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domingo, 29 de marzo de 2020

Presentación del libro "Los campos de concentración de Franco" de Carlos Hernández de Miguel


Penguin Random House
Grupo Editorial.

El pasado mes de febrero, organizado por la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, Carlos Hernández de Miguel presentó su libro "Los campos de concentración de Franco" en la biblioteca del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, por cortesía del programa cultural de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena "Cartagena Piensa". 
El acto lo introdujo el historiador, investigador y colaborador de eldiario.es, Víctor Peñalver,  autor de un trabajo muy interesante sobre la utilización de prisioneros republicanos en las obras del pantano del Cenajo y desde 2015 empezó a promover la inclusión de monumentos a los deportados en los campos de concentración nazis en  todos los Ayuntamientos de la Región que tuvieran vecinos represaliados en los mismos. Con motivo de esta iniciativa ya son 14 municipios los que han homenajeado a sus paisanos deportados a estos campos de la muerte, entre ellos Cartagena, donde nos satisface tener un precioso monumento en la confluencia de la calle Ronda con la calle Carlos III, detrás justo del Instituto Jiménez de la Espada, lugar que, a su espalda también, luce un mural que alude al mismo asunto.


Carlos Hernández (izquierda) y Víctor Peñalver.

Carlos Hernández de Miguel es periodista y experto en comunicación empresarial y política. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, inició su carrera profesional en Antena 3 Televisión como cronista parlamentario en el Congreso de los Diputados. Posteriormente ejerció de corresponsal de guerra en diversos conflictos internacionales, como Kosovo, Palestina, Afganistán o Iraq.  En 2015 publicó su primer libro, Los últimos españoles de Mauthausen (Libro que también presentamos en Cartagena, dos años atrás). En la actualidad colabora con publicaciones y diarios digitales como la revista Viajar Eldiario.es.

























Carlos nos presentó, de manera muy didáctica, dinámica y clara, una historia muy dolorosa de la historia de España, muy poco conocida, tras un trabajo de investigación exhaustivo y riguroso que satisfizo todas las expectativas que ofrecía la presentación. Manifestó a la sala, repleta como se puede ver en las fotografías, que se habían localizado casi 300 campos de concentración franquistas (y todavía quedan algunos por localizar, por ejemplo, habló de uno en La Unión que aún no había sido encontrado) y que habían pasado por ellos entre 700.000 y un millón de prisioneros (imposible de dar una cantidad aproximada) de los cuales hubo 10.000 víctimas directas e incontables  indirectas (personas que mandaban a sus casas justo antes de morir, enfermedades y calamidades como consecuencia de las estancias en esos campos, etc.).
Era imposible hacer un recorrido por todos los campos del territorio nacional, por eso  enunció los más duros, entre los que se encontraba el de Albatera (a 85 kilómetros de Cartagena, en la Vega Baja del Segura) o el campo de los Almendros, muy cerca de la ciudad de Alicante, como símbolo del hambre. En Cartagena nos habló del campo concentracionario  compuesto por tres fortalezas: La Atalaya, San Julián y Fajardo que operaron como tal desde abril a noviembre de 1939 y después pasaron a ser recintos penitenciarios.
El interés del libro lo reflejan las siguientes frases sacadas del mismo:
"España sigue siendo un país al que le han robado la Memoria y le han falseado su Historia. Es una  nación en la que, de alguna manera, todos estamos enfermos. Enfermos de una amnesia perfectamente programada que nos ha provocado numerosos efectos secundarios".
"Quienes crecimos en democracia o nacieron en ella también somos víctimas. Víctimas de un engaño masivo, de una educación adulterada, de un Gran Hermano que nos negó la verdad y nos empujó a poner en el mismo nivel a los asesinos y a los asesinados, a los carceleros y a los presos políticos, a la División Azul y a los Aliados, a los totalitarios y a los demócratas".
"Los distintos poderes de la Transición nos quisieron convencer de que no había que mirar al pasado. A cambio de la impunidad jurídica e histórica para los verdugos y para el olvido  y la humillación para sus víctimas, nos devolvían algo que ya era nuestro y que, simplemente, nos habían robado muchos años atrás: nuestra libertad".
"La dictadura franquista, con la complicidad de la posterior monarquía constitucional, lleva ochenta años intentando escapar del juicio histórico que tiene pendiente. Y lo está consiguiendo".
"Este libro quiere ser una prueba más de que, por mucho que lo han intentado, nunca conseguirán robarnos La Memoria, La Verdad y, en definitiva, La Historia".

Damos las gracias a Carlos por devolvernos una parte importante de esa historia que nos han querido esconder, que siguen queriéndonos esconder, porque rememorando estos hechos silenciados durante el franquismo y olvidados durante la transición y gran parte de nuestra enferma democracia, no se abren aquéllas heridas que aún no se han podido cerrar y tampoco se puede pasar página de un libro que ni siquiera ha podido abrirse. Se está dando, sin embargo, justicia y dignidad a la víctimas del franquismo que durante más de ochenta años la siguen esperando.

miércoles, 13 de febrero de 2019

MEMORIA DE LUZ (Homenaje deportados cartageneros a los campos nazis)




Del asombro a la admiración.
Esas fueron las emociones despertadas por el descubrimiento el 8 de febrero del monumento a los cartageneros deportados a los campos nazis, mandado erigir por el Ayuntamiento de Cartagena a instancias de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena.

Nati Serrano, la joven escultora artífice de este monumento nos explica la interpretación de esta escultura.
"MEMORIA DE LUZ: Dos cuerpos prismáticos de base triangular, plegadas hasta casi cerrarse, dejan aún, en una de las tres caras, una ligera abertura que atraviesa los dos cuerpos. 
Es línea divisoria entre libertad y cautiverio, entre vida o muerte.

El padecimiento sufrido en los campos de concentración nazis por los cartageneros considerados apátridas, con nombres y apellidos, que llevaron los mismos triángulos inscritos en el cuerpo superior con la "S" de Spanier en el centro, es un episodio oscuro a iluminar.
La luz retroilumina el interior de los cuerpos y los triángulos desdibujados que ascienden hasta desaparecer en "el cielo"de la escultura.

La luz, siempre la luz de la esperanza, de la libertad, de la fraternidad, de la vida, iluminando memoria, razón e historia".

De este modo, la artista, conocida en nuestra ciudad por su trabajo como profesora de la Universidad Popular, ha plasmado sus impresiones acerca de este terrible episodio de nuestra historia reciente, en una genial escultura con la que el municipio cartagenero honra la memoria de estos luchadores republicanos, de estos defensores de la libertad, cuyos nombres podemos leer grabados en este monumento ubicado en la confluencia de las calles Ronda y Carlos III, y que, tras ochenta años de silencio, nos enorgullecemos de haber rescatado del olvido.


La presidenta de la MHC, Pepa Martínez López, la alcaldesa de Cartagena,
 Ana Belén Castejón, Hernández, y la escultora Natividad Serrano Jiménez
En un emotivo acto en que contamos con la presencia de más de doscientas personas, se escucharon las intervenciones de Ana Belén Castejón, el cronista de la ciudad Francisco José Franco Fernández, acompañado por dos alumnas del IES Ben Arabí, Pepa Martínez, presidenta de la ASOCIACIÓN MEMORIA HISTÓRICA DE CARTAGENA, la sobrina nieta del deportado Agustín Soto, y de Mateo Ripoll, Juan Fardo y JATE, autores del mural plasmado en el muro del IES  Jiménez de la Espada, dedicado también a los deportados.

Queremos agradecer también la presencia de la familia de Joaquín Jerez Moreno, quien murió a los 28 años en diciembre de 1941, en el campo de concentración de Gusen y que, aunque vivió parte de su vida en Cartagena, por razones de nacimiento, no aparece en el monumento. Sirva para él también  este merecido homenaje.

De los discursos pronunciados durante el acto de inauguración, reproducimos aquí la intervención que se llevó a cabo en nombre de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena:

Me dirijo a ti, cartagenero deportado, deportado anónimo, como exponente de todos los deportados cartageneros cuya memoria, hoy, hemos venido a honrar.

Luchas por defender tu país de quienes perpetraron, para subvertir el orden, un  golpe de estado de sangrientas consecuencias.
Luchas por defenderlo de la injerencia extranjera de  nazis y fascistas, que ayudan a los golpistas en su propósito de derrocar un gobierno legítimo.
Huyes de tu tierra, en un afán por salvar tu vida, de escapar de la feroz represión de esos franquistas, de esos nazis, de esos
fascistas…
Llegas, huyendo del horror, junto a otros republicanos y republicanas, a otro país, esperando que la autodenominada patria de las libertades, te acoja con los brazos abiertos.
Y allí, te internan en un campo de refugiados, un campo de refugiados en que muchos de tus compañeros y compañeras perecen por las malas condiciones que tenéis que soportar. La sed, el hambre, el frío, las enfermedades… se ceban en ti y en quienes te rodean… has salido de un infierno para acabar en otro; así sufres y
padeces por haber sido, desde hace tres años, un defensor de la República Española, un defensor de la Justicia, un defensor de la Libertad…
Europa se estremece ante la amenaza del Tercer Reich; empieza a caer, poco a poco, bajo la invasión de esos nazis, de esos fascistas que, anteriormente, invadieron y devastaron España. Y tú no puedes permanecer al margen en estos momentos, tienes que ayudar a derrotar a ese mismo fascismo que te derrotó, a ti y a tus compatriotas, tienes que contribuir a impedir que la amenaza negra
se extienda más…

Participas en una de las compañías de trabajadores, compañías españolas que emprenden el reforzamiento, la defensa contra el invasor, que construyen la línea Maginot, que asesoran al ejército resistente; participas, como miembro activo, en la Resistencia Francesa…
Tras un tiempo de lucha, caes prisionero de los nazis y eres conducido a un campo de prisioneros, que pasa a ser, después,  campo de concentración; no eres un prisionero acogido a los
acuerdos de la Convención de Ginebra, no. Por orden de Franco, quien años más tarde será honrado con la medalla de oro de tu ciudad, el cartagenero Ramón Serrano Suñer, que después recibirá el título de hijo predilecto de la misma, te niega tu identidad como español, te desposee de tu nacionalidad, y al ser declarado apátrida, te conviertes en esclavo de los nazis.
Algunos de vosotros no pudisteis sobrevivir a los padecimientos;
otros, después de sufrimientos sinfín, llegasteis al momento de la liberación de los campos; pero no acabó ahí vuestro calvario, no; rescatados del cautiverio, pero sin posibilidad de volver a vuestra tierra; alejados de vuestra familia, de vuestras amistades, de vuestra Cartagena…
Ahora sí se reconoce el valor de vuestra lucha, la importancia de ella para la liberación de la bestia negra del fascismo; muchos de los supervivientes habéis sido acogidos por una nueva patria, una nación que os honra agradecida por el papel que desempeñasteis en su rescate, pero sigues añorando tu país, tu patria de origen.
Hoy, tras 80 años de olvido, reconocemos tu lucha por la libertad, tu defensa de la República Española, y el municipio de Cartagena te honra erigiendo este monumento en tu honor, en honor de esos 57 cartageneros
que fuisteis deportados a los campos nazis como castigo por haber luchado en la defensa de la legalidad, de la justicia y de la libertad.
Se encuentran aquí, y van a decir unas palabras, los representantes de las familias de  Agustín Soto Sánchez y de Máximo Fernández Benavente, a quienes nos costó mucho trabajo, pero logramos localizar. También localizamos a Jorge, el nieto de Victoriano Gómez Manresa, que por un grave percance de salud no ha  podido estar presente, pero sabemos que estará, desde Barcelona, pensando en este acto.

Gracias al Ayuntamiento de nuestra ciudad por este homenaje, gracias a las instituciones, a los partidos políticos y las asociaciones ciudadanas, que han enviado sus representantes a este acto, gracias a todas las personas aquí presentes, que han venido a honrar la memoria de estos republicanos cartageneros, gracias a los músicos que han interpretado esta sentida y emotiva melodía; gracias a Mateo Ripoll, a Juan Fardo y a JATE,  que han ejecutado este
mural, que ahora nos explicarán… pero gracias, sobre todo, a vosotros, a estos 57 deportados, que hoy hemos venido a homenajear. Siempre en, por y para la Libertad.











miércoles, 25 de octubre de 2017

Los últimos españoles de Mauthausen y Deportado 4443

Carlos, Ioannes, Víctor y Pepa.
El pasado 23 de octubre en la biblioteca del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy la Asociación Memoria Histórica de Cartagena junto con la concejalía de cultura del Ayuntamiento de Cartagena organizamos un acto de presentación del comic “Deportado 4443”. El acto tuvo como ponentes a los autores del libro, Carlos Hernández e Ioannes Ensi (Juan Espadas), junto con el joven historiador murciano Víctor Peñalver, presentados los tres por la presidenta de la Asociación, Pepa Martínez.
Con la directiva de la Asociación.
Muy aceptable presencia de público.
Después de la presentación de los ponentes por Pepa, a los que agradeció su presencia (así como al concejal de cultura David y, de manera especial a Alina Ortiz, familiar de dos de los deportados, que vino de Águilas para el acto), tomó la palabra Víctor Peñalver para señalar la importancia de conocer la Memoria tanto tiempo sustraída (todavía lo está) a los que vivieron la guerra civil y  la posguerra, y a las generaciones posteriores a ellas. Expuso que su iniciación en el estudio memorialista tuvo lugar con el “centro de trabajo para presos políticos” del pantano del Cenajo.  Lo que más le llamó la atención de este sitio es que sólo se conociera como un lugar de recreo, en el que cómo única manifestación de su creación fuera una placa de inauguración por el sanguinario  generalísimo Franco y que nada mencionara del trabajo realizado por los republicanos represaliados por el mismo dictador. A este historiador le tenemos que agradecer, no sólo su presencia en el acto sino también, el habernos puesto en contacto con los autores del libro motivo de este acto. Gracias a su apoyo, entre otras más personas, como es lógico, también se han podido reconocer (o están aprobados en los plenos de los distintos ayuntamientos hacerlo) a los deportados nativos de las localidades siguientes: Molina del Segura, Calasparra, Cehegín, Moratalla, Bullas, Caravaca, Jumilla, Águilas, Mula, Murcia y Cartagena (si bien, con anterioridad ya se había hecho en Yecla, La Unión y Mazarrón).
Con la presencia del concejal de cultura.
Antes de la exposición del libro, el guionista Carlos Hernández, explicó cómo surgió la idea de dar a conocer a través de las redes sociales,  Twitter entre ellas, la experiencia de uno de los deportados (el 4443, qué resultó ser su tío, Antonio Hernández Marín y natural de Molina del Segura). Después presentó y agradeció al ilustrador Ioannes su trabajo y el haber ofrecido una idea genial en la divulgación de este acontecimiento de la historia de casi 10.000 españoles deportados a los campos de concentración nazis, que han estado (y todavía están) en el más absoluto anonimato y en el más escandaloso de los olvidos. Y de eso  trata este trabajo, de llegar al mayor número posible de gente y, sobre todo, para que no se olvide, con la intención última de subsanar  esa deficiencia cultural,  como es el desconocimiento de nuestra historia más reciente. Ioannes expuso la gran cantidad de tiempo que tuvo que dedicar a la observación de una ingente cantidad de testimonios y de fotografías para realizar las ilustraciones que más fehacientemente reflejaran la realidad de lo que se quería exponer. Juan nos mostró su gran sensibilidad cuando expresó que había hasta llorado al realizar su trabajo, y su gran humildad cuando quiso trasladar, casi en exclusividad, al guionista el mérito del libro (humildad que fue resaltada por este último). Carlos también resaltó las lagunas gráficas de los campos de concentración nazis, lagunas que en parte quedan tapadas con el esfuerzo de Ioannes.
Seguidamente Carlos pasó a exponer, a través de un cañón de proyección, el contenido del trabajo: explicando en primer lugar la procedencia de estos deportados (aunque todos procedentes del exilio español en Francia, hubo tres líneas de reclutamiento hacia
70 cartageneros deportados,
40 no regresaron.
  esos campos: alistamiento en la Legión Extranjera Francesa,  los guerrilleros que lucharon en la Resistencia francesa y  la columna de civiles del denominado “convoy Angulema” procedentes de los campos de refugiados del sur de Francia), pero lo más importante de su exposición fue la demostración de la responsabilidad del fascismo español en  estas deportaciones, y más concretamente en las del mismo Franco y del “cuñadísimo” Serrano Suñer.

Alina.
Carlos resaltó también la presencia de Alina, por lo duro que tiene que resultar imaginar como su padre y su tío, Gonzalo y  Antonio Ortiz Crespo, respectivamente, se quitaron la vida lanzándose contra las alambradas electrificadas que rodeaban el campo de concentración de Mauthausen (el llamado campo de los españoles).

Nos transmitieron también la necesidad de conocer esta historia, que para otros lugares, para Francia, para Bélgica, Inglaterra e incluso para Alemania es normal recordarlo, es normal homenajear a sus héroes (y nuestros deportados son héroes porque lucharon por nuestras libertades) y, precisamente por eso, ese gran trauma lo han superado. Para los pocos supervivientes que quedan de estos deportados españoles, ya lo de menos  es su reconocimiento  (que evidentemente se merecen),  lo que más interés tiene para ellos es  el conocimiento de estos hechos, el que no se olviden. Simplemente por ellos, ya merece la pena no olvidar, se lo debemos. Es incomprensible e intolerable el que, con mayorías absolutas que ha tenido el PSOE,  no se haya hecho aún, cuando deberían estar, hace ya mucho tiempo,   en los libros de texto, desde que el golpe de estado dejó de ser un peligro.







sábado, 13 de octubre de 2012

Leonesas en el infierno nazi

Más de 400 mujeres españolas padecieron la tortura inimaginable de Ravensbrück, el campo de concentración más perverso de la II Guerra Mundial


Prisioneras en el campo de Ravensbrück




Diario de León, 08/10/2012

Más de 400 mujeres españolas padecieron la tortura inimaginable de Ravensbrück, el campo de concentración más perverso de la II Guerra Mundial. Hubo dos leonesas; de Adrienne Calderón, originaria de Lugán, no queda ni rastro desde 1945; de Ángela Cabeza, nacida en la Cepeda, ha trascendido una escalofriante historia, que su hija relata hoy desde una pequeña comuna francesa.
La puerta se abría directamente hacia la plaza del campo, donde seguía la avenida desde la que se hacían las llamadas. En un gran edificio estaban las duchas, la cocina, los despachos del jefe de seguridad y los vigilantes, los calabozos y, bien visible, la chimenea de un gigantesco horno crematorio. En un estrecho pasillo con las paredes salpicadas de sangre se construyó más tarde la cámara de gas. Así era Ravensbrück, el campo de exterminio más grande de Alemania levantado especialmente para mujeres. Se encontraba a unos90 kilómetrosde Berlín, en un lugar pantanoso. Allí se hicieron experimentos médicos, se prostituyó a miles de mujeres y también miles de ellas fueron fusiladas, ahorcadas, gaseadas o tuvieron que trabajar hasta la muerte.
Se calcula que entre 1939 y 1945 pasaron por Ravensbrück y sus campos satélites más de 132.000 prisioneros, entre mujeres, hombres y niños de 40 nacionalidades diferentes. 40.000 de ellas sobrevivieron a aquel infierno, pero el impacto físico y psicológico que padecieron durante años provocó una actitud de mutismo y omisión. «Ella nunca nos contó mucho acerca de su deportación. Sabemos que con sus camaradas fue inefable; las mujeres debían soportar la vida, una vida que les habían arrebatado, pero que vencieron con empeño, fraternidad y solidaridad. Y aunque fue duro, muy duro, estas mujeres resistieron», relata Marie-France Cabeza-Marnet, hija de Ángela Cabeza Rodríguez, leonesa que salió con vida de aquel sufrimiento inimaginable. Originaria de Magaz de Cepeda, sobrevivió al holocausto, pero jamás contó nada a los suyos y les prohibió visitar el campo, recuerda la mayor de sus tres hijos. El segundo nombre de mujer leonesa registrado en los archivos de Ravensbrück —este impronunciable nombre significa en alemán ‘puente de los cuervos’— es el de Adrienne Calderón, según los datos del censo lanzado recientemente por el Ministerio de Justicia, nacida en Lugán el 10 de julio de 1913. De ella no existe ni rastro. En los papeles de la resistencia francesa a los que ha tenido acceso este periódico, el nacimiento de Adrienne —en el exilio era habitual afrancesar el nombre o cambiarlo para evitar represalias a los familiares en España— figura en Perpignan, por lo que su caso abre muchas incógnitas. De Adrienne, que actualmente tendría 99 años, sólo se sabe que entró en el campo de concentración en 1945 y después fue deportada a Helmbrechts, comando principalmente de mujeres, situado en Baviera, que trabajaba para la planta de tejidos Josef Witt, para después ser trasladada a Holleischen, donde las mujeres detenidas trabajaban para la firma de municiones Skoda.
Prisioneras en el campo de Ravensbrück

Este periódico ha localizado a los descendientes de la leonesa Ángela Cabeza Rodríguez en una pequeña comuna francesa situada en la región denominada Isla de Francia, departamento de Essonne, a23 kilómetrosde París. Ángela llegó a esta pequeña villa en los primeros años 30 de la mano de su abuela Marcela Carro; sólo llevaba consigo eso y una adolescencia vivida en la adusta Cepeda leonesa. Su padre era Florencio Cabeza (1883, Revilla, Cantabria), «un hombre que viajó extensamente movido por contratos en el Canal de Panamá, Cuba, Los Ángeles, Argentina… Eso le permitió alimentar a su gran familia de ocho hijos, dos de los cuales nacieron en Francia», recuerda la biografía que Marie-France ha ido recabando con el paso de los años. Como en muchos otros casos, pese a que su madre sobrevivió a la tortura nazi, nunca habló a sus hijos del pasado. La madre de Ángela era Feliberta Rodríguez (nacida en 1895), natural de Magaz de Cepeda. De allí partieron hacia Francia años antes de que empezara la Guerra Civil española sin saber que, finalizada ésta, la Segunda Guerra Mundial iba a abrir una herida permanente en esta familia.
Ángela, desde muy joven, se adhirió a los movimientos de jóvenes antifascistas (Rouge Union des Jeunes Filles de France) y participó a partir de 1940 en la resistencia contra la ocupación nazi en el seno de esta organización juvenil, algo que hicieron otras muchas españolas que se encontraban en Francia. Tuvo que dejar la escuela para ayudar en la economía familiar y compaginó su lucha clandestina contra el fascismo con un trabajo en el salón de vinos Bercy, donde su principal tarea consistía en lavar botellas. Más tarde trabajó en la chocolatería Jacquin. Allí empezó su vínculo con los movimientos obreros hasta convertirse en la responsable de la organización del resistente Front National (Frente Nacional), con el grado de sargento. «Tras la derrota del ejército francés y la ocupación alemana en Francia es natural que participara en las acciones contra los nazis», recuerda su hija a través de varios email intercambiados durante los últimos días, en los que cuenta detalles tan emotivos como que uno de los pocos recuerdos que su madre mantuvo cuidadosamente conservado durante toda su vida fue un colgante que ella misma bordó en sus primeros años de cautiverio.
Cuando el ejército de Hitler empezaba a tomar el territorio francés, Ángela participaba en reuniones clandestinas, principalmente en una casa cerca de la estación d’Epinay sur Orge, y distribuía octavillas por todo el departamento, participando en acciones prohibidas en el entorno de París.
La policía francesa le tendió una trampa el 23 de marzo de 1941. Fue detenida y encarcelada en Corbeil, antes de ser transferida a Fresnes. Los tribunales franceses y alemanes la condenaron por infracción del decreto del 26 de septiembre de 1939, por la publicación, circulación, distribución y difusión de todo tipo de material clandestino. Cumplió condena, pero no fue liberada. El 13 de mayo de 1944, el convoy 1212 la trasladó a un infierno que duraría prácticamente un año. Llegó a Ravensbrück cinco días después de salir de Francia. En ese mismo convoy iban otras muchas mujeres, entre ellas la activista francesa Tillion Germaine. «Se convierte en una pieza que lleva el número 39144, el cual debe aprender de memoria en alemán para evitar riesgos durante las llamadas. Ahí supo lo que era la humillación, la deshumanización, el miedo, pero también la solidaridad, la dignidad dentro de la indignidad».
Cuando Ángela entró en Ravensbrück, la fama de este campo ya era brutal. A la monstruosidad que se podía vivir en cualquier campo concentracionario de hombres, en éste había que sumar los horrores propios que padecieron las mujeres por su simple condición femenina, caso de los experimentos médicos para probar sustancias químicas contra infecciones, esterilizaciones, métodos para el transplante que incluían mutilaciones, violaciones, prostitución, etcétera. «Jamás nos habló de Ravensbrück y además nos prohibió ir», narra uno de los escritos de Marie-France.
En este campo, Ángela realizó trabajos forzados. Todas las internas eran obligadas a trabajar, principalmente en las explotaciones agrícolas y la industria local. Fueron muchísimas las empleadas para construir piezas de los cohetes V-2, dentro de la factoría de Siemens AG. Aprovechando la mano de obra barata, fueron construidas varias factorías cerca del campo de exterminio, principalmente para producir componentes textiles y eléctricos. A partir de 1944, Ravensbrück se había convertido en el centro administrativo de un sistema de más de 40 subcampos, con alrededor de 70.000 trabajadores forzosos, mayoritariamente mujeres.
Ángela fue asignada a transportar piedras para construir carreteras. Su hija Marie-France envía una fotografía de la gigantesca rueda de piedra que aún se conserva entre las ruinas del campo, con la que molían el balasto sobre el que se levantaron las autopistas alemanas. «Pero Ravensbrück fue sólo un paso. Mi madre fue trasladada al campo de concentración de Flossenbürg, en Checoslovaquia. Eran campos de muerte lenta. Trabajó para Siemens, que utilizaba a los deportados para producir al menor coste posible: los trabajos abusivos y las escasas raciones de comida estaban hechas para eliminar en unos meses a la mayoría de los deportados». Ángela fue penalizada en varias ocasiones por sabotear la maquinaria y los componentes y provocar retrasos en la producción. Esta parte de la vida de la resistente cepedana se ha conocido gracias a un documento que una de sus amigas, Fourel Claudine, compañera de mesa en la planta de Siemens, entregó a sus hijos después de años.
Ángela Cabeza fue liberada por el ejército ruso el 8 de mayo de 1945. Poco antes de concluir la II Guerra Mundial, la Cruz Roja Internacional, con la colaboración de Suecia y Suiza, intercedió ante las autoridades nazis para salvar a cuantas presas de Ravensbrück pudieran. Consiguieron evacuar a estos países a unas 7.500 prisioneras cuyo destino era una muerte segura. Otras 20.000 mujeres, las que físicamente tenían fuerzas para caminar, fueron dirigidas por las SS hacia el norte de Meckenburg en lo que se conoce como Marcha de la Muerte. El ejército ruso liberaría a esta columna humana horas después y, cuando llegaron a Ravensbrück, quedaban alrededor de 3.500 mujeres y 300 hombres desnutridos, enfermos. Se sabe que Ángela fue enviada a la región francesa de Longuyon y la recibieron en Lutetia, el 19 de mayo de 1945.
Las secuelas quedaron para ella. Con la ayuda de la Federación Nacional de Deportados, Ángela fue ingresada en un hospital para reponerse y reintegrarse socialmente. A partir de entonces, esta organización la empleó como trabajadora social en una clínica parisina. Su paso por la barbarie del fascismo, lejos de aterrorizarla, le dio fuerzas para continuar la lucha política en defensa de sus ideales. Se unió al Partido Comunista con la comunidad española, que era muy activa en la clandestinidad en Morsang sur Orge. Allí organizaban reuniones periódicas y recibían a familias exiliadas.
Tres años después, en 1948, Ángela se une al Centro Jean Moulin, propiedad de la federación de deportados. Allí conoció al ex guerrillero republicano Francisco Martín Prieto —Enrique Martín Sierra, en realidad—, que trabajaba como jardinero en el castillo propiedad de la federación. Hasta 1953 vivieron en este palacete, donde tuvieron tres hijos: Marie-France (1948), Enrique (1950) y Aline Daniele (1953). Ángela Cabeza Rodríguez falleció en una clínica de Fleury Mérogis el 21 de diciembre de 1992, «día de invierno que le horrorizaba».
http://www.diariodeleon.es/noticias/afondo/leonesas-en-infierno-nazi_732099.html

lunes, 19 de marzo de 2012

Campo de concentración Miranda de Ebro (1937-1947) Burgos

Campo de Concentración Miranda de Ebro
Las Merindades Febrero 2012

Como casi todo el sistema represivo carcelario de Burgos el Campo de Concentración de Miranda de Ebro se desarrolla con la caída del frente norte en 1937. Miles de soldados son copados y detenidos junto con cientos de civiles y huidos, hasta entonces se les fusilaba (asesinaba).  Inicialmente hubo que alojarlos en prisiones provisionales como conventos, colegios, teatros… donde vivían en condiciones inhumanas, hacinados y desatendidos. En Miranda, tras tener a los prisioneros en la plaza de toros y en la azucarera, se llevan al C.C., que ellos mismo tienen que seguir levantando y acondicionando.
La condición de encrucijada de caminos y  nudo ferroviario de Miranda de Ebro facilitaba su accesibilidad, siendo sus comunicaciones inmejorables. Así, quizás se trate del campo de concentración de Miranda más importante de los que se establecieron, tanto por su volumen como por ser el mayor centro clasificador de prisioneros, incluso después de la guerra. El emplazamiento del C.C. de Miranda contaba con la presencia del ferrocarril a escasos metros y por otro lado del mismo el río Bayas
Creado en 1937, se sitúa en los terrenos de la fábrica Sulfatos Españoles S.A, además también se requisaron otros terrenos de cultivo de hasta conseguir una superficie total de unos 42.000 m.  Se procedió a alambrar el terreno y a instalar garitas. Se habilitó el edificio de oficinas de la antigua fábrica para el regimiento encargado de la dirección.  Entre el material que se requisó para levantar el campo figuraban los carromatos de un circo American Circus que estaba parado por  la guerra. Con ellos se hicieron los primitivos barracones y edificios del campo. Se  conservan escasos restos del campo y los terrenos en los que su ubicó,  un pequeño recorrido marginal junto a la vía del tren.  Los restos no son del campo, sino  barracones auxiliares que pertenecían a la compañía de escolta. Unos muros y unos lavaderos sirven de referencia a la hora de ubicarlo sobre el terreno. El depósito de aguas y la base de una  garita son también ruinas reconocibles..
Prisioneros republicanos a su llegada al campo de concentración

CONDICIONES DE VIDA EN EL CAMPO
Durante  una década pasaron 80.000 prisioneros, hasta que se clausuró en 1947, de ellos  alrededor de 15.000 extranjeros, muchos de ellos refugiados franceses. El máximo de presos que hubo fue de 4.200, lo que generó una huelga de hambre en el 43. La capacidad del campo estaba cifrada en unas 1500 personas, pero pronto se excedió ese límite, lo que deterioró las condiciones de vida de esos hombres, a lo que hubo que añadir que las instalaciones que tenía el campo en la época inicial  eran ruinosas: no se contaba ni con letrinas; el frío y la humedad de los barracones minaban la salud de los prisioneros, e incluso un barracón llegó a hundirse hiriendo a 150 personas durante el Invierno de 1937. Posteriormente  las instalaciones fueron mejorando, en Agosto de 1938 ya había nuevos barracones hechos de ladrillo con más capacidad y “comodidades”.  Un problema grave era el abastecimiento de agua ya que durante todo un año los miles de prisioneros que había contaron para su higiene con una sola fuente, en la que eran frecuentes las colas, Algunos murieron por miranditis, como llamaban a una enfermedad que desarrollaban al beber agua sin filtrar del río.
Otro rasgo importante de la represión que sufrieron los prisioneros republicanos fue el intento de conversión: el capitán del campo y el capellán arengaban casi todos los días instando a las maravillas que haría el Generalísimo y la paz que traería, insultando a los desgarradores de la Patria. Eran obligados a cantar himnos falangistas y monárquicos y a saludar con el brazo a la romana mientras, como cada mañana, se izaba la bandera nacional. Si no se atenían a estas normas, o se burlaban al cumplirlas corrían el riesgo de sufrir severos castigos.
También hubo muertos. Fernández  ha localizado 162 oficialmente en los libros de defunción y enterramientos del Juzgado de Miranda, pero hubo muchos más según testimonios de los presos. Hubo intentos de fuga que acabaron con los disparos de los guardias. Los “oficiales” fallecieron por “muerte natural”, es decir, tifus, pulmonía, escorbuto… enfermedades consecuencia de las malas condiciones carcelarias.
Palizas y represión también hubo, especialmente en la primera etapa, la misma en la que los prisioneros eran llevados a Batallones de trabajadores para hacer trincheras y otras obras para el régimen de Franco. Como sucederá en los demás campos, Miranda recibirá solicitudes de diversas procedencias de mano de obra, unas veces por parte de la Diputación Provincial para obras de tipo público, entre las que se cuentan iglesias, cauces de ríos, puentes o carreteras, y otras por particulares, sin vinculación alguna con el interés público.  Los presos hicieron entre otras cosas varios cortafuegos en los montes del entorno, la carretera de San Juan del Monte o la reparación de la quemada iglesia de Santa María.

Prisioneros en Miranda de Ebro

Prisioneros republicanos (1937-1941) El 11 de Septiembre de 1937 había 340 prisioneros en Miranda, su número iría en ascenso ya que continuamente llegaban convoyes de trenes desde el norte cargados de hombres. Al llegar al campo todos los prisioneros eran clasificados para determinar su labor en el mismo o su traslado a otro centro. Dependiendo de los cargos eran incorporados al campo de concentración o a batallones de trabajo. Esa era la pena para los desafectos con y sin responsabilidad. Los criminales eran enviados a prisión y, si el delito era menor,  liberados ante la saturación. Muchos de los prisioneros que llegaban a Miranda marchaban a otros campos o a batallones de trabajo en pocos días, la población variaba constantemente. Para 1941 casi no quedaban españoles.
Prisioneros de las brigadas internacionales (1937- 1944) Los primeros voluntarios internacionalistas conducidos a Miranda fueron los hechos presos en el Frente Norte aunque  todavía no estaban encuadrados en las futuras Brigadas Internacionales . A partir de Abril de 1938, tras la ofensiva de Aragón,  empezaron a reagrupar a los extranjeros dispersos por prisiones, batallones de trabajo y campos de concentración como  el Monasterio de San Pedro de Cardeña en la cercana Burgos.
Es importante destacar el trabajo que la Gestapo : a partir de la visita de Himmler a España en Octubre de 1940 se establecieron oficialmente agentes . Su objetivo era doble, por una parte identificar y detener a espías de los países aliados y por otra repatriar a sus propios campos de concentración a los brigadistas austriacos, checos, rusos y, sobre todo alemanes . El 23 de Octubre de 1941 llegaron por primera vez.  Para finales de 1942, Franco, al ver el nuevo curso que tomaba la Segunda Guerra Mundial comenzó a distanciarse de Hitler y Mussolini. Las visitas de la Gestapo se hicieron menos frecuentes y ya no dispusieron de la anterior libertad para interrogar y repatriar.
Prisioneros del bando aliado (1940-1945). Pasan los años y comienza la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión por parte del Eje de media Europa y sobre todo de Francia, muchos franceses  y otros europeos   que huían de la barbarie nazi (hasta 33.000 personas) cruzaron los Pirineos . Una vez detenidos serían  internados en los campos de concentración del norte peninsular como Miranda.  Es de destacar la presencia de muchos judíos que huyeron de los nazis y;  la curiosa presencia de aviadores ingleses y estadounidenses que eran abatidos en el sur de Francia pasaba a  España.
Presencia de nazis y colaboracionistas (1944-1946) Tras el desembarco de Normandía  y el avance aliado por Francia, unidades del Ejército nazi desertaron y huyeron junto con fascistas italianos y colaboracionistas franceses previendo una represalia.   Como cuatro años antes muchos franceses, cruzaron la frontera hacia España, en busca de la salvación.  Muy pronto hubo fricciones entre los presos de ambos bandos. Los presos fascistas  disfrutaban de  trato benévolo..
Clausura del campo.  Con el traslado en Enero de 1947 de los últimos prisioneros al campo de Nanclares de Oca (Álava), quedó finalmente clausurado. Más tarde, de 1949 a 1953 se convirtió en un centro de instrucción para reclutas, que en 1954 fue desmantelado y ya en la década (1960) siguiente fue instalada en sus terrenos una fábrica de resinas y poliuretanos: Reposa S.A.