miércoles, 19 de agosto de 2015


Itinerarios Memorialistas por Cartagena (2)

El Parque de Artillería

 

La ocupación franquista de Cartagena se ve precedida por unos días de absoluto descontrol. El día 5 de marzo de 1939 en Madrid se produjo una sublevación,  el denominado golpe de Casado, que se extendería hasta Cartagena, tras la que se inauguró una desesperada y costosa lucha fratricida, pretendiendo una paz negociada con los sublevados, con la ingenua pretensión de acabar con el innecesario baño de sangre. Pero lejos de esto último, lo que se consiguió fue una rendición sin condiciones, que era lo que Franco, los militares sublevados, las autoridades civiles franquistas y la Iglesia católica, habían anunciado insistentemente, es decir, el aniquilamiento del régimen republicano y de sus partidarios. Los sublevados en Cartagena, conscientes de sus pocas e inseguras fuerzas, lo fiaron todo a una rápida llegada de ayuda exterior, poniéndose en contacto, para ello, con el Cuartel General de Franco, pero antes de que los franquistas pudieran socorrerles entró en Cartagena la 206 Brigada Mixta del ejército republicano, reforzada con otras tropas.

Previamente, durante la noche del 4 al 5 de marzo, los sublevados, tanto artilleros como militares de otras armas, así como policías, paisanos armados, guardias, marineros y carabineros se concentraron en el interior del parque, al que condujeron grupos de detenidos, que amontonaron en distintas dependencias; detenidos de los que algunos lo habían sido bajo la consigna de “Por España y por la paz” que gritaban los sublevados de ideología republicana, mientras que otros lo fueron por los franquistas que gritaban “Arriba España, viva Franco”.

En medio de esa confusión de intencionalidades, se había puesto en libertad a más de 2.000 presos políticos, de los que algunos corrieron a ocultarse en sus casas o a intentar huir de Cartagena, mientras que los demás comenzaron el asalto de los puntos estratégicos, haciendo correr la sangre y ayudando en la detención de varios cientos de republicanos.

Como en el caso del coronel Armentia, republicano convencido, creían algunos sublevados estar dirigiendo un movimiento encaminado a firmar la paz con los fascistas,  mientras que otros, como en el caso del teniente coronel Espá, eran pro-franquistas, sin reservas, y dirigían un golpe destinado a entregar la ciudad al general Franco.
Patio del Parque de Artillería.


 

El Parque de Artillería fue el lugar de Cartagena en que  la confusión fue más notable, un recinto en que no se habían establecido siquiera las jerarquías, hasta que Barrionuevo,  general de Infantería de Marina retirado, hizo patente su presencia en el parque por la mañana, asumiendo el mando, ordenando arriar la bandera republicana y alzar la bicolor, deteniendo a Armentia,  y nombrando a  un nuevo jefe de su Estado Mayor y a otro jefe del Arsenal. Se concentró en conseguir la salida de la flota del puerto, lo que consiguió bajo la amenaza de su bombardeo por las baterías de costa, logrando que la escuadra abandonara Cartagena.
Placa del Parque de Artillería.
 

Pero a medida que  puntos claves de la plaza fueron volviendo a manos republicanas y la brigada 206 presionara con su avance sobre la ciudad, la desesperanza se apoderó de las fuerzas ocupantes del parque, desde el cual los falangistas se entregaron con ardor a su defensa, en contraste con los oficiales de Infantería de Marina y del Ejército, que no demostraban apenas entusiasmo.

Se liberó a algunos de los oficiales republicanos detenidos por Barrionuevo, entre los que se encontraba Armentia, para que colaboraran en la defensa del sitio, que poco a poco fue debilitando su resistencia.

Ya ante la entrada de los soldados de la brigada 206, el coronel Armentia, defensor de la República, que había participado del golpe en el firme convencimiento de estar contribuyendo con él a la consecución de la negociación de una rendición honrosa y se había visto envuelto, dentro de la vorágine de la confusa sublevación, en el seno de un alzamiento franquista, no vio ninguna alternativa honrosa a la situación en que se encontraba, que el suicidio, lo que acometió haciendo estallar junto a su cuerpo una granada.


Sin embargo, la versión de historiadores franquistas era de que había muerto en el tiroteo entre los miembros de la 206 y los defensores del parque, y así se ha plasmado en el texto de la placa  colocada en el descansillo de la escalera que conduce hoy al Museo Militar, museo que hoy ocupa parte del recinto del antiguo parque.
Placa alusiva a la muerte del coronel Armentia.
 

Tras la finalización de la guerra civil, los consejos de guerra apenas se demoraron en su actuación. Los delitos que se juzgaban eran: adhesión y auxilio a la rebelión (la gran paradoja: los adeptos al régimen legalmente establecido eran juzgados de rebelión por los sublevados contra el régimen republicano), actos contra personas de derechas, militancia en organizaciones marxistas o anarquistas, propaganda contra la España nacional, incautación de fincas, irreverencia para con las imágenes sagradas, entre otras. Los consejos de guerra fueron divididos en función de la profesión de los procesados. A los militares se les emplazaba en la biblioteca del Arsenal Militar, a los marinos en la Sala de Justicia de la Penitenciaria Naval y a los civiles en el salón de actos del ayuntamiento. Por lo tanto, estamos ante un edificio de gran importancia en la represión franquista.

El hoy reducido Parque de Artillería se ha dividido en dos espacios, uno destinado a Archivo Municipal y otro a Museo Militar, un museo que conserva ciertas connotaciones  franquistas. No hay más que asomarse  a la escalera de acceso a la planta principal donde, junto a la placa que conmemora la muerte de Armentia, podemos encontrar una lápida conmemorativa en honor a los “muertos por Dios y por la patria”. No existe sin embargo, ninguna referencia al importante papel que para el ejército represor constituyó  este lugar.
Placa en honor a los caídos por Dios y por la Patria.
 

Para nosotros se hace imprescindible,  preservar  los lugares de nuestra historia que jugaron  un papel importante en la represión, pero haciendo constar,   en cada uno de esos edificios donde fueron sojuzgados, humillados, procesados, encarcelados o ejecutados los fieles defensores de la República, textos alusivos a esa represión para que  la historia de nuestra ciudad no sea olvidada y sea conocida por las actuales y las futuras generaciones.

 

Reivindicamos la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas y que sus nombres no sean borrados de nuestra historia, pero también  la memoria de los espacios en la que tuvieron lugar los hechos.

 

 

 

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