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jueves, 4 de abril de 2019

POLÍTICAS DEL DUELO, POÉTICAS DE LA RESISTENCA.


Años de miedo y silencio; años de censura y de temor; años, en que el silencio aparenta olvido… pero el olvido no existe, porque negar la memoria es renegar de las bases en que se asienta el motivo de nuestra existencia.
Cuando emprendimos nuestra campaña “Una bufanda contra el frío del olvido” en el año 2015, comenzábamos la explicación de ésta con un poema de Mario Benedetti:


El olvido

El olvido no es victoria
sobre el mal ni sobre nada
y si es la forma velada
de burlarse de la historia
para eso está la memoria
que se abre de par en par
en busca de algún lugar
que devuelva lo perdido
no olvida el que finge olvido
sino el que puede olvidar




En las X Jornadas de Memoria Histórica de Cartagena, desechando el olvido, nos centraremos en el recuerdo, en la memoria…
De la mano de Rocío Abellán, artista, investigadora y docente, licenciada en Bellas Artes y doctora en Historia del Arte por la Universidad de Murcia, nos adentraremos en este tema a través de su conferencia “Políticas del duelo, poéticas de la resistencia. Arte y Memoria Histórica”.



Esta joven artista analizará en su intervención la irrupción a finales del siglo XX de trabajos estéticos relacionados con acontecimientos sucedidos durante la II República, la guerra civil y la dictadura franquista y pondrá en relieve la importancia de la relación entre el arte y la memoria histórica no sólo como un medio a través del que catalizar un proceso de duelo colectivo, sino también como una plataforma mediante la que condenar la barbarie franquista.


Así, bajo el título Políticas del duelo, poéticas de la resistencia. Arte y Memoria Histórica, pretende reivindicar la necesidad de los discursos acerca de la memoria, tanto individual como colectiva; la recuperación del pasado como un agente activo mediante el que elaborar el acontecimiento traumático y los procesos de duelo; la reivindicación de la memoria política por parte del trabajo artístico y la comprensión del arte como una herramienta mediante la que entender y afrontar los procesos históricos.

Rocío Abellán, nacida en Cartagena en 1983, ha participado en exposiciones colectivas de ámbito regional. Desde 2010 ha publicado diferentes artículos de investigación en revistas y congresos, y ha ofrecido conferencias relacionadas con el cine, el feminismo y la producción artística contemporánea.
Asimismo, como docente, ha impartido seminarios especializados en feminismo, cultura visual y pensamiento contemporáneo. En la actualidad se encuentra inmersa en la preparación de su primer ensayo.


La conferencia tendrá lugar en el salón de grados de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación (Edificio central del Campus Alfonso XIII) de la Universidad Politécnica de Cartagena, el lunes, día 8 de abril, a las 19,30 horas.
Entrada libre hasta completar aforo.



sábado, 23 de marzo de 2019

LAS MUJERES DE LOS EXILIADOS EN LA POSGUERRA

Victoria Díaz Alcázar no era viuda, ni soltera ni casada, ya que había sido anulado su matrimonio civil.
Su marido, el teniente de navío de la Marina Republicana, José Fernández Navarro, marchó al barco, "a ver qué pasaba"el 5 de marzo de 1939, ante los rumores de que la quinta columna había cogido las calles de Cartagena. "No te preocupes, estaré de vuelta para que desayunemos juntos a las nueve".
Siete años más tarde, Victoria cruzó el Bidasoa para atravesar la frontera con Francia, con el agua por encima de la cintura. El guía les había advertido que si alguien resbalaba había que dejarlo ir, si no, se ahogarían juntos.

Victoria Díaz Alcázar y José Fernández Navarro,
el día de su segundo matrimonio, celebrado en Francia

Victoria Fernández Díaz, su hija, nació en Francia, en una pequeña ciudad de Normandía llamada Granville; cuando sus padres volvieron a España, se licenció en Filología Románica y fue catedrática de la Escuela Oficial de Idiomas de Valencia hasta su jubilación.
Sus raíces familiares y el deseo de recuperar nuestro pasado democrático la llevaron a escribir, en 2009, el libro "El exilio de los marinos republicanos", sobre aquellos marinos que tuvieron que abandonar su patria tras la guerra de España.

Victoria Fernández Díaz

Ha seguido ahondando en esta investigación y actualmente está completándola dentro del ámbito universitario.
El jueves, 28 de marzo, se encontrará en Cartagena, para hablarnos sobre aquellas mujeres de exiliados republicanos que sufrieron en España el estigma de ser "mujeres de rojos"; algunas pudieron reunirse con sus maridos, otras, no pudieron volver a verlos.
Josefina Valverde, CarmenIbáñez, Micaela Vila, Carmen Martínez, Josefina Martínez, Encarnación González y tantas más... mujeres cuya vida se vio truncada por el golpe de estado, que padecieron la marginación, la represión, el hambre... y que jamás fueron resarcidas por ello.

Jueves, 28 de marzo, a las 19,00 h, en el salón de Grados de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación.
Charla de Victoria Fernández Díaz: LAS MUJERES DE LOS EXILIADOS EN LA POSGUERRA

martes, 15 de enero de 2019

ENTREGA DE PREMIOS ANTONIO OLIVER BELMÁS




El 14 de Enero tuvo lugar la entrega de premios a los ganadores y ganadoras del Concurso de Dibujo y Pintura "Antonio Oliver Belmás"

Este certamen, organizado por nuestra Asociación en colaboración con la Concejalía de Cultura del Excmo, Ayuntamiento, fue convocado con el fin de conmemorar el 50 aniversario del poeta, escritor y fundador de la Universidad Popular de Cartagena, y acercar al alumnado de ESO y Bachillerato del municipio de Cartagena a su vida y su obra.

Tras la lectura del acta del fallo del jurado, por el secretario de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, Bernardo Sánchez Muñoz, se procedió, por parte del concejal de Cultura, David Martínez Noguera, a la entrega de premios, que han sido otorgados a los siguientes alumnos:

En la categoría de Bachillerato, primer premio ha correspondido a María Dolores Valderraín Navarro,  alumna del IES Ben Arabí, El 2º premio de esta categoría ha sido declarado desierto.
En la categoría de ESO, el premiado con el primer premio ha sido José Francisco Giménez Martínez, alumno del Colegio San Vicente de Paul.
El 2º premio de la categoría de ESO le ha sido entregado a Lucía Maita-González Escudero, alumna del IES Isaac Peral.

Tras la entrega de premios, se procedió a la inauguración de la exposición de los trabajos presentados, que permanecerá para ser visitada, en la planta baja del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, hasta el viernes, 25 de enero.

Los trabajos no premiados podrán ser retirados por sus autores/as en el plazo de un mes, a partir de la clausura de la exposición, en las dependencias de la Concejalía de Cultura, en el 2º piso del Luzzy.


miércoles, 28 de noviembre de 2018

AGUSTÍN SOTO, DE CARTAGENA A DACHAU


Agustín, Soto Sánchez pasó de militar republicano, luchador contra Franco, a exiliado político, primero, después, a integrante de la Resistencia Francesa, para acabar siendo deportado al campo nazi de Dachau.


Salvador, un dolorense de 80 años, comparte con nosotros, emocionado, los recuerdos que tiene de su hermano, AGUSTÍN SOTO SÁNCHEZ, 21 años mayor que él, y a quien no pudo conocer hasta el 1959.
Agustín, militar profesional, se encontraba destinado en Ceuta cuando le concedieron unos días de permiso que vino a pasar con su familia a Cartagena, por lo que se encontraba en su barrio, Los Dolores, el 17 de julio de 1936.
Tras el golpe de estado fascista quedó en Cartagena – nos cuenta su hermano -  como Jefe de Guarnición del Castillo de Galeras, pero pidió ir al frente. Poco más supo de él su familia a partir de ese momento; supieron que sirvió bajo las órdenes de El Campesino, de quien hablaba muy bien en sus cartas, que ascendió a comandante,  y que al final de la guerra se encontraba en Barcelona. Mucho tiempo pasó desde entonces hasta que volvieron a saber de él, de nuevo a través de las cartas, una vez concluida la II Guerra Mundial.  Agustín escribió a su familia a través de una amiga que tenía familia en Argelia, preguntando si podría volver a casa, pero su madre le respondió negativamente; ella sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo a quienes habían vuelto y le aconsejó que se quedase en Francia.

Podemos completar los huecos en el relato de Salvador con los datos enviados a través del correo por Louis, uno de los hijos de Agustín, residente en Figeac (Región de Lot) que nos habla de la carrera militar de su padre anterior a la guerra, como maestro armero del Palacio Real en tiempos de Alfonso XIII, y posteriormente, piloto y después comandante del Campo de Aviación de Cuatro Vientos, en Madrid; nos manifiesta en su relato el gran orgullo que siente por el papel que jugó durante los primeros tiempos de la guerra como oficial de la República, perteneciente a aquellos oficiales que impidieron la caída de la plaza de Cartagena en manos de los golpistas, militares que consiguieron salvar para el gobierno el puerto de Cartagena, de gran valor estratégico para recibir las armas y ayuda extranjeras.  También nos relató su participación en la carga del oro del Banco de España en tres barcos soviéticos, haciendo hincapié en lo interesado de la ayuda de Stalin, que nos dio a cambio armas antiguas, y pide no se olvide la pertenencia de Agustín al Partido Comunista y su participación en las batallas del Frente Republicano, hasta que llegó a la frontera francesa con la derrota en 1939, siendo internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer.
Nada supo, de momento, su familia, sobre el lugar en que se encontraba, y pasó mucho tiempo hasta el reencuentro, cuando Salvador, que había nacido poco antes de que su hermano marchase al frente, pudo por fin conocerlo, con 21 años de edad,  en un viaje que hizo, acompañando a su padre, para encontrarse con él. Su hermano llegó a cruzar los Pirineos, llegando hasta Gerona, para volver después. Fue en ese encuentro cuando comenzó a saber del largo periplo de sufrimientos por los que discurrió a lo largo de esos 20 años en que estuvo separado de su familia y de su país. Se enteró de lo que había sufrido Agustín en el exilio, y de lo mal que los franceses se portaron con los exiliados españoles.
Su hermano le contó cómo los habían utilizado como mano de obra barata, y la manera en que, al cabo de un tiempo se integró como voluntario en el ejército nacional francés, antes del estallido de la II Guerra Mundial. Agustín, gracias a sus conocimientos como oficial de Artillería, prestó servicios en un campo de instrucción de tiro. Estuvo varias veces en peligro, librándose por primera vez de una muerte casi cierta en la explosión de un cañón muy potente, que acabó con la vida de muchos de sus compañeros.

Fue desmovilizado en Figeac con su compañía de Bourges en 1940 y entró entonces en la Resistencia Francesa; al principio, en los FTP (Francotiradores y Partisanos; de filiación comunista), y después en el Movimiento Gaulista del MUR (agrupamiento de los tres grandes movimientos de la Resistencia que actuaron en el sur de Francia durante la ocupación, a partir de 1943), también en Figeac.
Sus hijos se muestran orgullosos de que su padre figure en el Museo de la Resistencia y Deportación de Lot, en Figeac, donde recibió un homenaje por su participación en la lucha del Maquis.

Por la mañana, mi hermano, trabajaba – nos relata Salvador - por la tarde atacaba cuarteles y trenes, luchaba contra los alemanes…   
Y su hijo nos relata que Agustín, uno de los fundadores del movimiento armado clandestino de los guerrilleros españoles participantes en la Resistencia Francesa, fue denunciado y arrestado, con otros siete republicanos españoles en noviembre de 1942 en Figeac – Los de la Gestapo lo identificaron como español por la manera de dar el cigarro, dice su hermano – Después de pasar por el juzgado, en Toulouse, fue internado en el campo de Vernet d’Ariège.
Allí se internaba a todos los extranjeros considerados peligrosos para el orden público, republicanos españoles, combatientes de las brigadas internacionales, intelectuales antifascistas de todas las nacionalidades: alemanes, franceses, yugoslavos, españoles, rusos, italianos, belgas… en condiciones infrahumanas.
En 1944, los últimos internados fueron evacuados; los hombres, deportados al campo de concentración de Dachau, las mujeres, al de Ravensbrück, y a Dachau fue trasladado Agustín en un camión.  Dachau… campo de la muerte, en que los dividían en dos grupos: quienes estaban en condiciones de trabajar, podían comer; quienes no servían para el trabajo, morían de hambre y de sed. Dachau, donde los que trabajaban, recogían por la mañana los cadáveres de los compañeros que habían fallecido por inanición, y los amontonaban en un lugar desde el que eran trasladados a los crematorios.
Y en Dachau, donde había sido destinado al recinto en que estaban los condenados a morir de hambre, un día, un oficial alemán, se dirigió a ellos en perfecto español, pidiendo que salieran los cartageneros hacia el otro lado, y así salvó la vida por segunda vez. Ese alemán había vivido mucho tiempo en Cartagena, donde tuvo una relojería en Barrio de la Concepción, y les explicó que, lo mismo que él, no todos los alemanes estaban de acuerdo con Hitler.
Llegados los últimos días de la guerra, ante la proximidad de los aliados, los soldados tenían órdenes de minar el campo y hacerlo estallar con los prisioneros en su interior, pero tuvieron la suerte de que algunos que no querían cargar sobre su conciencia el cumplimiento de esa orden, permitieran que cinco de los deportados salieran al encuentro de los americanos. Uno consiguió llegar con vida hasta sus líneas, y al ser informados, enviaron una avanzadilla sobre el campo, que lo tomó después de bastantes bajas. Los prisioneros fueron liberados.

Después de la liberación, la intención de los americanos fue la de destruir el campo; pero lo impidió la llegada de los rusos, que insistieron en que el mundo debía ser conocedor de lo que allí había pasado.
Agustín no regresó a España. Francia acogió a los deportados como a hijos predilectos, y se integró en su nuevo país como un francés más, a pesar de añorar siempre su país natal, por cuya liberación del franquismo había luchado.

Su esposa, Angelita Suárez- Cueto Cabeza, era la hija de uno de los fundadores del Partido Comunista Español, que fue director del Gabinete del Ministro de la Guerra en 1936, que sufrió internamiento en el campo nazi junto a Agustín, que le salvó la vida.
El estado francés ha reconocido los sacrificios y el heroísmo de los deportados españoles cuya lucha en la Resistencia  tan determinante fuera para liberar a Europa del fascismo. Ya va siendo hora que el estado español haga lo propio.

Fuentes utilizadas: Testimonio oral de Salvador Soto Sánchez,  y testimonio escrito de Louis Soto, hermano e hijo, respectivamente, de Agustín Soto Sánchez

martes, 8 de noviembre de 2016

CANCIONES DE EXILIO Y LIBERTAD

"...porque sabemos que el que tiene Memoria de su Historia sabe al menos quién es y dónde está, pero el que no la tiene ni sabe quién es, ni está en ninguna parte… es por lo que hemos recogido este puñado de canciones..."

Ramón Palao y Vicente Palao, acompañados a la guitarra por Edu Piqueras, nos ofrecerán a las 19,30 del próximo viernes, día 11 de noviembre, un concierto con el título "Canciones de Exilio y Libertad", enmarcado dentro del conjunto de actividades que están teniendo lugar en torno a la exposición "Los Niños de la Guerra, cuentan su vida, cuentan tu historia" que la Asociación Memoria Histórica de Cartagena está llevando a cabo en el primer piso del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy y que se extenderá hasta el día 28.


… ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro
…
(Luis Cernuda, “Un español habla de su tierra”)

“EL DERECHO DE ASILO”

Escapar es el desarraigo. Es el dolor de perder lo que por justicia nos pertenece: Nuestra vida, nuestro hogar. Es dar un gran salto al vacío. Sabes de dónde partes, pero no dónde caerás. Tienes que salir, porque si no, vas a engrosar la lista de desaparecidos.
Escapar entonces es la esperanza. Son los sueños de vida. Es la búsqueda de un lugar donde poder vivir. El derecho de asilo es renacer. (El derecho a la libertad).
…Pero en demasiadas ocasiones encarcelan el asilo.
No se acoge a las personas, se las convierte en prisioneras.
Cuando llegas a otro lugar, miras a tu alrededor y te das cuenta de que eres nadie. No tienes la red de acogida que te pueda ayudar. Has logrado escapar de la tiranía pero vives y sueñas lleno de temores. Lo más importante del asilo es el calor humano. La acogida y el abrazo.
El asilo es el barco de la esperanza.

Libro-cómic “ASYLUM” de Javier de Isusi
Publicado por CEAR (Comisión de Ayuda al Refugiado - Euzkadi)


…Por todo ello, y porque sabemos que el que tiene Memoria de su Historia sabe al menos quién es y dónde está, pero el que no la tiene ni sabe quién es, ni está en ninguna parte… es por lo que hemos recogido este puñado de canciones, poemas, recitaciones de otro tiempo que nos recordarán el exilio forzoso de cientos de miles de españoles tras la guerra civil y la brutal represión de los vencedores, pero también otros exilios forzosos tildados de “económicos” y algunas pinceladas sobre la Libertad, palabra y concepto mutilados (cuando no totalmente silenciados) por las fuerzas inhumanas del fascismo, la xenofobia y el conservadurismo más rancio, ciego e interesado.
Para todo ello contaremos con poemas y reflexiones de poetas o filósofos como Garfias, Cernuda. Alberti o Sánchez Vázquez y canciones de Ribalta, Brassens, Cohen, Aute, Labordeta, Pagliaro, Serrat, Monllor, Prada, Yupanqui y alguna composición propia.
Y las imágenes seleccionadas para la ocasión por José Antonio Muñoz.
Esperamos compartan esta hora de Memoria con nosotros en el marco de la Exposición “LOS NIÑOS DE LA GUERRA”  en el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy de Cartagena el próximo viernes, 11 de Noviembre a las 19:30.

Vicente Palao / Ramón Palao/ Edu Piqueras





lunes, 15 de agosto de 2016

Aniversario de la matanza de Badajoz.

Reproducimos el artículo redactado por Manuel Cañada (denominado como Militante de los campamentos de la Dignidad) y publicado por nuestros compañeros de la Asociación de la Memoria Histórica de Extremadura.


Badajoz, agosto de 1936, la alondra ensangrentada.
No cesará la alondra
ensangrentada en su furioso canto.
Hoy es el día del jamás y el nunca,
ah país del dolor, Extremadura.
(Antonio Gamoneda)
La matanza de Badajoz en un periódico francés.

Han pasado 80 años desde la matanza de Badajoz, desde el crimen más vil de la historia de Extremadura. Y sin embargo, todavía, hablar de ello en esta tierra sigue siendo un tabú. Todavía mandan el silencio y la prudencia, todavía no se ha ido todo el humo, “todavía está todo todavía”. ¿Cómo es posible que el olvido siga ocultando el asesinato de miles de personas, el genocidio más brutal que ha sufrido nuestro pueblo?
14 de agosto de 1936. Badajoz es una ciudad sitiada, atemorizada, a punto de sucumbir. Desde hace días padece el bombardeo sistemático de la aviación y, tras la caída de Mérida, las columnas del ejército sublevado le han puesto cerco.
Al oeste, el gobierno portugués colabora abiertamente con los golpistas y en el interior de la población la cárcel es un hervidero: en ella están los guardias civiles sediciosos a los que el pueblo trabajador de la provincia de Badajoz derrotó y desarmó en los primeros días, tras el levantamiento militar. En la frontera de Caya aún puede verse una bandera emblemática de la UHP (Uníos Hermanos Proletarios), pero el pánico ya ha prendido. Llegan noticias de las andanzas criminales que prodiga la Columna de la Muerte y el éxodo ya ha comenzado.
Campamento de refugiados de Badajoz próximo a la frontera, publicada el 11 de Agosto (Arquivo do Diário de Noticias) / ARMHEX.

Lo cuenta Mario Neves, el corresponsal de El Diario de Lisboa en su crónica del 11 de agosto: “Un largo hormigueo negro e interminable de mujeres y niños” va llegando al paso fronterizo huyendo de la catástrofe que todos presienten. “Tan sólo las milicias populares defienden la ciudad, sin que lleguen ni la artillería ni la aviación que Madrid promete diariamente. Es natural que la ciudad caiga de un momento a otro en manos de los rebeldes. En cuanto se acerque la columna de Castejón, bien pertrechada y provista de municiones, Badajoz tiene sus horas contadas”.
Badajoz es el primer rompeolas de todas las Españas. Todos los ojos están puestos en sus murallas, en estos campesinos que han osado enfrentarse al feudalismo de los señoritos, que le han dado vida al sueño de la reforma agraria. Pero Badajoz no se rinde, este ejército de yunteros, de lavanderas, de ferroviarios, de costureras, de albañiles, de maestras, de mecánicos, de criadas de servir, de médicos, de trabajadores de toda clase, ha decidido resistir. Hay que defender la República, hay que retrasar el avance de los fascistas hacia Madrid.
El 16 de febrero, con la victoria del Frente Popular en las urnas, se ha roto el dique de la presa de agua, viva y sonora, subyugada durante décadas. Ya no más dilaciones, trabajo, laicismo, democracia, tierra y libertad, grita el pueblo, que ha soportado durante tanto tiempo el desprecio y la altanería de las clases dominantes. “La carne y la sangre viva, el trabajo, el sudor, las lágrimas y el hambre, salían al encuentro de la bisutería, de las barras de carmín, de los polvos, el colorete, los tés danzantes, las rentas artificiales, las trampas y la hipocresía”. Así describe José Herrera Petere una manifestación espontánea en la Gran Vía madrileña celebrando el triunfo del Frente Popular.
Ocupaciones de tierras en Badajoz / ARMHEx
  
Y en Extremadura, el 25 de marzo toma cuerpo la utopía milenaria. Al fin, la tierra para quien la trabaja. A las cinco de la mañana de aquel día, un ejército pacífico de jornaleros, a lomos de burros y pertrechados de subversivas azadas, le quita las legañas a las boicoteadas leyes de reforma agraria y dispara a la tierra con sus arados en 280 pueblos, comenzando a labrar más de 3.000 fincas. Los terratenientes y sus caciques jamás les perdonarán aquella insolencia, el propósito de vivir dignamente, sin servidumbre ni amos.
La gran serpiente de la reacción busca a tientas darle forma a su rencor. Y encuentra la solución donde la encontró a lo largo del último siglo, en el pronunciamiento militar. El 17 de julio se desata el golpe de Estado contra la República, que se lleva preparando desde el mismo día que venció el Frente Popular. Pero para sorpresa de todos, el golpe fracasa parcialmente. Pensaban que sería una asonada victoriosa más que sumar a la tradición montaraz del ejército. Pero las cuentas no les salen; el pueblo, aunque está desarmado, ha plantado cara en Madrid, en Barcelona, en decenas de ciudades, entre ellas Badajoz.
Francisco Espinosa, un historiador valiente y riguroso que ha estudiado en profundidad la República, la guerra civil y la represión franquista, evalúa la encrucijada de esos días. “Tal como quedó la situación, la pieza clave no era otra que el Ejército de África, herencia de la larga y temible guerra colonial”. A pesar de la resistencia popular, los militares africanistas controlan rápidamente Cádiz, Jerez, Sevilla y las capitales andaluzas. “El único escollo que se presenta es la provincia de Badajoz, importante porque”, además de representar el faro de la reforma agraria republicana, “impide el contacto entre las fuerzas de Mola y las de Queipo de Llano y Franco”. Las columnas de Asensio y Castejón se dirigen hacia Badajoz y a su paso van dejando un reguero de muerte.
"Amamantando a su hijo", David Seymour Extremadura. República 1936, en Don Benito.

Fuente de Cantos, Zafra, Llerena, Villafranca, Almendralejo o Mérida conocen de primera mano las prácticas bárbaras de este ejército de ocupación. Para el primer escarmiento, el jefe de la columna pide normalmente un uno por ciento de la población; estas personas son liquidadas en pequeños grupos, dejando sus cadáveres en las salidas de los pueblos y otros lugares de especial tránsito.
BADAJOZ, CAPITAL DEL CORAJE
El 14 de agosto la suerte de Badajoz está echada. El bombardeo aéreo ha sido incesante desde las seis de la mañana y los obuses siembran el terror en todos los barrios. A los republicanos les sobra corazón, pero les faltan municiones. La defensa heroica sucumbe. A las cuatro y media de la tarde, tras un feroz combate, la columna de Castejón entra por Puerta Trinidad. Badajoz cae.
La batalla termina, pero ahora comienza la escabechina, la carnicería más monstruosa que se pueda imaginar.
Detención de civiles.

Para empezar, todos los republicanos detenidos en la Catedral de San Juan, el último reducto de resistencia, son fusilados en los altares. Y los arrestados in situ por toda la ciudad son congregados en la plaza del Ayuntamiento, donde se han colocado ametralladoras que los van eliminando por grupos. E igual suerte corre la mayor parte de los detenidos en algunos de los refugios. Son centenares los asesinados, la sangre corre ya por las calles Obispo y Ramón Albarrán. Pero el genocidio no ha hecho más que empezar. Mutilación y castración de cadáveres, ametrallamientos colectivos y saqueo indiscriminado son algunas de las hazañas del ejército “libertador” en los siguientes días… Bares, relojerías o tiendas de ropa son asaltados. Las violaciones y degüellos forman parte también del repertorio preferido de los invasores.
Pero donde se va a condensar la ignominia y la bajeza va a ser en la plaza de toros. Yagüe ha ordenado allí el encierro de los prisioneros. Al coso taurino van a parar no sólo los innumerables detenidos en Badajoz, sino además todos los refugiados arrestados por la dictadura de Salazar cuando intentaban pasar a Portugal.
Multitud de testimonios nos hablan de la humillación y de la barbarie en aquellas fechas. El poeta pacense Manuel Pacheco recuerda el terror de esas jornadas: “Fueron unos días horribles, yo no podía dormir, oía los disparos en la cercana plaza de toros, miles de fusilados. En los primeros días, solamente alguno de derechas tenía que decir ese, y rápidamente era fusilado”. Julián Zuzagagoitia, que por entonces era ministro de la Gobernación, narra la verbena de sangre y de horror homicida que tiene lugar: “Cientos de prisioneros fueron llevados a la plaza de toros donde, atraillados como perros de caza, eran empujados al ruedo para blanco de las ametralladoras que, bien emplazadas, los destruían con ráfagas implacables”. Y el periodista Jay Allen, del Chicago Tribune, da cuenta también de la vejación y del sistemático asesinato de republicanos. En una de las crónicas revela “un ceremonial y simbólico tiroteo en la Plaza de la Catedral. Siete líderes republicanos del Frente Popular fueron fusilados ante 3.000 personas”. Lo que cuenta Allen no es otra cosa que el asesinato con humillación pública incluida de, entre otros, el alcalde de Badajoz, Sinforiano Madroñero, y del diputado socialista Nicolás de Pablo.
Imagen de archivo de la matanza de Badajoz / Diputación de Badajoz.

“La ciénaga mortal, plaza del mundo atravesada por hormigas blancas, es ahora sagrada y miserable y espantosa en la púrpura”.  Antonio Gamoneda, un poeta enigmático, se torna transparente denunciando la matanza, poniéndole fecha y dirección a la barbarie. Mortal 1936, así se llaman los diez poemas que escribe en 1993 acompañando las tauromaquias trágicas del pintor extremeño Juan Barjola. “Este es el día en que los caballos aprendieron a llorar, el día terrible y natural de España. El animal de sombra enloquece en las pértigas del alba”. Nos imaginamos a los prisioneros tratados como  animales, toreados, lanceados, rejoneados al amanecer y la rabia nos estremece. Ochenta años después aún arden las pérdidas, aún duele el sadismo de los vencedores y el dolor de los martirizados.
“Bajo un bramido de campanas, crece la ejecución, gime el acero y tú, Marzal, eres horrible hasta en los ojos de tu madre. Así es la iniquidad, así es el llanto”. Al poeta ahora se le entiende todo. Marzal es el apellido del capitán de la guardia civil, uno de los matarifes más sanguinarios. Marzales, que os persiga por siempre nuestra memoria. Sanguijuelas, carniceros, maestros del odio, perros cuya única sabiduría fue el terror.
Pero, como nos enseña Hanna Arendt, para hacer el mal no es necesario tener corazones crueles. En estos actos canallas se trenzan la venganza y la directriz política. Se conciertan las venganzas menudas y las venganzas concluyentes,  la venganza natural de los mercenarios y la venganza enfermiza de algunos jefes de la Guardia Civil, derrotados y perdonados por los republicanos. Y, por último, la decisiva venganza de los terratenientes, de quienes se consideran los dueños a perpetuidad de los latifundios, esas tierras que una morralla de ganapanes amenaza con arrebatarles. Pero la venganza, con ser insaciable, sólo puede llegar a este extremo de podredumbre si tiene los parabienes oficiales, si se inscribe en una directriz gubernativa. Y así era. La campaña de ejecuciones masivas de los primeros meses de la guerra obedecía a una orientación clara que Yagüe expresó con precisión, la necesidad de “purgar el país concienzudamente de todos los elementos rojos”. Y para los militares fascistas, como nos recuerda Francisco Espinosa, los rojos son considerados como seres inferiores carentes de todo derecho.
El equipo de Gobierno del PP tapó en 2009 con un muro las tapias del cementerio viejo de Badajoz, donde se cometieron parte de los crímenes de agosto de 1936 / http://armhex.blogspot.com.es/.




LA FÁBRICA DEL OLVIDO
Volvamos al inicio. ¿Si la matanza de Badajoz es un hecho histórico de tanto relieve, si es un parteaguas en la historia de Extremadura, por qué no forma parte del debate público, por qué funciona todavía el veto o la auto-censura? Quizás pueda ayudarnos a explicarlo revisar cuál ha sido el tratamiento de la matanza de Badajoz en las últimas décadas.
14 de agosto de 1977. Algo que la inmensa mayoría de los extremeños desconocen o no recuerdan es que este silencio pastoso actual sobre la fecha de la matanza de Badajoz no ha sido una constante. En 1977, justamente el 14 de agosto se convoca una manifestación a la que asisten más de 9.000 personas.
En la convocatoria se anudan tres temáticas: la que motiva expresamente la convocatoria, la oposición a la central nuclear de Valdecaballeros; la reivindicación de la autonomía extremeña (la manifestación termina con un chaval de 15 años colgando la bandera verde, blanca y negra, no reconocida todavía oficialmente, en el Ayuntamiento de Badajoz); y, por último, aunque de modo implícito, el homenaje a los represaliados en la matanza de 1936. El pueblo comienza a re-apropiarse del 14 de agosto, resignificándolo, incorporando  nuevas demandas. Y, ojo al dato: horas antes de la manifestación mencionada, el Ayuntamiento de Badajoz ha retirado de la fachada la lápida conmemorativa de la “victoria” del 14 de agosto.
Antigua plaza de toros, hoy derrumbada, testigo de la 'matanza de Badajoz' / ARMHex.


El 14 de agosto de 1978, por su parte, se convoca nada menos que ¡el Día de Extremadura! La manifestación será ahora en Cáceres, con asistencia de 2.000 personas. Cinco años después, el gobierno autonómico fija como Día de Extremadura el 8 de septiembre, coincidiendo con la festividad de la Virgen de Guadalupe. Son los primeros años de la transición, el régimen atraviesa una crisis de legitimidad y está abierto un proceso constituyente. Los de abajo pugnan por recuperar el recuerdo de las luchas cruciales de las generaciones oprimidas precedentes. Después, el electoralismo y los derroteros amnésicos de la transición contribuirán a abandonar un camino que recuperaba esta fecha tan señalada para el pueblo extremeño.
Desde entonces el poder político, sistemáticamente, ha intentado borrar el rastro del crimen. Mencionemos sólo tres de los hechos más significativos. En 2002 el gobierno autonómico del PSOE derriba la antigua plaza de toros y en su lugar levanta un aséptico centro de convenciones, el nuevo Palacio de Congresos. En septiembre de 2007, en pleno desmelene del revisionismo histórico, Miguel Celdrán, alcalde del PP en Badajoz, propone sustituir el nombre de la calle Sinforiano Madroñero por el de Rodríguez Ibarra. Como se recordará, Madroñero era el alcalde de Badajoz en 1936 asesinado por los pistoleros de Falange. La argumentación que acompaña la propuesta de Celdrán tiene un repugnante regusto a chulería fascista: “fue un alcalde que sólo gobernó cuatro meses”. Y el tercero de los indicadores: a principios de 2009, el Ayuntamiento sustituye la histórica tapia del cementerio, cuyos agujeros de bala recordaban los fusilamientos, alegando motivos urbanísticos.
Quemados, en el cementerio.


En conclusión: el 14 de agosto de 1936 el fascismo ahogó en sangre el proyecto de transformación social más ambicioso que ha vivido Extremadura, el que representaba la reforma agraria y la Segunda República. Las consecuencias de ese genocidio han sido históricamente devastadoras y llegan hasta nuestros días. La permanencia del latifundismo, la sangría extrema de la emigración o la pervivencia de relaciones clientelares de poder están íntimamente vinculadas con aquella derrota histórica de las clases populares extremeñas y españolas. La matanza de Badajoz consiguió así su gran objetivo: inocular el miedo y la resignación en el subconsciente colectivo extremeño, trascendiendo las generaciones. Y la clase oligárquica en Extremadura, los grandes dueños de la tierra, asentaron un sólido dominio que, en gran medida, aún perdura.
El planificado olvido de la matanza de Badajoz  -cuando no su repugnante negación histórica- es la demostración de que, en las últimas décadas, ha prevalecido la memoria de los vencedores. Pero se equivocan de raíz los olvidadores y los olvidadizos, los que apuestan a vaciar la memoria del pueblo. Como dice Mario Benedetti: “Todo se hunde en la niebla del olvido, pero cuando la niebla se despeja, el olvido está lleno de memoria”. Tenemos memoria, tenemos lealtad a los luchadores del pueblo, tenemos conciencia de que sólo luchando venceremos.
14 de agosto de los años venideros: No cesará la alondra ensangrentada en su furioso canto. 

Manuel Cañada.
(Militante de los Campamentos Dignidad).
 Poner el cursor sobre el subrayado  La gran matanza de Badajoz, 14 de agosto de 1936  para ir al enlace que os lleva al vídeo.





miércoles, 2 de marzo de 2016

Presos políticos en las obras públicas franquistas.

La construcción de la presa y el canal bajo del Alberche 1939-1950: La utilización de los prisioneros republicanos como mano de obra forzada en su construcción
José Pérez Conde  (Profesor  de Geografía e Historia en el colegio Cervantes de Talavera de la Reina).
Resumen
     En este artículo se hace un estudio sobre la reglamentación del trabajo forzado por parte del     régimen franquista, vencedor en la guerra civil, todo ello orquestado a través del Patronato de redención de Penas por el Trabajo, y su utilización para realizar obras públicas de interés para el nuevo Estado. Se estudia en concreto la construcción de la Presa del río Alberche y el Canal Bajo del Alberche que, partiendo de ella, serviría para irrigar una  zona de10.000 hectáreas en la vega de Talavera de la Reina y Calera. El estudio se centra en las dos organizaciones que realizaron las obras con trabajadores penados por cuenta de dos Ministerios del Estado franquista: el Destacamento Penal Presa del Alberche, para el Ministerio de Justicia, y la 3ª Agrupación del Servicio de colonias Penitenciarias Militarizadas

Desde los momentos ya tempranos de la guerra civil los prisioneros de guerra republicanos fueron utilizados en la realización de trabajos de fortificación y fortalecimiento de las líneas del frente franquista.
Pero ya desde el otoño de 1937 el general Gonzalo Queipo de Llano envió a prisioneros de guerra a trabajar en las obras de regadío del pantano de Cíjara en el río Guadiana, provincia de Badajoz.
Desde estos momentos la idea de utilizar a los presos «rojos» para trabajos de acondicionamiento de obras públicas fue puesta en práctica de forma constante en el bando sublevado, hasta la definitiva creación del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas.
Dichas colonias no fueron creadas hasta el mes de septiembre de 1939 una vez concluida la contienda. Pero la idea de institucionalizar la cuestión del trabajo de prisioneros para la realización de obras públicas al servicio del nuevo Estado franquista, se basó en el decreto 281 de mayo de 1937. En dicho decreto se regulaba el «derecho al trabajo» de los presos no comunes, es decir, tanto políticos como todos los condenados por «auxilio a la rebelión»; todos ellos serían los destinatarios de tal derecho.
Sobre todo lo referente al trabajo de presos se dictó una orden ministerial que venía a completar al mencionado decreto de mayo del 37, y que fue la antecesora del Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo: La Ley del Ministerio de Justicia sobre Redención de Penas por el Trabajo5.
Un mes después del decreto 281, el 5 de julio de 1937, se constituyó la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros y Colonias   Penitenciarias.
A cargo de la mencionada institución con sede en Burgos, Franco colocó al Coronel Luis Martín Pinillos y Blanco de Bustamante. Tenía como misión el control de los campos de concentración de prisioneros republicanos, y su clasificación. De esta Inspección de Campos dependía una Comisión Técnica Asesora, a cargo de un coronel de cuerpo de ingenieros, que controlaba la cuestión de los presos republicanos destinados a la realización de obras públicas de carácter civil, es decir, las embrionarias colonias penitenciarias. Venía a recoger la necesidad expresada por la Junta Técnica del Estado (desde su Comisión de Obras Públicas y Comunicaciones, dirigida por Mauro Ferrer) sobre la utilización de los presos políticos y de guerra, en la realización de obras públicas de interés para el Estado.


1.    LOS TRABAJOS FORZADOS SE ORGANIZAN: PATRONATO CENTRAL DE REDENCIÓN DE PENAS POR EL TRABAJO.


Poco después de la citada ley del Ministerio de Justicia de octubre de 1938 sobre redención de penas por el trabajo, el 15 de diciembre de 1938, se constituyó en la ciudad de Vitoria el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo.
Aunque parece ser que el propio Franco pretendió ser el ideólogo del sistema de redención de penas por el trabajo, es a José Agustín Pérez del Pulgar a quien corresponde la paternidad ideológica de la idea, siendo su real inspirador. Religioso jesuita y físico había sido profesor de física en el Colegio Chamartín de la Rosa de Madrid, fundador del Instituto de Artes e Industrias y de la Asociación Española de Ingenieros. A cargo de las cuestiones de organización y administrativas estuvo el director general de prisiones Máximo Cuervo Radigales.
Así pues, con Cuervo como presidente y Pérez del Pulgar como vocal representante de la Iglesia, comenzó a funcionar dicho patronato con el siguiente lema: «La disciplina de un cuartel, la seriedad de un banco y la caridad de un convento»; con el objetivo de organizar el trabajo de los reclusos no comunes (es decir los republicanos) en zonas donde no era rentable el trabajo con trabajadores libres, y que a la vez sirviera para redimir la condena de aquellos y reducir el enorme gasto generado por la población reclusa tras la guerra. Realmente suponía un gran negocio para el nuevo Estado, presentando la apariencia de beneficio para la nutrida población reclusa que formaban los vencidos en la guerra civil.
Orgánicamente el «Patronato» dependía del Servicio Nacional de Prisiones quien, a su vez, dependía del Ministerio de Justicia. Fue una entidad con personalidad jurídica propia, que estaba facultada para la dirección y administración de aquellos establecimientos que de él dependían. Fue el encargado de proporcionar prisioneros-trabajadores al Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas y el organizador de los Destacamentos Penales.


1.1.     El órgano escrito del patronato: El Semanario  Redención


Con fecha del primero de abril de 1939 (justo el día del último comunicado del cuartel general de Franco, donde considera acabada la guerra), comenzó la edición del Semanario Redención, que fue el vehículo de expresión escrito del Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo.


 Primera portada del Semanario Redención del 1 de abril de 1939;
 órgano escrito del Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo.




Estuvo dirigido por el propagandista católico José María Sánchez de Muniaín Gil y supervisado por el coronel Cuervo Radigales. Sánchez de Muniaín era también uno de los once vocales que regían el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo. Se editó en los talleres penitenciarios de Vitoria, más tarde en la Cárcel de Porlier en Madrid y después en Alcalá de Henares. Fue el único medio escrito que pudo circular en las prisiones españolas para ser leído por la población reclusa, siendo un elemento propagandístico del régimen entre los presos y sus familias. Aunque algunos de sus redactores fueron periodistas prisioneros afectos a la causa republicana, la mayor parte de estos periodistas reclusos se negó a trabajar en dicho semanario, y aquellos que colaboraron fueron duramente criticados por el resto de presos.
Sin embargo, sí fue relativamente leído por los reclusos que, debido a la imposibilidad de obtener otro periódico, encontraban en él cierta información. Por otra parte la suscripción garantizaba a los reclusos el derecho a una comunicación (carta) semanal extra con la familia.
Su auténtica pretensión fue la de ser un instrumento de adoctrinamiento tanto de los reclusos como de sus familiares, exaltando las virtudes del régimen y de las prisiones franquistas. Para ello no dudaba en distorsionar la realidad penitenciaria, presentando al régimen como un «padre» que redime a sus hijos equivocados. Durante sus primeros años de existencia, coincidentes con la guerra europea, el semanario aparece plagado de crónicas favorables a las fuerzas nazis alemanas y a las fascistas italianas (sus hermanos ideológicos y colaboradores indispensables para la victoria en la guerra civil), como muestra de la fuerza de los regímenes totalitarios en Europa. Para ello se realizaron tiradas de 20.000 ejemplares semanales e incluso, en ocasiones, de muchos más.


1.2.     Los Destacamentos Penales


Los Destacamentos Penales eran una de las secciones dependientes del sistema de Redención de Penas por el Trabajo; este organismo proporcionaba al Estado, a través de los Destacamentos Penales, mano de obra con salarios ínfimos y siempre disponibles. En su mayor parte los Destacamentos Penales proporcionaron los presos-obreros al Servicio Nacional de Regiones Devastadas, creado en marzo de 1938 para recuperar el patrimonio destruido durante la guerra civil. También fueron empleados estos destacamentos para trabajar en obras públicas al servicio del Estado, al igual que las Colonias Penitenciarias, dándose el caso de obras en los que coincidían ambas organizaciones, colonias y destacamentos. Tal sería el caso de las obras en el río Alberche en la zona de Talavera de la Reina, donde el Destacamento Penal (bautizado como «Presa del Alberche») construyó la Presa de derivación en el mencionado río para el canal que realizó la 3.ª Agrupación del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas.
El Destacamento Penal Presa del Alberche dependía del Servicio Nacional de Prisiones y funcionaba como una extensión de la Prisión Central de Talavera (conocida como cárcel de la Seda). Era, pues, diferente de la colonia; estuvo controlado de forma exclusiva por personal del funcionariado de prisiones, sin personal militar. Sin embargo en la colonia penitenciaria, eran el comandante y personal militar quienes controlaban los campamentos. Desde casi todos los puntos de vista funcionaron como entidades independientes: el destacamento se ocupó de la presa y la colonia del canal. En cuanto a la red de acequias, el destacamento trabajó en las I y IV (adjudicadas a la empresa de Vicente Nicolás) y la colonia en las restantes (adjudicadas al servicio de colonias). Esta última siempre dependió de Presidencia del Gobierno, y el destacamento del Patronato de Redención, es decir, del Ministerio de Justicia y de Regiones Devastadas, o sea, de Obras Públicas.
Destacamento penal Presa del Alberche
Campamento de la Sal


     

1.3.     La creación del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas


Por la Ley de Jefatura del Estado de 8 de septiembre de 1939 quedó constituido el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas. Su teórico fin fundamental era ayudar a una parte de la ciudadanía reclusa a redimir su condena y permitir su reincorporación más temprana a la vida civil. Pero la verdad era que se pretendía, por una parte, aliviar el enorme gasto que suponía la enorme población reclusa existente tras la guerra civil, y por otra la realización de obras públicas de interés para el Estado que no eran rentables de realizar con obreros libres con salarios convencionales de la época. Tal y como se decía en el preámbulo de la citada ley de Jefatura del Estado, el Servicio de Colonias pretendía «... utilizar las aptitudes de los penados con el fin de aprovecharlas en su propio beneficio moral y material y en el del Estado, aplicándolas a la ejecución de obras de utilidad nacional» [sic].
A cargo del Servicio de Colonias estuvo el coronel del cuerpo de ingenieros Juan Petrirena Aurrecoechea, labor que desempeñaba desde una oficina situada en Madrid, en la calle del Pez n.º 27 (esta ubicación cambió en varias ocasiones con los años). Petrirena estuvo al frente de dicho servicio hasta 1956 fecha en que falleció. Le sucedió el coronel Luis Castroverde Aliaga, que apenas estuvo un año al frente del Servicio de Colonias, y a Castroverde le sucedió el general, también de ingenieros, Nicolás López Díaz, que estuvo a su cargo hasta su definitiva liquidación. En noviembre del mismo año (1939), Petrirena y demás cargos nombrados para regir el Servicio de Colonias fueron ratificados por el Ministro del Ejército D. José Enrique Varela Iglesias.
Este servicio de colonias de trabajadores penados tenía la inevitable condición de ser militarizado, dado que estos trabajadores eran reclusos y precisaban de un servicio de vigilancia que los custodiase.
El Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas dependía directamente de la Presidencia del Gobierno, para ello contaba con una oficina de enlace en dicha presidencia. Mantenía una conexión directa con los Ministerios de Justicia, del Ejército y de Obras Públicas. Con el primero a través del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, que era quien le proporcionaba a los presos-obreros, así como los funcionarios de prisiones que vigilaban el interior de los campamentos, el segundo le proporcionaba la tropa destinada a la vigilancia de los reclusos, así como los mandos de esta tropa y los medios de transporte necesarios; el tercero le comunicaba, antes de salir a concurso, aquellas obras que debía realizar, una vez que el Servicio de colonias consideraba que dichas obras se podían   realizar eran retiradas de la licitación pública. En la mencionada ley de 8 de septiembre que lo constituía se había previsto la apertura de un crédito de medio millón de pesetas para que el servicio de colonias comenzase a funcionar, capital que con los años se amplió considerablemente.
Tras su creación y ratificación por el Ministerio del Ejército comenzaron su andadura las colonias penitenciarias en el mes de diciembre de 1939, las tres primeras que comenzaron a funcionar fueron: la 1.ª Agrupación en Sevilla, la 3.ª en Talavera de la Reina y la 4.ª en Añover de Tajo. A estas tres primeras agrupaciones llegaron 960 trabajadores penados en diciembre de 1939, dedicándose a la construcción de los campamentos que albergarían al resto de reclusos.
En un primer momento se constituyeron cinco agrupaciones: la 1.ª dedicada a la construcción del Canal Bajo del Guadalquivir en Sevilla, la 2.ª dedicada a la construcción del Canal de Montijo en el río Guadiana en Badajoz, la 3.ª se dedicó a la construcción del Canal Bajo del Alberche y su red de acequias en Talavera de la Reina, la 4.ª se dedicó a la construcción de la Real Acequia del Jarama y la 5.ª a la construcción de la Academia de Infantería de Toledo. Más adelante se creó una 6.ª Agrupación que fue destinada también a Sevilla (junto a la 1.ª), para la construcción de parte del Canal Bajo del Guadalquivir. Mediada la década de los 40 se formaron otras dos agrupaciones más: la 7.ª, que realizó trabajos para el Instituto Nacional de Colonización en Aragón y Cataluña, y la 8.ª que realizó obras para un ferrocarril minero en la provincia de Teruel. La 3.ª quedó disuelta al comienzo de los años 50, tras terminar las obras de Canal Bajo del Alberche, pero fue refundada de nuevo  en 1953 (3.ª bis) para la construcción de la presa de Rosarito y un canal de riego en su margen derecha (término municipal de Madrigal de la Vera). Pero ya los trabajadores penados que comenzaron las obras sólo fueron 29, siendo la mayoría del personal utilizado para dicha obra obreros contratados.


2.    LA 3.ª AGRUPACIÓN DEL SERVICIO DE COLONIAS PENITENCIARIAS MILITARIZADAS Y EL DESTACAMENTO PENAL PRESA DE ALBERCHE: LA CONSTRUCCIóN DE LA PRESA, EL CANAL DEL BAJO ALBERCHE  Y LA RED DE ACEQUIAS.


Dado que el Servicio de Colonias era un organismo que dependía de la Presidencia del Gobierno, era ésta la que solicitaba reclusos-trabajadores al Patronato de Redención de Penas por el Trabajo. Éste, una vez aprobada la solicitud, la reenviaba a la Dirección General de Prisiones que escogía a los reclusos en  función de sus oficios, utilizando para ello el fichero fisiotécnico que había elaborado Pérez del Pulgar. Del mismo modo este mismo patronato enviaba a los Destacamentos Penales a aquellos lugares donde el Estado a través de Regiones Devastadas le solicitaba.
Tanto los mandos y oficiales como los suboficiales y tropa destinados a la custodia de los presos-trabajadores de las colonias, eran enviados a éstas por el Ministerio del Ejército. Pero este ministerio tuvo importantes problemas para cubrir estas plazas con personal del cuerpo de ingenieros. Por una parte el ministerio tenía sus propias necesidades en cuanto a mandos y soldados de dicho cuerpo, así que tuvo que utilizar a personal de otros cuerpos, o bien mandos de complemento (con menor preparación y distinto celo en el cumplimiento de la misión) y a reservistas, ya jubilados, a los cuales el Ministerio del Ejército pagaba la diferencia entre su pensión y el salario que debían tener en activo. Las colonias, en general, fueron un destino poco deseado por los militares profesionales que aceptaron a regañadientes y del cual procuraron marcharse cuanto antes. Estas dificultades en cuanto a la disponibilidad de personal militar cualificado darán al traste con la intención de formar batallones de presos-trabajadores de alrededor de 1000 hombres, condicionando a reducirlos a la mitad de efectivos e incluso menos. En el caso de la 3.ª Agrupación de Talavera de la Reina siempre estuvo formada por dos batallones de alrededor de setecientos hombres desde que comenzó a funcionar a mediados de 1940. Dichos batallones pasaron desde mediados de 1945 a poco más de cuatrocientos reclusos-trabajadores hasta finales de 1946 que verán reducidos aún más sus efectivos, ya que a partir de esta última fecha los reclusos serán sustituidos por personal contratado (en su mayoría presos que habían trabajado en esta colonia y ya habían redimido su condena, eran los llamados «libertos»), quedando esta Agrupación-colonia reducida a un solo batallón de reclusos.
Los primeros presos-trabajadores pertenecientes a un Destacamento Penal llegaron a Talavera en los últimos días de noviembre de 1939. De inmediato fueron conducidos a la obra de construcción del muro de la presa del río Alberche, allí comenzaron a construir el campamento de la presa (llamado Destacamento Penal Presa del Alberche) en la margen izquierda del Alberche, desde este destacamento-prisión acometió la construcción de la presa. Unos meses después se comenzó la construcción de otro campamento a unos cinco kilómetros del anterior, en la orilla derecha del arroyo de la Sal, desde el que la 3.ª Agrupación del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas retomaría la obra de Canal del Bajo Alberche, ya en 1941 (éste se conocía con el nombre de Campamento de la  Sal).

Después de haber construido los dos campamentos mencionados, llegarán el resto de los prisioneros, un total de 295 del Destacamento Penal hasta completar los dos batallones (alrededor de 1500 prisioneros) en la Colonia del Campamento de la Sal, comenzando las obras del muro de la presa en 1940 (en el río Alberche) y retomándose las del canal —iniciadas en época de la II República—, del cual se habían terminado casi tres kilómetros aunque había otros dos kilómetros excavados (ya en 1941).
Estas obras, acometidas por la 3.ª Agrupación de las colonias y el destacamento penal, se realizaron para la Confederación Hidrográfica del Tajo dependiente de la Dirección General de Obras Hidráulicas quien, a su vez, dependía del Ministerio de Obras Públicas. Su fin era poner en regadío una superficie de algo más de 10.000 hectáreas de secano en la zona de Talavera de la Reina y Calera que posibilitaran la explotación de nuevos cultivos, y la obtención de una productividad agrícola mucho más intensiva que aportase riqueza a la comarca talaverana.
Cuando se crean las confederaciones hidrográficas en 1926 (durante la dictadura del general Primo de Rivera) con el fin de lograr un mayor y más regulado aprovechamiento de las cuencas de los ríos, ya se decide la construcción de una presa en el río Alberche de la que arranque un canal que irrigue el sector de vega Talavera y Calera. Por Real Decreto-Ley de 25 de junio de 1926 se concede permiso a la Sociedad concesionaria de los aprovechamientos del río Alberche  para comenzar la planificación de las obras, a la vez que se le dota de fondos para el pago de indemnizaciones a los propietarios de los terrenos que se habían de expropiar.
Las obras mencionadas se basaban en un Plan de Obras Hidráulicas elaborado por el ingeniero de caminos, canales y puertos Manuel Lorenzo Pardo para la Confederación Hidrográfica del Tajo (y por ende a la Dirección General de Obras Hidráulicas), sobre las posibilidades de regadíos en el Alberche.
Pero no será hasta el advenimiento de la II República cuando se haga un estudio sobre el terreno (agosto de 1932). El 7 de abril de 1934 el proyecto del primer trozo del canal (la mitad de su longitud que sería de 31 kilómetros) fue aprobado por orden del Ministerio de Obras Públicas, incoándose el expediente de información pública al mes siguiente. En agosto del mismo año el Ministro de obras Públicas Sr. Guerra del Río y el director de Servicios Hidráulicos Sr. Hernández visitaron las zonas que el futuro canal pondría en riego. Finalmente el 20 de diciembre de 1934 el mencionado Ministro da la aprobación definitiva para hacer el replanteo sobre el terreno del mencionado primer trozo del canal.
En mayo de 1935 un Decreto del Ministerio de Obras Públicas autoriza la salida a subasta de la contratación de la obra del segundo tramo del primer trozo del canal, dando comienzo en los primeros meses de 1935 las expropiaciones de los terrenos por los que había de discurrir el canal.
Las obras comenzarán el uno de noviembre de 1935, dando comienzo la construcción del primer trozo del canal (lo que se había adjudicado en subasta había sido el 2.º tramo del citado primer trozo a la empresa S. A. Ecce por valor de 1.461.904,82 pesetas), aunque no desde su arranque ya que la presa de derivación sobre el Alberche aún no se había comenzado dado que aún estaba en fase de replanteo; pero el Ministro de Obras Públicas Antonio Vela Oñate había asegurado a una delegación del Ayuntamiento de Talavera, presidida por el alcalde Julio Fernández-Sanguino, que el trámite era cuestión de días y pronto la obra de la presa saldría a subasta.
El comienzo de la guerra civil significó la paralización de las obras del canal, ya que el contratista se marchó de Talavera quedando la obra sin dirección y los obreros sin cobrar los salarios del mes de julio.
Acabada la guerra con la derrota de la República, Franco retomó el plan de Lorenzo Pardo (a quien en 1948 puso al frente de la Consejería General de Obras Públicas) y decidió la continuación de las obras del canal y su presa en el río Alberche bajo la dirección del ingeniero José Antonio Gállego Urruela. Como ya se ha mencionado fueron la 3.ª Agrupación del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas y el Destacamento Penal Presa del Alberche los encargados de la realización de tales obras que duraron toda una década desde 1940 hasta 1950, fecha en la que se entregó la obra (Franco inauguró la presa y el canal el día 14 de octubre de 1950, mediante una visita que conmemoraba una placa de bronce hoy retirada).

Placa conmemorativa de la inauguración de las obras
en octubre de 1950.
   


2.1.    Como era la vida en las Colonias Penitenciarias  y Destacamentos Penales


Para los presos republicanos recluidos en las cárceles masificadas, mal alimentados y en unas condiciones generales paupérrimas, la redención de penas por el trabajo en una colonia penitenciaria o un destacamento penal significaba una posibilidad de escape de esta insoportable situación. A pesar del hecho de tener que trabajar en unas condiciones muy duras, el poder salir al aire libre, el saber que la alimentación mejoraba (aunque no era, ni mucho menos, excelente), y el recibir un ínfimo salario (dos pesetas de las cuales 1,5 les eran descontadas para la alimentación), significaba una válvula de escape del túnel sin salida del sistema carcelario español de la época. Por un lado se redimía parte del tiempo de condena, por otra se mantenía ocupado el recluso en una actividad, por otra se aportaba un dinero que, aunque mínimo, venía muy bien a la familia. Pero es que para algunos de ellos también significaba la posibilidad de escapar de sus captores e intentar huir, o bien al extranjero, o bien incorporase al «maquis» organizado para luchar contra la dictadura.

Pero no todos los presos que lo pretendieron pudieron ir a las colonias, todos hubieron de pasar una selección que evaluó su posible actitud para el trabajo; dado que presentaba unas condiciones físicas muy deplorables.todo un hándicap en una población reclusa mal nutrida y, sobre todo, muy maltrada.
Pero ¿cómo era la vida en las colonias y destacamentos penales? A pesar que el destino en trabajos forzados era preferido por muchos, las condiciones de vida en dichas colonias y destacamentos eran durísimas. El trabajo era muy duro, completamente manual sin apenas ayuda de maquinaria; hasta tal punto que muchos de los presos enviados a las colonias fueron devueltos a sus prisiones de origen por no soportar las condiciones del trabajo.
Los campamentos eran pequeños mundos en miniatura casi autosuficientes, el trabajo estaba organizado en brigadas cada una con su cometido. Todos los servicios del campamento eran desarrollados por los propios presos, además de las brigadas encargadas de la extracción de tierras (del vaciado del canal y de los cerros próximos a la presa para el dique), estaba las brigadas de encofradores (encargados de ir encofrando los tramos del canal según eran excavados), hormigonadores (trabajando con máquinas hormigoneras manuales, vestían de hormigón el canal o la presa), albañiles (realizando sifones, muros, puentes, etc.), carpinteros (preparando las maderas de los encofrados y demás construcciones de madera), herreros (reparaban vagonetas, preparaban los hierros de las obras, reparaban herramientas), fontaneros (manteniendo duchas y letrinas), electricistas (instalaciones eléctricas), arrieros (se ocupaban de las caballerías que tiraban de las vagonetas), herradores (se ocupaban del herrado de estas caballerías), además de capataces (controlaban el rendimiento de las brigadas en sus cometidos y se ocupaban de pasar lista cada cierto tiempo para evitar las fugas), conductores (encargados de la conducción los camiones que llevaban el material, el rancho, etc.), mecánicos (reparaban camiones y vehículos de los campos en general —casi todos de gasógeno—), oficinistas (se ocupaban de todos los trámites burocráticos del campo). Además de este tipo de trabajos, algunos presos desempeñaban labores especiales que requerían mayor cualificación, como los topógrafos, midiendo los terrenos y haciendo su planimetría e ingenieros (en el caso de Talavera dos ingenieros de caminos ayudaron en labores de dirección de las obras, al antes mencionado José Gállego como más tarde se explica), del mismo modo también los médicos y enfermeros eran presos y, así mismo, lo eran los cocineros. Todo el personal salvo el militar   que los custodiaba eran prisioneros redimiendo condena.

Presos de la brigada de Tierras picado en el tajo del canal.


De todas estas brigadas las más numerosas eran las dedicadas a la excavación de tierras. Estas «brigadas de tierra» como se las denominaba estaban compuestas de prisioneros sin cualificación (campesinos, jornaleros, peones, etc.). Tenían la obligación de extraer la tierra: en el caso del canal, vaciar el hueco por donde este había de discurrir, y en el de la presa deshacer varios cerros de terriza para hacer el dique de la presa, que después se revestiría con hormigón —era una presa de tipo «escollera»— y acumularla en el emplazamiento de dicho dique, a razón de cuatro vagonetas diarias (el equivalente a cuatro metros cúbicos de tierra), y todo con la sola ayuda del pico y de la pala. Y al menor síntoma de flojera en el trabajo, si el guardián (soldado o guardia civil) avisaba a algún mando éste, palo en ristre, les «instaba» a retomar el pico. En estas brigadas los casos de extenuación eran frecuentes, como también lo eran los relevos con los presos que se ocupaban del hormigón. Desde el punto de vista del cuidado sanitario estuvieron aceptablemente atendidos. Todo lo aceptablemente que el personal sanitario (también recluso en su mayor parte) podía con los escasos medios de que disponía. No obstante la proximidad de Talavera, con centros hospitalarios, permitía enviar a los casos extremos a dichos centros (en concreto al Hospital Municipal). Los casos de muertes fueron pocos según las inscripciones en el Registro Civil de Talavera y en el libro de inhumaciones de ayuntamiento talaverano. En cualquier caso, si un preso no era capaz de llevar a cabo los trabajos de la colonia o el destacamento, se los devolvía a la prisión de procedencia.
En la colonia nada más llegar los prisioneros recibían ropa y calzado, en concreto un uniforme completo de los utilizados por los fascistas italianos del CTV que Mussolini envió a luchar en España junto a Franco (guerrera, camisa, gorro con solapas-orejeras, pantalón bombacho, vendas-leggins, calcetines, unas botas claveteadas y un capote), nunca la ropa interior que había de aportarla el propio preso; también una saca-colchoneta (para rellenar de paja) y dos mantas. A diferencia de la colonia, en el destacamento penal recibían la ropa procedente de los talleres penitenciarios controlados por el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo, en los que trabajaban mujeres que también redimían pena (uniformes de la guerra arreglados y sin insignias o ropa de paisano).
Un ejemplo de todo lo explicado lo constituye José Carrasco Velázquez, natural del pueblo de toledano de Azután. Tras acabar la contienda civil volvió a su pueblo donde fue detenido y enviado a la prisión central de la Real Fábrica de Sedas en Talavera de la Reina. Tras ser sometido a un primer consejo de guerra ya en 1940 le fueron impuestas dos condenas a muerte, estas le fueron conmutadas en 1941 por las de cadena perpetua en un nuevo juicio; en 1942 en otro nuevo consejo se le conmuta la cadena perpetua y se le impone una condena de veinte años y un día. Pocos días después es conducido en un camión junto a otros presos a la colonia penitenciaria de Talavera en el Campamento de la Sal, en sus memorias dice: <<[...] un día (1942) vino un funcionario con una lista y nos dijo que cogiésemos todo lo que tuviésemos y formáramos en el patio de la cárcel, en la puerta nos esperaban dos camiones que nos llevaron a las colonias en el canal.  Al llegar nos dieron ropa de los italianos y unas botas con tachuelas con las que casi no podíamos. Nos metieron en unos barracones donde había literas de madera de tres pisos, a mi me tocó una en una ventana al norte por la que entraba un aire que se mascaba. Esto ya era otra cosa que la cárcel donde todo estaba cerrado, con mal olor y muy polvoriento ya que los retretes estaban dentro de la nave, en cambio aquí estaban fuera. Nos dieron dos mantas y al día siguiente de desayuno nos dieron un caldo ligerito y un“bollete” de pan blanco, después nos llevaron al cubo del canal y nos dieron un pico y una pala y a sacar tierra, no podíamos casi ni con el pico. La comida flojita, un caldo con alguna patatilla, coles y cachitos de calabaza y un bollo de pan que comíamos en la misma obra, aquello para lo que veníamos comiendo en la cárcel nos pareció una maravilla>>.
Sobre las condiciones de trabajo en la brigada de tierra José explicaba: «[...] tenías que sacar cuatro vagonetas de tierra cada día y si no acababas cuando se iban al campo te quedabas allí vigilado acabando. Era muy duro aunque los soldaditos, que eran chicos muy jóvenes, se portaban bien con nosotros. Al año me cambiaron de trabajo, me dieron un carro con dos mulos y me encargaba de acarrear agua a la obra desde los arroyos más  próximos».
Otro ejemplo lo constituye el testimonio del cordobés Francisco Blancas Pino. Había sido condenado en consejo de guerra a la pena de veinte años y un día, tras recorrer varias prisiones fue enviado a la colonia de Toledo (5ª Agrupación que construyó la Academia de Infantería), después fue trasladado a la colonia de Talavera (ignora las razones del traslado). Francisco estuvo en la colonia de Talavera desde finales del verano de 1943 hasta el 18 de octubre de 1944, en esta última fecha se fugó de esta colonia para unirse al maquis junto a otros dos compañeros, Anastasio Jiménez y Gerardo Donate, ya que unos tíos de Anastasio eran enlaces de la guerrilla en el pueblo cacereño de Castañar de Ibor. Francisco comentaba acerca de la vida en las colonias: «[...] en las colonias se trabajaba muy duro pero al menos sabías que no te ibas a morir de hambre como en la cárcel, en estas dependías de la comida que te traían de fuera, si no morías de hambre. En Talavera estuve picando tierra y cargándola en vagonetas para sacarlas del hueco de un canal que se estaba construyendo, tenías que sacar cuatro vagonetas si no te quedabas hasta las tantas picando. Hubo casos de gente que fue devuelta a la cárcel por no rendir lo  estipulado».
Preguntado sobre cómo se organizaban para el trabajo contaba: <<[...] primero pasaban un tractor con arados para romper la costra dura de la tierra, después nos separábamos unos dos metros y empezábamos a picar, teníamos que dejar las paredes del canal en rampa y alisar el fondo lo más posible.Yo estuve meses con las manos vendadas porque me sangraban del pico pero después me salieron callos y me acostumbré. Los soldados eran de reemplazo e incluso había gente que simpatizaba con nosotros, tenían tanto miedo a los mandos como nosotros pues temían acabar en nuestra situación si detectaban que nos ayudaban. Pero los mandos eran todos fascistas y nos trataban mal. Había un sargento cordobés, como yo, que era un hijo de puta; a mi me odiaba y me vigilaba muy de cerca, me llamaba rojo asqueroso y a veces me tiraba alguna piedra cuando estaba abajo en el cubo del canal>>.
         Francisco Blancas siempre estuvo en el campamento de San Román, instalado en las proximidades de la carretera que conducía al pueblo de San Román de los Montes desde Talavera (a unos 6 kilómetros de distancia del de la Sal). Cuando se fugó, las obras del Canal estaban a un kilómetro de distancia de la carretera de Talavera al mencionado pueblo de San Román. No conoció el Campamento de la Sal, el primero construido para la colonia de Talavera, pero recuerda que allí también había presos y que de allí traían los materiales y herramientas. También recuerda que el campamento de San Román estaba recién abierto cuando el llegó. En estas duras condiciones de trabajo continuaron las obras a un ritmo intenso, con el trabajo de los reclusos hasta el año 1945. A partir de esta fecha comenzó a sustituirse a los penados por obreros libres, la mayor parte de estos obreros eran reclusos que ya habían redimido su condena, eran los llamados «libertos» (palabra que se utilizó en el antiguo Imperio Romano para designar a los esclavos manumitidos). Coincidía este hecho con la derrota de las potencias totalitarias en Europa y el deseo de maquillar la cara del régimen hacia el exterior.

Trabajo a pico y pala de los presos en el canal.

Pero el negocio del Estado era demasiado boyante como para eliminar del todo la mano de obra esclava. En el mes de febrero de 1946 sólo había un batallón de cuatrocientos cincuenta reclusos trabajando el la colonia de Talavera compartiendo el trabajo con otros tantos obreros libres, que a finales del mismo año se vería reducido a la cifra de trescientos cuarenta y ocho reclusos. Esta sustitución de reclusos por obreros significó, a su vez, que parte de los militares a cargo de la vigilancia sobraran. En el citado informe se relaciona a los militares sobrantes para que el Ministerio del Ejército les busque nuevo destino:
3ª Agrupación — Talavera de la Reina (Toledo)
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Capitán de Cabª. D. Cecilio Hernández Gil Sargento           Cabª. D. Higinio Benavente Ruiz
“           Cabª. D. Tomás Benito Barbero
“           Infª. D. Ramón Palomares Ledesma “  Infª. D. Agustín Barquilla Solís
“           Infª. D. Eusebio Vinagre Montero
“           Infª. D. Demetrio Caballero Gómez “    Infª. D. José Rodríguez Ariza
“           Infª. D. Ricardo Ocenio Martínez
“           Infª. D. Clemente Blanco González.
Cuando las obras del canal llegan a la zona de Piedrasmuchas, se encuentran con la parte del canal en la que se había trabajado antes de la guerra. Esto significó un desplazamiento hacia el oeste de varios kilómetros. En el otoño de 1944 se comenzó la construcción de otro nuevo campamento (el último de la colonia) en la finca de Santa Apolonia, con el nombre de Campamento de Santa Apolonia, de dimensiones menores que el de la Sal (aunque mucho más grande que el de San Román) ya que albergó a menos reclusos. Funcionó durante un tiempo de forma simultánea al de San Román, para quedarse como único hacia finales de 1946.
Mención especial requiere la cuestión de las fugas. Como ya he mencionado la intención de algunos de los reclusos al pretender ir a las colonias era la de   fugarse y unirse al movimiento guerrillero que se estaba formando. Antes de los años 1944-45, las fugas fueron sensiblemente menores que a partir de estas fechas cuando la guerrilla ya se había constituido oficialmente, y los maquis operaban organizados en agrupaciones y divisiones por los montes de España. La 1ª Agrupación Guerrillera del Ejército Centro-Extremadura operaba en la zona centro con la base de operaciones en los montes de Toledo. A pesar de que ya operaban desde meses atrás, será en el otoño de 1944 cuando quede oficialmente constituida; precisamente en esas fechas se incrementará sensiblemente el número de presos fugados de la colonia y destacamento de Talavera.

Un ejemplo de fuga masiva del Destacamento Penal Presa del Alberche (como ya se ha mencionado trabajando en la presa del río Alberche) fue la fuga de 24 presos entre los días 31 de agosto, 14 y 21 de septiembre de 1944. Según creyeron las autoridades del destacamento fue con ayuda desde el exterior, es esta «gran evasión» varios guardias de prisiones fueron expedientados y su jefe Benigno Fernández Albadá suspendido un mes de sueldo. Los informes sobre fugas de la colonia y el destacamento a finales de 1944 y durante buena parte de 1945 son muy numerosos, casi siempre en grupos pequeños (salvo la mencionada). Precisamente de octubre de 1944 data la fuga del anteriormente mencionado Francisco Blancas Pino y sus dos compañeros. Tras acabar la jornada y viendo que los guardias no les veían se ocultaron tras un montón de tierra a unos metros de la obra del corte del canal. Cuando la columna de presos y guardianes se alejaba comenzaron a correr hacia el noroeste, donde sabía que se encontraba el pueblo de San Román de los Montes (a unos seis kilómetros de donde entonces se hallaba la obra). En poco más de una hora llegaron a las afueras del pueblo, cruzaron la carretera que viene de Talavera y se subieron a un cerro al otro lado, donde extenuados se sentaron a descansar. Al cuarto de hora llegaron dos camiones con soldados y guardias civiles que se desplegaron a lo largo de la  carretera esperando que llegaran por donde hacía unos minutos ellos habían pasado. Entraron en el pueblo y miraron por las faldas de los cerros próximos al que ellos ocupaban, los tres evadidos se pegaron al suelo entre las taramas y consiguieron no ser vistos. Al caer la noche los soldados y guardias civiles se retiraron. Francisco, Anastasio y Gerardo tenían la clara intención de llegar a la casa de los tíos de Anastasio en Castañar de Ibor, donde estos les habían dicho que estaban en inteligencias con los maquis de los que eran enlaces.
Como ya se ha dicho las fugas fueron bastante frecuentes en estas obras y produjeron, como también se ha explicado, mucha intranquilidad a las autoridades de un régimen que pensaba que los aliados, vencedores de los regímenes fascistas en la guerra mundial, podían intervenir en España y los maquis bien podían ser la cabeza de puente de esta intervención. Con el fin de evitar las fugas en la medida de los posible, el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas solicitó al Ministerio del Ejército cuanta información tanto política, como de cualquier otro tipo pudiese haber sobre los penados en las colonias. Le pidió a dicho ministerio que las autoridades militares regionales recabasen de los juzgados las declaraciones de los penados y sus parientes implicados en fugas de los campamentos al ser aprehendidos y las remitiesen a la subsecretaria de colonias o directamente al general al mando de las mismas, a fin de extraer cuanta información les fuese útil sobre la organización política, tanto exterior como interior en los campamentos. En este documento de fecha 8 de marzo de 1945 se dice que de las tres agrupaciones que el Servicio de Colonias considera más peligrosas una es la 3.ª, es decir la de Talavera, y se mencionan sus tres campamentos: de la Sal (dice que ya suprimido), de San Román y de Santa Apolonia. Esto pone de relieve que los campamentos talaveranos fueron buena cantera del maquis en la zona centro, y que dentro de dichos campamentos las organizaciones políticas de izquierdas participaron, a veces con ayuda exterior, en la preparación de fugas.

3.     SE CONSTRUYE LA PRESA, EL CANAL Y LA RED DE ACEQUIAS


Una vez llegados al lugar de las obras los prisioneros del Destacamento Penal trabajaron en el acondicionamiento del campamento de la presa donde estuvieron «acogidos». Una vez terminado el campo comenzaron los trabajos de extracción de tierras de los cerros próximos para la realización del dique. Dicha extracción se realizó de forma manual, es decir, a pico y pala por parte de los presos; esta tierra se depositaba en unas vagonetas sobre raíles que, tiradas por caballerías, conducían dicha tierra a las proximidades del dique. Más adelante se ideó un teleférico que llevaba estas vagonetas hasta más cerca de la obra.
La realización de la presa había salido a subasta pocos meses después de acabar la contienda civil, a la empresa adjudicataria se le había impuesto la condición (beneficiosa para la propia empresa y para el Estado franquista) de que la mano de obra había de ser la estipulada por el gobierno, es decir, en este caso un destacamento penal (sueldos más bajos que lo obreros libres —beneficio para la empresa adjudicataria— y que cobra el Estado, dando sólo una ínfima parte a los presos y sus familias —beneficio para el Estado—).
Ante las dificultades que encontró para el desarrollo de las obras, a los dos años se le rescindió el contrato y se le transfirió a la empresa de Vicente Nicolás Gómez quien terminó las obras de dicha presa.
En lo que respecta al canal, se rescindió la contrata anterior a la guerra civil y, según el procedimiento ya descrito, se adjudicó la obra de la totalidad del canal (dividida en dos trozos de algo más de 15 kilómetros cada uno) al Servicio de colonias Penitenciarias Militarizadas. Fue la 3.ª agrupación de dichas colonias, tras acondicionar el campamento de la Sal desde comienzos de 1941, quien acometía en junio las obras de dicho canal suspendidas por el comienzo de la guerra. Las compuertas de la presa fueron adjudicadas a comienzos del año 1944 a la empresa Boetticher y Navarro S.A., quien debido a las dificultades para encontrar materia prima para la fabricación de dichas compuertas, hubo de limitarse a proporcionar otras menores, hasta el otoño de 1948 que consiguió terminarlas e instalarlas.
Por último las defensas y encauzamiento del río de mallazo y canto rodado se terminaron en el año 1948. Realmente toda la obra (canal, presa y acequias) se terminó en 1949, pero su inauguración oficial no fue hasta octubre de 1950, como ya se ha mencionado.

Para terminar recordar que la obra fue dirigida por el ingeniero civil José Antonio Gállego Urruela, asistido por el ingeniero técnico Julián Torres del Rosario, pero hubo dos reclusos que colaboraron en la supervisión de las obras. Por un lado un estudiante de ingeniería recluso de nombre José Fernández Uceda, el cual se fugó el 24 de septiembre de 1944 y por otro, un ingeniero de caminos, canales y puertos que antes de la guerra fue director del Circuito Nacional de Firmes (Carreteras), labor que continuó desempeñando durante la guerra civil, Julio Diamante Menéndez. Julio Diamante era el padre del que fue mayor Batallón de Puentes n.º 3 del Ejército Republicano: Julián Diamante Cabrera; el mayor Diamante había fortificado las defensas republicanas en la ciudad universitaria de Madrid en noviembre de 1936, defensas que permitieron que la capital resistiera el asedio de los sublevados durante toda la guerra. Entre otras acciones del mayor Diamante, cabe destacar que él fue el diseñador de las pasarelas y pontones que permitieron al Ejército republicano pasar el río Ebro, en julio de 1938, en la acción ofensiva más importante de los republicanos durante la guerra civil, y desde el punto de vista de los zapadores e ingenieros todo un derroche de técnica y profesionalidad. Tras pasar por varias cárceles, el ingeniero Julio Diamante Menéndez fue trasladado a la colonia de Talavera donde ayudó en el canal y demás obras, aunque en los informes oficiales sobre estas obras siempre se omite su nombre hasta 1945, cuando, enfermo, fue hospitalizado y murió.


  

Compuertas del arranque del canal en el día de su inauguración
en octubre de 1950.
Dado que el primer trozo del canal tenía una pendiente muy escasa, hubo de proyectarse la presa de derivación de 10,50 metros de altura y de longitud algo superior a un kilómetro. Se ubicó en un ancho cauce relleno por acarreos aluviales con unos seis metros de espesor por término medio, que recubre un terreno de arcillas diluviales. El vertedero se limitó al brazo principal del río, instalándose siete compuertas deslizantes de once metros de luz por cinco de altura para re- mansar el agua en el embalse y poder evacuar las avenidas máximas, estimadas en unos 1.800 metros cúbicos por segundo.

En cuanto a la cimentación del vertedero, esta se realizó mediante el hincado de «cajones indios» y de dos pantallas de pilotes hormigonados sobre el terreno con fuertes armaduras formando una retícula. Esta se cubrió con una gruesa capa de hormigón armado dotada de redientes para amortiguar la energía cinética del caudal vertiente. Las ocho pilas y los estribos sobre los que apoyan las compuer- tas están cimentadas sobre cajones transversales que dan a todo este conjunto gran solidez. El resto del conjunto de la presa se completaba con tres diques, uno en la margen izquierda del río, otro en la margen derecha que une el vertedero con el arranque del canal y otro más pequeño que une dicho arranque con la la- dera del cerro a la derecha del río.

 
Perfil transversal del dique principal de la Presa del Alberche
y su cimentación.


Estos tres diques se construyeron con un perfil de tierras arcillosas consolida- das mediante obra y su paramento aguas arriba revestido con una placa de hormigón, la cual enlaza con una pantalla de pilotes yuxtapuestos hormigonados in situ, que cortan el paso a las filtraciones.
Todo el paramento aguas abajo se ha recubierto de césped, salvo en la parte inferior que se ha construido un espaldón de grava colocada a mano, el cual sirve para proteger del oleaje en la evacuación de las crecidas. También se construyeron «diques de gaviones» (de canto rodado y mallazo) para la defensa y encauzamiento de las avenidas.


En cuanto a la forma en que está construido el canal, sus 31 kilómetros están divididos en cinco secciones. La primera tiene una capacidad de 6,4 metros cúbi- cos por segundo, y la última de 1,1 metros cúbicos. Las pendientes son de una diezmilésima en las dos primeras secciones, de ocho diezmilésimas en las dos últimas, y de dos diezmilésimas en la intermedia.


Como ya se ha mencionado la zona regable cubría unas 10.000 hectáreas y para la distribución del agua se construyeron 325 kilómetros de acequias reparti- das en ocho sectores (poco años después —en 1958— se construyeron once kilómetros más de canal —hasta llegar al río Tajo por la zona de Calera— y dos sectores más de acequias).
Una vez finalizadas las obras en 1949, al año siguiente se procedió a revisar los costes de estas que ascendieron a la cantidad de 53.329.752 pesetas.
A partir de la campaña de 1946 se llevó a cabo una explotación provisional del riego, siendo progresivamente ampliado a medida que se acababan acequias y se continuaba el canal hasta la finalización de las obras y su inauguración en 1950, produciendo importantes beneficios en las cosechas.
El aumento de las cosechas durante esta explotación provisional a lo largo de los años 1947, 48, 49 y 50, produjeron unos resultados económicos excelentes. Fueron los siguientes:
—  En 1950 se recolectaron 16.800 Qm. de maíz, por un valor de 3.800.000 pts. de la época.
—  En el mismo año se cosecharon 94.573 Qm. de patatas, por valor de
10.000.000 de pts.
—  En cuanto a los diversos productos hortícolas, ese año se recolectaron por un valor de 13.760.000 pts.
—  De alfalfa en 1950 se recolectaron 5.950 Qm., por valor de 684.250 pts.
—  De algodón se cosecharon 3.000 Qm., por valor de 2.250.000 pts.
—  De remolacha 23.500 Qm., por valor de 1.770.000 pts.
—  De tabaco 250 Qm., por valor de 3.125.000 pts.
En lo que se refiere al trabajo de jornaleros en la vega regada por el canal se paso de 80.804 trabajadores por jornales valorados en 1.292.864 pts., en 1947; a 86.892 trabajadores con 1.390.272 pts., en 1948; en 1949, 195.088   trabajadores
con 4.434.668 pts.; a 233.432 trabajadores con 6.941.640 pts., en 1950.


Por otra parte el aumento de población en los municipios afectados por los nuevos regadíos fue el siguiente:

Período anterior a los regadíos
Período de regadío
Calera
3.488 habitantes (hab.)
3.811 hab.
Gamonal73
1.522 hab.
1.705 hab.
Pepino
524 hab.
662 hab.
San Román
936 hab.
1.017 hab.
Talavera
18.631 hab.
22.512 hab.

Así pues el aumento de población fue el  siguiente:

Calera                                               323 hab.
Gamonal                                           183 hab.
Pepino                                              138 hab.
San Román                                         81 hab.
Talavera                                         3.881 hab.

En cuanto a las tasas de natalidad, mortalidad y crecimiento en el período anterior a la puesta en riego de la zona y con posterioridad a ello fueron las siguientes:

Período anterior (tantos por mil)

Natalidad
Mortalidad
Crecimiento
Decrecimiento
Gamonal
24,69
7,40
17,29

S. Román
24,49
18,10
6,39

Pepino
30,73
16,25
14,46

Calera
19,15
21,64

2,48
Talavera
19,28
31,72

12,44

Período regadío (tantos por mil)
Natalidad          Mortalidad           Crecimiento
Gamonal
29,91
6,45
23,46
S. Román
16,71
3,93
12,70
Pepino
19,36
3,02
16,34
Calera
20,20
10,23
9,97
Talavera
24,47
9,80
14,6775







Por otra parte la relación de la tasa de mortalidad de la zona con respecto a la tasa nacional era la siguiente:

Mortalidad año 1951 (tantos por mil)

Zona .......................................... 7,93
España .................................... 11,48

4.     CONCLUSIÓN


Del estudio de la construcción de estas obras públicas —presa, Canal Bajo del Alberche y red de acequias para la distribución del riego— se extrae una conclusión simple e inmediata: a pesar de construirse dichas obras en los años posteriores a la guerra civil, es decir durante el franquismo, todas ellas fueron planificadas durante el período anterior a dicha guerra, es decir, durante la II República. Por otra parte fueron construidas con mano de obra procedente de instituciones que aglutinaban a prisioneros de guerra republicanos. Dicho de otra forma los «obreros» que las construyeron fueron los propios republicanos presos de los ganadores de la guerra civil. Presos también estaban ingenieros y personal cualificado que hubieron de colaborar en la dirección de las obras —aún cuando su nombre no figure en las memorias de dicha construcción—.
Otra cuestión importante a tener en cuenta sobre lo relacionado con el trabajo de penados-trabajadores en las obras de regadío en la zona de Talavera, es el hecho de que intervengan en ellas dos entidades del nuevo Estado Español. Por un lado una dependiente del Ministerio de Justicia, el «destacamento Penal Presa del Alberche», a través de la entidad creada para poder explorar el trabajo de los defensores del régimen republicano en la guerra civil, ahora prisioneros: el Patronato de Redención de Penas por el trabajo. Por otro lado, otra dependiente de Presidencia del Gobierno: la 3.ª Agrupación del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas. Si bien esta también recibía a los penados del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, era Presidencia del Gobierno quien la controlaba. Aparte del control de las mismas, la principal diferencia entre ambas radicaba en el hecho de que la colonia estaba militarizada y el destacamento no (la colonia estaba dirigida por militares y vigilada por ellos y el destacamento por funcionarios de prisiones exclusivamente). Estas organizaciones le permitían al Estado franquista la posibilidad de realizar unas obras públicas que le interesaban pero que no eran rentables de ejecutar a ningún contratista que utilizara mano de obra libre, y a su vez repartir las «porciones del pastel» correspondientes entre sus dos distintos Ministerios (de Presidencia y de Justicia). Pero ¿qué posibilitaba, finalmente, el poder realizar estas obras no rentables? Sin lugar a ninguna duda el hecho de utilizar mano de obra muy barata, es decir los prisioneros de guerra republicanos; eso si, a cambio de redimir pena mediante el trabajo. Trabajo durísimo, sobre todo para una población reclusa muy desnutrida y víctima de un trato muy malo en las prisiones tras el fin de la guerra. Esta situación era rentable bajo todos los puntos de vista, no sólo por la cuestión del trabajo ya mencionada, si no por la situación de alivio que suponía para las cárceles españolas abarrotadas tras el final de la guerra civil. Además permitía el adoctrinamiento de los derrotados «equivocados» en la moral nacional-católica mediante  la férrea disciplina del trabajo.
En el caso de las obras hidráulicas del río Alberche en la zona talaverana, se da la circunstancia de que fueron planificadas y comenzadas durante el período republicano. Cierto es que ya en tiempos de la Dictadura del general Primo de Rivera se contempló la posibilidad de llevarlas a cabo, pero es en la época republicana cuando se realizan estudios, se planifican y se comienzan. No deja pues de ser irónico que fuesen los propios republicanos quienes, a la fuerza, las construyesen.
Como ya se ha explicado, fue el Destacamento Penal Presa del Alberche el encargado de construir la presa que sirvió para derivar el canal que construyó la 3.ª Agrupación del Servicio de Colonias (la conocida popularmente como colonia de Talavera). El primero lo hizo para una empresa privada, la de Vicente Nicolás, la segunda para ella misma que funcionaba como si de una empresa del Estado se tratase. Lo realmente común entre ambas fue el hecho de que los obreros venían del mismo lugar: las cárceles franquistas a través del sistema de Redención de Penas por el Trabajo, es decir, se trataba de los presos republicanos vencidos en la guerra civil. Se podía acabar en uno u otra de forma indistinta, tan solo el Destino obraba al respecto. No he conocido a ningún penado que estuviese en un destacamento y en una colonia, aunque seguro que los hubo, pero si a alguno que pasó por dos colonias penitenciarias.
Una vez mediados los trabajos se comenzó a utilizarlos para la puesta en riego provisional de las zonas afectadas por dichas obras, sirviendo para incrementar su rentabilidad de forma progresiva hasta su definitiva conclusión. No cabe la menor duda, como ya entendieron aquellos que las pergeñaron, de que sirvieron para acrecentar la riqueza en la zona Talaverano-calerana, y que contribuyeron a su general desarrollo, y aún hoy tantos años después el canal sigue regando las fincas, y de su presa, además, se toma agua para surtir los hogares de Talavera de la Reina tras ser debidamente depuradas. Es sin duda de necesidad conocer los pormenores de su planificación, saber quienes y en que circunstancias las realizaron para conocer la realidad (la auténtica Historia), a fin   de que puede ser totalmente asumida. No oculto también mi intención de que sirva de pequeño homenaje a aquellos hombres que dejaron aquí su juventud, o bien una parte de su vida cuando no toda cavando, haciendo hormigón, tirando  de una vagoneta o ayudando en las labores propias de la ingeniería sin   ningún tipo de reconocimiento. Este último fue el caso de uno de los ingenieros más prestigiosos de la anteguerra: Julio Diamante Menéndez; quien «ayudó» en la dirección de estas obras desde la colonia penitenciaria hasta morir «al pie del cañón» casi en la misma obra, sin que aparezca reflejado su nombre ni recibiese ningún tipo de reconocimiento. Pero es que todos ellos habían cometido el grave delito de haber permanecido fieles a la legalidad republicana tras la sublevación de 1936. Todos estos miembros del vencido y desarmado «ejército rojo» resultaron ser una magnífica y barata mano de obra para realizar estas importantes obras públicas.
Por otra parte dichas obras resultaron fundamentales para el desarrollo de la comarca talaverana, que en pocos años vio como el nivel de vida de la población subía de forma notable. Esto nos indica el tino de aquellos que las planificaron. Planificación que iba complementada de la acción de la reforma agraria republicana de 1932, y que una vez acabada la guerra civil, tras la derogación de  la legislación republicana, fue la acción de la leyes agrarias franquistas (de carácter mucho menos progresistas que las anteriores) la que sacaría provecho de ellas a través del Instituto Nacional de Colonización. Sin duda contribuyeron    a estabilizar la situación del régimen  del  general Franco  en  la  década de  los 50 que vería el camino más expedito que en la década anterior hacia el desarrollismo.
Pero con independencia de todos los avatares políticos descritos, esta presa, canal y red de acequias aún hoy siguen funcionando e irrigando la fértiles tierras de la vega talaverana en el bajo Tajo en la que siguen generando riqueza.


5.     BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES



Archivos

Archivo General Militar de Ávila.
Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Archivo General Militar de Guadalajara.
Archivo Municipal de Talavera de la Reina. Archivo del Registro Civil de Talavera de la Reina. Archivo de la Confederación Hidrográfica del Tajo. Archivo de la Diputación de Toledo.


Bibliotecas


Biblioteca Nacional de Madrid.
Biblioteca de Castilla la Mancha de Toledo.
Biblioteca Municipal José Hierro de Talavera de la Reina. Biblioteca del Archivo General Militar de Guadalajara.


(estudio publicado en la UNED. Espacio, Tiempo y Forma; serie V, Historia Contemporánea; año 2013).