miércoles, 6 de febrero de 2013

En marzo la causa comenzará a tomar testimonios por videoconferencia desde Europa. Está basada en los principios de justicia universal, lesa humanidad e imprescriptibilidad de los delitos. La doble moral de los tribunales españoles.

Entrevista exclusiva a Darío Rivas, iniciador en los tribunales argentinos de la única querella que se tramita en el mundo contra los crímenes del franquismo.



Darío Rivas Hijo de represaliados




 Tiempo Argentino / DANIEL ENZETTI / 03-02-2013

Darío Rivas es el menor y único vivo de nueve hermanos nacidos en Lugo, en las primeras décadas del siglo pasado. Su madre murió cuando él tenía 5 años. Y el papá Severino, labrador y militante republicano, se las tuvo que arreglar solo en medio de la miseria, las primeras apariciones de la represión franquista y la guerra contra los moros en Melilla y Ceuta, que arrancaba hijos a las familias humildes para que hicieran de escudos en el frente.
Uno de ellos, Dorositeo, fue a combatir, y milagrosamente volvió. La aldea fue una fiesta, con cerdo y vino tinto. Pero el jefe de familia se juró que nunca más le sacarían a los chicos, ni morirían en medio del campo por enfermedades de la pobreza. Hizo viajar a una hija a Argentina, y cuando Darío cumplió 9, en 1930, lo cargó en un barco, le dio plata a un marinero para que lo cuidara, y se lo mandó a la hermana mayor a Buenos Aires.
Con la República, y empujado por sus amigos para que aceptara, en 1936, plena Guerra Civil, Severino se convirtió en alcalde de Castro de Rei con el voto de los 14 concejales del lugar. Un funcionario raro y peligroso, pensó la falange. Pedía semillas en la ciudad y se las daba a la gente para sembrar centeno en el monte. Llamó a varios maestros, improvisó una escuela en su casa y la convirtió en centro de enseñanza para los pibes. Les prohibió a los curas dar misa fuera de la iglesia, y dejó sin efecto un diezmo obligatorio que la curia cobraba anualmente.
Duró en el cargo cuatro meses, hasta que los franquistas no aguantaron más. Sabían sus movimientos de memoria: a la mañana bien temprano atendía reclamos, organizaba reuniones en el pueblo para mejorar las calles y daba una mano a los profesores en las clases.
Hasta el mediodía, cuando viajaba unos pocos kilómetros a Lugo, y comía con amigos en el café España, antes de sus partidas de dominó. Una tarde de agosto del '36, las tropas de asalto de la ciudad lo detuvieron junto con un amigo.
Fueron a parar a la cárcel, pero la presión de los pobladores obligó a los franquistas a dejarlos en libertad una semana después. El 29 de octubre, tres guardias volvieron a secuestrarlos en la calle, los llevaron al caserío de Cortapesas, en Puerto Marín, y los fusilaron al borde de una cuneta, en el medio de la nada.
Severino tenía puesto un gabán que le había regalado su hija.
Si no fuera por ese abrigo, a lo mejor Darío nunca hubiera encontrado muchos años después el cuerpo de su padre asesinado.

–¿Cuándo arrancó la búsqueda?
–Volví a España recién en 1952, y me ocurrió algo que nunca pude borrar de la cabeza. Ni bien llego al pueblo, se me acerca un viejísimo amigo de la infancia, emocionado, llorando: “Oye, Darío, ¿me recuerdas?, ¡yo estudiaba en tu casa, con tu padre!”. “¡Hijo de puta –le contesté–, tu estudiabas en mi casa y a mí me mandaron a 12.000 kilómetros!”. Nos reímos un día seguido. Encontrar el cuerpo fue un verdadero milagro. Mis hermanos mayores, los que se quedaron allá, sabían qué había pasado, pero jamás me lo dijeron. Fueron muriendo y se llevaron el secreto. Pero aquel viaje del '52 se dio por casualidad. Mi mujer pidió que la acompañara para visitar a sus tías de crianza, y me encontré con vecinos que habían querido mucho a mi padre, e insistían con hacerle homenajes y pusiéramos su nombre en una calle del ayuntamiento. Años después pisé otra vez el pueblo, y un día antes de tomar el avión para Argentina se me ocurrió ir a Puerto Marín. Estábamos con mi sobrina, en un negocio de regalos. Se me acerca la vendedora, una mujer grande, curiosa por el acento: “Perdón, ¿usted de dónde es? ¿Turista?”. Sí y no, dije. Le conté que venía de Buenos Aires, que había nacido en Galicia, y me había criado en Castro de Rei. Y llegó el milagro: “¿Sabe una cosa? Cuando yo era chica, los franquistas mataron a dos personas en Cortapesas, y todos decían que una de ellas era un señor muy importante de Castro de Rei. Se imagina, los niños fuimos a ver qué había pasado. El señor estaba tirado en el piso. Lo dejaron abandonado ahí, para aleccionar al pueblo. Tenía puesto un gabán gris muy lindo, claro que debía ser importante.” No pude hablar más. Mi hermana le había mandado a papá un gabán desde Argentina, exactamente igual al que mencionaba la mujer, y andaba todo el día con eso puesto. Fue el comienzo de años de investigación, que terminaron cuando exhumamos sus restos, en el 2005.
–¿Qué otros datos pudo averiguar?
–Las cosas se fueron dando solas, una atrás de otra. El carnicero que tiene a un familiar enterrado junto al cementerio del pueblo terminó de confirmarme que a mi padre lo habían puesto detrás de la iglesia, pero no en el campo santo, por orden de los sacerdotes que respondían a la dictadura. Después de dispararle, lo remataron con un tiro en la sien. Estuvo a la intemperie varias horas para que la gente lo viera, hasta que le ordenaron a un chico cavar la fosa. Yo seguí moviendo títeres. Pedí al cura de Cortapesas poner una placa en donde suponíamos que estaba, pero no nos dejó, dijo que todo eso era sagrado. “Bueno, entonces, una cruz de madera.” Tampoco, le tenía que pedir autorización al obispo. Nos peleamos con todo el mundo, y empezaron a ayudar mis sobrinos, los amigos, la familia, la gente que lo había tratado. Encontramos archivos de su detención en la cárcel de Lugo, y la orden de matarlo por comunista. Y tuvimos que golpear varias puertas para que autorizaran el movimiento de tierra. La exhumación fue un momento de mucho nervio, no lo encontrábamos, pero de repente, apareció.
–¿En qué momento se decidió a presentarse como querellante?
–La querella que hoy se tramita en la justicia argentina es la única en el mundo contra los crímenes del franquismo, porque el intento anterior impulsado por (Baltasar) Garzón fue vergonzosamente archivado. Pero hay que entender una cosa: a Garzón lo voltearon por querer investigar la represión, pero además, por meterse contra la corrupción, contra los que en España históricamente se robaron todo. El franquismo sigue estando en el gobierno, porque sigue estando su legado, el miedo que generó. Algo increíble tratándose de (Francisco) Franco, un verdadero cobarde, posiblemente el general más cobarde del ejército español. Mandaba al frente a pobres soldados, y les robaba sus condecoraciones. Pero con los muertos sí era valiente. Cortaba la cabeza de los moros y se las exhibía a Primo de Rivera en punta de lanza. Después, durante la Guerra Civil, no tuvo problemas en traer a 80 mil moros para matar al pueblo español. La sociedad española es extraña. En 1952, yo mismo vi cómo aplaudían a Franco en La Coruña las mujeres de luto, al poco tiempo de que sus maridos habían muerto en la guerra. Por eso, digo que allá sigue el franquismo. Rodrigo Ratto, ex ministro de Finanzas, fundió el banco nacional y nadie hizo nada. Se sigue festejando el Día de la Victoria de las tropas de la dictadura, y mientras el país está en crisis, el rey paga 39.000 euros por matar elefantes. El palacio cercano a Madrid costó 13 millones de euros. Dentro de todo ese marco, lo que me había pasado lo tenía como una gran deuda, por eso me presenté.
–¿Qué alcances tiene la investigación?
–Estoy reclamando por 115.000 personas desaparecidas y asesinadas, y 30.000 niños robados a los que les cambiaron su identidad. Es el juicio más grande vinculado a los Derechos Humanos que se conoce, y lo trascendente es que para llegar a la verdad no existan las fronteras. Estamos hablando de delitos de lesa humanidad, que no prescriben, y que no importa dónde fueron cometidos. Lo importante es su consecuencia terrible, porque el franquismo no tuvo límites. Los discursos del general Emilio Mola eran órdenes explícitas para asesinar en masa. En Zaragoza, por ejemplo, el cura tenía una libreta de almacenero, donde iba anotando los crímenes que ordenaba el Estado. Llegó a tildar 2500 fusilamientos en un mismo día. Y el robo de criaturas fue otra de las caras que tuvo ese terror, con la complicidad de la Iglesia.
–¿Cómo se cometían esos delitos?
–Eran las monjas las que arrancaban a los hijos de las manos a las mujeres paradas delante de un pelotón, para regalarlos a quienes ellos querían. Esos niños eran mercadería. Mirá si son degenerados los curas, que la moneda, el duro o la peseta, decía “Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España por la gracia de Dios”. Uno de los que digitaba las penas de muerte de los republicanos era el obispo de Valladolid. Por eso me da vergüenza hablar de la sociedad española, y una vez lo mencioné en la Universidad de Salamanca: “Leí El Quijote y yo creía que había muchos quijotes, pero con el tiempo me di cuenta de que el territorio español estaba lleno de Sanchopanzas”. Se mueren por el coche nuevo, por la apariencia, y tapan todo con el olvido. Para peor, con tal de seguir con esa vida mediocre, hacen como que nunca pasó nada. Un franquista se mira con un comunista, y se engañan el uno al otro. No hay sentimiento. Hoy, la gente de España tiene pánico, el hijo de puta de Franco mató a miles, y pegó tanto, que la gente quedó acobardada para siempre. «
La doble moral de la justicia española
A finales de enero pasado, la Audiencia Provincial de Barcelona se mostró partidaria a reabrir una investigación sobre los ataques aéreos que la falange italiana realizó sobre esa ciudad española entre 1937 y 1939.
Conjuntamente, redactó un escrito que requiere "determinar los nombres del ejército italiano que ordenaron estos bombardeos, por qué motivo y quién los ejecutó".
En el documento, los tres magistrados que integran el cuerpo califican a los delitos como de "lesa humanidad", que "componen una de las páginas más negras de nuestra historia, no sólo por el número de víctimas, sino por el ensayo que supuso de mecanismos de aniquilación de población civil".
Sin embargo, los tribunales dijeron algo totalmente diferente hace dos años, cuando el juez Baltasar Garzón intentó abrir una investigación sobre el mismo período histórico, y establecer la metodología impuesta por el franquismo para matar y desaparecer a casi 120 mil españoles dentro de su territorio.
Planificación de exterminio que el dictador Francisco Franco estableció no sólo apelando a su Guardia Civil, sino además a sus aliados extranjeros. Como la Falange italiana de Benito Mussolini.
El argumento de los magistrados para archivar el pedido de Garzón fue el paso del tiempo, la alta posibilidad de que los responsables hubieran fallecido, y la prescripción de los delitos a investigar.
Excusas que, una a una, fueron derribadas por un profundo análisis llevado a cabo el año pasado por la organización Amnistía Internacional, en un trabajo titulado "Casos cerrados, heridas abiertas. El desamparo de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo en España".
http://tiempo.infonews.com/2013/02/03/argentina-95767-reclamamos-por-115-mil-asesinados--y-mas-de-30-mil-ninos-robados.php

martes, 5 de febrero de 2013

El accidente aéreo que cambió el rumbo de España

Asociaciones de Recuperación de la Memoria Histórica de todo el país reclaman desde hace años la desaparición del monumento a Mola



monumola
Lugar donde se estrelló la avioneta de Mola



LeoNoticias, 03/02/2013 

Vecinos de la localidad burgalesa de Alcocero presencia la retirada de los restos del avión siniestrado.
El 3 de junio de 1937 la avioneta en la que viajaban el general Mola y otros cuatro tripulantes se estrelló en el alto de un cerro del paraje burgalés conocido como La Brújula. Ninguno de sus ocupantes sobrevivió al fatal impacto. Un accidente que hubo de cambiar el rumbo de España y que dejó a Franco en el primer puesto al frente del bando nacional. Setenta y cinco años después del accidente, son muchos los que siguen manteniendo que se trató de una conspiración del generalísimo, aunque es cierto que aquel día la niebla o la mala suerte pudieron ser las principales causas de un accidente que aún se recuerda en la zona.
Alcocero de Mola debe su nombre al fallecimiento del malogrado general nacional Emilio Mola (Placetas, Villa Clara, Cuba, 9 de julio 1887 – Alcocero, Burgos, 3 de junio de 1937). Precisamente, fue el propio Franco quien decidió cambiar el nombre de la localidad poco después del accidente, al tiempo que mandó erigir un megalítico monumento en la zona del accidente para recordar a quien definió en algunas de sus cartas personales como “un leal compañero de filas”.
Un escarpado camino accesible a pie o en coche, si se conoce el terreno, enlaza con el que se presupone como el segundo monumento franquista más importante después del Valle de Los Caídos, en la Comunidad de Madrid. Visible desde las alturas, el monumento que Franco encargó para honrar la figura de Mola y los tripulantes de la nave siniestrada destaca por su grandiosidad y singular volumen.
En su construcción, que duraría varios años y comenzó en 1939,  trabajaron presos republicanos y todos los vecinos de Alcocero quienes recibieron algunos víveres extra o puntos en su cartilla de racionamiento por sus esfuerzos. Pese a la complicada situación de una España herida de muerte por los desastres de la guerra, el recién nombrado Gobierno de Franco no escatimó a la hora de levantar un millonario monumento a Mola, pese a que muchos españoles morían de hambre en las cárceles o en las principales capitales del país.
Cuatro años después del accidente, el monumento de Mola quedó concluido y fue inaugurado por el propio Franco, acompañado por las autoridades del momento. Se abría al público un monumento del que la prensa del momento destacó sus cinco arcos de medio punto y las cinco cruces que acompañaban a una torre a la que se podía acceder y divisar el escarpado terreno en el que Mola y sus compañeros de viaje perdieron la vida en un viaje que comenzó en Vitoria y que nunca llegó a su destino, Valladolid.
El paso del tiempo no ha hecho desaparecer el gran monumento franquista, que paradógicamente solo puede verse desde las alturas o ‘in situ’, aunque sí que ha cambiado el sentido del mismo. Si en los años 50 este lugar fue objeto de peregrinaciones para honrar la figura de Mola (enterrado primero en Navarra y posteriormente en El Valle de Los Caídos),  la realidad en la actualidad es bien distinta. Se trata de un monumento abandonado a su suerte, saqueado por el paso del tiempo y en el que aparecen símbolos de fuerzas de izquierda con el ánimo de recordar “que Mola fue un asesino”, como puede leerse en varias pintadas.
Asimismo, la torre que Franco mandó construir para acercar a su compañero al cielo es hoy una especie de mirador al que suben algunos vecinos asombrados por la belleza del paisaje. Tampoco las cruces están en su sitio, han sido eliminadas por quienes entienden que monumentos como éste vulneran la Ley de la Memoria Histórica.
La teoría de la conspiración
El accidente en el que perdió la vida Mola fue visto desde algunos sectores del bando republicano o incluso de las fuerzas monárquicas como una conspiración de Franco para alzarse con el poder. Quienes sostienen esta teoría recuerdan que el caudillo pasó en pocos años de ser el tercer general en una dudosa línea sucesoria a ser el primero de la misma tras las muertes, primero del general Sanjurjo y después de Mola, ambas en accidentes de avión.
Julio César Rico, periodista burgalés, y conocedor de esta teoría, considera que “los aficionados a las ‘conspiranoias’ hablan de que  las muertes de Sanjurjo y de Mola estuvieron instigadas por Franco para eliminar a dos rivales, al menos la segunda no quedó demostrada y dos años después levantó este enorme monumento en el que empleó a represaliados políticos, al estilo de tantos otros monumentos franquistas”.
En esta misma línea, algunos historiadores han afirmado que justo el día antes de que Mola perdiese la vida había mantenido una acalorada discusión telefónica con Franco después de que Mola le indicase a su interlocutor su intención de abrir una investigación sobre el bombardeo de la legión Condor sobre la población de Guernica. Un asunto que, dicen, encolerizó a Franco, quien temió que esa investigación pudiese enfrentar sus, por entonces, buenas relaciones con Hitler.
Conspiración o no, la prensa del momento, concretamente el semanario ‘Política’ recogió a los días de la muerte de Mola, que éste contaba con el respaldo del Gobierno nazi para desplazar a Franco hasta dejarlo en segundo lugar. “Quizás esa fue la razón por la que Franco se cuidó de construir un monumento que da que pensar; está apartado del pueblo y no se ve desde ningún punto de la carretera, ni siquiera desde la vía secundaria que va desde la N-I hasta Villafranca”, indica Rico.
Conspiración o azar, la muerte de Mola impidió una investigación sobre el bombardeo en Guernica, lo que propició la conquista del norte por parte de los rebeldes y un fulgurante ascenso de Franco, dueño durante los 40 años siguientes del destino y los pasos de España.
Memoria Histórica
Asociaciones de Recuperación de la Memoria Histórica de todo el país reclaman desde hace años la desaparición del monumento a Mola. Entienden que es contrario a la Ley de la Memoria Histórica y que, al igual que otros símbolos franquistas, “suponen un agravio “para la memoria de quienes murieron a consecuencia de las órdenes de Mola durante la Guerra Civil.
Precisamente, el monumento de Alcocero de Mola es uno de los pocos que sigue en pie después de que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero promulgase en 2007 un texto legal que establece medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura, y entiende que monumentos o calles que exaltan el Franquismo deben ser eliminados. Casi seis años después de la promulgación de la ley, el monumento sigue en el mismo lugar en el que fue erigido hace algo más de 75 años. Pese a su escasa visibilidad son muchos los que reclaman que sea eliminado para siempre, y con él una leyenda negra.
http://www.leonoticias.com/frontend/leonoticias/El-Accidente-Aereo-Que–Cambio-El-Rumbo-De-Espana-vn113170-vst306

La carretera de la Muerte

El 6 de febrero  de 1937 las tropas del general Gonzalo Queipo de Llano entraron en Málaga. Alrededor de 100.000 republicanos huyeron hacia Almería por la ruta de la costa. Fue la llamada 'desbandá'. "Es lo más cercano a un infierno que he visto", recuerda Salvador Guzmán, superviviente.


150.000 hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio, temerosos del ejército nacionalista del general Queipo de Llano




Público.es / ALEJANDRO TORRÚS / 02-02-2013

"Imaginaos 150.000 hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio, temerosos del ejército nacionalista del general Queipo de Llano. No hay más que un camino. No hay más vía de escape. La ciudad que buscan es Almería, y hay que andar hasta allí cerca de 200 kilómetros (...) Tienen que caminar mujeres, ancianos y niños... tambaleándose, tropezando, abriéndose los pies en los pedernales polvorientos, mientras que los fascistas los bombardean sin piedad desde los aviones y los cañonean desde el mar".
El testimonio pertenece a la libreta de anotaciones de Norman Bethune, reputado cirujano pulmonar canadiense que acudió a la Guerra Civil española como voluntario del Socorro Rojo. Su testimonio escrito y las fotos de su ayudante, Hazen Size, es de lo poco se conserva de uno de los episodios más trágicos, y desconocidos, de la Guerra Civil: la llamada desbandá.
El 6 de febrero de 1937 las tropas del general Gonzalo Queipo de Llano llegaron a Málaga. La mayoría de los pueblos de la parte occidental de la provincia ya estaba en manos de Franco, y la única salida que quedaba para los milicianos republicanos, las mujeres, los niños y los ancianos era la ruta de la costa, un camino que hoy se recuerda como "la carretera de la muerte" (la actual N-340).
"Por tierra, mar y aire, las tropas franquistas, apoyadas por italianos y alemanes, atacaron a miles de civiles inocentes"
Por el norte de Málaga llegaban las tropas italianas; por el oeste, el ejército de Queipo de Llano; y por mar, los buques del bando franquista. "Por tierra, mar y aire, las tropas franquistas, apoyadas por italianos y alemanes, atacaron a miles de civiles inocentes", asegura la historiadora de la Universidad de Málaga, Encarna Barranquero, autora del libro Población y Guerra Civil en Málaga: Caída, éxodo y refugio.
Entre 100.000 y 150.000 personas salieron de Málaga hacia Almería por la ruta de la costa. Saber con precisión cuánta gente murió es imposible, aunque algunas fuentes hablan de entre 5.000 y 7.500 personas. Muchos cadáveres acabaron en fosas comunes o se los llevó el río Guadalfeo. "Sólo en la fosa común del cementerio de San Rafael de Málaga ya se han identificado a más de 4.300 víctimas", señala Andrés Fernández, arqueólogo y responsable científico de las investigaciones en el cementerio de San Rafael.
"Los niños llevaban solamente su pantalón y las niñas su vestido ancho, medio desnudos todos bajo el sol... Niños con los bracitos y las piernas enredados en trapos ensangrentados: niños sin zapatos, con los pies hinchados; niños que lloraban desesperados de dolor, de hambre, de cansancio... cuatro días perseguidos por los aviones de los bárbaros fascistas, y cuatro noches de caminar en grupo compacto hombres, mujeres, niños, mulas, burros y cabras, tratando de mantenerse juntas las familias, llamándose por el nombre propio, buscándose en las sombras", prosigue el relato de Bethune.

"Lo peor que una persona puede ver"

Una de esas niñas que caminaba junto a su familia es Natalia Montasaroa. Tenía 13 años aquel 7 de febrero de 1937. Hoy, 76 años después, recuerda para Público, con voz temblorosa, lo que vivió durante aquellos días.
"Salimos de Málaga el día 7 a las diez de la noche. Teníamos miedo porque oíamos a Queipo de Llano por la radio, que decía: 'Malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna'. La carretera estaba llena de gente. No se me olvidará nunca una mujer con un niño pequeño en brazos; habían disparado desde el barco un proyectil, y las piedras que saltaron le dieron a la mujer en la cara: ella quedó muerta con el niño en brazos, al que no le pasó nada...", recuerda Natalia, quien en 1937 tenía apenas 13 años.
Ctra de la Muerte Málaga-Almería

La familia de Natalia, no obstante, no llegó nunca a Málaga. El ejército italiano los alcanzó antes. "La cuarta noche de travesía recuerdo que veíamos muchas luces detrás nuestra. Le pregunté a mi padre que qué era y me dijo que se trataría del alumbrado de alguna localidad. No era cierto. Se trataba de los tanques italianos. La gente se escondió en el monte. Desde los tanques disparaban con las ametralladoras a todo lo que se movía. Al día siguiente regresamos al camino, una mujer escondida en la cuneta había sido aplastada por los tanques. Ya no tenía sentido seguir adelante, los nacionales habían cortado la carretera de Motril", asegura.
No obstante, la peor parte del camino aun no había llegado para la familia de Natalia. A pesar de que ya no corrían el peligro de ser atacados por el ejército italiano, el camino de vuelta a casa dejó marcadas en su retina "lo peor que una persona puede ver".
"Por la carretera vimos muchos muertos: milicianos ahorcados; una familia entera (el padre miliciano, la madre y tres niños) con tiros en la cabeza; muchos prefirieron suicidarse y dar muerte a su familia antes de caer en manos de los nacionales. Cuando llegamos a Málaga a mucha gente la encerraron en un barco que había en el puerto, y a otros muchos los fusilaron", sentencia Natalia.

"Lo más cercano al infierno"

Salvador Guzmán, de 85 años, sí consiguió llegar a Almería con su familia. Su padre, José Guzmán, era el primer teniente de alcalde del ayuntamiento de Coín (Málaga), gobernado por una coalición de PCE y PSOE. Su huida arrancó la madrugada del 7 de febrero. En un coche, "similar al Renault 4-L de los 60", la familia del alcalde de la ciudad y la suya emprendieron un largo camino con destino en Almería. En total, diez personas en un coche de 1937.
"Lo primero que se queda en mi retina sucedió nada más salir de Málaga. En un cruce, vi como un hombre le pegó un tiro en la sien a sus dos hijas, después a su mujer y, por último, a él mismo. Fueron los primeros muertos que vi en mi vida pero, desgraciadamente, no fueron los últimos", recuerda para Público Salvador, que asegura que a lo largo de su travesía su vehículo fue objeto de los disparos de los buques del bando franquista el Cervera y el Canarias.
"Los primeros misiles los tiraron a nuestro coche porque pensarían que éramos tropa. Aquello era lo más cercano al infierno que he visto nunca. Conseguimos refugiarnos en un corte de la carretera. Entonces, vimos a unos paisanos de Coín que también huían. Les dijimos que no pasaran, pero no nos hicieron caso. Vimos como su coche reventaba en cientos de pedazos", asegura Salvador.
“Vimos como abrieron las compuertas de un pantano llevándose a muchísima gente por delante”, recuerda un superviviente
Cuatro días después, la familia de Salvador consiguió llegar a Almería. Por el camino quedaron cientos de víctimas. "Vimos como abrieron las compuertas de un pantano llevándose a muchísima gente por delante entre gritos de desesperación de sus familiares", recuerda. La llegada a la capital almeriense, no obstante, no puso fin al peligro.
La aviación italiana estaba esperando a los fugitivos. "Los aviones italianos vinieron todas las noches. Bombardeaban el centro de la ciudad donde había miles de refugiados", relata Salvador, que se encontraba refugiada en la casa de unos amigos de la familia. Las noches de bombardeos sobre la capital de Almería serían los últimos que la familia de Salvador pasara unida. Terminada la guerra su padre fue detenido, humillado públicamente y encarcelado. En 1947, fue fusilado.
El bombardeo sobre Almería fue recogido por el doctor canadiense, quien llegó a la ciudad tras cuatro días trasladando enfermos desde Málaga a la ciudad almeriense. "Cuando aquellas 50.000 personas exangües habían llegado al sitio que creían un abrigo seguro, los aeroplanos fascistas, alemanes e italianos, desataron sobre la población un nutrido bombardeo... arrojaron diez bombas en el centro mismo de la ciudad, en la calle principal de Almería, donde, amontonados en el pavimento, dormían exhaustos los refugiados. La calle parecía un degolladero, con los muertos y los agonizantes, alumbrado por las llamas de los edificios que ardían", escribe Norman Bethune en su cuaderno.
“Su único crimen había sido el de votar por un Gobierno del pueblo”, sentencia el doctor Bethune
La dureza de la imagen y la crueldad del destino de los republicanos que huyeron de Málaga llevó a a Bethune, a los supervivientes y a los historiadores contactados por este diario a pensar que la operación de los ejércitos del bando franquista se trataba de un plan organizado de exterminio. "¿Qué crimen habían cometido estos hombres de la ciudad para ser asesinados de modo tan sangriento?", se pregunta Bethune en la conclusión de sus escritos. "Su único crimen había sido el de votar por un Gobierno del pueblo; moderado paliativo contra la carga aplastante de siglos de codicia del capitalismo", concluye.

http://www.publico.es/450048/la-carretera-de-la-muerte

La oportunidad desaprovechada

Hemos desaprovechado la oportunidad, en más de tres décadas de democracia, de crear un archivo de la historia y de la memoria de la guerra civil y de la dictadura


El Constitucional avala el envío de los ‘papeles de Salamanca’ a Cataluña

Constitucional-avala-retorn-dels-papers-Salamanca-Catalunya
Pasaportes de la guerra civil

Julián Casanova. El País 02-02-2013
Es verdad que el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca tuvo un origen muy peculiar y extraordinario. Se creó, en 1937, con la clara finalidad de proporcionar pruebas documentales a las autoridades militares rebeldes para perseguir y castigar a los republicanos. Comisiones de recuperación de documentos actuaban en las zonas conquistadas por el ejército franquista y trasladaron a Salamanca miles de documentos, carteles, revistas, periódicos, folletos y libros.
El archivo fue dividido en dos grandes secciones: la Especial o Masonería y la Político-Social. Desde que se abrió a los investigadores, a finales de los años setenta, porque durante la Dictadura el acceso estuvo restringido, ha sido un lugar de paso obligado para los investigadores de la Guerra Civil y, en general, para todos los interesados en la historia social de las primeras décadas del siglo XX.
Con esos antecedentes, un archivo creado para la represión y por medio de la violencia armada y del expolio, no es extraño que, con la democracia ya consolidada, se generara un litigio sobre la propiedad de algunos de sus documentos. Como el Tribunal Constitucional avala ahora la restitución a la Generalitat de Cataluña de los documentos incautados, se cerrará probablemente una parte de ese litigio, pero se abrirán otros frentes, con propietarios, ayuntamientos y otras comunidades autónomas reclamando lo mismo.
Aunque los historiadores sabemos lo importante que es recopilar y preservar los documentos y testimonios del pasado, los archivos no han formado parte del debate sobre la bien o mal llamada memoria histórica. Y persisten algunos vicios en la gestión pública de los documentos. Todavía se le da más importancia a la propiedad que al valor de uso, de forma que algunas instituciones y personas consideran los documentos suyos, y bastantes archivos y hemerotecas, como bien saben y denuncian los profesionales que trabajan en ellos, poseen recursos y medios muy insuficientes.
Hemos desaprovechado la oportunidad, en más de tres décadas de democracia, de crear un archivo de la historia y de la memoria de la guerra civil y de la dictadura, como existen en otros países con pasados recientes de violencia política. Un archivo que pudiera reunir los documentos dispersos por todo el mundo, desde Standford, en California, a Moscú, pasando por Roma o Ámsterdam, y que incorporara como propiedad pública los fondos originales de la Fundación Nacional Francisco Franco, gestionados por la ultraderecha y la familia del dictador. Esa importante labor, con un buen equipo de investigadores y archiveros, sería relativamente fácil en la actual era digital. Las generaciones futuras conocerán la historia por el material documental que seamos capaces de preservar y legarles. Las disputas políticas son otra cosa.
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/02/01/actualidad/1359751007_204361.html

Conferencia en Santander del Presidente del Equipo Nizkor

 

 

 

AGE 4 Febrero 2013

El próximo 21 de febrero, jueves, tendremos el privilegio de poder escuchar una conferencia de Gregorio Dionis, Presidente del Equipo Nizkor con sede en Bélgica, sobre la impunidad de los crímenes franquistas.

Gregorio Dionis es un eminente jurista de Derecho Internacional, que ya ha conseguido llevar al banquillo a algunos responsables de crímenes de lesa humanidad.

La conferencia tendrá lugar en el salón de actos de Comisiones Obreras (C/ Santa Clara de Santander) a las 19,30 horas.

lunes, 4 de febrero de 2013

Aranzadi inicia la búsqueda de gudaris ejecutados en el ‘Pasillo de Oviedo’

Los arqueólogos trabajarán en la zona donde aparecieron los restos de Saseta

aranzadi_25377_1
Voluntarios de la Sociedad Aranzadi, durante una exhumación de restos de la Guerra Civil. (DEIA)



IBAN GORRITI - Sábado, 2 de Febrero de 2013

BILBAO. Un grupo de 20 personas de la Sociedad Aranzadi armados de ciencia comenzará hoy una nueva batalla para la recuperación de la memoria histórica de este país. Será en Areces, Asturias. El objetivo de estos profesionales de la arqueología y antropología es dar origen a la búsqueda y redención de alrededor del centenar de gudaris y milicianos que fueron asesinados y ejecutados en el denominadoPasillo de Oviedo en febrero 1937 a las órdenes del comandante del Euzko Gudarostea, Cándido Saseta, en su lucha contra los fascistas durante la Guerra Civil.
El mando guipuzcoano coordinaba a 1.800 soldados nacionalistas vascos y republicanos. El presidente de la Sociedad Aranzadi, Paco Etxeberria, matiza a DEIA que hoy y mañana realizarán labores de prospección, es decir, “este fin de semana no vamos a exhumar cuerpos, es una dimensión puramente técnica”, previene a la sociedad. Su compañero de equipo Jimi Jiménez también pide prudencia: “No vamos a meter excavadora”.
Los dos especialistas son sabedores de que aparte de tierras -el día que toque- se remueven muchos sentimientos de más de doce familias guipuzcoanas de gudaris y milicianos que ya están informadas de esta histórica búsqueda. El militar jeltzale Cándido Saseta -cuerpo que Aranzadi localizó por un testimonio local a medio kilómetro del Pradón de los vascos y exhumó en 2008-, coordinó en su brigada a gudaris del Batallón Eusko Indarra de ANV que eran mayoría, Batallón Amayur del PNV y milicianos del Batallón 24 Indalecio Prieto de UGT. La sociedad científica, además de a portavoces de estas siglas, también ha informado a la CNT y al PC. Batallones de estas fuerzas de la época ya en 1936 también lucharon por aquellos lares.
El Ayuntamiento de Donostia y la Diputación Foral de Gipuzkoa son quienes promueven y financian la búsqueda. Este fin de semana, las labores serán de “prospección visual” del terreno de tres hectáreas y harán uso de detectores de metales y georradar en el ya conocido como Pradón de los vascos, en Areces, concejo astur de Las Regueras.
Además, un equipo se hará cargo de grabar imágenes en vídeo, así como de tomar testimonios. “Vamos a ubicarnos en el terreno para saber dónde empezar y cómo”, señala Etxeberria quien asegura que tras estas tareas mañana “estaremos con las ideas más claras de cómo podría ser la exhumación”.
“Esta salida a Asturias es relevante porque hasta la fecha se ha exhumado en Euskadi -confirman-, y en este caso, sería fuera de sus mugas y con rumbo al lugar donde más cuerpos de vascos (así como de otros milicianos asturianos y cántabros) pueden aparecer. Siempre, con la duda como parapeto.
Hasta la fecha, fuera de Hegoalde se han buscado restos humanos de vascos en Talledo (Cantabria), en Ameyugo (Burgos) y el cuerpo del comandante Saseta en Areces (Asturias) gracias “a los datos muy concretos” que aportó el testigo Ramón Valdés, hombre que en 1937 tenía 11 primaveras y que falleció hace dos años. “Tras recuperar a Saseta es la primera vez que se busca a un grupo de vascos tan amplio”, constata Jiménez.
La Corporación donostiarra y la Diputación guipuzcoana quieren recuperar los cuerpos, si las coordenadas se convierten en realidad, y realizar un homenaje a aquellas víctimas de la Guerra Civil, como ya se hiciera con los restos del comandante de la brigada localizado a medio kilómetro del Pradón de los vascos.
Este enclave de tres hectáreas es un “escenario grande”, apunta Etxeberria, quien junto a su equipo se entrevistará con el propietario del solar natural, José Aurelio Suárez. “Podría ser que estuvieran juntos los cuerpos o en fosas diversas, que es lo que solía ocurrir”, agrega el forense. En su grupo también tomará parte de personal procedente de la Universidad del País Vasco, de Oviedo y Madrid.
Etxeberria incide en pedir prudencia a medios de comunicación y ciudadanía por cómo se disparan las emociones de descendientes de aquellos soldados. En ocasiones, las previsiones, por desgracia, no se llegan a cumplir o las tareas no son tan rápidas como se quisiera. “Recuerdo al gudari José María Otsoa de Txintxetru (fallecido el pasado 18 de octubre) cómo lloraba cuando encontramos en una fosa de Elgeta una hebilla de cinturón de un soldado con el escudo del Gobierno de Euzkadi, con Navarra incluida”, evoca y va más allá: “¡Lloró la de Dios! Date cuenta de que aquellos fueron gudaris con los que convivió”.


Ataque al monumento a la guerrilla en Ocero (León)


AGE 2 Febrero 2013


El monumento que en el año 2003 se erigió en Ocero (León), por suscripción popular, promovido por nuestra Asociación AGE, ha sufrido un ataque con pintadas.
La coordinadora comarcal de IU en el Bierzo, Agure Bilbao, calificó el atentado a la memoria histórica de la guerrilla antifranquista como un «acto ruin». «Nuevamente los intolerantes atacan la memoria histórica en Ocero en un acto ruin y cargado de intolerancia, la misma intolerancia contra la que lucharon los guerrilleros antifranquistas». En todo caso, la coordinadora comarcal adelantó como un mensaje a los desaprensivos que el monolito volverá a recuperar su estado original y que en ningún caso los autores del ataque lograrán que se borre el reconocimiento «a todas las víctimas del franquismo y de quienes dieron su vida por la libertad y la democracia y que la transición dejó en el olvido». 

La Crónica de Leon: Ataque-vandalico-contra-el-monolito-a-la-memoria-de-los-republicanos

Diario de León: Pintadas-contra-la-guerrilla

Bierzo Diario: Sabotaje-contra-el-monumento-a-la-memoria-historica-de-Ocero

http://www.bierzotv.com/html/2013/01/2013012901_ataque-monumento-memoria-historica-ocero.html