospitales; burgueses que gastaban en lujos, manjares y viajes, mientras que las familias trabajadoras cobraban en vales canjeables en los comercios de los propios patronos, y vivían en la incertidumbre de si morirían en la mina o a consecuencia de las pésimas condiciones higiénicas en que se desenvolvían.

Es en estos momentos cuando la presión sobre los escasos salarios de los mineros y la creciente situación de paro, incrementa la conflictividad social y las reivindicaciones obreras. Los mineros luchan por mejorar sus condiciones de trabajo, jornadas devastadoras, trabajo de día y de noche, días laborables todo el año, incluyendo domingos, salvo Carnaval, Semana Santa, Ferias y Navidad.



Las duras condiciones a que estaba sometidos los trabajadores de la sierra minera llegaron incluso a traspasar la costra de insensibilidad de ciertos responsables políticos:

«Un gobernador civil de esta Provincia, que abominaba del anarquismo, fue invitado a visitar los trabajos subterráneos de una mina y las condiciones en la que vivían estos mineros, por curiosidad aceptó. Examinó las galerías y vio a los obreros ocupados en sus trabajos, visitó sus hogares y a sus familias, comprobó en que ocupaban el poco tiempo libre que les dejaba el trabajo. Su asombro fue grande, pero no dijo nada. Una vez en su despacho y a la pregunta de su secretario de cómo le había ido la visita, respirando, exclamó conmovido:

- Ahora me explico el anarquismo...»



En este ambiente surge, como lugar para las escasas ocasiones de ocio, el conocido habitáculo café-cantante, que prolifera a principios del siglo XX, y triunfan tres tipos de festejos: los boleros, el pre-flamenco, y el repentismo poético que tiene lugar en ventorrillos, cantinas y bares, y se conoce como trovo. El trovo aparece en los carteles junto a los cantaores flamencos, cantaores de coplas, cantantes de boleros y bailes.

Y en uno de estos locales es donde, en 1913, se organizó una velada trovera con el fin de recaudar fondos para la caja de resistencia del sindicato minero y para la equipación de la Casa del Pueblo.

Se trata de la llamada “Velada Social” de Portmán, entre los troveros José María Marín y Manuel García Tortosa “El Minero”, correspondiéndoles, al asignar los papeles, al primero el papel de defensor del patrón y al segundo el del defensor del minero.

Esta velada, de la que tanto se ha hablado, pero muy poca gente conoce, debía ser dada a conocer al público, y ningún lugar mejor para ello que el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, donde la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, dentro del festival de Poesía Deslinde, llevó a escena la versión ligeramente reducida de esta controversia trovera, gracias a la colaboración de la Asociación Trovera José María Marín.

Para hacer más ágil el desarrollo de la velada, los papeles de cada uno de los troveros fueron asumidos por dos personas en diferentes momentos y se alternó el trovo cantado y recitado.



REPARTO:

Trovero Marín: José Martínez, "El Taxista" y Juan Diego Cebrián.

Trovero "El Minero": Juan Santos Contreras, "El Baranda" y Miguel Ángel Cervantes.

Cantaores; Alfonso Conesa, El Levantino" - Juan Ramón Molina - Juan Bernal, "El Pulga" - Juan Santos Contreras, "El Baranda".

Guitarristas: Ángel Herrero - Juan Martínez, "El Mergo" - Juan Ros.

Tabernero: Andrés Flores.

Tabernera: María Andreu.



Esta recreación será emitida a través del canal de YouTube de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena el martes, 31 de marzo de 2021, a las 19:00 horas.

Para acceder al visionado, pinchar en:



 


sábado, 12 de diciembre de 2020

LUIS CALANDRE, HUMANISTA REPUBLICANO Y PADRE DE LA CARDIOLOGÍA

José Sánchez Conesa        
(Cronista oficial de Cartagena)



LUIS CALANDRE 
La primera noticia que tuve de este insigne doctor cartagenero Luis Calandre fue por el libro 'Historia del Trovo' de Ángel Roca. En dicho texto aparece insertada una fotografía fechada el 3 de agosto de 1952 en la que se inmortaliza una merienda en honor del insigne cardiólogo, en el patio de La Almenara, finca de su propiedad, situada entre los campos de Santa Ana y Los Médicos. Aparecen, entre otros comensales, el propio Roca, su cantaor Pepe Vidal y Picardías, que pone a punto la guitarra para iniciar la malagueña del trovo.
También supe que fue amigo del doctor Casimiro Bonmatí Azorín, Carmen Conde y Antonio Oliver. Y que una calle y un colegio de nuestra ciudad llevan su nombre. Muchos años después, el 7 de mayo de 2010, decidí asistir a una conferencia que sobre su figura organizaba la Asociación para la Memoria Histórica de Cartagena en la Casa del Mar, a la que tenía anunciada su presencia su nieta, Cristina Calandre Hoenisgsfeld. Ella sería la encargada de presentar el libro de su autoría 'El doctor Luis Calandre Ibáñez, de la Junta para Ampliación de Estudios al exilio interior'. Aunque finalmente no pudo asistir.

El doctor Luis Calandre Ibáñez

El Casino de Cartagena organizó otro homenaje coordinado por la profesora y escritora María Victoria Martín González, quien publicó en la revista 'Cartagena Histórica' el artículo 'Cartagena en el corazón de Luis Calandre'. Me agradó la honda preocupación de Calandre por los molinos de viento, sugiriendo a sus amigos, el matrimonio Oliver-Conde, que la Universidad Popular organizase un concurso fotográfico sobre estas construcciones tradicionales. La idea prendió y fue todo un éxito. En una de sus cartas don Luis envió a Oliver una relación de los 82 molinos existentes en el año 1755, clasificados por diputaciones rurales, y otra de los 106 con que se contaban en 1951.
A todos estos eventos se sumó la edición de la obra 'Ciencia y compromiso. Luis Calandre Ibáñez, vida y obra', la tesis doctoral del médico José Manuel Sebastián Raz, presentada en la Universidad de Murcia.

Luis Calandre con Nicolás Achúcarro y otros compañeros


Un intelectual de altura

En la obra de su nieta leí que el primer Calandre, de origen francés, llegó a Cartagena hacia 1790. Pero centrándonos en nuestro personaje diremos que nació el 26 de marzo de 1890 en la calle Santa Florentina de Cartagena, aunque pronto se trasladaron a un edificio de la Puerta de Murcia. Hijo de médico del Hospital de Caridad, marchó a Madrid a estudiar Medicina en la Facultad de San Carlos. Fue discípulo del Nobel Santiago Ramón y Cajal y se interesó entre otras cuestiones por la utilidad del electrocardiograma en el diagnóstico de las arritmias. Estuvo estrechamente vinculado a la Residencia de Estudiantes, un centro que ofrecía alojamiento y manutención, actividades culturales de gran calidad y la impartición de clases y prácticas como las realizadas por Calandre en su laboratorio. Por allí pasaron científicos de la talla de Severo Ochoa, Francisco Grande Covián o el lorquino Rafael Méndez. La Residencia, así como todo un entramado de centros e institutos de estudios avanzados en diversas disciplinas, formaba parte de la Junta de Ampliación de Estudios, creada en 1907 bajo la inspiración de la Institución Libre de Enseñanza. 

Sala dedicada a Luis Calandre en el hospital Santa Lucía (Cartagena)


Tras la guerra civil todo este pasado pesaría negativamente en su defensa ante los tribunales. Mantuvo amistad y se carteaba con el poeta-otro Nobel-, Juan Ramón Jiménez, que tanto tuvo que ver con la Edad de Plata que vivió nuestra cultura en los años republicanos. También tuvo relación epistolar con Ramón Menéndez Pidal, filólogo e historiador de la literatura española.

Un pionero de la Cardiología

Estuvo becado para ampliar estudios en Alemania y en 1920 publica su primer libro 'Anatomía y fisiología clínicas del corazón', que se convertirá en libro de texto en Facultades de Medicina hasta fechas recientes. Colaboró en la primera gran obra española de patología: 'Tratado de Medicina Interna', dirigida por Teófilo Hernando y Gregorio Marañón. Fue invitado a pronunciar diversas conferencias porque era uno de los pioneros de la cardiología en España, participando en los primeros cursos de verano de la Universidad de Santander. Tanto es así que, junto a otros colegas, entre ellos Ramón y Cajal, crea en 1920 la revista 'Archivos de Cardiología y Hematología', la primera en utilizar, en todo el mundo, el vocablo cardiología. Calandre y Mut fueron los primeros en separar la especialidad de pulmón de la del corazón. Nos falta espacio para enumerar todos sus libros y artículos publicados en prestigiosas revistas sobre electrocardiograma, hipertensión arterial, arritmias y otras patologías cardiacas.
Tras la guerra, y en su exilio interior, editó su propia colección de libros llamada Almenara, entre otros la obra costumbrista 'Gustos y disgustos del Lentiscar de Cartagena' (1689). A su finca La Almenara le dedicó la obrita, apenas 20 páginas, 'La Almenara en el Campo de Cartagena'. Una propiedad de los Calandre desde 1829, de la que se habla muy de pasada de su historia, los cultivos, las características de las casas tradicionales de la comarca o los molinos.

El doctor Luis Calandre
en la Residencia de Estudiantes (años 20)


Profesor de Enfermería

Luis Calandre volvió a abrir nuevos caminos, pero esta vez en el campo de la enfermería, trabajando por la profesionalización y la mejora de la formación, al crear la Escuela Profesional de Enfermeras de la Cruz Roja y ejercer allí su magisterio. Si, el doctor Calandre estuvo estrechamente vinculado a la Cruz Roja, vocal y vicepresidente de su comité central, y muy pocos saben que la instalación del hospital de dicha institución humanitaria en un hotelito de la Alameda de San Antón se debió a una gestión suya. Cristina Calandre recoge en su libro una carta de su abuelo en que le anuncia la buena nueva a su colega Casimiro Bonmatí Azorín, presidente local de Cruz Roja.

Fina y su padre


Compromiso republicano

Se interesó por la cultura y el patrimonio, siendo miembro del Patronato del Patrimonio de la República, dedicándose al cuidado del Tesoro del Palacio Real y publicando un libro sobre el Palacio del Pardo. Estuvo afiliado a la Agrupación al Servicio de la República, que fundó el filósofo José Ortega y Gasset y llegó a militar en la Agrupación Socialista Madrileña,
Su pacifismo le llevó a rechazar la militarización, pero defendió al gobierno del Frente Popular desde sus responsabilidades en la Sanidad, como en sus sus labores de dirección en el Hospital de Carabineros de Madrid. 
Tras la guerra civil fue juzgado tres veces por la Justicia militar siendo condenado por auxilio a la rebelión a seis años de cárcel que finalmente conmutó por la pena de libertad vigilada. También fue juzgado por el Tribunal de Responsabilidades Políticas. Sólo le dejaron ejercer la medicina privada y durante unos años fuera de la provincia de Madrid, aunque personas influyentes del nuevo régimen lo visitaron para ser atendidas por él (el mejor), como la jefa de Falange, Pilar Primo de Rivera. 
Todo lo encajó con serenidad y paciencia.

Carmen Conde escribió un sentido poema a su muerte, acaecida el 29 de septiembre de 1961. 
No nos olvidamos de él, así desde el 9 de julio de 
2015 una sala del hospital Santa Lucía de Cartagena lleva su nombre, aunque sea un hecho inadvertido para la mayoría.