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| José Maria Pedreño |
El 24 de abril se cumplió un año desde que se celebró en Madrid la multitudinaria manifestación reivindicando justicia para las víctimas del franquismo. A lo largo de este periodo hemos intentando dar unidad al movimiento memorialista. Desde el principio, algunos vimos que sólo había posibilidad de encontrar esa unidad buscando un mínimo denominador común. Y éste, estuvo claro en las reuniones previas a aquella gran manifestación:
- Verdad, Justicia y Reparación
- Contra la Impunidad del franquismo
Ambas cuestiones servían para unir a todo el movimiento memorialista más allá de los distintos proyectos que cada asociación tenía. Poner a las víctimas del franquismo por delante, y la exigencia de la aplicación del Derecho Penal Internacional, nos brindaba un objetivo común.
A partir de ese momento se intentó eludir aquellas cuestiones que nos podían distanciar. Con mucho esfuerzo consensuamos un documento que sirviera para explicar, de forma más concreta, que significaban esas dos frases que utilizábamos como bandera, preservando la pluralidad del movimiento memorialista. Aquel documento nos brindaba el camino para mantener la unidad de acción que había permitido movilizar a muchos sectores sociales y miles de ciudadanos. Una unidad que algunos interpretamos como un instrumento para visualizar al movimiento memorialista como un solo bloque compacto y para realizar acciones concretas, enfocadas hacía la consecución de justicia para las víctimas del franquismo. Con el tiempo, hemos visto como aquella unidad era utilizada por algunas personas, incluidos dirigentes sindicales y políticos, de manera oportunista para lavar su imagen o presentarse como izquierda en los momentos previos a las elecciones. Algunos, intentábamos exportar la Plataforma a otros lugares y transformar las concentraciones que cada jueves se realizan en la Puerta del Sol en un referente, para que en cada ciudad y pueblo se hiciera lo mismo. Teníamos una oportunidad de oro para haber creado unas estructuras mínimas para movilizar constantemente a la población en cada pueblo y ciudad después de tantos años de lucha, pero el miedo de algunos a no poder controlar esas estructuras impidió que aquel proyecto saliera adelante.
Algunos no se dieron cuenta de que el objetivo, en este caso, era presionar a los poderes del estado, tanto al legislativo, como al ejecutivo y al judicial, a moverse en el sentido que el Derecho Penal Internacional les obliga. Se trataba, también, de presionar a los partidos con representación parlamentaria a que asuman sus obligaciones, y más cuando se tiene a favor para ello a las organizaciones de Derechos Humanos y al propio Comité de Derechos Humanos de la ONU que, con sus recomendaciones al Estado Español, nos da la razón.
Había disparidad de visiones acerca del caso Garzón, pero había acuerdo en interpretar los ataques al mismo como un intento de amedrentar a otros jueces que hubieran querido cumplir con su deber de aplicar las leyes para hacer justicia a las víctimas del franquismo, o aprovechar momentos del proceso que hay abierto contra él para reivindicar justicia para las víctimas.
Algunos no han comprendido que no es Garzón quien tiene la patente de la Memoria Histórica. Esa patente está en las fosas, las cárceles, en el exilio… y en el trabajo de base que las organizaciones memorialistas han realizado durante años y siguen realizando día a día. La Recuperación de la Memoria Histórica Democrática no debe ser un instrumento partidista para estrategias a corto plazo, sino un patrimonio de todas las fuerzas democráticas y, sobre todo, de todos los ciudadanos. El mejor homenaje que podemos hacer a los compañeros y compañeras represaliados es poner en valor los ideales que defendieron y hacerlos nuestros para luchar en estos momentos, no para obtener votos o justificarnos en momentos de vacío ideológico como los que vivimos.
Fuimos capaces de aceptar propuestas de quienes defienden el sistema de impunidad español al defender la mal denominada “Ley de Memoria” y la “Ley de Amnistía”, algunos de ellos recién incorporados al movimiento memorialista. A pesar de todo, la generosidad y la responsabilidad con la que algunas organizaciones actuamos, pensando en las víctimas del franquismo y lo que defendieron, permitió que la Plataforma Contra la Impunidad del Franquismo pudiera sobrevivir.





