sábado, 11 de abril de 2020

CARTAGENA, EN EL ANIVERSARIO DEL 12 DE ABRIL.

El doce de abril de 1931, en Cartagena, había amanecido frío y lluvioso, pero la gente había ido a votar.
 La situación en la ciudad portuaria no era más que un reflejo de lo que estaba ocurriendo en el ámbito nacional. Ya desde cinco años antes, con la petición por los liberales de la apertura de cortes constituyentes se había comenzado a despertar de la situación de pasividad a que se sometieron las organizaciones republicanas tras el advenimiento de la dictadura. El Partido Socialista había vuelto a enfrentarse con el poder. Los obreros y los intelectuales venían manifestando con energía su oposición al régimen que, tras perder el apoyo de la oligarquía, estaba comenzando a hundirse. Socialistas y republicanos habían cifrado sus esperanzas en el resultado de estas elecciones…


Ahora parecía más próximo que nunca el cambio de régimen, sobre todo, con la situación de descontento generalizado que había obligado a abandonar la Presidencia a Dámaso Berenguer.  La monarquía constitucional de Alfonso XIII, como consecuencia de haber permitido la dictadura de Primo de Rivera había quedado totalmente deslegitimada; los siete años sufridos bajo el mandato del general pesaron demasiado e hicieron fracasar el intento de vuelta a la normalidad constitucional de 1930, en la que se conoció como “la dictablanda” un intento fallido de lavar la cara a la monarquía, que no continuó con la dictadura anterior, pero fue abundante en la represión de continuos conflictos sociales; tampoco llegó a restablecer plenamente la constitución de 1876, no convocó elecciones a Cortes, como le exigía la oposición, y sofocó la sublevación de Jaca de diciembre de 1930 con el fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández.



El abandono de Berenguer llevó a la presidencia brevemente al almirante Aznar, que al llegar al poder en febrero de 1931, declaró que pretendía devolver al país sus libertades y restablecer la normalidad política y jurídica, y si bien no eliminó la censura que impedía la libertad de prensa, su llegada a la presidencia supuso un cambio de rumbo político al proponer un nuevo calendario electoral: elecciones municipales el domingo, 12 de abril, y después, elecciones a Cortes con el carácter de Constituyentes, por lo que podrían proceder a la revisión de las facultades de los Poderes del Estado y la precisa delimitación del área de cada uno (reducir las prerrogativas de la Corona) y una adecuada solución al problema de Cataluña.
Alfonso Torres
 En Cartagena se había dado una enorme importancia a esos comicios; con más de tres mil parados en la ciudad, las calles estaban llenas de mendigos.
La gestión del alcalde Alfonso Torres era cada vez más cuestionada por los numerosos escándalos. Uno de los que más pesaron fue el de las Casas Baratas. Las denuncias por las irregularidades en la construcción habían contribuido enormemente a su descrédito, a una impopularidad cada vez mayor del primer edil de la ciudad. De las mil quinientas viviendas proyectadas en un principio no se habían iniciado más que quinientas treinta y dos; el Ayuntamiento se encontraba enzarzado en pleitos con los proveedores; los obreros habían sido despedidos…, las fuerzas políticas habían comenzado dos meses antes a movilizarse para las elecciones, dando a éstas una trascendencia que no habrían tenido en otras circunstancias, tanto por parte de las derechas como de las izquierdas.

Las casas baratas
Se presentó a estos comicios García Vaso, cabeza del partido “El Bloque”, una organización política cartagenerista de orientación republicana y carácter populista. García Vaso y los suyos comenzaron por denunciar todas las irregularidades que habían encontrado en el Ayuntamiento. La gente estaba contenta, porque llevaron a cabo algunas acciones muy beneficiosas para los sectores más desfavorecidos, pero poco a poco las cosas fueron cambiando y El Bloque, como era frecuente en los partidos de entonces, cayó en el amiguismo, igual que le ocurría a las organizaciones a las que criticaba; lo mismo jugó a pactar con los liberales que con los monárquicos, y muchos de los que habían sido elegidos concejales en las listas de su partido lo abandonaron después, desengañados. En esta ocasión, su líder reapareció combativamente en la escena política;  intentó por todos los medios ser incluido en las listas de la conjunción republicano-socialista pero no lo consiguió, concurriendo finalmente con los liberales del Conde de  Romanones a unas elecciones en las que las derechas se presentaron divididas.
José García Vaso
En Cartagena el recuento final de votos dio la victoria a los republicanos, que obtuvieron veintiocho concejales frente a los diecisiete de los monárquicos. Citando a Pedro Mª Egea Bruno: “Los resultados fueron, como los del resto del país, un plebiscito contra los Borbones: 7.004 votos de la Conjunción por 3.942 monárquicos, lo que se tradujo en 28 concejalías frente a 17. La mayoría -18- corresponden a los partidos  republicanos (Alianza Republicana y Partido Republicano Radical-Socialista), en tanto las diez restantes se adscriben al PSOE. Al otro lado queda el Partido Monárquico-Cartagenerista –la antigua Unión Patriótica de la dictadura-, con 11, el Partido Conservador con 4, los vasistas con uno y los independientes con otro”

Elaboración Gráfico:Pedro Mª Egea Bruno

El concejal más votado fue Severino Bonmatí Vicedo, representante de la Cámara de Comercio de Cartagena, que se presentó por el Partido Republicano Radical Socialista.
Ante los fatídicos resultados, el Bloque se disolvió, aconsejando su jefe a los miembros del partido que se afiliaran a los grupos republicanos o socialistas.
El periódico “La Tierra” publicó este comunicado al efecto:

EL BLOQUE Y LA ACTITUD DE GARCÍA VASO:
Cumplida su misión de vivero y de albergue de republicanos y demócratas mientras no existían organizaciones serias republicanas en Cartagena, el Bloque de las Izquierdas no tiene otra cosa que hacer que disolverse y disuelto queda. Los elementos que en él perduran, fieles a su amistad con el Sr. García Vaso, han quedado, por disposición de éste, en libertad, aunque su consejo es que se afilien a los grupos republicanos o socialistas, ya que, con ello, no harán más que obedecer la voluntad soberana del país.
El Sr. García Vaso sigue el mismo consejo que da y el mismo rumbo de LA TIERRA. Solo que, por decoro personal y político, se abstendrá de toda intervención activa en la política local y «se queda en casa», deseando a todos los republicanos mayores triunfos.
No podía ni debía el Sr. García Vaso, sin ser cobarde o traidor, abandonar, a la hora de la pelea, los intereses políticos que le estaban confiados y ha hecho el sacrificio de renunciar al éxito personal que le habría correspondido si antes de la lucha hubiera ido a las filas que, sin duda, habían de ser las victoriosas. Sobre la vieja nave que se hundía, ha permanecido hasta que, salvada su tripulación y a salvo también el cargamento democrático, puede retirarse de ella, derrotado, pero ni desleal ni huido.
Publicado en el periódico "La Tierra"

Los resultados fueron similares en las principales ciudades. Las candidaturas republicanas resultaron mayoría en 41 capitales de provincia. En la mayoría de municipios rurales no había habido elecciones; se negó el derecho al sufragio a miles de electores, ya que la ley electoral de 1907 establecía que en los municipios en que el número de candidatos igualase el de puestos a cubrir, no se celebraran, lo que hacía que éstos fueran ocupados por los representantes de los caciques.
Sobre las cinco de la tarde, las noticias que llegaban de los pueblos pequeños eran favorables a la monarquía, pero los concejales allí elegidos, afines a los intereses de los caciques, no se consideraba que hubieran sido elegidos legítimamente, y hasta las autoridades monárquicas lo entendieron de ese modo; en las ciudades importantes y en los pueblos grandes la victoria fue aplastantemente republicana.
Si el resultado de las elecciones era la prueba para calibrar el apoyo a la monarquía antes de las elecciones generales, los resultados abocaban a una instauración inmediata de la República.
Niceto Alcalá Zamora
El martes, 14 de abril, Éibar, Valencia y Barcelona alzaron en sus instituciones la bandera tricolor. En Madrid, en una reunión de urgencia, Aznar y Alfonso XIII, barajaban varias alternativas entre las que se contemplaba el exilio del rey. Mientras tanto, en el domicilio de don Gregorio Marañón, se reunían el Conde de Romanones con los representantes de los partidos republicanos, pactando la salida de España con total seguridad de la familia real.
La llegada de la República era inminente, y Niceto Alcalá Zamora, que presidía el comité revolucionario, planteó a Alfonso XIII un ultimátum: su salida debía producirse antes de la puesta de sol.
A primera hora de la tarde se alzaba la tricolor en el edificio de Correos y Telégrafos y Alcalá Zamora entraba en la puerta del Sol como primer presidente del Gobierno Provisional.
Proclamación de la República desde
el balcón del Ayuntamiento de Cartagena

En Cartagena, a las 6 de la tarde, se proclamó la República desde el balcón principal del Ayuntamiento.

En la plaza, una gran concentración acogió el acto. Mientras tanto, un grupo de exaltados irrumpió en el palacio consistorial, destrozando los retratos del rey.

A las doce de la noche se llevó a cabo la transmisión de poderes, haciéndose cargo el Comité Revolucionario del Ayuntamiento, en nombre del Gobierno Provisional de la República Española.  Tomó posesión una gestora integrada por los dirigentes de la Conjunción Republicano-Socialista, los ahora concejales Severino Bonmatí Vicedo (Partido Republicano Radical Socialista), Luis Romero Ruiz (Alianza Republicana) y Amancio Muñoz de Zafra (PSOE).

Amancio Muñoz de Zafra
Se había corrido la voz de que el Rey venía al Arsenal. La noche del catorce al quince, junto a los periodistas, deambulaban junto a las tapias muchos grupos de curiosos, esperando su llegada. Oficiales, jefes y generales fueron entrando al recinto. Los marineros, vestidos con el uniforme de faena, salieron para hacer que el público se alineara dejando libre una calle de entrada para los coches de la caravana que acompañaba al monarca destronado.

Alfonso XIII en el interior del Arsenal
El ex rey venía desde Madrid en uno de sus automóviles de lujo. Una vez en el Arsenal, antes de subir al barco, permaneció un rato despidiéndose de las autoridades y preguntó si se había decretado el estado de guerra, a lo que se le respondió negativamente. En medio de la serenidad de la despedida, en que todos estrecharon su mano en silencio, un sargento de la Guardia Civil no pudo reprimirse y gritó con fervor un ¡Viva el Rey!, al que respondieron algunos de los presentes. Entonces don Alfonso levantó el brazo gritando ¡Viva España! siendo su grito coreado con entusiasmo. Embarcó acompañado del almirante Rivera y el grupo de militares que le acompañaba se fue disolviendo lentamente. A las cinco y cuarto de la mañana, el rey sin trono se alejó de Cartagena embarcado en el crucero “Príncipe Alfonso”. 
Crucero Príncipe Alfonso
Después, Crucero Libertad
Marineros fotografiándose junto al automóvil del ex monarca

A lo largo del día quince, declarado festivo por el Gobierno provisional, se vivió una auténtica jornada de fiesta.
Todas las tiendas estaban cerradas, gente, gente y más gente por las calles, gritando vivas a la República; la Calle Mayor, de bote en bote; los cafés, llenos a rebosar…, bandas, cornetas por las calles tocando la Marsellesa, interpretando el Himno de Riego…
Por la tarde se organizó espontáneamente una manifestación paseando por todas las calles un cuadro, alegoría de la República, mientras que los transeúntes aplaudían a su paso y daban vivas. Terminaron por llegar al Ayuntamiento, subir las escaleras con él y colgarlo en el Salón de Sesiones.

También esa misma tarde se celebró una reunión de todas las clases subalternas de la Armada. Se dieron cita en la Sociedad Económica de Amigos del País. Expresaron su satisfacción con entusiasmo, pero en perfecto orden, y acordaron mandar a Madrid un telegrama para manifestar su adhesión al Gobierno de la República y pedir la dignificación de la clase como base principal de la Marina española. Después se tuvo un emocionado recuerdo para los dos mártires de Jaca y concluyeron con un nuevo acuerdo: contribuir con dos pesetas cada uno para erigir un monumento nacional a la memoria de Galán y García Hernández.

Cartagena ya era republicana.




jueves, 9 de abril de 2020

LA VELADA SOCIAL


Nos encontramos rememorando las actividades llevadas a cabo por nuestra asociación antes del estado de alerta. Al no haber podido celebrar en su fecha prevista las XI JORNADAS POR LA MEMORIA HISTÓRICA 2020, y en espera de tiempos mejores, cuando – esperemos no pase demasiado tiempo – podamos retomar nuestra programación, traemos hoy a estas páginas una de las actividades que tuvo lugar durante el pasado año 2019. Se trata la que realizamos dentro del Festival Internacional de Poesía de Cartagena “DESLINDE” en estrecha colaboración con la ASOCIACIÓN TROVERA JOSÉ MARÍA MARÍN: La RECREACIÓN VELADA TROVERA DE PORTMÁN, de 1913, conocida como LA VELADA SOCIAL, y que se trata de la Controversia trovera entre MARÍN Y EL MINERO.


 ¿Por qué optamos por esta actividad? Por un afán en dar a conocer la realidad sociopolítica de nuestra comarca en los primeros años del Siglo XX. Cartagena, La Unión… fueron escenario de los movimientos obreros de esa etapa de lucha contra la marginalidad y la explotación, y el trovo supuso la manifestación poética de esas luchas convulsas, manifestación que ha pervivido en el tiempo y aun hoy, en pleno Siglo XXI, continúa sin perder actualidad.


                                          
DE LA MISERIA Y LA EXPLOTACIÓN DE LA MINA A  LA POÉTICA DEL TROVO:

En el mundo de la creación poética de carácter popular adquiere un papel preeminente en nuestro país el verso repentizado, el repentismo, que en nuestra región se conoce con el nombre de TROVO, una creación, que a pesar de su carácter popular se encuentra incluida en la Historia de la Literatura de la Región Murciana.
El TROVO anida en la misión poética del lenguaje y nos habla de un pasado donde el verso repentizado, como elemento cultural y social distintivo simbolizaba un don al alcance de unos pocos y sobrevive en el presente, porque el trovo nace del pueblo para venir a morir en el propio pueblo.
El gran trovero utiliza el verso como arma comunicativa y arrojadiza contra su contrario; éste es el caso de los tres mayores troveros de nuestra historia: José Rodríguez Castillo, José María Federico Marín Martínez y Manuel García Tortosa, conocido a principios del siglo XX como “El Valenciano”, aunque pasó a la Historia como “El Minero”; los tres puntales del trovo cartagenero.


El movimiento trovero surge en una etapa de convulsión económica en las que fábricas de Cartagena, como la de loza o la de cristal, y minas de Almería, La Unión, Mazarrón o Águilas contribuyen enormemente al boom económico. La actividad minera, que había permanecido siglos en el olvido, se reanudó a mediados del siglo XIX superando el antiguo esplendor romano, localizándose, sobre todo, en la Sierra Minera de La Unión, con explotaciones de plomo, zinc y hierro, Este boom económico propicia el boom demográfico, y el pueblo, sometido a horarios abusivos, reclama zonas de ocio.
La vida del minero, desde que se levantaba de la cama hasta que volvía de la mina, estaba enfocada solamente al trabajo. La actividad minera se centra en la sobreexplotación del minero, por la escasa reinversión de los beneficios en la mejora de las condiciones de trabajo.


La vida del minero era una vida de sufrimientos, soledades y peligros.
Los hombres y los muchachos, a quienes el patrón no facilitaba ninguna vestimenta, trabajaban, debido al calor de las galerías, en pantalones cortos, calzoncillos o taparrabos y cubrían su cabeza con una boina o pañuelo anudado en las esquinas, mientras calzaban esparteñas o abarcas para evitar que se les estropeara el calzado. El escaso alimento que llevaban desde su casa consistía en algo de pan con salado (bacalao o sardinas), tomates, fruta del tiempo y algo de tocino. A esta escasa alimentación se unía la lacra de las malas condiciones de seguridad en el interior de la mina y las pésimas condiciones higiénicas de las viviendas que habitaban.
Las diferencias económicas eran enormes; se establecieron dos bloques sociales con enormes contrastes: de un lado, los empresarios que amasaban enormes fortunas; de otro lado, el bloque integrado por la inmigración masiva que venía de las provincias vecinas y por los miembros de las clases más bajas, que percibían salarios miserables.


 La sociedad cartagenera y unionense de principios del siglo XX está integrada por una mezcla de precariedad y esplendor: una clase alta que ha atesorado enormes fortunas, que hace alarde de sus lujos, y que se relacionan exclusivamente entre sí, sin tener contacto con los mineros y los trabajadores de las fábricas; grandes mansiones modernistas que se simultaneaban con las chabolas donde se hacinaban los mineros, con la deficiencia en infraestructuras, como agua potable, alcantarillado, electricidad y dispensarios médicos u hospitales; burgueses que gastaban en lujos, manjares y viajes, mientras que las familias trabajadoras cobraban en vales canjeables en los comercios de los propios patronos, ey vivían en la incertidumbre de si morirían en la mina o a consecuencia de las pésimas condiciones higiénicas en que se desenvolvían.

Es en estos momentos cuando la presión sobre los escasos salarios de los mineros y la creciente situación de paro, incrementa la conflictividad social y las reivindicaciones obreras. Los mineros luchan por mejorar sus condiciones de trabajo, jornadas devastadoras, trabajo de día y de noche, días laborables todo el año, incluyendo domingos, salvo Carnaval, Semana Santa, Ferias y Navidad.

Las duras condiciones a que estaba sometidos los trabajadores de la sierra minera llegaron incluso a traspasar la costra de insensibilidad de ciertos responsables políticos:
«Un gobernador civil de esta Provincia, que abominaba del anarquismo, fue invitado a visitar los trabajos subterráneos de una mina y las condiciones en la que vivían estos mineros, por curiosidad aceptó. Examinó las galerías y vio a los obreros ocupados en sus trabajos, visitó sus hogares y a sus familias, comprobó en que ocupaban el poco tiempo libre que les dejaba el trabajo. Su asombro fue grande, pero no dijo nada. Una vez en su despacho y a la pregunta de su secretario de cómo le había ido la visita, respirando, exclamo conmovido:
- Ahora me explico el anarquismo...»

En este ambiente surge, como lugar para las escasas ocasiones de ocio, el conocido habitáculo café-cantante, que prolifera a principios del siglo XX, y triunfan tres tipos de festejos: los boleros, el pre-flamenco, y el repentismo poético que tiene lugar en ventorrillos, cantinas y bares, y se conoce como trovo. El trovo aparece en los carteles junto a los cantaores flamencos, cantaores de coplas, cantantes de boleros y bailes.
Y en uno de estos locales es donde, en 1913, se organizó una velada trovera con el fin de recaudar fondos para la caja de resistencia del sindicato minero y para la equipación de la Casa del Pueblo.
Se trata de la llamada “Velada Social” de Portmán, entre los troveros José María Marín y Manuel García Tortosa “El Minero”, correspondiéndoles, al asignar los papeles, al primero el papel de defensor del patrón y al segundo el del defensor del minero.



En recuerdo de esa noche, la Asociación Memoria Histórica de Cartagena nos citó en el Salón de Actos del CENTRO CULTURAL RAMÓN ALONSO LUZZY, donde la ASOCIACIÓN TROVERA JOSÉ MARÍA MARÍN nos ofreció la recreación de esta legendaria velada; recreación en que contamos con la inestimable colaboración de Andrés Flores y María Andreu, ya habituales colaboradores de nuestra asociación, con los que contamos para la puesta en escena en los papeles de Tabernero y tabernera.



Se recreó la versión ligeramente reducida de la legendaria controversia en la que, como ya hemos dicho más arriba, a JOSÉ MÁRÍA MARÍN MARTÍNEZ le correspondió defender al patrón, mientras que a MANUEL GARCÍA TORTOSA, “EL MINERO” le cupo en suerte la defensa del obrero.


Tras una introducción llevada a cabo por Pepa Martínez, en representación de la ASOCIACIÓN MEMORIA HISTÓRICA DE CARTAGENA, la presentación del acto corrió a cargo de Miguel Ángel Cervantes, de la ASOCIACIÓN TROVERA JOSÉ MARÍA MARÍN.

Para hacer más ágil el desarrollo de la velada,los papeles de cada uno de los troveros fueron asumidos por dos personas en diferentes momentos y se alternó el trovo cantado y el recitado.
Así, el Trovero Marín fue interpretado por José Martínez "El Taxista" y Juan Diego Cebrián, mientras que "El Minero" lo representaron Juan Santos Contreras "El Baranda" y Miguel Ángel Cervantes




Contamos con los cantaores Alfonso Conesa "El Levantino", Juan ´Ramón Molina, Juan Bernal "El Pulga" y Juan Cantos Contreras "El Baranda" y los guitarristas fueron Ángel Herrero, Juan Martínez "El Mergo" y Juan Ros.


Mencionemos también la colaboración de la Asociación Modernista de Cartagena, cuyos miembros, como extras, ocuparon el papel del público presente en la taberna, y la ardua tarea de trabajo en las infraestructuras de Paco Carrión, José Ramón Berman, Guillermo Vignote, Piluca Sánchez y Bernardo Sánchez, miembros de nuestra directiva responsables de los decorados y montaje.


Gran éxito esta representación, una velada para el recuerdo.



A continuación, unos cuantos fragmentos en vídeo de algunos de los momentos de la representación:









martes, 31 de marzo de 2020

Santos Martínez Saura, natural de La unión y secretario personal de Manuel Azaña.

Por cortesía de D. Jose Antonio Muñoz Devesa, al que le damos las gracias, publicamos una reseña  de la vida de Santos Martínez Saura, intentando difundir la figura de un personaje que ha sido injustamente olvidado por su tierra. 


Santos Martínez en un acto político.


OLVIDADO POR LOS SUYOS: SANTOS MARTÍNEZ SAURA

Nadie encarna mejor el dicho popular: ¨Nadie es profeta en su tierra¨, que Santos Martínez Saura. Olvidado por la tierra y el sol que le vio nacer, el testimonio de este célebre personaje queda desterrado a tiempos pretéritos como si de un apestado se tratase.

Santos Martínez Saura nació en la vecina localidad de La Unión, un 13 de mayo de 1909. Santos creció en el seno de una familia acomodada, su padre, Arturo Martínez Murcia fue miembro de la Asociación de Comerciantes de La Unión y desempeñó la labor de concejal en nuestro ayuntamiento por Izquierda Republicana. Hecho que mantendría ligado a Santos y su familia a nuestra querida ciudad.

A mitad de 1920, el joven Santos se marchó a Madrid donde estudiaría medicina en la Universidad Central. Allí, estableció una gran amistad con uno de sus maestros, Juan Negrín, relación que perduraría hasta en los momentos más difíciles de la Guerra Civil.

Durante sus años de juventud, Santos desempeñó una importante actividad sindicalista, en asociaciones como FUE o en el sindicato de sanidad de la CNT. Además, participó en reuniones para acabar con la dictadura de Primo de Rivera. En esas reuniones establecería amistad con grandes intelectuales: Valle-Inclán, García Lorca, Rivas Cherif… Por este motivo, fue encarcelado en la Prisión Modelo de Madrid. Tras su liberación no pudo regresar a la capital y fue desterrado a Cartagena donde presenció la salida de Alfonso XIII. Durante su estancia en Cartagena, Santos participó en multitud de actos políticos, participó en la campaña de Antonio Ros para la asamblea regional y mantuvo el contacto con su ciudad natal.

Proclamada la II República, Santos regresó a Madrid, donde participaría en la campaña para liberar a Manuel Azaña. En 1935, una vez liberado Azaña, se convirtió en su secretario personal, labor que desempeñaría hasta el exilio de ambos. Durante los años de la Guerra Civil, Santos acompañó a Azaña en todos sus cambios de residencia: Barcelona, Madrid… Santos también emprendió acciones humanitarias.


Manuel Azaña en primer témino, Santos Martínez Saura
en un segundo plano a la derecha de la foto.


Finalmente, en 1939, Santos y Azaña cruzaron la frontera camino de El Havre. Desde allí, emprendería su viaje hacía tierras mexicanas. En México, Santos estuvo al frente de varios teatros nacionales y se convirtió en una figura destacada de la industria cinematográfica. También continuó su labor política en periódicos (Excélsior o Novedades) y trato de organizar a la izquierda republicana en México.

Finalmente, Santos Martínez Saura falleció el 22 de diciembre de 1997, siendo enterrado en la cripta de la catedral de Ciudad de México. Además de su labor como político, Santos nos dejó obras como: "Memorias del secretario de Azaña" y "Espina, Lorca, Unamuno y Valle-Inclán en la política de su tiempo".

Santos, hombre que amó y lucho por la República hasta el último de sus días, preservar su figura y no olvidarla es una de las tareas más importante que tiene esta región.



domingo, 29 de marzo de 2020

Presentación del libro "Los campos de concentración de Franco" de Carlos Hernández de Miguel


Penguin Random House
Grupo Editorial.

El pasado mes de febrero, organizado por la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, Carlos Hernández de Miguel presentó su libro "Los campos de concentración de Franco" en la biblioteca del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, por cortesía del programa cultural de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena "Cartagena Piensa". 
El acto lo introdujo el historiador, investigador y colaborador de eldiario.es, Víctor Peñalver,  autor de un trabajo muy interesante sobre la utilización de prisioneros republicanos en las obras del pantano del Cenajo y desde 2015 empezó a promover la inclusión de monumentos a los deportados en los campos de concentración nazis en  todos los Ayuntamientos de la Región que tuvieran vecinos represaliados en los mismos. Con motivo de esta iniciativa ya son 14 municipios los que han homenajeado a sus paisanos deportados a estos campos de la muerte, entre ellos Cartagena, donde nos satisface tener un precioso monumento en la confluencia de la calle Ronda con la calle Carlos III, detrás justo del Instituto Jiménez de la Espada, lugar que, a su espalda también, luce un mural que alude al mismo asunto.


Carlos Hernández (izquierda) y Víctor Peñalver.

Carlos Hernández de Miguel es periodista y experto en comunicación empresarial y política. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, inició su carrera profesional en Antena 3 Televisión como cronista parlamentario en el Congreso de los Diputados. Posteriormente ejerció de corresponsal de guerra en diversos conflictos internacionales, como Kosovo, Palestina, Afganistán o Iraq.  En 2015 publicó su primer libro, Los últimos españoles de Mauthausen (Libro que también presentamos en Cartagena, dos años atrás). En la actualidad colabora con publicaciones y diarios digitales como la revista Viajar Eldiario.es.

























Carlos nos presentó, de manera muy didáctica, dinámica y clara, una historia muy dolorosa de la historia de España, muy poco conocida, tras un trabajo de investigación exhaustivo y riguroso que satisfizo todas las expectativas que ofrecía la presentación. Manifestó a la sala, repleta como se puede ver en las fotografías, que se habían localizado casi 300 campos de concentración franquistas (y todavía quedan algunos por localizar, por ejemplo, habló de uno en La Unión que aún no había sido encontrado) y que habían pasado por ellos entre 700.000 y un millón de prisioneros (imposible de dar una cantidad aproximada) de los cuales hubo 10.000 víctimas directas e incontables  indirectas (personas que mandaban a sus casas justo antes de morir, enfermedades y calamidades como consecuencia de las estancias en esos campos, etc.).
Era imposible hacer un recorrido por todos los campos del territorio nacional, por eso  enunció los más duros, entre los que se encontraba el de Albatera (a 85 kilómetros de Cartagena, en la Vega Baja del Segura) o el campo de los Almendros, muy cerca de la ciudad de Alicante, como símbolo del hambre. En Cartagena nos habló del campo concentracionario  compuesto por tres fortalezas: La Atalaya, San Julián y Fajardo que operaron como tal desde abril a noviembre de 1939 y después pasaron a ser recintos penitenciarios.
El interés del libro lo reflejan las siguientes frases sacadas del mismo:
"España sigue siendo un país al que le han robado la Memoria y le han falseado su Historia. Es una  nación en la que, de alguna manera, todos estamos enfermos. Enfermos de una amnesia perfectamente programada que nos ha provocado numerosos efectos secundarios".
"Quienes crecimos en democracia o nacieron en ella también somos víctimas. Víctimas de un engaño masivo, de una educación adulterada, de un Gran Hermano que nos negó la verdad y nos empujó a poner en el mismo nivel a los asesinos y a los asesinados, a los carceleros y a los presos políticos, a la División Azul y a los Aliados, a los totalitarios y a los demócratas".
"Los distintos poderes de la Transición nos quisieron convencer de que no había que mirar al pasado. A cambio de la impunidad jurídica e histórica para los verdugos y para el olvido  y la humillación para sus víctimas, nos devolvían algo que ya era nuestro y que, simplemente, nos habían robado muchos años atrás: nuestra libertad".
"La dictadura franquista, con la complicidad de la posterior monarquía constitucional, lleva ochenta años intentando escapar del juicio histórico que tiene pendiente. Y lo está consiguiendo".
"Este libro quiere ser una prueba más de que, por mucho que lo han intentado, nunca conseguirán robarnos La Memoria, La Verdad y, en definitiva, La Historia".

Damos las gracias a Carlos por devolvernos una parte importante de esa historia que nos han querido esconder, que siguen queriéndonos esconder, porque rememorando estos hechos silenciados durante el franquismo y olvidados durante la transición y gran parte de nuestra enferma democracia, no se abren aquéllas heridas que aún no se han podido cerrar y tampoco se puede pasar página de un libro que ni siquiera ha podido abrirse. Se está dando, sin embargo, justicia y dignidad a la víctimas del franquismo que durante más de ochenta años la siguen esperando.

sábado, 28 de marzo de 2020

Representación de la obra de teatro "Memoria" en el Luzzy




El pasado 28 de febrero la Asociación de Memoria Histórica de Cartagena en colaboración con la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena, a través del programa cultural Cartagena Piensa, ofreció a la ciudadanía de Cartagena la obra de teatro "Memoria". 


Un momento de la actuación.

 La obra aterrizó en nuestra ciudad de la mano de tres jóvenes de Madrid y de Segovia. Interpretada magistralmente por Virginia Rodero, acompañada  musicalmente, de manera excepcional, por Ángela Sanjuán y en la producción, ordenando el escenario y dirigiendo la luminación con gran profesionalidad, Rosel Murillo. El acto fue representado en el Salón de actos del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy.


Las tres protagonistas: en primer plano Ángela, 
a su lado Virginia y en el último plano Rosel.

Con actuaciones como ésta, por mujeres que apenas llegan a los 30 años, podemos decir con gran alegría, que la Memoria así no puede perderse. El ímpetu, las ganas, la frescura, la excelente puesta en escena, la sensibilidad, la musicalidad, la facilidad en  sintetizar lo que aconteció en esa etapa de nuestra historia,  hicieron las delicias del público que, entusiasmado por la obra y la actuación aplaudió con satisfacción, deseoso de abrazar, al finalizar la obra, y fotografiarse con las protagonistas.


Público aplaudiendo.


Como decía  el cartel anunciador "Nos encontramos en el interior de una cárcel franquista. Una presa, una maestra, compartió con nosotros sus recuerdos, ilusiones y vivencias desde la fría soledad de su celda. Un emocionante viaje desde la escuela rural republicana hasta la vida en prisión. Un homenaje a aquellas mujeres anónimas que lucharon por nuestros derechos y libertades. Una historia creada a partir de pedazos de historias como un acto de justicia y reconocimiento". Por el hecho de recaer la acción sobre una maestra republicana, lo que denuncia fundamentalmente la obra es la represión sobre  tres vertientes básicas que el franquismo consideraba necesario eliminar para implantar su régimen de terror y sumisión: en primer lugar, la mujer (la mujer libre, que piensa, protagonista y responsable de sus actos), después sobre la cultura (el magisterio, donde el franquismo puso especial énfasis en fustigar todo atisbo de enseñanza libre y crítica) y, por último, sobre las ideas (los valores republicanos de libertad, democracia y justicia social).




Virginia Rodero.


Nuestra Memoria Republicana fue silenciada durante el franquismo, olvidada durante la transición y gran parte de la democracia por miedo al ruido de sables, y cuando éstos dejaron de oírse se nos dice que no removamos. En definitiva, que se pierda esa parte de nuestra historia, que se pierda esa memoria, que se convierta en una Memoria perdida . Gracias Virginia, Ángela y Rosel por devolvernos el recuerdo y posibilitar que NUESTRA MEMORIA DEMOCRÁTICA MÁS RECIENTE NO SE PIERDA, porque un pueblo sin memoria, sin conocimiento de su historia, está condenado a ser manipulado.


Virginia y Ángela con la presidenta
 y el secretario de la Asociación.


Para mayor conocimiento de la obra podéis visualizar el siguiente vídeo: