miércoles, 31 de octubre de 2012

Memoria / 01.11.2012

Los próximos días 31 de Octubre y 1 de Noviembre tendremos varios actos en memoria y homenaje de nuestras víctimas de la guerra


Monumento a los republicanos fusilados por el franquismo




Francisco Pimentel. La Voz de Ronda, 27.10.2012

Los próximos días 31 de Octubre y 1 de Noviembre tendremos varios actos en memoria y homenaje de nuestras víctimas de la guerra civil, aunque la verdad que vamos descubriendo sea que en un primer momento no hubo guerra sino agresión de unos militares fascistas a una población civil inerme, que mayoritariamente apoyó a la República para salir del atraso y la miseria con trabajo, libertad y bienestar.
Pero banqueros alentaron y financiaron un golpe de estado militar que eliminara la república eliminando a los republicanos. Y esa es la verdadera causa de la muerte de tantos ciudadanos. Un golpe militar fallido, el pronunciamiento a favor de aquellos que depositaron su confianza en el fascismo, su fatal represión y la brutal, desmedida y sangrienta agresión de las tropas franquistas y moras a todos los pueblos desde el campo de Gibraltar hasta Almería, sin apenas respuesta del gobierno legítimo de la República.
Los fascistas fueron capaces se hacernos creer cosas que nunca pasaron. Nos contaron todo al revés. A todos. No solamente a los atacados, humillados y asesinados. También a los partidarios de Franco caudillo de España por la gracia de Dios y sobre todo por la ayuda de los banqueros, esos mismos que vendían pisos a 50 millones y ahora dicen que solamente valen 25.
Pero el objetivo de la Memoria Histórica es hacer la verdad, la justicia y la reparación debida a nuestros familiares, a nuestros paisanos, que fueron fusilados sin ningún motivo y que en Ronda llevamos toda la vida queriendo recuperar sus restos para darles un enterramiento digno, acorde con la sociedad en que vivimos, y que ese acto de humanidad nos permita terminar de curar nuestras heridas y podamos cerrar definitivamente ese capítulo tan lacerante de nuestra historia para que no se vuelva a repetir.
Es lo que queremos y es lo que reivindicamos cada 1 de Noviembre con nuestro homenaje floral a nuestros mártires que fueron asesinados por defender la República, la libertad, la igualdad y la fraternidad. Este año tendremos los actos en la Casa de la Cultura el día 31 de Octubre a las 7 de la tarde con una conferencia de don Laureano Rodríguez Liañez titulada “Entre el horror y el espanto: algunas muestras de la represión franquista en la Serranía de Ronda” y el Grupo de Trabajo de las Fosas del Marrufo en La Sauceda informará de las prospecciones realizadas desde el año pasado.
El Jueves día 1 de Noviembre a las 12:00 concentración de familiares, amigos y autoridades en el patio número 4 del cementerio que como siempre desde hace 75 años llenaremos las fosas de flores, antes clandestinamente ahora abiertamente con las palabras de reconocimiento de todo el pueblo de Ronda.
Luego nos trasladamos de nuevo a la Casa de la Cultura para la Asamblea informativa anual en donde además nuestros compañeros del Foro de la Memoria de Málaga nos darán a conocer su investigación en la que han encontrado 400 nombres de desaparecidos de Ronda. Se podrán consultar los listados con los nombres encontrados.
En todos los actos nos acompañarán algunos artistas que pondrán su talento junto a nuestro corazón en el homenaje que Ronda hace todos los años a sus más valientes hijos e hijas y que culminará con el levantamiento del monumento-cripta Verdad Justicia Reparación.
Asociación Memoria Histórica de Ronda
asociacionmemoriahistoricaronda@yahoo.es

sábado, 27 de octubre de 2012

IV JORNADAS POR LA MEMORIA HISTÓRICA: Cartagena por la libertad (1868 – 1931)


ASOCIACIÓN MEMORIA HISTÓRICA DE CARTAGENA
IV JORNADAS POR LA MEMORIA HISTÓRICA:
Cartagena por la libertad 
(1868 – 1931)


 

 

Jueves, 15 de noviembre, 19,00 h:

Desde “La Gloriosa” al asesinato de Prim

Conferencia impartida por Francisco José Franco (Profesor de Historia en el I.E.S. Ibn’Arabi)





Viernes, 16 de noviembre, 19,00 h:

Una experiencia federalista: La Insurrección Cantonal

Conferencia impartida por Pedro Luis Pérez Adán (Investigador e historiador)




Viernes, 23 de noviembre, 19,00 h:

La Restauración Borbónica

Conferencia impartida por Sergio Martínez Soto (Profesor especialista en Historia Contemporánea)




Cinefórum: La maleta mexicana

Una película de Trisha Ziff
Viernes, 30 de noviembre, 19,00 h.



Todos los actos tendrán lugar en el Salón de Actos de la UNED
Calle Ingeniero de la Cierva, s/n  Cartagena




Organiza:
Asociación Memoria Histórica de Cartagena




miércoles, 24 de octubre de 2012

Obispos perplejos, el concilio curioso y Franco irritado


El Vaticano II puso en evidencia la estrecha relación de los prelados españoles con la dictadura, con gran desprestigió para los protagonistas




El cardenal Pla impone a Franco la Orden Suprema de Cristo en 1954. / EL PAÍS

Madrid 20 OCT 2012

 “Cuando los obispos españoles intervenían en el aula conciliar, los padres conciliares aprovechaban para salir al baño”, escribió el dominico francés Yves Congar, uno de los grandes artífices intelectuales del Vaticano II por encargo del papa Juan XXIII. Creado cardenal a los 91 años (en 1994) por Juan Pablo II, podría pensarse que apreciación tan dura de Congar estuvo guiada por su proverbial dureza de trato, cargada de razones contra todo totalitarismo fascista por los cinco años que estuvo prisionero en un campo de concentración nazi. Que gran parte de los prelados españoles “vendiesen la figura de un dictador como el gran salvador del Cristianismo” (así escribió), le parecía execrable. Europa, librada sangrientamente de la infamia nazi-fascista y en plena guerra fría contra el totalitarismo comunista soviético, llevaba dos décadas en la dirección opuesta.
Los obispos españoles vivieron el Concilio Vaticano II ( 1962 a 1965) perplejos o avergonzados. Sin comprender gran parte de los documentos del concilio. Resistentes, la inmensa mayoría, a los cambios ordenados por el Vaticano. Preocupados por la reacción del jefe del Estado, el dictador Francisco Franco, al que debían, muchos de ellos, el rango episcopal. Comprometidos a cumplir lo mandado por el Papa, pero sin idea de cómo compaginarlo con el patriotismo católico (nacionalcatólico) surgido de un golpe de Estado criminal que seguían bendiciendo como una gloriosa cruzada cristiana.
 Si la convocatoria del Vaticano II supuso una sorpresa para la mayoría de los 2.540 obispos de todo el mundo con derecho a ser padres conciliares (hoy son casi el doble), fue, en cambio, un mazazo para los jerarcas del catolicismo español. Su papel en Roma, entre 1962 y 1965, no iba ser muy brillante, sentados con mucha improvisación y mucha ignorancia teológica en los escaños del graderío central de la basílica de San Pedro. Ante los ojos del mundo, por primera vez mediante la televisión, allí oyeron hablar en positivo de libertad religiosa como uno de los derechos humanos, de tolerancia, de misericordia ante el error y de la iglesia del pueblo. Era justo lo contrario de lo que predicaban en sus diócesis, bien por convicción personal, bien forzados por el régimen militar que les había aupado y los trataba como a príncipes, colmándoles de privilegios a cambio de fidelidad. Salvo muy contadas excepciones, su papel en el Vaticano fue irrelevante, a veces incluso extravagante. Eran seis cardenales, un patriarca, 10 arzobispos y 69 obispos, muchos por encima de los 80 años de edad y con un gran complejo de inferioridad pese a llegar cargados de un mesianismo nacionalcatólico. Muchos creían tener una misión nacional, como sus antecesores en Trento, y estaban dispuestos a cumplirla sin contemplaciones. Pronto bebieron del cáliz de la amargura, cuando toparon con el desprecio de muchos de sus colegas o, como mucho, con la curiosidad infantil del resto, que creía que la España de Franco era como “la Rusia de Stalin pero con muchos curas”.

La aportación de la delegación española fue una condena del comunismo
 El famoso obispo de Chiapas, Samuel Ruiz, que llegó al concilio con apenas 35 años, contó cómo impresionó en el aula conciliar un documento sin firma en el que se denunciaba que en España había curas en las cárceles por hablar vasco y catalán, y torturas terribles, y persecuciones y fusilamientos por razones puramente políticas. “Pensamos que era una calumnia. Franco se nos presentaba como una especie de libertador ante el comunismo. Pero supimos que algunos obispos habían suspendido su estancia en Roma para volver a España, se dijo que para ver a Franco antes de actuar”.
 Muchos vinieron a ver a Franco, efectivamente: los arzobispos Casimiro Morcillo (Madrid) o Pedro Cantero Cuadrado (Zaragoza), ex capellán de Caballería y procurador en Cortes por designación de Franco en el momento del concilio, entre los principales. El dictador les advirtió sobre las “calamidades” que ocasionaría a España la inminente proclamación conciliar de la dignidad humana y la libertad religiosa como derechos humanos irrenunciable. En la España nacionalcatólica se había fusilado a protestantes, judíos y masones, y muchas personas seguían encarceladas por sus creencias religiosas. Franco también les dijo que era inasumible la anunciada separación Estado-Iglesia.

Cuando ellos hablaban los demás aprovechaban para ir al baño
 Cuenta en sus memorias el fallecido arzobispo de Pamplona, José María Cirarda, que cuando los padres conciliares entraban en la basílica de San Pedro para votar la declaración Dignitatis Humanae se encontró al obispo de Canarias, Antonio Pildain y Zapiain. Estaba pálido. Rezaba "para que Dios intervenga para impedir la aprobación de dicha declaración". ¿Cómo podrá hacer Dios tal cosa? Pildain contestó a Cirarda: "Utinam ruat cuppula Santi Petri super nos", haciendo caer sobre los presentes la cúpula de San Pedro. Eran tiempos en los que los obispos sabían latín. Cirarda había sido antes obispo de Bilbao y Santander, y fue objeto del insólito y brutal anticlericalismo de derechas de la época. Fue también el prelado encargado por la Curia vaticana de comparecer ante la prensa en español para contar cómo iba el concilio.
 Desprestigios o irrelevancias aparte, es un lugar común que el Vaticano II fue un amargo trago para buena parte del episcopado español. Esto escribió otro gran teólogo en aquel concilio, el jesuita alemán Karl Ranher: “La mayoría de los obispos españoles piensan que solo venimos a abolir el Vaticano I. Son una suerte de monofisitas papales que nos consideran a nosotros (los partidarios de una reforma) como nestorianos episcopalistas”.

Fraga abrió una oficina en Roma para lucimiento de los purpurados
También son críticos algunos protagonistas españoles. Esto dijo el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, que tenía entonces 55 años y reconoció más tarde que en las dos primeras sesiones conciliares estuvo “un poco desconcertado”. “En el episcopado había un grupo que era claramente carca. Estaban en contra de todo lo que oliese a novedad. Creían que todo aquello desautorizaba al Estado español. Cuando en la primera sesión del concilio (1962), alguien, no se supo quién, distribuyó en el aula una especie de panfleto antifranquista, se molestaron mucho e incluso llegaron a preparar un documento de réplica en el que se defendía a Franco. No llegó a prosperar. Entonces era Fraga ministro de Información y esperaba aquel documento para difundirlo a todo tambor. Hubiera sido tremendo que la impresión de nuestro pueblo fuera la de que los obispos habíamos ido al concilio para defender a Franco”.
 Tarancón remacha la idea incluyéndose a sí mismo. “La unidad católica era para nosotros como la base de la realidad de España. Era casi un dogma católico-patriótico. Confundíamos el régimen con España. Criticar a Franco era criticar a España”. Habían aprendido la consigna por boca del responsable de propaganda del régimen en aquel momento, Manuel Fraga Iribarne, que, para que lucieran como se merecía España en la Roma del concilio, les abrió a los obispos una lujosa oficina de dos pisos en la avenida Gregorio VII, a tiro piedra del Vaticano. Incluso les recomendó un director de oficina, el sacerdote Jesús Iribarren. Duró poco en el cardo.
 Cuenta en sus memorias el arzobispo Cirarda: “Todo marchó bien el año 62, pero en la primavera del 63, don Jesús publicó en Ecclesia (la revista de los obispos) un artículo que molestó al ministro. Informaba sobre un congreso de periodistas católicos en Paría, en el que se denunció abiertamente la falta de libertad de la prensa en España”. Fraga se juró entonces que el tal Iribarren nunca llegaría a obispos. En realidad, el temperamental ministro de Información y Turismo de Franco se jactaba con frecuencia de dar o quitar él mismo tan preciado rango eclesiástico. Iribarren, por tanto, nunca fue obispo. Pero Fraga no pudo cortarle las alas. Al contrario, en 1968 fue elegido secretario general de la Unión Católica Internacional de la Prensa y vivió en París, sede del organismo, hasta que en 1972 los obispos lo eligieron secretario general de la Conferencia Episcopal Española, a instancias del cardenal Tarancón, su presidente. Ocupó ese cargo hasta 1982.

En aquella reunión se extendió que el régimen tenía curas en las cárceles
 Quien peor lo pasó en Roma los tres años del Vaticano II fue el cardenal primado de Toledo, Enrique Pla i Deniel (Barcelona, 1876 - Toledo, 1968). Franquista empedernido, inmisericorde con los vencidos, fue el primero que bendijo el criminal golpe militar de 1936 como una cruzada de “los hijos de Dios contra la España de los sin Dios, de los hijos de Caín, contra la no España”. Lo hizo bien temprano, el 30 de septiembre de 1936, en Salamanca, de donde era obispo diocesano, con una pastoral de título agustiniano: ‘Las dos ciudades’. Fue en su palacio episcopal donde el golpista general Franco instaló el cuartel general en los primeros meses de la guerra, hasta su traslado a Burgos.
 Pla i Deniel volvió a la carga con una interpretación teológica y moral del resultado de una guerra ganada por los suyos con la inestimable ayuda de la Alemania de Hitler (nazismo), la Italia de Mussolini (fascismo) y miles de soldados moro-musulmanes. ‘El triunfo de la ciudad de Dios y la resurrección de España”, tituló en 1939 la nueva pastoral. Aprovechaba sin pudor para pasar la cuenta al nuevo régimen, con exigencias nada baratas: sostenimiento del culto y el clero mediante el Presupuesto del Estado, la pronta recristianización de España y la inmediata restauración del fuero eclesiástico. No hizo un gesto de disgusto cuando Franco prohibió publicar en España la encíclica ‘Mit brennender Sorge’ (en alemán ‘Con ardiente inquietud’), de Pío XI contra el nazismo.

martes, 2 de octubre de 2012

¿Y los caídos rojos? ¡Pues que ‘se jodan’!

¿Por qué la derecha se opone una y otra vez a que se sepa la verdad sobre los crímenes del franquismo? Porque los herederos de la dictadura -en su mayor parte- no quieren que una Comisión de la Verdad acabe enseñando cómo fueron asesinados cientos de miles de españoles.


Personas asesinadas por el franquismo



Enric Sopena  ELPLURAL.COM 29 Septiembre 2012

Lo fueron por el mero hecho de ser demócratas, de ser republicanos, de ser socialistas, de ser comunistas o de ser masones. Al PP le asusta que pueda por fin conocerse la verdad oculta desde julio de 1936 hasta nuestros días. Los hijos o nietos de aquellos verdugos de antaño prefieren el silencio, la opacidad y el olvido.
Con insidia y con saña
Pilar Bardem –odiada con insidia y con saña por políticos y periodistas populares- dijo ayer en Madrid, durante el acto reivindicativo de la Comisión de la Verdad, lo siguiente: “No puede ser que se reconozca a los caídos por Dios y por España y se olvide a los otros no sé si caídos por Dios, pero desde luego por España”.
Las víctimas beatificadas
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero puso en marcha la Ley de la Memoria Histórica. Pero no pudo rematar la jugada. La derecha procuró por todos los medios patalearla, increparla y bloquearla. Montó todo género de protestas contra esa Ley. La mayoría de jerarcas de la Iglesia hizo lo mismo que el PP. Muchos de los caídos por Dios y por España acabaron siendo beatificados por el Papa en el Vaticano. ¿Y los caídos rojos? Pues que se jodan.
El juez caído y pisoteado
En la Puerta del Sol, entre ovaciones y jaleado por miles de ciudadanos, habló este sábado Baltasar Garzón, el juez caído y pisoteado por pretender investigar a las víctimas del Caudillo de España por la Gracia de Dios. Lo juzgaron como si fuera un delincuente.
Pero no se rinde…
Se ha convertido de hecho en un exiliado. ¿A quién se le ocurre, por otra parte, escrudiñar judicialmente a los integrantes populares de la trama Gürtel? Garzón está pagando muy caro su coraje judicial y democrático. Pero no se rinde ante los inquisidores de Génova. Garzón ayer les lanzó otro desafío ético: “Las víctimas me han enseñado que no se puede construir el futuro sobre cientos de miles de cadáveres”.
Jiménez Villarejo
Carlos Jiménez Villarejo, exfiscal anticorrupción y siempre clarividente, dijo en voz alta y clara las verdades del barquero: “Los magistrados del Supremo comenzaron su acometida en 2009, aliados con la extrema derecha española, al admitir la querella de Manos Limpias, y después, de la mano de los más importantes responsables de la trama corrupta, continuaron hasta su condena en febrero de este año, 2012”.
El dedo en la llaga
Ignacio Fernández Toxo, líder de CCOO, puso el dedo en la llaga: “Quieren reducirnos al silencio (…) Vuelven los tiempos de las mayorías silenciosas, volvemos a la dictadura amordazadora del franquismo (…). Mariano Rajoy, culpable máximo del deterioro de la democracia, es el hombre que avaló muchísimas manifestaciones de la derechona contra el Gobierno socialista, bajo la coartada de las víctimas del terrorismo etarra y a costa del aborto o de las bodas gays.
La paz de los cementerios
El otro día, Rajoy, el presidente del Gobierno conservador tuvo la cara dura de loar a “las mayorías silenciosas”. Más o menos, como el Generalísimo, al que le gustaba, más que nada, la paz de los cementerios, el silencio de los muertos y el de los cadáveres en las cunetas o desaparecidos.