martes, 31 de marzo de 2020

Santos Martínez Saura, natural de La unión y secretario personal de Manuel Azaña.

Por cortesía de D. Jose Antonio Muñoz Devesa, al que le damos las gracias, publicamos una reseña  de la vida de Santos Martínez Saura, intentando difundir la figura de un personaje que ha sido injustamente olvidado por su tierra. 


Santos Martínez en un acto político.


OLVIDADO POR LOS SUYOS: SANTOS MARTÍNEZ SAURA

Nadie encarna mejor el dicho popular: ¨Nadie es profeta en su tierra¨, que Santos Martínez Saura. Olvidado por la tierra y el sol que le vio nacer, el testimonio de este célebre personaje queda desterrado a tiempos pretéritos como si de un apestado se tratase.

Santos Martínez Saura nació en la vecina localidad de La Unión, un 13 de mayo de 1909. Santos creció en el seno de una familia acomodada, su padre, Arturo Martínez Murcia fue miembro de la Asociación de Comerciantes de La Unión y desempeñó la labor de concejal en nuestro ayuntamiento por Izquierda Republicana. Hecho que mantendría ligado a Santos y su familia a nuestra querida ciudad.

A mitad de 1920, el joven Santos se marchó a Madrid donde estudiaría medicina en la Universidad Central. Allí, estableció una gran amistad con uno de sus maestros, Juan Negrín, relación que perduraría hasta en los momentos más difíciles de la Guerra Civil.

Durante sus años de juventud, Santos desempeñó una importante actividad sindicalista, en asociaciones como FUE o en el sindicato de sanidad de la CNT. Además, participó en reuniones para acabar con la dictadura de Primo de Rivera. En esas reuniones establecería amistad con grandes intelectuales: Valle-Inclán, García Lorca, Rivas Cherif… Por este motivo, fue encarcelado en la Prisión Modelo de Madrid. Tras su liberación no pudo regresar a la capital y fue desterrado a Cartagena donde presenció la salida de Alfonso XIII. Durante su estancia en Cartagena, Santos participó en multitud de actos políticos, participó en la campaña de Antonio Ros para la asamblea regional y mantuvo el contacto con su ciudad natal.

Proclamada la II República, Santos regresó a Madrid, donde participaría en la campaña para liberar a Manuel Azaña. En 1935, una vez liberado Azaña, se convirtió en su secretario personal, labor que desempeñaría hasta el exilio de ambos. Durante los años de la Guerra Civil, Santos acompañó a Azaña en todos sus cambios de residencia: Barcelona, Madrid… Santos también emprendió acciones humanitarias.


Manuel Azaña en primer témino, Santos Martínez Saura
en un segundo plano a la derecha de la foto.


Finalmente, en 1939, Santos y Azaña cruzaron la frontera camino de El Havre. Desde allí, emprendería su viaje hacía tierras mexicanas. En México, Santos estuvo al frente de varios teatros nacionales y se convirtió en una figura destacada de la industria cinematográfica. También continuó su labor política en periódicos (Excélsior o Novedades) y trato de organizar a la izquierda republicana en México.

Finalmente, Santos Martínez Saura falleció el 22 de diciembre de 1997, siendo enterrado en la cripta de la catedral de Ciudad de México. Además de su labor como político, Santos nos dejó obras como: "Memorias del secretario de Azaña" y "Espina, Lorca, Unamuno y Valle-Inclán en la política de su tiempo".

Santos, hombre que amó y lucho por la República hasta el último de sus días, preservar su figura y no olvidarla es una de las tareas más importante que tiene esta región.



domingo, 29 de marzo de 2020

Presentación del libro "Los campos de concentración de Franco" de Carlos Hernández de Miguel


Penguin Random House
Grupo Editorial.

El pasado mes de febrero, organizado por la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, Carlos Hernández de Miguel presentó su libro "Los campos de concentración de Franco" en la biblioteca del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, por cortesía del programa cultural de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena "Cartagena Piensa". 
El acto lo introdujo el historiador, investigador y colaborador de eldiario.es, Víctor Peñalver,  autor de un trabajo muy interesante sobre la utilización de prisioneros republicanos en las obras del pantano del Cenajo y desde 2015 empezó a promover la inclusión de monumentos a los deportados en los campos de concentración nazis en  todos los Ayuntamientos de la Región que tuvieran vecinos represaliados en los mismos. Con motivo de esta iniciativa ya son 14 municipios los que han homenajeado a sus paisanos deportados a estos campos de la muerte, entre ellos Cartagena, donde nos satisface tener un precioso monumento en la confluencia de la calle Ronda con la calle Carlos III, detrás justo del Instituto Jiménez de la Espada, lugar que, a su espalda también, luce un mural que alude al mismo asunto.


Carlos Hernández (izquierda) y Víctor Peñalver.

Carlos Hernández de Miguel es periodista y experto en comunicación empresarial y política. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, inició su carrera profesional en Antena 3 Televisión como cronista parlamentario en el Congreso de los Diputados. Posteriormente ejerció de corresponsal de guerra en diversos conflictos internacionales, como Kosovo, Palestina, Afganistán o Iraq.  En 2015 publicó su primer libro, Los últimos españoles de Mauthausen (Libro que también presentamos en Cartagena, dos años atrás). En la actualidad colabora con publicaciones y diarios digitales como la revista Viajar y Eldiario.es.

























Carlos nos presentó, de manera muy didáctica, dinámica y clara, una historia muy dolorosa de la historia de España, muy poco conocida, tras un trabajo de investigación exhaustivo y riguroso que satisfizo todas las expectativas que ofrecía la presentación. Manifestó a la sala, repleta como se puede ver en las fotografías, que se habían localizado casi 300 campos de concentración franquistas (y todavía quedan algunos por localizar, por ejemplo, habló de uno en La Unión que aún no había sido encontrado) y que habían pasado por ellos entre 700.000 y un millón de prisioneros (imposible de dar una cantidad aproximada) de los cuales hubo 10.000 víctimas directas e incontables  indirectas (personas que mandaban a sus casas justo antes de morir, enfermedades y calamidades como consecuencia de las estancias en esos campos, etc.).
Era imposible hacer un recorrido por todos los campos del territorio nacional, por eso  enunció los más duros, entre los que se encontraba el de Albatera (a 85 kilómetros de Cartagena, en la Vega Baja del Segura) o el campo de los Almendros, muy cerca de la ciudad de Alicante, como símbolo del hambre. En Cartagena nos habló del campo concentracionario  compuesto por tres fortalezas: La Atalaya, San Julián y Fajardo que operaron como tal desde abril a noviembre de 1939 y después pasaron a ser recintos penitenciarios.
El interés del libro lo reflejan las siguientes frases sacadas del mismo:
"España sigue siendo un país al que le han robado la Memoria y le han falseado su Historia. Es una  nación en la que, de alguna manera, todos estamos enfermos. Enfermos de una amnesia perfectamente programada que nos ha provocado numerosos efectos secundarios".
"Quienes crecimos en democracia o nacieron en ella también somos víctimas. Víctimas de un engaño masivo, de una educación adulterada, de un Gran Hermano que nos negó la verdad y nos empujó a poner en el mismo nivel a los asesinos y a los asesinados, a los carceleros y a los presos políticos, a la División Azul y a los Aliados, a los totalitarios y a los demócratas".
"Los distintos poderes de la Transición nos quisieron convencer de que no había que mirar al pasado. A cambio de la impunidad jurídica e histórica para los verdugos y para el olvido  y la humillación para sus víctimas, nos devolvían algo que ya era nuestro y que, simplemente, nos habían robado muchos años atrás: nuestra libertad".
"La dictadura franquista, con la complicidad de la posterior monarquía constitucional, lleva ochenta años intentando escapar del juicio histórico que tiene pendiente. Y lo está consiguiendo".
"Este libro quiere ser una prueba más de que, por mucho que lo han intentado, nunca conseguirán robarnos La Memoria, La Verdad y, en definitiva, La Historia".

Damos las gracias a Carlos por devolvernos una parte importante de esa historia que nos han querido esconder, que siguen queriéndonos esconder, porque rememorando estos hechos silenciados durante el franquismo y olvidados durante la transición y gran parte de nuestra enferma democracia, no se abren aquéllas heridas que aún no se han podido cerrar y tampoco se puede pasar página de un libro que ni siquiera ha podido abrirse. Se está dando, sin embargo, justicia y dignidad a la víctimas del franquismo que durante más de ochenta años la siguen esperando.

sábado, 28 de marzo de 2020

Representación de la obra de teatro "Memoria" en el Luzzy




El pasado 28 de febrero la Asociación de Memoria Histórica de Cartagena en colaboración con la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena, a través del programa cultural Cartagena Piensa, ofreció a la ciudadanía de Cartagena la obra de teatro "Memoria". 


Un momento de la actuación.

 La obra aterrizó en nuestra ciudad de la mano de tres jóvenes de Madrid y de Segovia. Interpretada magistralmente por Virginia Rodero, acompañada  musicalmente, de manera excepcional, por Ángela Sanjuán y en la producción, ordenando el escenario y dirigiendo la luminación con gran profesionalidad, Rosel Murillo. El acto fue representado en el Salón de actos del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy.


Las tres protagonistas: en primer plano Ángela, 
a su lado Virginia y en el último plano Rosel.

Con actuaciones como ésta, por mujeres que apenas llegan a los 30 años, podemos decir con gran alegría, que la Memoria así no puede perderse. El ímpetu, las ganas, la frescura, la excelente puesta en escena, la sensibilidad, la musicalidad, la facilidad en  sintetizar lo que aconteció en esa etapa de nuestra historia,  hicieron las delicias del público que, entusiasmado por la obra y la actuación aplaudió con satisfacción, deseoso de abrazar, al finalizar la obra, y fotografiarse con las protagonistas.


Público aplaudiendo.


Como decía  el cartel anunciador "Nos encontramos en el interior de una cárcel franquista. Una presa, una maestra, compartió con nosotros sus recuerdos, ilusiones y vivencias desde la fría soledad de su celda. Un emocionante viaje desde la escuela rural republicana hasta la vida en prisión. Un homenaje a aquellas mujeres anónimas que lucharon por nuestros derechos y libertades. Una historia creada a partir de pedazos de historias como un acto de justicia y reconocimiento". Por el hecho de recaer la acción sobre una maestra republicana, lo que denuncia fundamentalmente la obra es la represión sobre  tres vertientes básicas que el franquismo consideraba necesario eliminar para implantar su régimen de terror y sumisión: en primer lugar, la mujer (la mujer libre, que piensa, protagonista y responsable de sus actos), después sobre la cultura (el magisterio, donde el franquismo puso especial énfasis en fustigar todo atisbo de enseñanza libre y crítica) y, por último, sobre las ideas (los valores republicanos de libertad, democracia y justicia social).




Virginia Rodero.


Nuestra Memoria Republicana fue silenciada durante el franquismo, olvidada durante la transición y gran parte de la democracia por miedo al ruido de sables, y cuando éstos dejaron de oírse se nos dice que no removamos. En definitiva, que se pierda esa parte de nuestra historia, que se pierda esa memoria, que se convierta en una Memoria perdida . Gracias Virginia, Ángela y Rosel por devolvernos el recuerdo y posibilitar que NUESTRA MEMORIA DEMOCRÁTICA MÁS RECIENTE NO SE PIERDA, porque un pueblo sin memoria, sin conocimiento de su historia, está condenado a ser manipulado.


Virginia y Ángela con la presidenta
 y el secretario de la Asociación.


Para mayor conocimiento de la obra podéis visualizar el siguiente vídeo:












domingo, 20 de octubre de 2019

LOS BOMBARDEOS DE OCTUBRE DEL 36 SOBRE CARTAGENA




El lunes, día 19 de octubre, los cartageneros y cartageneras continuaron su vida normal, a pesar del inesperado y cruento ataque aéreo que había sufrido la ciudad el día anterior; pero las autoridades comenzaron a planear la protección de la población y los edificios civiles e instalaciones militares; se trataba de proteger a Cartagena con los necesarios refugios antiaéreos, y pusieron de inmediato manos a la obra.



Pero los sublevados no dejaron pasar mucho tiempo sin actuar. El puerto de Cartagena era vital para la supervivencia del frente republicano, y desde el aeropuerto de Armilla se preparó una nueva ofensiva.

Siguiendo las órdenes del capitán Carrillo, tres junkers, en esta ocasión pertenecientes, no a la aviación alemana, sino a la franquista, despegaron en las primeras horas de la madrugada del 19 al 20 dirigiéndose hacia Cartagena, a la que llegaron a las 3,35 de la mañana y siendo localizados por las baterías antiaéreas que comenzaron a disparar sobre ellos.
En una noche muy oscura, y recibiendo el nutrido fuego de cañón y fusiles, lo que dificultó enormemente su tarea, dejaron caer, casi a ciegas, 18 bombas de 250 kilos, de las que solamente una no estalló y ninguna cayó sobre la estación de ferrocarril, que era el objetivo que se habían marcado. Hacia las 4 volvieron a aparecer para intentar contemplar los efectos del bombardeo y de nuevo recibieron los disparos de las piezas antiaéreas, continuando la alarma hasta las 5,30.


En esta ocasión no se registraron bajas, y al día siguiente, 21 de octubre, el parte de guerra dio a conocer la siguiente información: "La aviación fascista ha bombardeado en el día de ayer Cartagena. La artillería antiaérea que protege la ciudad puso en fuga a los aviadores rebeldes, después de haber abatido a dos grandes trimotores, cuyos doce tripulantes perecieron carbonizados; la población civil no ha sufrido daño alguno".
En realidad, no fue abatido ninguno de los aviones ni se sufrió ninguna baja por parte de los atacantes, pero lo que quedó bastante claro fue que, una vez comenzadas estas ofensivas, los bombardeos se iban a suceder con frecuencia, y por eso era necesario organizar, con la mayor rapidez posible, un eficaz sistema de defensa.
Gracias a las medidas tomadas resistió a base de Cartagena hasta el final de la guerra. Pero el último bastión fue duramente castigado, y tanto la población civil como la militar sufrió los efectos de los bombardeos.
Terror en la retaguardia: una de las más eficaces armas del enemigo.
Y de eso, en Cartagena se pudo constatar a lo largo de todo el mes de octubre del primer año de guerra. Una semana después del segundo bombardeo, el día 27, ocho aviones volvían a sembrar el pánico sobre el puerto de Cartagena y sobre el aeródromo de Los Alcázares en una operación coordinada entre unidades alemanas e italianas; hubo víctimas en ambos lugares, pero debido a la gran altura desde la que bombardearon, no alcanzaron ninguno de los objetivos, pues no alcanzaron los talleres del aeródromo ni ninguno de los barcos del puerto cartagenero. Desde las nueve y cuarto de la noche hasta las once duró la alarma, pero ninguno de los aviones fue alcanzado por el fuego antiaéreo y volvieron a sus bases de Tablada y Armilla. Estos tres primeros bombardeos no fueron más que un adelanto, la tarjeta de visita de lo que iba a suponer el resto de la contienda para la población cartagenera: un constante temor, un continuo mirar al cielo, un sobresalto a cada sonido distinto a los habituales... Cartagena, uno de los lugares más bombardeados, más castigados por los golpistas.


viernes, 11 de octubre de 2019

EL PRIMER BOMBARDEO SOBRE CARTAGENA


De madrugada, a las 6,15 horas del 18 de octubre de 1936, dos bombarderos alemanes JU -52, procedentes de la base de Armilla, en Granada, dieron una pasada por el cielo de Cartagena y arrojaron 10 bombas de 250 Kg sobre la ciudad. Una sola pasada, pues las baterías antiaéreas respondieron con presteza. No alcanzaron a los barcos del puerto, como era su objetivo, sino que cayeron en el centro de la ciudad.



Varias casas derrumbadas, 22 personas muertas y muchísimas heridas, en ese primer bombardeo que demostró a la población civil que las fuerzas sublevadas no pensaban andarse con miramientos. Ni la lejanía del frente ni la defensa de la ciudad daban garantías de seguridad. La ciudad de las cinco colinas no era invulnerable.


Bombardeo sobre el puerto de Cartagena

Fue la primera de las 117 ocasiones en que el cielo de Cartagena sería invadido por la aviación enemiga durante la guerra española. La única base naval fiel al gobierno, la sede de la flota, se convirtió en la diana principal de la aviación rebelde, que durante nuestra contienda supuso el ensayo de lo que en la guerra europea serían los bombardeos sobre la población civil.


Viviendas particulares destruídas por las bombas

Los barcos de la flota, el Arsenal, las fábricas… eran el principal objetivo de los franquistas; destruir el puerto a través del que entraban los víveres y el armamento a la zona gubernamental, una prioridad.
Este primer bombardeo dio lugar a la planificación de la construcción de los refugios, con el fin de proteger a la población.


Uno de los refugios de la calle Gisbert

Desde esa fecha, hasta el 15 de marzo de 1939, las cartageneras y cartageneros vivieron con temor, siempre mirando al cielo. Fue Cartagena una de las ciudades más castigadas por la aviación enemiga, que sufrió unos pocos bombardeos menos que Barcelona, pero mientras la capital catalana tenía un millón de habitantes, la ciudad departamental sólo tenía algo más de cien mil.
Doscientas veintitrés víctimas mortales, varios centenares de heridos y 336 fincas totalmente derruidas (un tercio de los inmuebles registrados) fue el balance final.


Efectos del bombardeo del 18 de octubre

Las vías afectadas, claramente alejadas de los objetivos militares, subrayan el deseo de masacrar a la población civil, especialmente a partir del salto cualitativo que supone el ataque del 25 de noviembre de 1936, la agresión más atroz, conocida como "el bombardeo de las 4 horas", realizado entre las 17,30 y las 21,30 por 20 junkers de la Legión Cóndor, que arrojaron 25 toneladas de bombas y provocaron numerosos destrozos materiales y 16 muertos.
El puerto, principal objetivo de los bombardeos

Si queremos ampliar nuestros conocimientos sobre este tema, podemos consultar a los investigadores Miguel Puchol y García Tous en su artículo "Bombardeos aéreos sobre Cartagena en 1936, el bombardeo de las cuatro horas" publicado en el número 3 de la revista "Cartagena Histórica"o el documental "El bombardeo de las cuatro horas" de Luis Miguel Pérez Adán. Allí se hace incidencia sobre la importancia de la base naval de Cartagena para la resistencia del gobierno de la II República, lo que la convirtió en el objetivo preferente de la aviación enemiga.


Refugios de la calle Gisbert
Tal y como narra Pedro María Egea Bruno en "Cartagena: Propaganda y Guerra Civil" en el número 30 de la revista "Cartagena Histórica", se emprendió un plan general de construcción de refugios antiaéreos estratégicamente situados, de los que los más importantes se encontraban en la calle Gisbert, plaza de San Francisco, iglesia de Santa María la Vieja, calle de   

Refugio de la calle de la Maestranza


Plano del refugio de la calle de la Maestranza


Cuatro Santos, Plaza de Alcolea, calle de la Maestranza, Molinete, Monte Sacro, Rosario, iglesias del Carmen y de Santa María, Ciudad Jardín y en los barrios de San Antón y Santa Lucía.


Planos del refugio del Molinete
El refugio de Ciudad Jardín permaneció en pie hasta la década de 1960
La capacidad de los refugios oscilaba entre las 500 y 3.500 personas y disponían de dos entradas para sortear la posibilidad de su obstrucción por el derrumbamiento de los edificios cercanos; contaban con instalaciones de ventilación y regeneración de aire.


Refugio de Santa Lucía

Pero no con esto mejoró la sensación de seguridad. Al atardecer, muchas personas se trasladaban a los extrarradios, para volver al día siguiente a su trabajo: era lo que el historiador Egea Bruno llama "la columna del miedo"
Muchas personas, todas las que pudieron permitírselo, huyeron de la ciudad. Algunas familias pudientes se instalaron en su segunda residencia, en Los Dolores o Los Molinos, mientras que las de las clases populares se refugiaron en las viviendas de familiares en esos barrios o en el campo. 
Hospital en el paraje de Los Pinos, que fue denominado "Policlínica Roldán"


El Hospital se desplazó a las dependencias a medio terminar de Los Barreros y la ciudad quedó atendida por una casa de socorro, finalmente instalada en las Escuelas Graduadas de la calle Gisbert. 

Fue durante la guerra de España cuando se ensayó, por primera vez, el terror provocado por los bombardeos sobre la población civil, terror que se utilizó como arma de propaganda a partir de entonces; los efectos desmoralizantes de este tipo de acciones se repitieron ampliamente por la aviación nazi durante la II Guerra Mundial y marcaron un hito en la Historia: a partir de entonces, masacrar a los civiles pasó a formar parte de un procedimiento habitual en las guerras modernas. Una muestra de la inhumanidad de la que el ser humano puede ser capaz.

Elaboración del gráfico:Pedro Mª Egea Bruno

RELACIÓN DE LOS BOMBARDEOS Y ALARMAS MÁS IMPORTANTES SOBRE CARTAGENA:


18 octubre 1936, a las 6,15
20 octubre 1936, a las 3,30
27 octubre 1936, a las 20,30
2 de noviembre 1936 a las 22,15
3 noviembre 1936 a las 2,15
23 noviembre 1936 15,15, sin bombardear
25 noviembre 1936, a las 5, durante 4 horas

28 noviembre 1936, a las 12,30, sin bombardear
28 noviembre 1936, desde las 18,45 hasta las 2,45 de la madrugada del 29 de noviembre
15 de abril de 1937, a las 7 de la mañana
24 de mayo 1937 a las 2
30 mayo 1937a las 2,30
22 agosto 1937 a las 3,45
14 octubre 1937 a las 13,30
14 de octubre 1937, a las 18,30
7 marzo 1938, a las 21
7 marzo 1938, a las 22
8 marzo 1938 , a las 8
8 marzo 1938, a las 8, 30
8 marzo 1938, a las 12,45
17 abril 1938, desde las 2,45 hasta las 3,15
17 abril 1938, a las 18
17 de junio 1938, desde las 3 a las 4,15
13 julio1938, a la 1
13 julio 1938, a las 10,45
22 julio 1938, a las 5,45, sin bombardear
10 de octubre 1938, a las 11
10 de octubre 1938, a las 21
10 octubre 1938, desde las 23 hasta la 1,15 de la madrugada del día siguiente
4 noviembre 1938, a las 11,15
4 noviembre 1938, a las 19,45
4 noviembre 1938, a las 21
5 noviembre 1938, a las 8
6 noviembre 1938, a las 11,45
7 noviembre 1938, a las 11,15
15 noviembre 1938, a las 11,15
24 noviembre 1938, a las 10
29 diciembre 1938, a las 11
1 enero 1939, a las 10,30
5 enero 1939, a las 10,15
9 enero 1939, a las 12,30
1 febrero 1939, a las 11,45
1 febrero 1939, a las 13,45
5 febrero 1939, a las 12,10
7 febrero 1939, a las 12
8 febrero 1939 a las 11,45, sin bombardear
8 febrero 1939 a las 12,45
9 febrero 1939, a las 9,30 y las 12,15 (alarma)
10 febrero 1939, a las 10
28 febrero 1939, a las 11,30
1 marzo 1939, a las 9,30
2 marzo 1939, a las 16,20
9 marzo 1939, a las 11,30
10 marzo 1939, a las 11
10 marzo 1939, a las 16,30
15 marzo 1939, a las 11,10
15 marzo 1939, a las 13,30.






sábado, 25 de mayo de 2019

Deportados españoles en campos de exterminio nazis.


Este mural, que se inauguró el 8 de febrero de 2019, sirve de complemento al monumento en honor a los cartageneros que fueron deportados a los campos nazis como castigo por haber luchado en la defensa de la legalidad, de la justicia y de la libertad. Primero, por defender a su país de quienes perpetraron, para subvertir el orden legal y democrático de la II República española, un  golpe de estado de sangrientas consecuencias. Después del exilio, para escapar de la feroz represión del régimen franquista, de pasar por  campos de refugiados franceses, de trabajar o de luchar nuevamente por la libertad y la democracia (bien en compañías de trabajadores, bien en la Legión Extranjera, o bien en la propia Resistencia  Francesa) contra la locura nazi, pasan  por campos de prisioneros (donde se respeta la Convención de Ginebra para prisioneros de guerra) para, finalmente, ir a parar a los campos de exterminio nazis, gracias también a la connivencia del Ministerio de Asuntos Exteriores español, a cuya cabeza se encontraba un cartagenero infame, Ramón Serrano Suñer. Tras la liberación en mayo de 1945 por las fuerzas aliadas, les quedaría un segundo exilio, más doloroso si cabe, el del olvido. Monumento y mural debieran servir para que nuestra Memoria Democrática más reciente nos despierte del olvido en que, hasta ahora, se han encontrado aquellos valientes españoles, que lucharon, en España, y fuera de ella, por una sociedad libre, y plantaron con su lucha la semilla del estado de bienestar, que en los últimos tiempos hemos disfrutado y que hoy, nuevamente, se encuentra amenazado. 

Significado del mural:

A la izquierda se representa  una fila de deportados que pasan por debajo de un zorro, animal que representa al Estado alemán. Inmediatamente una alambrada en clara alusión al campo de concentración nazi. Los trenes significan dos cosas: el transporte (en vagones de carga de animales, sin agua, sin comida, sin condiciones higiénicas) por el que llegaban estos mismos deportados; y el humo de las locomotoras, una metáfora sobre los hornos crematorios en los que se quemaron a numerosos presos.  El triángulo azul invertido con una "s" en su interior es el distintivo que tenían los deportados españoles: el color azul que se aplicaba a los apátridas y la "S" de Spanier. La escalera (escalera de la muerte la llamaban en Mauthausen) con la figura de un deportado subiendo una  piedra enorme, hace referencia al trabajo criminal al que estaban sometidos los presos, transportando piedras de gran tamaño tras una jornada exhausta de trabajo en las canteras. Y, por último, los bloques flotantes en perspectiva y con volumen,  reflejan el deseo de liberación de muchos presos, liberación de la carga mediante la muerte. 

La justificación de la obra expresado por los propios muralistas:

Los artistas del grupo Carrocero (Jate, Juan Fardo y Mateo Ripoll) nos decidimos a la hora de abordar el mural por un lenguaje más plano y sencillo, que huyese de representaciones más duras y obvias, inspirado en lo formal en la obra del cartelista Saoul Bass y, en su iconografía, en el album ilustrado infantil, en el folklore y la fábula con un personaje animal como el zorro que posee un ciclo completo en la tradición europea.

Todo ello pensando de antemano en el lugar donde iba a realizarse la obra y que presentaba varios condicionantes muy claros. En primer lugar, en el aspecto formal, debido a su marcada  horizontalidad. En segundo lugar, por su contexto, tratándose del muro de un centro educativo y de un espacio público frecuentado por menores dada la proximidad de colegios y parques. 

Teniendo esto en cuenta aparece el personaje del zorro. Que es una figura frecuente en la fábula, siendo el protagonista de la colección de cuentos que escribiera el insigne autor alemán Goethe, El Zorro Reineke y que se introduce dentro del ciclo del zorro Reynard. Este depredador es una figura que en la tradición europea suele simbolizar y representar tanto la inteligencia como el engaño, la astucia, la picaresca e, incluso, la maldad y la traición siendo un personaje ambiguo a caballo entre lo natural o salvaje y lo humano o doméstico.

Por todos es sabida la trama de argucias que operaba en el funcionamiento de los campos de exterminio así como las sucesivas traiciones de los estados francés y español que llevaron a nuestros compatriotas a no serlo (a no ser considerados como tales) y a ser entregados a los alemanes para su exterminio.
 
A su vez se eligió una iconografía de fábula en homenaje a uno de los ilustres de Mathausen. Cabrero Arnal, joven dibujante de tebeos español que sobrevivió al campo y que fue uno de los grandes autores de cómic infantil de la postguerra europea destacando y siendo ampliamente reconocido en los mercados inglés y francés. Uno de sus personajes más icónicos fue, precisamente, un zorro.

El lenguaje adoptado, plano, de siluetas y recortes, de líneas claras y próximo al trabajo del conocido ilustrador Bass remite, a su vez, al de la Bauhaus, el Suprematismo, el Neoplasticismo, el Cubismo y el Constructivismo Ruso, estilos artísticos de vanguardia y modernos que fueron considerados por Hitler como una forma de arte "degenerado" y que sufrieron la persecución del Nazismo. Este lenguaje permite determinar y construir formas geométricas con claridad y elegancia buscando transmitir el mensaje sin caer en un lenguaje sórdido o en lo escatológico, a lo que podría prestarse si se hubiera llevado a cabo con un lenguaje más figurativo y con un nivel de iconicidad elevado.

De manera poética la escalera por la que asciende el preso con su terrible carga se aproxima a un vacío en el que flotan cubos, como si fuera el deseo del condenado a trabajos forzados, liberarse de la carga y que no pese, o una representación del final de muchos de los presos, ya fuera por la crueldad criminal de los guardas, quienes para divertirse los lanzaban al abismo, o ya fuera por poner fin al sufrimiento suicidándose precipitándose desde las alturas.

Las líneas de la composición convergen y conducen a un punto, donde se encuentra el triángulo invertido con la S. La forma y el signo de "apátrida" que condicionaron la vida de los presos españoles en los campos de concentración nazis y que representan la perfidia y traición del estado español (con Serrano Suñer, cartagenero, por cierto, y pieza clave) y, por tanto, su deuda, nuestra deuda, con aquellos compatriotas nuestros, ya tuvieran unas u otras ideas, ya fueran luchadores por la libertad, miembros de la Resistencia o, simplemente, refugiados, supervivientes y víctimas de una época y un momento. Todos ellos fueron enviados directamente a la maquina de exterminio nazi.

Aquellos que sobrevivieron se encontraron con que no podrían regresar a su patria tras casi una década de penalidades. Jamás podremos pagar semejante deuda. Como mínimo es nuestro deber que se sepa y no se olvide para que no vuelva a repetirse.

El colectivo Carrocero ha surgido, precisamente, a raíz de desarrollar este proyecto. Es para nosotros un honor haber podido aportar de manera altruista nuestro trabajo a la gran tarea de recuperar la memoria de las víctimas españolas del fascismo. Por ello agradecemos al ayuntamiento de Cartagena y a la Asociación de Memoria Histórica la oportunidad de llevarlo a cabo.


jueves, 23 de mayo de 2019

DE NUEVO LA EXPOSICIÓN SOBRE LA II REPÚBLICA EN CARTAGENA

Después del enorme éxito que tuvo el año pasado la exposición "II REPÚBLICA Y GUERRA CIVIL EN CARTAGENA. LA MEMORIA EN IMÁGENES",  y ante las manifestaciones  lamentándose de su corta duración, nos decidimos a llevarla de nuevo a cabo; en esta
ocasión, ha sido en el Palacio de Molina, un lugar mucho más céntrico, si bien sus exiguas dimensiones nos han llevado a exponer una selección de, aproximadamente, el sesenta por ciento de la totalidad de la exposición.
El público de Cartagena se ha
mostrado muy receptivo y, desde el 17 de mayo, constantemente han acudido grupos de personas  de edades diferentes, que marcharon muy satisfechas de su visita y alabando el montaje, la recopilación de imágenes, y la ejecución de las visitas guiadas.
A la exposición, que permanece
aún en el Palacio de Molina hasta el día 15 de junio, han acudido centros de enseñanza y grupos de los clubes de lectura. 

Esta exposición, comisariada por el investigador e historiador Pedro María Egea Bruno, catedrático de Historia Contemporánea de la UMU, que
se inauguró por primera vez en 1993, por iniciativa de la Fundación 1º de Mayo, y volvió a imprimirse por nuestra asociación 25 años después y enmarcada en la celebración de las IX Jornadas de Memoria Histórica de Cartagena, ha
tenido de nuevo tanta aceptación que, ante la imposibilidad del alumnado de algunos centros de Secundaria y de los miembros de ciertas asociaciones de vecinos para poder visitarla en este nuevo mes que ha permanecido abierta, que
nuestra asociación ha decidido llevar a cabo, 
después de este verano, sesiones de proyección de las fotografías que la componen, yendo a exhibirlas a los Institutos de Enseñanza Secundaria y las Asociaciones de vecinos, culturales, etc...que nos lo soliciten.