lunes, 4 de febrero de 2013

La carretera de la muerte

“Es lo más cercano a un infierno que he visto”
El 6 de febrero las tropas del general Gonzalo Queipo de Llano entraron en Málaga. Alrededor de 100.000 republicanos huyeron hacia Almería por la ruta de la costa. Fue la llamada ‘desbandá’. “Es lo más cercano a un infierno que he visto”, recuerda Salvador Guzmán, superviviente

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Republicanos huyendo por la carretera Málaga-Almería


 Público, 02/02/2013 

 Imaginaos 150.000 hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio, temerosos del ejército nacionalista del general Queipo de Llano. No hay más que un camino. No hay más vía de escape. La ciudad que buscan es Almería, y hay que andar hasta allí cerca de 200 kilómetros (…) Tienen que caminar mujeres, ancianos y niños… tambaleándose, tropezando, abriéndose los pies en los pedernales polvorientos, mientras que los fascistas los bombardean sin piedad desde los aviones y los cañonean desde el mar”.
El testimonio pertenece a la libreta de anotaciones de Norman Bethune, reputado cirujano pulmonar canadiense que acudió a la Guerra Civil española como voluntario del Socorro Rojo. Su testimonio escrito y las fotos de su ayudante, Hazen Size, es de lo poco se conserva de uno de los episodios más trágicos, y desconocidos, de la Guerra Civil: la llamada desbandá.
El 6 de febrero de 1937 las tropas del general Gonzalo Queipo de Llano llegaron a Málaga. La mayoría de los pueblos de la parte occidental de la provincia ya estaba en manos de Franco, y la única salida que quedaba para los milicianos republicanos, las mujeres, los niños y los ancianos era la ruta de la costa, un camino que hoy se recuerda como “la carretera de la muerte” (la actual N-340).
Por el norte de Málaga llegaban las tropas italianas; por el oeste, el ejército de Queipo de Llano; y por mar, los buques del bando franquista. “Por tierra, mar y aire, las tropas franquistas, apoyadas por italianos y alemanes, atacaron a miles de civiles inocentes”, asegura la historiadora de la Universidad de Málaga, Encarna Barranquero, autora del libro Población y Guerra Civil en Málaga: Caída, éxodo y refugio.
Entre 100.000 y 150.000 personas salieron de Málaga hacia Almería por la ruta de la costa. Saber con precisión cuánta gente murió es imposible, aunque algunas fuentes hablan de entre 5.000 y 7.500 personas. Muchos cadáveres acabaron en fosas comunes o se los llevó el río Guadalfeo. “Sólo en la fosa común del cementerio de San Rafael de Málaga ya se han identificado a más de 4.300 víctimas”, señala Andrés Fernández, arqueólogo y responsable científico de las investigaciones en el cementerio de San Rafael.
“Los niños llevaban solamente su pantalón y las niñas su vestido ancho, medio desnudos todos bajo el sol… Niños con los bracitos y las piernas enredados en trapos ensangrentados: niños sin zapatos, con los pies hinchados; niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio… cuatro días perseguidos por los aviones de los bárbaros fascistas, y cuatro noches de caminar en grupo compacto hombres, mujeres, niños, mulas, burros y cabras, tratando de mantenerse juntas las familias, llamándose por el nombre propio, buscándose en las sombras”, prosigue el relato de Bethune.
“Lo peor que una persona puede ver”
Una de esas niñas que caminaba junto a su familia es Natalia Montasaroa. Tenía 13 años aquel 7 de febrero de 1937. Hoy, 76 años después, recuerda para Público, con voz temblorosa, lo que vivió durante aquellos días.
“Salimos de Málaga el día 7 a las diez de la noche. Teníamos miedo porque oíamos a Queipo de Llano por la radio, que decía: ‘Malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna’. La carretera estaba llena de gente. No se me olvidará nunca una mujer con un niño pequeño en brazos; habían disparado desde el barco un proyectil, y las piedras que saltaron le dieron a la mujer en la cara: ella quedó muerta con el niño en brazos, al que no le pasó nada…”, recuerda Natalia, quien en 1937 tenía apenas 13 años.
La familia de Natalia, no obstante, no llegó nunca a Málaga. El ejército italiano los alcanzó antes. “La cuarta noche de travesía recuerdo que veíamos muchas luces detrás nuestra. Le pregunté a mi padre que qué era y me dijo que se trataría del alumbrado de alguna localidad. No era cierto. Se trataba de los tanques italianos. La gente se escondió en el monte. Desde los tanques disparaban con las ametralladoras a todo lo que se movía. Al día siguiente regresamos al camino, una mujer escondida en la cuneta había sido aplastada por los tanques. Ya no tenía sentido seguir adelante, los nacionales habían cortado la carretera de Motril”, asegura.
No obstante, la peor parte del camino aun no había llegado para la familia de Natalia. A pesar de que ya no corrían el peligro de ser atacados por el ejército italiano, el camino de vuelta a casa dejó marcadas en su retina “lo peor que una persona puede ver”.
“Por la carretera vimos muchos muertos: milicianos ahorcados; una familia entera (el padre miliciano, la madre y tres niños) con tiros en la cabeza; muchos prefirieron suicidarse y dar muerte a su familia antes de caer en manos de los nacionales. Cuando llegamos a Málaga a mucha gente la encerraron en un barco que había en el puerto, y a otros muchos los fusilaron”, sentencia Natalia.
“Lo más cercano al infierno”
Salvador Guzmán, de 85 años, sí consiguió llegar a Almería con su familia. Su padre, José Guzmán, era el primer teniente de alcalde del ayuntamiento de Coín (Málaga), gobernado por una coalición de PCE y PSOE. Su huida arrancó la madrugada del 7 de febrero. En un coche, “similar al Renault 4-L de los 60″, la familia del alcalde de la ciudad y la suya emprendieron un largo camino con destino en Almería. En total, diez personas en un coche de 1937.
“Lo primero que se queda en mi retina sucedió nada más salir de Málaga. En un cruce, vi como un hombre le pegó un tiro en la sien a sus dos hijas, después a su mujer y, por último, a él mismo. Fueron los primeros muertos que vi en mi vida pero, desgraciadamente, no fueron los últimos”, recuerda para Público Salvador, que asegura que a lo largo de su travesía su vehículo fue objeto de los disparos de los buques del bando franquista el Cervera y el Canarias.
“Los primeros misiles los tiraron a nuestro coche porque pensarían que éramos tropa. Aquello era lo más cercano al infierno que he visto nunca. Conseguimos refugiarnos en un corte de la carretera. Entonces, vimos a unos paisanos de Coín que también huían. Les dijimos que no pasaran, pero no nos hicieron caso. Vimos como su coche reventaba en cientos de pedazos”, asegura Salvador.
Cuatro días después, la familia de Salvador consiguió llegar a Almería. Por el camino quedaron cientos de víctimas. “Vimos como abrieron las compuertas de un pantano llevándose a muchísima gente por delante entre gritos de desesperación de sus familiares”, recuerda. La llegada a la capital almeriense, no obstante, no puso fin al peligro.
La aviación italiana estaba esperando a los fugitivos. “Los aviones italianos vinieron todas las noches. Bombardeaban el centro de la ciudad donde había miles de refugiados”, relata Salvador, que se encontraba refugiada en la casa de unos amigos de la familia. Las noches de bombardeos sobre la capital de Almería serían los últimos que la familia de Salvador pasara unida. Terminada la guerra su padre fue detenido, humillado públicamente y encarcelado. En 1947, fue fusilado.
El bombardeo sobre Almería fue recogido por el doctor canadiense, quien llegó a la ciudad tras cuatro días trasladando enfermos desde Málaga a la ciudad almeriense. “Cuando aquellas 50.000 personas exangües habían llegado al sitio que creían un abrigo seguro, los aeroplanos fascistas, alemanes e italianos, desataron sobre la población un nutrido bombardeo… arrojaron diez bombas en el centro mismo de la ciudad, en la calle principal de Almería, donde, amontonados en el pavimento, dormían exhaustos los refugiados. La calle parecía un degolladero, con los muertos y los agonizantes, alumbrado por las llamas de los edificios que ardían”, escribe Norman Bethune en su cuaderno.
La dureza de la imagen y la crueldad del destino de los republicanos que huyeron de Málaga llevó a a Bethune, a los supervivientes y a los historiadores contactados por este diario a pensar que la operación de los ejércitos del bando franquista se trataba de un plan organizado de exterminio. “¿Qué crimen habían cometido estos hombres de la ciudad para ser asesinados de modo tan sangriento?”, se pregunta Bethune en la conclusión de sus escritos. “Su único crimen había sido el de votar por un Gobierno del pueblo; moderado paliativo contra la carga aplastante de siglos de codicia del capitalismo”, concluye.
http://www.publico.es/450048/la-carretera-de-la-muerte

domingo, 3 de febrero de 2013

NORMAN BETHUNE, EL ALMIRANTE BASTARRECHE Y LA MASACRE DE LA CARRETERA MÁLAGA - ALMERÍA


Plaza de Cartagena presidida por el busto del Almirante Bastarreche

enposidonia.blogspot.com/
El nombre del Almirante Bastarreche es ostentado por  una de las plazas de Cartagena, presidida por su busto, plaza que hoy ocupa el espacio de lo que en su día se denominó Puertas de San José. 
A los requerimientos de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena, para que tanto la placa con su nombre, como el busto, sean retirados de esta plaza, el Ayuntamiento de la ciudad responde que se trata de un benefactor de la ciudad, que trajo hasta ella las aguas del Taibilla.

Pero, aparte de que el proyecto de traída de las aguas se debiera al gobierno de la II República, quiero resaltar cuál fue el mayor mérito de este fascista a quien incomprensiblemente nuestra corporación municipal quiere continuar honrando: 

El Almirante Bastarreche,1º por la izquierda,
junto a altos cargos del ejército nazi
Francisco Bastarreche comandó los buques Canarias, Baleares y Almirante Cervera en el ataque a la población civil en el crimen de la carretera de Málaga a Almería, secundado por tropas nazis y fascistas italianas.
15.000 ancianos, mujeres y niños cayeron bajo los cañones de Bastarreche.

 Quisiera hoy, en los umbrales del mes de febrero, muy próxima la fecha del aniversario de esta matanza, documentar esta afirmación con un fragmento del relato al respecto realizado por Norman Bethune acerca de lo acaecido el 7 de febrero de 1937:

Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos.
Imaginaros ciento treinta mil hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio, temerosos del ejército nacionalista del general Queipo de Llano. No hay más que un camino. No hay más vía de escape. La ciudad que buscan es Almería, y hay que andar hasta allí más de doscientos kilómetros… huyendo entre declives de más de treinta metros. Un camino encajonado entre los altos picos de la Sierra Nevada y el mar…hay que andar cuarenta o cincuenta kilómetros al día, una caminata de cinco días con sus noches… Y no encontrarán alimento en los poblados por donde pasan ni medios de transporte. Tienen que caminar, caminar, mujeres, ancianos y niños… tambaleándose, tropezando, abriéndose los pies en los pedernales polvorientos, mientras que los fascistas los bombardean sin piedad desde los aviones y los cañonean desde el mar.
“Es una inmensa hilera humana que se estira de Málaga a Almería… aunque menos conocido que otros fue el hecho más criminal de la guerra civil: más que las matanzas de Badajoz, más que el bombardeo de Guernica…
Norman Bethune
   
Norman Bethune
en su foto de graduación

Pero, ¿quién fue nuestro narrador? ¿quién fue Norman Bethune?
Henry Norman Bethune, natural de Gravenhurts (Ontario, Canadá) fue un doctor, un innovador médico del que actualmente sabemos que desarrolló el primer servicio móvil de transfusiones de sangre, en España, en 1936.
Matriculado en la Universidad de Toronto, en 1909, interrumpió sus estudios de Biología durante un año para dedicarse a impartir clases como voluntario en los campamentos de trabajadores inmigrantes.
Norman Bethune
en el campamento para inmigrantes

Retomó su formación, matriculándose en Medicina, para volver a abandonar al estallar la Primera Guerra Mundial, apuntándose voluntariamente como camillero.
Tras ser herido en Bélgica, volvió a su país y continuó los estudios, obteniendo el título de médico en 1916, para alistarse en la Royal Navy, como cirujano con el título de teniente, ejerciendo en el hospital Cathan (Sur de Londres)
Al llegar la paz se convierte en su país en un auténtico pionero en cirugía torácica con un gran prestigio en Canadá, pero cada vez se sentía menos motivado por los tratamientos quirúrgicos y más preocupado por el aspecto socioeconómico de la enfermedad, proponiendo al gobierno canadiense la creación de una red de asistencia sanitaria gratuita para los más desfavorecidos, red en la que tuvieran derecho todas las clases sociales a medicinas y tratamientos.
Consecuente con sus convicciones, fundó una clínica bajo esas condiciones, así como una escuela para que los hijos de los trabajadores pudieran recibir instrucción.

Al estallar, en 1936, la guerra civil española, la Comisión de Ayuda a la Democracia Española le invitó a encabezar la Unidad Médica de Canadá en Madrid, hacia donde partió en noviembre de ese año.
Norman Bethune en la Sierra de Guadarrama
Ante las frecuentes muertes por pérdida de sangre entre combatientes cuyas heridas no parecían graves, Bethune desarrolló las unidades médicas móviles para llevar a la práctica su idea de las transfusiones de sangre in situ, organizando un servicio para recoger la sangre de los donantes y trasladarla al campo de batalla.
Norman Bethune y el equipo de la Unidad de Transfusiones

En febrero de 1937, ante las noticias de lo que estaba ocurriendo, se trasladó a Almería para socorrer a los refugiados huidos de Málaga, población civil que huía de la represión fascista, siendo testigo de uno de los episodios más brutales de la guerra civil española.
El masivo asesinato de la población civil que huía desde Málaga hacia Almería es mucho menos conocido que los hechos de Badajoz o de Gernika, pero mucho más cruento, más aterrador...
Ese domingo, 7 de febrero, todo un pueblo en fuga escapaba de la ciudad de Málaga que estaba siendo ocupada por las legiones de italianos y alemanes y por los moros del tercio.
Al comprobar Bethune la dimensión de la tragedia, decidió desmontar los utensilios médicos de la ambulancia y utilizarla para transportar a los niños y los ancianos, tarea que durante tres días, sin descansar ni siquiera por la noche, realizó en compañía de sus ayudantes Hazen Size y Allan May.
Norman Bethune
junto a la unidad de transfusiones

Unas población mayoritaria de civiles desarmados huye despavorida de las columnas italianas, mientras que, sin piedad, es atacada desde el aire por la aviación alemana y desde el mar por los buques franquistas, comandados por el asesino Bastarreche.


El Almirante Cervera, uno de los buques
que bombardeó a la población civil

Los recuerdos de los horrores que presenció le persiguieron hasta el final de sus días.
"España es una herida en mi corazón - decía - Una herida que nunca cicatrizará. El dolor permanecerá siempre conmigo, recordándome siempre las cosas que he visto".
En su diario escribió todo lo que vio durante esos días. Narra lo que fue esa evacuación en masa, y lo cuenta todo después de esos tres interminables días con sus noches. Al día y la noche siguientes comenzó a relatarlo todo bajo una especie de ataque de furia. Cuando terminó, se asomó a la ventana con el cristal roto del hospital de niños, mirando la ciudad de Almería, aún humeante bajo la luz del amanecer.
Podéis, a continuación, leer el relato completo al que pertenece el fragmento citado más arriba, el relato que hizo Norman Bethune tras las más de setenta y dos horas de duración del holocausto que pudo presenciar:
Huída hacia Almería


“Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros  tiempos. Habíamos llegado a Almería el miércoles 10, a las cinco de la mañana. Traíamos de Barcelona un camión con  sangre preparada para transfusiones con destino a los heridos de Málaga. En Almería supimos la noticia de la caída de Málaga y nos aconsejaron que siguiésemos nuestro camino, porque se tenía por seguro que Motril había caído también.  Entonces resolvimos  ir a ver en qué condiciones se estaba llevando a cabo la evacuación de heridos. Salimos por el camino de Málaga, a eso de las seis de la tarde, y a unos cuantos kilómetros nos encontramos con los que encabezaban la desventurada procesión. Venían primero los más fuertes, los que habrían podido transportar sus cosas en burros, mulas y caballos. Luego, el espectáculo se hacía más lastimoso. Miles de niños (contamos cinco mil menores de diez años), y por lo menos mil de entre ellos descalzos y cubiertos apenas con  harapos. Las madres los llevaban echados al hombro o tiraban de ellos por la mano. Pasó un hombre con sus dos pequeños a la espalda, niños de uno y dos años, y cargando además con cacerolas y trastos, y recuerdos queridos de su hogar… Había mujeres que no podían dar un paso más: la sangre de las úlceras de sus piernas hinchadas teñía de rojo sus alpargatas blancas. Muchos viejos abandonaban toda esperanza y, tumbados en la cuneta del camino, esperaban la muerte.

Nuestro coche se abría paso a duras penas… Los refugiados pasaban al lado del camión, como si no lo vieran. Seguían caminando cansinamente, con los ojos entornados hacia el suelo como síntoma inconsciente de extenuación… Las  mujeres avanzaban lentas con sus vestidos oscuros… Tenían la cara y los ojos congestionados por el polvo y el sol de cuatro días, y levantaban hacia nosotros, en sus brazos cansados, los cuerpecitos de sus hijos…  Los niños llevaban solamente su pantalón y las niñas su vestido ancho, medio desnudos todos bajo el sol… Niños con los bracitos y las piernas enredados en trapos ensangrentados: niños sin  zapatos, con los pies hinchados; niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio… cuatro días perseguidos por los aviones de los bárbaros fascistas, y cuatro noches de caminar  en grupo compacto hombres, mujeres, niños, mulas, burros y  cabras, tratando de mantenerse juntas las familias, llamándose por el nombre propio, buscándose en las sombras.
Huída hacia Almería

Al principio eran grupos dispersos… Después aparecían a intervalos más frecuentes, y por último una hilera continua, unos pisando los talones a los otros… Parecían haber nacido del suelo… Una fila interminable a lo largo del camino con el sol encima y el mar debajo. Entre el murmullo del mar y el eco de los montes el único ruido era el de las sandalias de esparto arrastradas sobre las piedras, el silbido de la respiración cansina y el lamento que salía de los labios agrietados. Eran de todas las edades, pero sus caras estaban dibujadas con los mismos rasgos de agotamiento.
Una mujer sujetando su vientre, sus ojos abiertos, aterrorizados. 
Pasaban al lado de nuestro camión sin expresión... Sise detuvo el camión. Yo salí y me paré en medio de la carretera… No tenían fuerzas para seguir, pero temían detenerse. Decían que los fascistas venían detrás de ellos. ¿Málaga? Sí, Málaga había caído…  
Volví al camión… Yo pensaba en Málaga. En algún lugar habría nuevas defensas… Al final del camino habría lucha, heridos moribundos que necesitarían la sangre que habíamos traído desde Madrid.
Aceleramos la marcha. La carretera se inclinaba y la línea de refugiados se hacía más ancha. Llegamos a una curva en dirección al interior, una pequeña subida,  y de repente una bajada hacia una llanura. Sise sorprendido, pisó el freno bruscamente… Una muchedumbre de personas y animales ocupaba todo el ancho de la carretera…. La llanura se extendía tan lejos como la vista podía alcanzar, y por ella serpenteaba una hilera de treinta kilómetros de seres humanos, como un gusano gigantesco con innumerables pies que levantaba una nube de polvo que se extendía hasta más allá del horizonte a lo largo de la árida llanura y se elevaba hasta las montañas… La carretera  ya no se veía en ningún sitio. Estaba desbordada por los refugiados. Comenzamos a descender lentamente. Sise tocaba la bocina sin parar… Ellos no prestaban atención… Simplemente fluían a los lados del coche con la vista baja golpeándose contra los costados y después ocupando de nuevo todo el ancho de la carretera… Una rápida mirada a lo largo del camino le producía a uno un fuerte escalofrío: kilómetros de gente, y en medio miles de niños.
Ancianos y niños subiendo a la ambulancia

…¡Venían de Málaga, andando  durante cinco días y cinco noches…! 
Después la masa de gente caminante cambió casi imperceptiblemente, como un manantial que de pronto se torna lodo. Juré en voz baja: ¡Militares! Al principio unos pocos, pero un kilómetro más allá venían a cientos. A miles. Sus uniformes estaban rotos; sus armas inservibles; las caras, con barbas de días; los ojos, hundidos por la derrota… Eran refugiados como el resto, en silencio, tristes, huyendo… Teníamos que maniobrar entre los carros rotos y los camiones abandonados. Los burros moribundos habían sido arrojados a las playas, donde la  gente yacía también, con  la lengua inflamada en sus bocas secas… Paramos un momento… y fuimos engullidos por una multitud de súplicas, de manos intentando alcanzar el camión, gente pidiendo agua y transporte.
Les dimos nuestras cantimploras y seguimos avanzando… Pronto se  hizo  la  noche.  A  nuestro  lado  oíamos  el  paso  apretado  de  los refugiados. Sin luces era imposible conducir…, y al fin nos detuvimos…  Un grupo de militares se acercó a nosotros. – Los fascistas avanzan deprisa hacia el este -  nos dijeron. La siguiente ciudad era Motril, y ya debía estar en manos enemigas… No había frente. No había resistencia. Toda la región costera estaba cayendo en manos de las tropas extranjeras de Franco…

Resolvimos regresar para dedicarnos a transportar a los más desvalidos… Descargamos el equipo y las existencias de sangre…, para hacer sitio y mandar el material con la primera ambulancia que pasase…, después abrimos las puertas traseras. Se podía ver la excitación en los rostros de  los refugiados. Todos esperaban,  pero sin saber si tendrían posibilidades…
Unidad de transfusiones
 Una multitud de padres y madres se apretó alrededor del coche. Decidimos transportar a  las familias que tuviesen más niños, y a los niños sin padres, que eran incontables. Llevábamos treinta o cuarenta personas en cada viaje.
Así estuvimos cuatro días y cuatro noches yendo y viniendo, trabajando esforzadamente para evacuar a la población que quedaba de toda una ciudad…. Sise estuvo al volante durante cuarenta y ocho horas mientras  yo me quedaba en la carretera preparando el siguiente grupo. Nuestras caras estaban ya partidas por falta de sueño. Perdimos la noción del tiempo.
Vivíamos con el dolor de los que se quedaban atrás… Trabajábamos sabiendo que cada viaje podía ser el último y con el miedo de que los últimos evacuados fueran aniquilados por los fascistas… En cada viaje a Almería Sise se detenía para pedir ayuda de camiones, carros o cualquier otro medio para acelerar la evacuación. En la ciudad no quedaba ya nada que se moviera sobre ruedas… 
En el Hospital del Socorro Rojo de Almería, los refugiados recibían atención médica, alimento y ropa.  Al incansable esfuerzo de Hazen Sise y Thomas Worseley se debe la salvación de muchas vidas. Iban y venían alternando, día y noche, durmiendo a campo abierto entre los turnos, sin más alimento que naranjas y pan.

Durante el día trabajamos entre nubes de polvo, bajo el sol que quemaba la piel, con los ojos enrojecidos y con las tripas haciendo ruido. De noche, el frío era insoportable y deseábamos el calor de nuevo. Un profundo silencio reinaba entre los refugiados. Yacían hambrientos en los campos, atenazados, moviéndose solamente para mordisquear alguna hierba. Sedientos, descansando sobre las rocas o  vagando temblorosos sin rumbo con la mirada vidriada y perdida por la alucinación. Los muertos estaban esparcidos entre los enfermos, con los ojos abiertos al sol.
Los aviones alemanes

Entonces, unos cuantos aviones pasaron sobre nuestras cabezas. Brillantes aviones plateados: bombarderos italianos y Heinkels alemanes. Se lanzaron  hacia la carretera y, como una maniobra de tiro rutinaria, sus ametralladoras trazaban dibujos geométricos entre los refugiados que huían…

De nuevo vi el camión que  volvía. Cargamos a cuantos pudimos. Esta vez subí yo también, llevando a un niño en mis brazos, que gemía y me miraba con ojos febriles. Probablemente meningitis... Yo esperaba llegar a tiempo a Almería. Me quedé dormido… Cuando desperté vi el camión bajando lentamente la cuesta del último kilómetro… Decenas de miles de refugiados surgían de entre las montañas y se extendían como un abanico. Parecía un enorme enjambre sobre las colinas, la carretera, las playas. Algunos caminaban en el agua para llegar antes a la ciudad. A la entrada de la ciudad el camión avanzaba al mismo paso que la multitud apretada, centímetro a centímetro. Pero al fin estábamos en Almería. 

Como si no fuese bastante haber bombardeado y cañoneado a esa procesión de campesinos inermes a lo largo de su caminata interminable, el día 12 de febrero, cuando el pequeño puerto de Almería estaba atestado de gente refugiada, cuando la población se había duplicado, cuando aquellas cincuenta mil personas exangües habían llegado al sitio que creían un abrigo seguro, los aeroplanos fascistas, alemanes  e italianos, desataron sobre la población nutrido bombardeo…  arrojaron diez bombas en el centro mismo de la ciudad, en la calle principal de Almería, donde, amontonados en el pavimento, dormían exhaustos los refugiados.
Cuando se habían alejado los aviones, levanté del suelo los cadáveres de tres niños… La calle parecía un degolladero, con los muertos y los agonizantes, alumbrado por las llamas de los edificios que ardían. En la oscuridad, los quejidos de los niños heridos, los gritos de las madres agonizantes y las maldiciones   de los hombres, se alzaban en un  lamento de masa hasta hacerse intolerable… Aquella noche fueron ametrallados, desde los aeroplanos, cincuenta paisanos, y hubo más de cincuenta heridos… 
Almirante Bastarreche

A la luz de los edificios ardiendo se veían multitudes de gente que surgían de cualquier sitio, corriendo sin saber hacia dónde, escapando de las bombas o pasando bajo paredes que se tambaleaban, cayendo en los  enormes hoyos que las bombas habían hecho en el suelo, agarrándose y gritando mientras desaparecían… No había ruido de bombas en la dirección del puerto. ¡Los bombarderos no estaban interesados por el puerto!
Iban siguiendo presas humanas. Iban tras los cien mil que habían conseguido huir de ellos en Málaga, que habían rehusado vivir bajo los fascistas, y que estaban ahora acorralados aquí y que hacían un blanco perfecto. Durante una semana habían dejado tranquila Almería… Ahora que la dura marcha desde Málaga había terminado, ahora que los refugiados estaban recogidos entre unos cuantos bloques de ciudad, donde el asesinato en masa requería un mínimo de bombas, ahora Franco estaba saciando su sed de venganza. No importaba nada el puerto. Un puerto no puede pensar, ni desafiar al fascismo,  ni sangrar. Sólo la gente tenía cerebro, corazón, valor. ¡Matadlos, mutiladlos, mostradles las garras despiadadas del fascismo!...

De pronto el bombardeo cesó y  el rugido de los aviones se perdió en el cielo. Las llamas iluminaban las caras de los hombres y mujeres paralizados por el horror… El ataque había pasado, pero quedaban los muertos y los moribundos. Até las heridas de la gente con  tiras de tela sacadas de sus propios vestidos. 
En el centro de la ciudad llegué hasta un círculo de mujeres y hombres en silencio. Dentro del círculo había un enorme cráter abierto por una bomba. Dentro del cráter había tuberías retorcidas, ropas rasgadas, una masa aplastada de lo que una vez fueran seres humanos…
¿Qué crimen habían cometido estos hombres de la ciudad para ser asesinados de modo tan sangriento? Su único crimen había sido el de votar por un Gobierno del pueblo; moderado paliativo contra la carga aplastante de siglos de codicia del capitalismo. Alguien pregunta por qué no se quedaron en Málaga a esperar la entrada de los fascistas. Porque bien sabían lo que había de sucederles. Bien sabían lo que habría de ser de sus hombres y de sus mujeres, puesto que ya ha sucedido muchas veces en otras ciudades capturadas por ellos.  Todos los hombres de quince a sesenta años que no pudiesen probar que se les había forzado a apoyar al Gobierno legítimo, serían fusilados sin más trámite…



Bastarreche junto a Franco

RECLAMAN A CARDONA LA APERTURA DE LA FOSA COMÚN DEL CEMENTERIO DE LAS PALMAS

Los Familiares de los Fusilados de San Lorenzo remitieron un escrito al alcalde de la capital



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Familiares de los Fusilados de San Lorenzo


 

Jueves, 31 de enero de 2013

La pasada semana, la  Plataforma de Familiares de los Fusilados de San Lorenzoreclamaba por escrito al alcalde de Las Palmas de G.C., Juan José Cardona, la apertura de la fosa común del cementerio capitalino. Enterramiento en el que se estima que podrían encontrarse los restos de entre 50 y 60 personas asesinadas por el franquismo. Entre ellas,  el que fuera alcalde del desaparecido municipio de San Lorenzo, Juan Santana Vega, y el sindicalista vinculado a dicho ayuntamiento Francisco González Santana. Otra de los “desaparecidos” que puede estar enterrado en la fosa común es el periodista Manuel Fernández, asesinado a golpes en el Campo de Concentración de La Isleta por haber escrito artículos contra los generales golpistas.
   Los miembros de la plataforma efectúan esta reclamación después de que la jueza Ana Isabel De Vega Serrano, titular del Juzgado de Instrucción nº 5 de Las Palmas,  desestimara a finales del 2012 la demanda presentada por el colectivo el 21 de noviembre con idéntico objetivo.
   “Aunque estamos pendientes de la resolución del Recurso de Apelación  presentado ante el Tribunal Superior de Justicia de Canarias para la apertura de dicha fosa común  -manifestóFrancisco González, nieto del sindicalista fusilado- consideramos muy importante que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se implique y se posicione para recuperar unos restos con el objetivo de darles una digna sepultura”. 
  “No podemos permitir -añadió González – que en una democracia haya cuerpos de demócratas enterrados como perros en fosas comunes, pozos o cunetas. Por ello pensamos que el municipio de Las Palmas de Gran Canaria, tiene una deuda moral con un municipio donde asesinaron a su alcalde, al secretario municipal, al inspector jefe de la policía local y a otros miembros de su corporación”.
   La Plataforma de Familiares de los Fusilados de San Lorenzo considera, igualmente, que es competencia municipal autorizar y facilitar los medios para proceder a la exhumación de los restos que se encuentran en la fosa del citado cementerio.
   Para justificar su solicitud, los miembros de este colectivo se remiten al Auto de Competencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, que se refiere en su Fundamento Jurídico Tercero a que “los derechos de las víctimas de violaciones de Derecho Internacional de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario gozan hoy de amplio reconocimiento”.  Citando, entre otros, los “Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones”, donde “se proclama, como derecho de los afectados por tal clase de acciones criminales, entre otros, el de acceso a una reparación adecuada, que comprenda “la verificación de los hechos y la revelación pública y completa de la verdad”, así como la “búsqueda de […] los cadáveres de las personas asesinadas, y la ayuda para recuperarlos, identificarlos, si fuera necesario, y volver a inhumarlos según el deseo explícito o presunto de las victimas…”, para concluir que “huelga decir que esos derechos, según los mismos textos, tienen como contrapartida, el deber de los Estados de procurar de manera efectiva su satisfacción”.

Alemania reabre una investigación por la peor matanza de los nazis en Francia

Agentes judiciales buscan nuevas pruebas en el pueblo de Oradour-sur-Glane

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Pueblo francés de Oradour-sur-Glane



El País, 31-01-2013 

Agentes judiciales alemanes viajaron esta semana al pueblo francés de Oradour-sur-Glane en busca de evidencias contra seis alemanes sospechosos de haber participado en la masacre de 642 civiles en 1944. Según el jefe de la Agencia para el esclarecimiento de crímenes de guerra nazis, Andreas Brendel, los investigadores están colaborando con las autoridades francesas.
La Justicia alemana retomó las investigaciones en 2010 y ordenó registrar las viviendas de los seis veteranos de la Waffen-SS, que hoy cuentan 86 y 87 años. Según los informes judiciales, el estado de salud de tres de ellos les impedirá responder de las acusaciones. Aunque el asesinato no prescribe como delito en Alemania, cabe dudar de que los otros tres vayan a tener que acudir a los juzgados de Dortmund que investigan el caso. El fiscal de la ciudad alemana, Ulrich Schepers, participó en el viaje a Oradour, donde se ha entrevistado con supervivientes y ha visitado las ruinas de la población arrasada hace 69 años. Las ruinas del pueblo se conservan tal y como quedaron, como recordatorio de la barbarie nazi.
Apenas cuatro días después de que los estadounidenses desembarcaran en Normandía con una de las victorias decisivas de la II Guerra Mundial, unos 150 hombres del regimiento de infantería acorazada Der Führer de la Waffen-SS (el brazo militar de la organización nazi SS) cercaron el pueblo de Oradour, próximo a Limoges, en el oeste francés. Era la una y media de la tarde. El comandante Adolf Diekmann dio la orden de matar “con disparos a todos los habitantes, también a los niños”. Empezaron hacia las dos de la tarde y, según el criminal de guerra Heinz Barth, terminaron “rápido”. Ataron a unos 200 hombres. A las mujeres y a los niños los metieron en la iglesia y le prendieron fuego. Mientras ardía, los alemanes ametrallaron a los hombres. Para terminar quemaron el resto de la población, ya vacía.
Por su implicación en la masacre, Barth fue condenado a cadena perpetua en la República Democrática Alemana (RDA) en 1983. Salió libre en 1997. Otros 60 soldados fueron condenados a penas menores. En 2010, unos investigadores alemanes dieron con documentos incriminatorios para otros seis veteranos en los archivos de la policía política de la RDA. Según Brendel, apuntan a que también participaron en la matanza de Oradour, que fue el peor crimen perpetrado por los nazis sobre territorio francés durante la II Guerra Mundial.
Pero no el único: los investigadores de Dortmund buscan posibles supervivientes alemanes de la masacre de Maillé, cerca de Tours, donde fueron asesinadas 124 personas el 25 de agosto de 1944. Alemania no extradita a sus ciudadanos ni siquiera por crímenes de este calibre. No obstante, el código penal alemán tiene la ventaja de que los asesinatos y también la complicidad pueden ser perseguidos de por vida.
Mientras los investigadores viajaban a Francia, esta semana se conmemoraba en Berlín el 80º aniversario de la “toma de poder” por parte de Adolf Hitler y el partido nazi. La superviviente del Holocausto Inge Deutschkron habló el miércoles ante el pleno de la Cámara baja (Bundestag), en el mismo edificio del Reichstag que albergaba el Parlamento alemán que Hitler convirtió en una farsa. Ochenta años después, las más altas instituciones han vuelto a lamentar aquella deriva criminal.
http://internacional.elpais.com/internacional/2013/01/31/actualidad/1359664387_380506.html

6ª marcha del Jarama 2013

 

Este año haremos la marcha el sábado 16 de febrero. Estará dedicada a los voluntarios franceses, o de habla francesa, que combatieron en esta batalla. Muchos dieron sus vidas y sus restos descansan en los cementerios de Morata y Arganda o perdidos en el campo de batalla. La ruta la iniciaremos por la zona donde combatió la XIV BI y la terminaremos en el monumento de Morata a las BI. Nuestro guía será de nuevo el experto David Loriente. Como siempre, vendrá una numerosa representación de amigos británicos, irlandeses y franceses

El programa de actos comienza el jueves 14 de febrero y termina el domingo 17. Si quieres detalles sobre todos ellos, puedes seguir leyendo. Y si quieres participar, sigue las instrucciones que damos al final. Salud.
PROGRAMA
Jueves 14 febrero. Salón de Actos del Instituto Internacional Americano, C/ Miguel Ángel, 8
19:00 Presentación del libro de Laurie Levinger ‘Amor y Saludos Revolucionarios: un joven de Ohio en la Guerra Civil española’ y de la versión inglesa del libro-guía ‘Lugares de las Brigadas Internacionales en Madrid’ de Ken O’Keefe.
Viernes 15 febrero. Salón de Actos del Ateneo de Madrid, Calle del Prado, 21
18:00 Presentación de la 6ª Marcha del Jarama. Entrega del premio ganador del 1º concurso escolar irlandés sobre las Brigadas Internacionales y anuncio de la publicación del libro: ‘Antifascistas’, de la IBMT
20:00 Celebración del 76 aniversario del la victoria del Frente Popular
Sábado 16 febrero. Marcha del Jarama
9:00 Salida de los autobuses frente al Hotel Agumar, Paseo Reina Cristina, 7
10:00 Comienzo de la 6ª Marcha del Jarama sobre el recorrido de la XIV Brigada Internacional franco-belga. Punto de partida: aparcamiento del restaurante El Alto (Ctra. Chinchón M-311 km 4,8)
13:00 Homenaje a los republicanos españoles e internacionales que lucharon y cayeron en el Jarama. Lugar:  Monumento a las Brigadas Internacionales de Morata de Tajuña.
14:00 Comida en el Mesón El Cid y visita al Museo de la Batalla del Jarama.
17:30 Visita al cementerio de Morata
18:30 Regreso al Hotel Agumar.
Domingo 17 febrero
10:30 Paseo desde la Casa de las Flores hasta el monumento de las BI de la Ciudad Universitaria. Punto de partida: calle Princesa, 72, frente al metro Argüelles salida Altamirano
12:30 Homenaje a las BI en el monumento de la Ciudad Universitaria
Para reservar:
La asistencia a la marcha es libre, pudiendo acercarse al punto de partida en coche o en el autobús que pondrá la organización. El coste del transporte en autobús será de 10 euros por persona. La comida en el Mesón El Cid tiene un precio de 25 euros. Un autobús podrá acercar a los conductores que quieran recuperar el vehículo que dejaron en el aparcamiento de El Alto.
Para reservar una plaza en el autobús o en la comida del sábado, pónganse en contacto con: jarama2013@gmail.com
La fecha tope de reservas será el 10 de febrero.

Presentación
Del 14 al 17 de febrero se celebrará el 76º aniversario de la batalla del Jarama; el acto central, como siempre, será la Marcha del Jarama que se realizará el sábado 16.
Este año se cumplen 10 años de la primera conmemoración de esta batalla, acto en que nos involucramos un puñado de amigos bajo el impulso de su promotor: Bob Doyle. Aquel 12 de febrero de 2003 levantamos, cerca de la Colina del Suicidio,  un humilde túmulo de piedras  a la memoria de Kit Conway (amigo de Bob) y de sus compañeros del batallón británico y de la XV BI. Luego se fueron levantando otros: el gran monumento a las BI de Morata (2006) y el monumento a Charlie Donnelly en Rivas (2010). Vamos sembrando así  el campo del Jarama de hitos que recuerdan aquella heroica lucha de los antifascistas de España y del mundo entero.
La marcha de este año estará dedicada especialmente a recordar a los voluntarios de lengua francesa (franceses, belgas, argelinos, marroquíes y tunecinos)  que lucharon en el Jarama. Fueron muchos, más de 3.000, integrados en los cuatro batallones de la XIV BI, La Marsellesa,  y en los batallones Commune de Paris (XI BI), André Marty (XII BI) y Six Fevrier (XV BI).
Queremos rendir un recuerdo especial a François Mazou, que combatió en el batallón 6 Fevrier. En 1986 vino a Madrid para abrir una vía de recuerdo a sus compañeros, "los olvidados del Jarama", título del escrito que presentó en la sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Gracias a sus esfuerzos comenzó a ser recuperada la memoria de aquellos combatientes, lo que se plasmó en un primer memorial colocado en 1989 junto a la fosa común donde descansan los restos de los caídos y en la gran placa que en 1994 se inauguró sobre la pared del fondo del cementerio de Morata.
Vamos a contar con la probable presencia del brigadista Joseph Almudéver; no, lamentablemente, con la del británico David Lomon, recientemente desaparecido. También vendrá una representación de amigos franceses de ACER (Amis et Combatants de l’Espagne Republicaine) y, como todos los años, un buen número de amigos de Irlanda y Reino Unido así como de otros países, lo que dará a la marcha un notable carácter internacionalista, como lo tuvo la batalla que en los campos del Jarama se libró ante las fuerzas fascistas.
No está de más recordar el contexto en que vamos a realizar esta marcha: el Capitalismo ha generado una profunda crisis de la que intentan salir acabando con el Estado del Bienestar y con las conquistas sociales de los trabajadores; su ansia de beneficios aumenta sus impulsos depredadores con los seres humanos y con la naturaleza. Los gobiernos “democráticos” colaboran con este Capitalismo salvaje aplicando las políticas neoliberales mediante la mentira ("no hay otras vías") y la estrategia del shock.
Falta un impulso popular que frene esta marea conservadora: una alternativa de lucha que aglutine a todos los grupos sociales golpeados por las políticas reaccionarias del PP y de la Unión Europea. Contamos con el ejemplo de los Frentes Populares formados en los años treinta y de los que este año conmemoramos el 77 aniversario de su triunfo en España y en Francia. También contamos con el ejemplo de solidaridad internacional que dieron los brigadistas. Antes de venir a España, la mayoría de ellos habían estado luchando en sus respectivos países contra los efectos de la gran crisis de los años 30. Su lucha en España, aunque temporalmente fracasada, permitió la derrota del fascismo en 1945.

Casar de Cáceres rinde homenaje a sus vecinos fusilados

 La Agrupación Local del PSOE ha organizado, por cuarto año, el acto denominado In Memoriam de los Casareños Fusilados

 

In Memoriam de los Casareños Fusilados

 


El Periódico de Extremadura, - 1 febrero 2013 

La Agrupación Local del PSOE de Casar de Cáceres ha organizado, por cuarto año, el acto denominado In Memoriam de los Casareños Fusilados , que pretende recobrar la historia reciente del municipio. Para ello, hoy viernes se llevará a cabo una charla debate denominada Foro XXI: La Memoria de un pueblo , que contará con la presencia de dos expertos en el estudio de la memoria histórica: Julián Chaves Palacio y el casareño Julio Núñez Montaña. La conferencia se desarrollará a las 20.00 horas en la casa de la cultura.
Mañana sábado se dedicará un homenaje a los casareños fusilados por defender valores y libertades, a las 12.00 en el Reloj de Sol de la Charca. Durante este acto se honrará la memoria de los vecinos que fueron fusilados junto a las tapias del cementerio de Cáceres en la madrugada del 22 de enero de 1937, por defender sus ideas y el estado constitucionalmente establecido. Las víctimas fueron: Daniel Pacheco Carrero (alcalde de Casar), Pedro Sinforiano Bravo Carretero e Isaac Lino Campón Carretero (guardias municipales), Andrés Ordiales Barrantes (presidente de la Casa del Pueblo) y Benjamín Caro Molano (jornalero). También se recordará a otros tres vecinos asesinados en el 36.
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/provinciacaceres/casar-rinde-homenaje-a-sus-vecinos-fusilados_709847.html

sábado, 2 de febrero de 2013

Gáldar recuerda junto a las familias a los desaparecidos de la Guerra Civil (Las Palmas)

Todo ello para recomponer la memoria de quienes injustamente fueron despojados de sus vidas



Homenaje a los desaparecidos en la guerra civil




Infonortedigital, - 31 enero 2013 

El cementerio de San Isidro de Gáldar acogió  este miércoles el acto de homenaje a los desaparecidos con motivo de la Guerra Civil Española, un reconocimiento celebrado conjuntamente por el ayuntamiento de la ciudad y las familias. Al cumplirse diez años del primer acto público de homenaje celebrado en esta localidad, y dos años desde que se recuperaron los cuerpos de los 17 galdenses, víctimas de las represalias del régimen franquista, la emoción y el recuerdo  volvieron a impregnar una vez más las palabras de los que aún hoy en día no olvidan esta incomprensible pérdida.
Y así quisieron destacarlo, tanto el alcalde de la ciudad, Teodoro Sosa Monzón, para quien la Ley de las Memoria Histórica y el empuje de las familias han sido fundamentales para recuperar del olvido a estos hombres  que un día fueron sacados por la fuerza de sus casas y de ellos no supieron más sus familias.
Así lo recordó también, en nombre de los familiares, José Pérez Vega de 80 años de edad, que aún hoy añora a su padre Prudencio Pérez Perdomo, a quien con tan solo cinco años “vio como se escondía bajo la cama porque venían a por él”, con la excusa de tomarle “declaraciones” y nunca más volvió a saber de su paradero. Significativas las palabras de cariño y recuerdo de Estela Osorio, a cuyo tío  Francisco Osorio Medina se lo llevaron por venganza, ya que nunca estuvo en política, “pero del mismo modo vinieron a por él y tristemente ya no supimos nada más”.
Hasta que en abril de 2011 regresaron sus cuerpos a Gáldar, en un acto que emocionó a la ciudadanía, al llegar al frontis de la Iglesia, desde el Pozo de Las Brujas los 17 cuerpos sin vida, y desde allí al cementerio municipal donde ya descansan, bajo una misma lápida con sus nombres; la misma lápida donde depositaron hoy (por ayer) las flores del recuerdo, pero también de la tristeza, por la juventud perdida y por tantas cosas que debían haber compartido y no pudieron. La nieta de Manuel López Perdomo aclara que a su abuelo se lo llevaron con tan solo 24 años y apenada por lo mucho que su madre lo extraño, vive todavía con esa tristeza.
Y así, muy similares han sido las historias de José Alamo Godoy, Juan Artiles Vega, Francisco Delgado Quesada, Antonio y Juan García Castillo, José Ceferino León Medina, José Macías Sosa, Juan Moreno González, Julián Quintana Sosa, Manuel Ríos Santana, Narciso Rodríguez Pérez , Francisco Santana Santana, Francisco Trujillo Rodríguez y Bartolomé Vega Trujillo, cuyas vidas y memoria se recuerdan en los actos organizados estos días por la concejalía de Participación Ciudadana, Asociaciones de Vecinos y Barrios del ayuntamiento y las propias familias de los desaparecidos, que además han preparado una exposición en el centro cultural Guaires con imágenes de lo publicado en estos últimos diez años, sobre la recuperación de la Memoria Histórica.
Tras la exposición, se celebró un vídeo forum con la proyección de la película “Huesos” de TVE, con una mesa compuesta por historiadores y familiares de los desaparecidos.
Este jueves 31 de enero en el centro cultural Guaires, continúan los actos a partir de las diez de la mañana, con un video forum que estará dirigido a los estudiantes del IES Saulo Torón. Y en la  Casa del Capitán Quesada, a partir de las 18.00 horas, tendrá lugar la proyección del trabajo “Testimonio de la represión franquista. Exhumación del Pozo de las Brujas” a cargo de José Guillén Medina.
Todo ello para recomponer la memoria de quienes injustamente fueron despojados de sus vidas. Muchos mencionaron hoy la palabra  perdón pero siempre con un matiz: “perdonar sí, pero no olvidar”, dejando claro que ese perdón tiene que servir para que nunca más vuelva a ocurrir algo que ha abierto tantas heridas difíciles de curar.
http://www.infonortedigital.com/portada/component/content/article/9-sociedad/19848–galdar-recuerda-junto-a-las-familias-a-los-desaparecidos-de-la-guerra-civil